Muerte en la orilla

Precisamente porque sabemos lo que cuesta llegar hasta aquí duele tanto esta derrota, en la misma orilla. No es la clase de oportunidad que surja todos los años, llegar a la F4 en dinámica positiva y al último minuto de la final con un resultado de cara o cruz. Puedes hacer las cosas bien durante meses y no tener esa oportunidad.

Al Madrid se le escapó por solo un punto, tras dominar el marcador amplios tramos de partido. Pero no llegó a convertir ninguna pelota de break y coger una ventaja holgada, varias veces estuvo cerca, y sabíamos que los turcos eran mal cliente para un final apretado. Es el territorio donde decide el talento individual desde bote, del que el Madrid va más justo y Efes sobrado, con Larkin y sobre todo Micic. El serbio se lleva otra Euroliga, otro MVP, e inscribe su nombre junto a los grandes de la historia de la competición. En esta ocasión, todo sea dicho, con una valiosísima contribución de Tibor Pleiss, 10 puntos en el último cuarto. Uno que pasó por Barcelona, Vitoria y Valencia sin pena ni gloria…

Si bajamos al detalle, llama la atención el error táctico clamoroso de Laso en la jugada final, ordenando defender con uno abajo cuando el decalaje entre posesión y tiempo restante era de solo 3 segundos, lo que no dejaba al Madrid tiempo para un último ataque. Efes simplemente tuvo que agotar la posesión y celebrar el título: el técnico vitoriano reconoció su error en rueda de prensa.

Ritmo bajo

Puede que el equipo blanco mandase en el marcador bastantes minutos pero no logró imprimir el ritmo alto que le conviene, tanteo a 85-90 puntos, en el que ha basado su recuperación del último mes y la racha de 10 victorias con la que llegaba a la final. Cuando te quedas en 57 puntos lo más a lo que aspiras es a un final igualado y, como hemos dicho, ese era el escenario que convenía a Ataman.

El Madrid cuidó el balón (14 asistencias por 6 pérdidas) pero estuvo negado cara al aro, 41% de dos y un imposible 6 de 33 desde el arco, al que contribuyeron sobremanera Causeur, Abalde y Yabusele, 0 de 16 triples y -14 de valoración (¡ !). Se fallaron triples por desacierto, pero también porque el balón no fluyó como en veladas previas: pocos de esos tiros fallados fueron liberados. Esta vez sí se echó de menos disponer de un segundo base, Laso prefirió convocar a Núñez para agitar la toalla que guardarse por lo menos la bala de Heurtel en la recámara. Una decisión que seguramente aplique también a los playoffs ACB, que empiezan el miércoles y se pierde Goss, cuyo alcance de la lesión estamos aún pendientes de conocer.

Sé que el instinto natural de la parroquia tras el último partido de cada Euroliga es despedir a media plantilla en caso de derrota (lo habitual) y renovar a todos en caso de victoria. Seguramente para algunos jugadores haya sido en efecto el último baile, bastantes acaban contrato y hace falta bajar la edad media y sumar talento ofensivo exterior. Pero los que están, mientras estén, merecen todo mi respeto. Hoy estamos jodidos por el resultado y lo cerca que ha estado, pero eso no cambia que el Madrid ha hecho un magnífico mes final de Euroliga, del que estar orgulloso, barriendo a Maccabi en cuartos, eliminando al favorito en semis, el Barca, bestia negra de la sección los últimos 18 meses, y cayendo en la final por solo un punto contra el vigente campeón.

Recordemos que el objetivo blanco a comienzo de curso era regresar a la F4, de la que se cayó el año pasado, y que hace solo un mes las expectativas estaban sencillamente por los suelos, con el equipo roto. Por eso, cuando miremos esta edición Euroliga con una mínima perspectiva histórica creo que coincidiremos en que el perdedor no es el Madrid, que pasaba un poco por allí, sino el Barca. Era su temporada, se le había puesto todo de cara y pinchó a la hora de la verdad, bueno, le tumbó el Madrid. Quizá no sirva de consuelo esta noche pero sí al menos de contexto.

El equipo de los imposibles

Nunca dejéis de creer, de veras. En algún momento de la larga noche de tres meses que ha durado la crisis blanca del comienzo de este 2022 yo mismo coqueteé con la desesperanza. No soy el único. Me reconoceréis que era lo sensato, pero es que el Madrid de Laso no es sensato ni predecible, y por eso le queremos, como concepto abstracto, como animal competitivo que resiste a la vejez y a la lógica. El equipo de los imposibles.

Si el Barca era de por sí favorito para esta semifinal, a alturas del descanso lo era todavía mucho más, 11 arriba sin necesidad de jugar bien ni dominar. Un arreón de 3-4 minutos en el segundo cuarto le valieron para la escapada. Así son los buenos equipos, y el Barca lo es, castigan sobremanera los errores. En casa de Frinchi lo veíamos negro y aceleramos el ritmo de botellines. Yo ya rumiaba el titular para mis adentros: «Llegamos como nunca y perdimos como siempre». Pesaban en la moral las cinco derrotas consecutivas en los clásicos previos, desde que se marchó Facu nos han mojado sistemáticamente la oreja.

La hora de los valientes

Pero este partido tenía algo distinto, en ninguno había tanto en juego, billete a partido único para la final continental, la hora de los valientes. Y al Barca se le agarrotaron las piernas en la segunda parte, a medida que el Madrid se reenganchó al duelo. ¿Quién dijo imposible?

Jasikevicius bramó después en rueda de prensa su cantinela ya habitual: «No somos killers». Le faltó añadir que «como sí lo es el Madrid». Esta era la Euroliga del Barca: con el bloque aún al completo que construyó Bertomeu al final de la escapada (Brandon se pira en verano a Milán), líderes de la fase regular, Mirotic MVP, los rusos fuera de juego y Madrid-Efes en teóricas horas bajas.

Era su año… pero se cruzaron con el Real en cuarto creciente, nueve victorias seguidas y muy poco que perder. Salieron los blancos fuerte en la segunda parte, ¿por qué no? Se acercaron primero, miedo, y se pusieron por delante después, cortocircuito. Laso jugó mejor sus cartas que en duelos previos, hizo valer el peso de la profundidad de plantilla, ese Madrid que no sabes por dónde te viene. Alberto Abalde, de base por la lesión de Goss en el primer minuto, prendió la chispa en la reanudación con siete puntos consecutivos. Y Causeur recogió la antorcha, agrandando su leyenda de especialista en las F4. Se fue a 18 puntos, incluidos cinco consecutivos clave a falta de dos minutos.

La reválida de yabusele

Fue un partido desaliñado, a ritmo del nuevo Madrid, 86 puntos anotados, 27 más que en la final de Copa… Pensad en la resiliencia de este grupo: de los tres teóricos bases puros con los que inició la temporada (Heurtel, Goss y Alocén) ninguno pudo jugar esta semifinal, el partido más importante del curso hasta la fecha.

Capital resultó también el step up de Yabusele en plaza grande. Han hecho falta seis clásicos para verle rendir por fin a su nivel y no apocarse ante Mirotic. Terminó con 18 puntos y 8 rebotes, 24 de valoración, graduándose como la estrella emergente del basket continental que suponíamos. Es de justicia reconocer que el montenegrino estuvo inmenso, aunque en su caso más solo. Notó el Barca el apagón de sus referencias anotadoras del arco, Higgins-Kuric, que sumaron 12 minutos y 0 puntos. Algo falla, y no solo la salud, si te juegas las castañas a estas alturas con Lapro de faro del backcourt.

Tavares cumplió pero el pívot decisivo fue Poirier, el teórico reserva, al que esta vez no le hace honor la estadística, 6 de valoración. Su adrenalina y velocidad resultaron capitales en el último cuarto, castigando el aro y llegando a algunas ayudas defensivas clave; para el recuerdo el tapón(azo) en transición a Lapro a 52 segundos por jugar. Seguramente la jugada del partido.

No se ha ganado ningún título aún, vale, pero se ha eliminado al gran favorito, el eterno rival y en el más grande de los escenarios. Una victoria clave para el balance de la temporada y una inyección de moral para una sección en horas turbulentas. Falta la guinda el sábado, pero ya se ha prendido la mecha y la noche todavía es joven. Disfrutad

Belgrado llega en el mejor momento

Ya estamos en semana de Final Four, parroquia, y que nadie se despiste, que este año se juega en jueves y sábado, que el pabellón de Belgrado estaba reservado el domingo para un concierto de Iron Maiden… ¿Cómo lo veo? Razonablemente optimista, según pasan los días y compruebo que el resurgimiento del equipo no parece flor de un día. Nueve victorias seguidas dura ya el efecto rebote tras la galopante crisis. Visto en la perspectiva del charco de fango en el que chapoteaba el equipo hace solo un mes, no podía llegar esta F4 en mejor momento.

No hay garantías a estas alturas y en este formato, faltaría más, pero eso juega este año a favor del Madrid, con mucho menos que perder. Seguramente el FCB siga siendo favorito, al balance en duelos directos del último año y medio me remito, pero el equilibrio de fuerzas nada tiene que ver por ejemplo con la final de Copa del Rey, que Laso tuvo que plantear a chica para dar al menos partido.

A medida que se suceden los encuentros y caen las victorias blancas, meritorias las dos últimas, ante Murcia y Granca que se jugaban billete a playoffs, se confirma el nuevo formato de rotación corta. La lógica de menos es más. Heurtel y Trey habrán sido indultados y entrenan con el equipo pero no han vuelto a jugar ni un minuto desde el episodio farra, y dudo que lo hagan salvo lesión de un compañero de puesto. Ya no es una cuestión disciplinaria sino simple lógica deportiva. Nadie les echa de menos: si la cosa funciona, para qué tocarla.

Y la cosa, paradójicamente, ha vuelto a funcionar jugando ‘a grande’, es decir, planteando los partidos a tanteo alto. La plantilla, construida en teoría para bajar al barro, ha encontrado su identidad a ritmo de 90 puntos, pese a la mencionada ausencia autoimpuesta de dos de sus anotadores más solventes: Heurtel y Trey. En esta racha de nueve victorias el Madrid promedia 88.5 anotados, así que podemos esperar una partido el jueves bastante distinto al 59-64 de la final de Copa.

Nombres propios

El resurgir tiene también algunos nombres propios, como los de Yabusele, que vuelve a ver el aro grande, y Poirier, faro de la segunda unidad. Ambos redujeron sensiblemente sus prestaciones en los meses de crisis. Además, el puesto de base ha dejado de ser un problema con la mejoría de NWG y Llull, aunque quizá la mayor metamorfosis la encontramos en Hanga. Comenzó la temporada de notable y se fue diluyendo en los confines de la larguísima rotación exterior, entre problemas físicos y la propia dinámica depresiva del equipo. Llega a este tramo clave fino de forma física, capital para su estilo de juego, y pleno de confianza, la que da la certidumbre de minutos, que se refleja por ejemplo en el acierto desde el arco.

Como contrapartida, Gabi Deck, llamado a ser una de las referencias, todavía no ha encontrado su nicho en este nuevo formato de juego rápido y rotación más corta. Alterna su puesto natural, el de alero, mejor cubierto, con minutos de de ala-pívot, más obligado por las circunstancias, que Laso se fía de Randolph lo justo y menos. Viendo los precedentes, contra el FCB asumo que jugará la mayoría de minutos como cuatro y por su su defensa a Mirotic pasarán buena parte de las opciones blancas de final.

Resurrección blanca: el Madrid regresa a la F4

Y justo cuando empezábamos a dar el proyecto por finiquitado, después de tres meses de la peor crisis deportiva y extradeportiva de la era Laso, justo entonces, en el momento clave de la temporada, va el Real Madrid y levanta cabeza. Recordemos que había perdido 8 de los 10 últimos partidos de fase regular, la dinámica no podía ser peor. Resulta casi peliculero, como los combates de pressing catch que narraba Héctor del Mar, en que el favorito de la grada se recuperaba milagrosamente en la cuenta de tres y remontaba previo baile de San Vito. Una resurrección improbable y fulminante con el Maccabi Tel Aviv como víctima, un quinto clasificado de la fase regular Euroliga reducido a escombros. Todos los partidos ganados por doble dígito de diferencia, +50 acumulado, ahí es nada.

La victoria en el primero la pusimos en cuarentena, la más ‘ajustada’ y que se cimentó en un festival de triples (16/29) difícilmente repetible. Alegría pero cautela, que se viene de un atolladero y solo era un triunfo. Pero es que el equipo únicamente ha ido a más en la eliminatoria, consolidado ese formato de rotación más corta y funcional (dos jugadores por puesto), con roles mejor definidos, que resulta en una amenaza verdaderamente atomizada, no en la teoría sino en la práctica. Que se tome nota de cara a la configuración de plantilla del año que viene, menos puede ser más.

Si Causeur y Goss fueron los mejores en el partido uno, Poirier dinamitó el dos con una primera parte dominante, zampándose a Zizic-Reynolds, ¡26 de valoración al descanso! Lo holgado del marcador tuvo resaca en el tercero: Maccabi seguía un poco grogui y se vino mentalmente abajo cuando el Madrid estiró la renta.

Yabusele y Llull lideraron al equipo anoche. El francés ha cuajado una serie enorme, con esa extraña combinación suya de intensidad y buena selección de tiro (19/28). Parece haber visto las orejas al lobo y se ha puesto las pilas tras la multa por las farras, recuperando el nivel de enero, por el que se le renovó de larga duración como uno de los pilares del proyecto. El balear, por su parte, gozó de minutos extra en el tercero por los problemas de faltas de Goss y supo leer el partido, aprovechando las autopistas que dejó Maccabi para anotar en penetraciones en vez de ofuscarse en el triple. Terminó con seis canastas de dos, el techo de su carrera en la Euroliga, además de seis asistencias.

Conclusiones positivas

Viniendo del fango absoluto, las conclusiones de la eliminatoria no podrían ser mejores para el Madrid. Hanga y Goss recuperados para la causa como activos muy útiles, Yabusele y Poirier retoman su mejor versión y, lo más importante, todo el equipo vuelve a estar comprometido con la causa y remando en la misma dirección. Jugando como equipo, vaya.

Hemos dedicado ríos de tinta a analizar el socavón del Madrid estos meses, apuntando distintas causas, que si la edad del núcleo duro, la distribución de tiros y minutos, carencias en la confección de plantilla, etc. Seguramente todas están bien tiradas y contribuyeron pero al final la mejora ha coincidido con la colada de trapos sucios del vestuario. No es que unas farras de algunos jugadores expliquen semejante crisis, pero sí pueden ser la gota que colme el vaso y enrarezca el ambiente de vestuario. Marca menciona una comida de la plantilla en casa de Rudy el 15 de abril como punto de inflexión en la deriva. La «Conjura de la Barbacoa». Desde entonces, balance 5-0.

Thompkins y Heurtel han sido indultados, pero como no es que se les echase de menos mientras estuvieron apartados entiendo que Laso mantenga su apuesta por la rotación actual. De Randolph no esperamos casi nada ya, pero tampoco es que Trey en su estado fuese a aportar mucho más. Además está el comodín de Tortuga. Y la ausencia de Heurtel ha propiciado minutadas de Goss que, sin la sombra del banquillazo a cada error y alternándose con Llull, en vez de compartir quinteto, que se tendía a apocar, ha dado un stepahead que esperamos consolide. Tiene menos talento que el galo pero es más completo y regular.

Esta semana podemos detenernos un momento y contemplar cómo el resto se pelea por los otros tres billetes a Belgrado. El Madrid ha conseguido, y con nota, quizá el principal objetivo de la temporada, regresar al club de la aristocracia continental, tras la ausencia del pasado curso. No es el único objetivo, hay otros deseables y más o menos exigibles (finales nacionales y top4 en fase regular Euroliga), pero volver a la F4 era clave para dar sentido a un proyecto con semejante inversión.

La 11ª tendrá que esperar

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Así es la Final Four, amigos, te la juegas a cara o cruz con los mejores de Europa, está vez salió cruz. CSKA tuvo más templanza en el desenlace apretado, al que llegó, todo sea dicho, ayudado por un arbitraje muy amable, que le sostuvo en varios tramos del partido, sobre todo al final del tercer cuarto, cuando estaba literalmente en la lona (13 abajo). Para los rusos, no fueron solo los puntos gratis desde el tiro libre cuando más los necesitaban, fue sacar de ritmo a los blancos (esas dos técnicas a Laso y Rudy…), fue cargar de personales a los hombres clave (Rudy, Tavares y Facu), obligando a coach L a improvisar la rotación. 20 minutos tuvo que jugar Tortuga Deck. Es difícil ganar un partido de fútbol cuando te pitan 3 penaltis en contra, el equivalente son los 42 tiros libres de que dispuso CSKA (18 más que los blancos). En concreto, lo del colegiado ucraniano, Boris Ryzhyk, olió a trabajito fino desde dentro.

El encuentro lo dominó el Madrid, metió 90 puntos, ganó el rebote, repartió más asistencias y mandó en el marcador durante 37 minutos. De entrada, es difícil hacer grandes reproches al equipo. El rival también juega, en este caso muy bien, pero la sensación es que con un arbitraje más honesto lo normal es que este partido lo hubiese ganado el Madrid. Tavares firmó un primer cuarto devastador, pero las faltas le sacaron del duelo. Thompkins y Causeur fueron los de Belgrado, un lujo de reservas. Trey en partidos así son bonos del estado suizos, ese IQ, esa selección de tiro, y el francés confirmó las magníficas sensaciones que apuntaba en las semanas previas, 18 puntazos que deben pesar en la causa de su renovación.

La F4 de los bases

Peor sabor de boca dejó Ayón (valoración -1 en 18 minutos), que se dejó un jirón del salario de su renovación. Y el dúo de bases porque, si algo han demostrado las dos semifinales, es que el éxito en el basket actual pasa por dos creadores diferenciales desde bote. Los tiene Efes, vaya que si los tiene, esos 55 puntacos de Micic y Larkin destrozaron a Fenerbahce, y también los tiene CSKA, con Chacho y De Colo, que tendrán ya una edad y su temporada no había sido top, pero a la hora de la verdad han marcado diferencias. 46 puntos entre ambos, el canario sosteniendo al equipo durante muchos minutos y De Colo decisivo en el tramo final.

El mismo tramo final en el que a Campazzo, y mira que me jode decirlo, se le ha encogido la muñeca. De repente no veía una jugada, ni para anotar él ni para encontrar al compañero en ventaja. Su partido no había sido especialmente lustroso hasta entonces, pero a la hora de la verdad se le han apagado las luces, me ha recordado a la final de Copa ante el Barca. Si en la serie de Panathinaikos aporreó las puertas de la super élite europea, hoy ha dado un pasito atrás y no ha podido corroborar ese nuevo status. Tiene 28 años, está en plenitud física y cuenta con la absoluta la confianza del club (bien ganada), y me da miedo que, si va a ser nuestro jugador franquicia, haya tocado techo y no llegue al nivel de los Micic, Larkin o De Colo. En todo caso, tendrá más F4 en las que resarcirse y reivindicarse.

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No, el problema en el puesto de base no se llama Campazzo sino Llull. Si asumimos que el éxito pasa en buena medida por disponer de dos creadores top desde bote, al Madrid no le alcanza siendo este Llull uno de ellos. Recordemos, por cierto, el salario más alto de la plantilla, del que ademas le quedan otras dos temporadas garantizadas por contrato.

En la semifinal, ha tenido la irresponsabilidad de aparcar su versión asistente-aseado-discreto, la única para la que está a día de hoy, y desempolvar del garaje la de salvapatria. En 17 minutos en pista fue de lejos el que mas lanzó del euipo, 16 tiros de campo, incluídos 1/10 triples. Pienso en tres bochornosos (y muy costosos) casi consecutivos que se casca en el cuarto final, el último un airball porque veía que ya esperaba Campazzo para salir, se iba a sentar y todo le daba igual. A renglón seguido hace una falta de la frustración en medio del campo y se marcha saludando al árbitro como si el partido hubiese acabado.

Por mucho que le queramos, es reprochable que un jugador de su edad y experiencia no sepa en un momento tan importante contener sus frustraciones personales y anteponer al equipo. El show después en el banquillo cubriéndose la cara con la toalla en plan deprimidito mientras sus compañeros se partían el lomo por enmendar su entuerto ha sido la puntilla. Sergio es leyenda viva del madridismo, eso ya no se lo va a quitar nadie, pero dada su edad y la magnitud de aquella lesión, el club debe pensar en sí mismo y confeccionar la plantilla asumiendo que no volverá a ser el que fue. Volverá a ayudar al equipo en la medida en que de un paso a un lado, ceda protagonismo y se especialice, como supo hacer Rudy, y lo primero es cambiar el chip. En fin, que la temporada aún se salva ganando la ACB, pero en verano toca fichar, y no un tercer base, sino un primero o como poco un segundo.

Una Final Four sin cenicientas

Final Four Vitoria Euroleague De Colo Campazzo Vesely MicicNo hay, como en ediciones previas, un Zalgiris o un Lokomotiv que se haya ‘colado’, que parta sin opciones reales y para quien el premio sea haber llegado. El tópico de que cualquiera puede ganar sí aplica este año, que al trío de Grandes de Europa se ha unido el mejor Efes que recordamos. Muchos, entre los que me cuento, suponíamos que no aguantaría el nivel todo el curso: es un club de tradición perdedora, de poco ambiente en el pabellón, de fichar caro y mal, de acabar decepcionando, este año encima con un paquete como Ataman en la banda, pero son ya muchos meses jugando bien y se ha ganado a pulso esta candidatura.

Moerman y Simon han encontrado el ecosistema perfecto para su juego y el nivelazo de Micic no era un mes de inspiración pasajera sino todo un stepahead en su carrera. Junto a Larkin forma el mejor backcourt de la competición. Respect.

Fenerbahce tocado

A la ausencia de Lauvergne, que lleva dos meses lesionado, ya se había acostumbrado el equipo, pero no a la de Datome. Está confirmada y será difícil de enjuagar, además Vesely y Kalinic jugarán tocados, si es que juegan. Fenerbahce ha sido sin duda el mejor equipo de la fase regular, en otras circunstancias sería favorito de esta F4, pero le llega la cita en mal momento.

El Madrid se ha ido a cruzar con CSKA, único equipo que le ha ganado los dos partidos al en fase regular. Además, los rusos dieron hace dos semanas una muestra de nivel y carácter con esos dos triunfos a domicilio en Vitoria en cuartos. A priori van justos de centímetros en la pintura, Tavares debería apagar las luces a Hines y Othello, pero tienen cuatro generadores de nivel desde bote como ninguna otra plantilla.

La campaña de Chacho y De Colo no ha sido especialmente lustrosa, muy irregulares, pero tenían las espaldas cubiertas con la pareja de americanos, Clyburn y Higgins, convertidos en motor de la producción del equipo y elevados por méritos propios a la categoría de estrellas de la Euroliga. Su evolución está claramente en el haber de coach Itoudis. Asumo que Taylor defenderá a De Colo y será Rudy quien se empareje más minutos con Clyburn, en clara desventaja física, 20 kilos de músculo les separan.

No me gusta el cartel de favorito, es una edición bastante abierta pero, objetivamente, si tuviese que apostar unos eurillos, lo haría por la victoria blanca. ¿Argumentos? El 3-0 a Panathinaikos en cuartos fue un mensaje de fuerza a Europa. Campeón vigente, la plantilla más larga, jugadores experimentados, llega sin lesiones y con las piezas clave en pico de forma (Facu y Tavares). Llull ha regresado en modo asistente, asumiendo poco protagonismo, una versión suficiente, y Causeur en este estado puede (volver a) ser un factor microondas desde el banquillo.

El desastre de las entradas

Se esperan, por cierto, unos 2.700 madridistas en las gradas (bastantes dispersos, eso sí), cifra que seguramente les convierta en mayoría entre los equipos clasificados. La explicación es que gran parte de los abonos de reventa está yendo a manos blancas, única afición con una logística de transporte a Vitoria como para organizarse un viaje con tan poca antelación. Esto nos lleva al tema del desastre este año de las entradas de la F4… Primero, el sablazo. Euroliga viene subiéndose a la parra poco a poco, y este año ha continuado la tendencia, 270 euros el abono más barato, que se dice pronto, por ver tres partidos de baloncesto europeo desde un gallinero (que el del Buesa es como estar en Burgos). Por comparar, es más o menos lo que me cuesta el abono de temporada en el Wizink Center, en una ubicación decente, para ver 40 partidos del vigente campeón de Europa.

Además del precio, la gestión de la preventa ha sido nefasta. El 7 de noviembre se colgó con orgullo el cartel de no hay billetes, es decir, agotadas las entradas ‘generales’, que suponen como el 80% del aforo del pabellón, todo salvo las 600 entradas que reserva Euroliga para la afición de cada equipo clasificado. Sin embargo, estamos 3 días del evento y hay unos 700 abonos disponibles en la web oficial de reventa (stubhub), muchos por debajo del precio original. A los que sumar muchos otros que se han revendido (o se intenta) por canales no oficiales, foro ACB, webs piratas o amigos de amigos. El trapicheo está siendo de época. Se ve que a muchos aficionados baskonistas, como no se ha clasificado su equipo, les ha dejado de interesar el evento.