Los demonios de Messina

Este jueves el CSKA recibe al Barca, dos de los tres primeros presupuestos de la Euroliga, tocados ambos en este comienzo de curso. Yo lo veré en segunda fila, que me apetecía darme una alegría al cuerpo. Se pierde más que se gana en este partido. El Barca, porque supondría su séptima derrota en 20 encuentros oficiales que van de curso. El CSKA, porque quedaría condenado al tercer puesto del grupo y, sobre todo, porque en un club tan orgulloso perder dos partidos seguidos como local levanta necesariamente marejadilla. Las casas de apuestas deportivas en internet dan favoritos a los rusos por escaso margen, aunque recuerden que la temporada pasada el Barca se cascó en Moscú su mejor partido del curso (60-81).

Hoy quería hablaros del CSKA, aparte de porque me pilla a mano, porque seguro que a final de curso será, por muy mal que pinte ahora, uno de los que corte el bacalao, aunque sea por decantación. Messina, al que profeso un gran respeto personal, me parece como entrenador cada vez más enrocado en sus prejuicios. Con los jugadores que no le valían durante los últimos años de su carrera podemos armar un dream team Euroliga, con Chacho, Oleson, Bullock, Ponkrashov, Raúl López, Shved y Felipe, por nombrar algunos.

En Moscú, amparado en el crédito de su anterior etapa, le han dejado confeccionar la plantilla a su gusto durante dos veranos y sin escatimar en gastos. Y ya tiene lo que de verdad le pone, gladiadores. Más de 40 millones de presupuesto para acabar jugándote las castañas con Jeremy Pargo y Kyle Hines, sus particulares Clay Tucker. Es decir, negros atléticos, defensores aguerridos, bajitos para sus puestos y que no van sobrados de talento ofensivo. En este caso, con el agravante de un importante sobreprecio, unos 3.3 millones de euros anuales entre ambos (aquello de fichar a la rusa pasó a mejor vida). A cambio, la plantilla más cara del continente carece de lanzamiento exterior, 31% en triples en Euroliga. Fridzon y Micov son los únicos tiradores fiables del equipo, pero distan de ser estrellas continentales como las que sí tienen en ese puesto los rivales directos: Bogdanovic, Rudy, Navarro, Spanoulis o Diamantidis.


Con Messina el equipo no juega a absolutamente nada, ni el año pasado ni este. Queda la sensación de estar muy poco trabajado en ataque. Y no vale la excusa de un grupo complicado de Euroliga. En la VTB (mal llamada Liga Báltica) ha ganado los 6 partidos disputados porque el calendario ha sido benévolo, pero el equipo promedia sólo 72 puntos (equivalente al 3º peor ataque de la ACB). Eso ante vitorinos como el Tsmoki Minsk, los Tigres de Astaná o las Alas Rojas de Samara. Su media de puntos en Euroliga es exactamente la misma, 72. ¿Terminará Messina la temporada? Sí, salvo espantada motu proprio, como en Madrid. Sí, porque su contrato es altísimo y los rusos en basket tienen poca cultura de cambiar de entrenador a mitad de curso.

Puestos a dar nombres, Kaun, Hines, Weems y Micov están más o menos tirando del carro. En cambio, dos de los tres fichajes del verano no están aportando absolutamente nada: Fridzon y Pargo. El primero porque sorprendentemente cuenta poco y el segundo porque no pinta nada en una plantilla que ya tiene dos bases que requieren mucho balón. Y así llegamos al cáncer del equipo este curso: los dos serbios. La temporada de Krstic es para echar de comer a parte, promedia 3 puntos y 33% en tiros. Cuesta creer que sea el mismo pívot que firmase en septiembre un magnífico Eurobasket y quinteto ideal de la Euroliga el curso pasado. Arrastra algún problema físico, igual que Jriapa, pero tampoco es excusa para semejante dispendio, del que sigue siendo el jugador mejor pagado de Europa. ¿Y qué decir de Teodosic? En vez de hacerse sabio con los años, como los buenos bases, se pierde más y más en su esquizofrenia, que ya toca picos de delirium tremens. Se superó a sí mismo en el apretado final de partido ante Fenerbahce, con tres triples de 9 metros en escorzo errados en el último minuto. En esas manos están.