No se caracteriza por su paciencia el aficionado al deporte, menos aún el del Madrid. Sin embargo, la parroquia blanca está teniendo y mucha con Llull a su regreso de la lesión. Si por ejemplo Prepelic se cascase un par de partidos como los del menorquín últimamente tendría que salir escoltado de Goya. Lógicamente Llull, sobra decirlo, se ha ganado a pulso esa paciencia de la grada, por su nivel deportivo durante años, su entrega y fidelidad al club. El caso es que estamos todos deseando verle de nuevo disfrutar en pista, quizá ya no aquel nivel de excelencia de 2016-17, cuando fue MVP de la Euroliga, pero sí una versión más homologable que la presente, con una mínima regularidad y una dirección sensata.
Y precisamente por eso, del encuentro de anoche ante Maccabi me quedo con los brotes verdes. Se habían acercado los israelíes y Campazzo cometió la cuarta, así que tuvo que jugar Llull minutos al comienzo del último cuarto. No invitaban los precedentes al optimismo: había fallado sus 6 tiros previos en el partido, y los 7 del anterior en Vitoria, además de un saco de malas decisiones de dirección. Pero entonces entró un haz de luz por la ventana. Un triple a pies juntos, relativamente liberado, dentro. Y después otro tras bloqueo, que se había quedado el defensor pinchado y Llull se levantó tras bote con la izquierda, el lanzamiento más natural para un diestro. Ha metido mandarinas célebres en su carrera tras bote a derecha y con el defensor encima, tiene esa capacidad, el problema es convertir un recurso a la desesperada de final de posesión en la base de tu juego. Cuando anoche volvió a los básicos, los tiros entraron. Y cuando entran se activa, cambia su actitud y asoman los verdaderos brotes verdes, esas 10 asistencias que repartió, su techo este curso. Lo dicho, paciencia y más paciencia con él.
Por lo demás el encuentro no dio mucho de sí, y es que Maccabi es cada curso peor, un grande venido a menos. Pueden cambiar de entrenador, pero la plantilla es infame, una colección de jornaleros zumbones de la que ni el mejor Phil Jackson haría buen caldo. Por ejemplo Johnny O’Bryant, MVP de la pasada jornada con valoración 44, se cascó un negato en Goya con una selección de tiro infame, confirmando lo que suponíamos, que fue flor de un día. Rudy y Ayón fueron los mejores, lo cual no es ya demasiado noticioso, y el Madrid avanza con paso firme hacia un puesto en el top3 de la fase regular Euroliga y esperando a febrero, a que llegue la Copa para vivir emociones más fuertes.

Un broche de oro para uno de los mejores años de la historia de la sección, con el doblete Euroliga y ACB. El Madrid cierra 2018 con una soberana paliza en Vitoria, con picos de +26, una exhibición ante un pabellón lleno. Facu Campazzo lideró la feria con 15 puntos y 10 asistencias, cada semana es mejor que la anterior y termina el año como quizá el mejor director de Europa a día de hoy. Nótese que no digo base, porque los hay de muchos tipos y si hablamos de anotación los hay ciertamente mejores. Pero nadie dirige, asiste, desborda y defiende como el argentino, un líder superlativo para este Madrid post Doncic. Minimiza de paso el pobre momento de forma de Llull, muy irregular, cuya aportación se limita al acierto en tiros en general mal seleccionados. En un paseo militar como el de ayer, el balance del equipo fue de -7 en los minutos de Lull. Nuestro deseo para 2019 es volver a verle disfrutando en pista y con los chakras alineados.
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El partido en casa contra el Murcia fue el último de dos de las cheerleaders del Madrid, Stephanie y Myrian, a las que agradecemos con todo cariño desde este rincón su dedicación al club durante estos años. Es de paso un buen momento para replantearse la necesidad y la vigencia de un equipo de cheerleaders en la sección. Recuerdo los años en el Raimundo Saporta, un pabellón mucho más pequeño y en que el aficionado de a pie estaba más cerca de la pista, sin todas esas zonas VIPS de distinta graduación que hay ahora, rentables pero pobladas de gente interesada principalmente en el postureo y el jamón del descanso.
Podría recitar loas a una nueva victoria holgada del Madrid en Euroliga, pero sería hacernos trampas al solitario. El pabellón estaba casi lleno, el apellido del rival lo merecía, pero acabó la velada en poco más que un entrenamiento con público por incomparecencia del PAO de Pascual. El peor equipo que ha pasado por el Palacio en Euroliga en lo que va de curso, sin carácter y con una plantilla muy desmejorada respecto a la del año pasado, con las salidas de Mike James, Singleton y Rivers. En su lugar, la única incorporación potable en verano fue la de un Langford crepuscular (35 añicos ya), pero el único que ayer se molestó al menos en maquillar para evitar un bochorno mayor. Son un hueso en Oaka, pero sudarán tinta para meterse en top-8. Al final las acciones tienes consecuencias: es difícil retener y reclutar talento con semejante mamarracho como presidente, que si castigo a los jugadores con viaje de 20 horas en autobús, que amenazo con salir de la Euroliga. ¿Quién va a querer ir allí?
«¿Celebrar? No hay nada que celebrar». Tanto Laso como Carroll lo tenían ayer clarinete cuando la prensa futbolera que suele cubrir estos partidos buscando morbo les preguntó por la paliza al Barca. Es sólo un partido de fase regular, respondieron sin pestañear. También lo era el duelo ACB de hace 18 días pero que el Barcelona celebró como un título, con Oriola saliendo a bises al centro del Palau rato después de acabado el derbi. Una anécdota pero que viene a recordarnos la salud de las secciones. Fue el de ayer un repaso soberano (+27), recordemos, pese a la baja de última hora del activo más en forma, Rudy, por una gripe. Un enseñar matrícula al aspirante, un Barca por cierto con primeros síntomas de inconsistencia tras un sólido arranque de curso.
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