El partido en casa contra el Murcia fue el último de dos de las cheerleaders del Madrid, Stephanie y Myrian, a las que agradecemos con todo cariño desde este rincón su dedicación al club durante estos años. Es de paso un buen momento para replantearse la necesidad y la vigencia de un equipo de cheerleaders en la sección. Recuerdo los años en el Raimundo Saporta, un pabellón mucho más pequeño y en que el aficionado de a pie estaba más cerca de la pista, sin todas esas zonas VIPS de distinta graduación que hay ahora, rentables pero pobladas de gente interesada principalmente en el postureo y el jamón del descanso.
Las cheerleaders despertaban entonces cautivación en una grada mucho más cercana: el público se sabía sus nombres, coreaba algunos de sus bailes (especialmente aquel al ritmo de ‘Chicas Pistoleras’) y ovacionaba casi al unísono tras cada actuación. Eran años jodidos en lo deportivo y la animación en los tiempos muertos servía muchos días de válvula de escape. La realidad hoy es bien distinta, nadie corea sus actuaciones, de hecho, nadie a mi alrededor en el pabellón le presta demasiada atención, a diferencia de los concursos entre cuartos o el partido de los chavales de la fundación del descanso.
Nada ayuda. Los bailes son cada vez más simples y están peor acompasados. No es una crítica a las cheerleaders, máximo respeto para ellas, que demasiado hacen, pues me consta que cobran una miseria, una cantidad irrisoria por cada partido, y en esta profesión la calidad de los números pasa en buena medida por ensayar y echarle horas. Si no te las pagan… Por otra parte, la elección musical es discutible, playlist adolescente de tendencias Spotify que no pega en un pabellón de público treintañero y cuarentón.
Personalmente no tengo nada en contra del concepto cheerleader si es cuidado y de buen gusto, más allá del mero enseñar chicha, gracias a dios desfasado en la España del 2018. En EEUU, por ejemplo, las cheerleaders siguen plenamente vigentes, pues forman parte del acervo cultural, mientras que en Rusia tienen un enfoque artístico, con piruetas y formaciones complejas, a lo que ayuda que la mayoría proceda de la gimnasia rítmica. Las del CSKA me consta que son asalariadas a tiempo completo, hasta tienen sección propia en la web del club. Para Euroliga preparan números temáticos muy trabajados (uniforme específico incluido) en función del origen del rival, por ejemplo, un baile con Zorba cuando reciben a los equipos griegos o uno de inspiración flamenca cuando son españoles. Aunque mi preferido es el número de las cheerleaders del Jimki al final del tercer cuarto, al son de ‘Personal Jesus’ de Depeche Mode y con dos bailarinas subidas literalmente a los aros. Un clásico que el público espera y corea.
El equipo de cheerleaders del Madrid, en cambio, hace tiempo que se queda a mitad de camino de todo, fruto de la desinversión del club y la evolución en las preferencias de la grada. El resultado es la indiferencia. No busco con esta tribuna abrir un debate de género, de si incluir o no a bailarines chicos, que no tendría nada en contra, pero no van por ahí los tiros en el caso del club blanco, que es el que conozco y al que aquí me refiero. Se trata de una reflexión tan sencilla como que para hacer mal las cosas mejor ahorrárselas.
Posdata: Feliz Navidad
Podría recitar loas a una nueva victoria holgada del Madrid en Euroliga, pero sería hacernos trampas al solitario. El pabellón estaba casi lleno, el apellido del rival lo merecía, pero acabó la velada en poco más que un entrenamiento con público por incomparecencia del PAO de Pascual. El peor equipo que ha pasado por el Palacio en Euroliga en lo que va de curso, sin carácter y con una plantilla muy desmejorada respecto a la del año pasado, con las salidas de Mike James, Singleton y Rivers. En su lugar, la única incorporación potable en verano fue la de un Langford crepuscular (35 añicos ya), pero el único que ayer se molestó al menos en maquillar para evitar un bochorno mayor. Son un hueso en Oaka, pero sudarán tinta para meterse en top-8. Al final las acciones tienes consecuencias: es difícil retener y reclutar talento con semejante mamarracho como presidente, que si castigo a los jugadores con viaje de 20 horas en autobús, que amenazo con salir de la Euroliga. ¿Quién va a querer ir allí?
«¿Celebrar? No hay nada que celebrar». Tanto Laso como Carroll lo tenían ayer clarinete cuando la prensa futbolera que suele cubrir estos partidos buscando morbo les preguntó por la paliza al Barca. Es sólo un partido de fase regular, respondieron sin pestañear. También lo era el duelo ACB de hace 18 días pero que el Barcelona celebró como un título, con Oriola saliendo a bises al centro del Palau rato después de acabado el derbi. Una anécdota pero que viene a recordarnos la salud de las secciones. Fue el de ayer un repaso soberano (+27), recordemos, pese a la baja de última hora del activo más en forma, Rudy, por una gripe. Un enseñar matrícula al aspirante, un Barca por cierto con primeros síntomas de inconsistencia tras un sólido arranque de curso.

Tres derrotas seguidas, definitivamente ha perdido el Madrid la velocidad crucero del inicio de campaña. Alarmismos al margen, la explicación no requiere un doctorado, la baja del base titular en el tramo más exigente del calendario en lo que va de curso. Recalco lo del base, porque una baja en cualquier otro puesto de la plantilla, tal y como está configurada, tendría un efecto casi anecdótico. O si estuviese Doncic, claro, que igual te hacía de fontanero que de electricista. Pero de 15 jugadores (a Pantzar ni le cuento) sólo hay 2 que puedan hacer de base, el puesto clave del baloncesto moderno. El CSKA, por comparar, viajó a Madrid también con la baja del base titular (Chacho), pero tiene otros tres jugadores que pueden dirigir con más o menos garantías (De Colo, Hackett y Kulagin).
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