
Perplejo os escribo estas líneas, atónito ante la cadena de pifias arbitrales en los últimos segundos que decidieron la final de Copa. Comienza por un error grave, la falta no señalada de Randolph a Singleton, dicho sea de paso, tras una infracción de 5 segundos de Tomic en el saque de fondo pero, oiga, pelillos a la mar. Es falta, por supuesto, incluso antideportiva si queréis, pero sucede muy deprisa, los árbitros están lejos y no pueden verla en replay, un error humano de apreciación como suceden cientos cada semana. La norma, recordemos, sólo contempla revisar el grado de la falta si ya la has señalado, pero no si es o no falta. Es la ley, la misma que sufrió el año pasado el Madrid en la final, con aquel faltón de Claver a Taylor en el palmeo de la última jugada. Errores graves ambos.

Lo que siguió, sin embargo, no fue un error grave sino directamente histórico. Porque lo incomprensible y de lo que no hay precedente en baloncesto (no hablo del VAR en fútbol, que el fuera de juego es muy jodido) es de equivocarte en la señalización de una jugada que has podido ver repetida 20 veces a cámara lenta, me refiero a la acción final, la canasta concedida a Tomic que da el título al Barca. ¿Cómo puedes conceder una canasta por tapón ilegal… ¡cuando no era tapón sino rebote!? Es rebote porque el balón había tocado ya el aro, como se aprecia bastante claramente en varias repeticiones, como la que abre este artículo.
En una final igualísima, entre dos equipos bastante parejos a día de hoy, sobre todo dadas las ausencias blancas (Trey baja y Rudy lesionado en la segunda parte), son los pequeños detalles los que desequilibran, como decisiones arbitrales. No creo en la mala fe de los colegiados, en la retórica futbolera de las conspiraciones. Sí en el fallo humano, leo que se les escuchaba hablar muy nerviosos mientras deliberaban sobre la última jugada, viendo las repeticiones, condicionados quizá por la sospecha de haberse equivocado en la jugada previa. Tenían cargo de conciencia, prisa por tomar una decisión y no esperaron a ver todas las tomas de televisión, o no se las mostraron. Es la explicación más plausible a un error incomprensible, inaudito.
El cabreo en el Madrid es formidable, empezando por el máximo responsable de la sección que, en la rueda de prensa, teóricamente ya «en frío», ha dicho lo siguiente: «Se ve en las imágenes, es tapón legal de Randolph, con lo cual no sé cómo hay que llamar a esto otra vez. El año pasado, ustedes se acordarán, en la Copa de Gran Canaria, se dio una circunstancia parecida y nos callamos, pero sufrir la misma situación una segunda vez creo que no debemos de callarnos«. Tanto es el cabreo, que el club ha solicitado formalmente a la ACB que emita un comunicado reconociendo el error en la señalización de la última jugada, al estilo de los que emite en ocasiones la Euroliga, sin ir más lejos, tras el reciente Barca-Zalgiris.
Los jugadores, lógicamente, han usado palabras aún más gruesas: «Vaya puto robo, que lo ve todo el mundo. Esto es un robo, dos años seguidos. Es clarísima, tapón clarísimo me cago en la puta», clamó Felipe camino del vestuario. «Es una vergüenza. Queda la semana para analizar el partido en sí, pero esta noche la noticia se llama replay…
El enfado de Felipe Reyes. pic.twitter.com/ObC2pj3mRD
— Basket en Movistar+ (@MovistarBasket) 17 de febrero de 2019
Cuando nació este blog, hace 12 años, escribía principalmente de NBA. Aunque haya pivotado hacia el basket FIBA, especialmente el Madrid, he mantenido el interés y admiración por la NBA, incluidas épocas de ver muchos partidos, en función de horarios y rutinas crápulas. Pero esa admiración ha decaído sensiblemente de un tiempo a esta parte por lo que creo una degeneración del juego, así como por el desequilibrio manifiesto de la competición, siempre desde mi perspectiva de europeo rancio.
Un fallo de Ayón bajo el aro, una falta clara de Clyburn a Carroll en acción de tiro a 15 segundos por jugar con 3 abajo, las pérdidas de balón no forzadas de Taylor y el rebote, 16 nos cogieron en ataque. En detalles así se deja el Madrid el partido en Moscú, 12 años ya sin ganar allí. Por lo demás, poco que objetar, salió cruz pero se compitió hasta el último minuto pese a las bajas de Llull y Thompkins, el primero forzará para llegar a la Copa, el segundo está descartado. CSKA será un hueso pero no el coco de antaño, no con Chacho en versión mediopensionista y Hines claramente ya en la cuesta baja.
Dosificando esfuerzos, sí, trampeando, también, que la derrota en Podgorica fue de vergüencita, pero igual el Madrid avanza con paso firme en Euroliga, una fase regular plácida este año, tras el sofocón constante del curso pasado. El objetivo de ventaja campo en cuartos quedó virtualmente sellado ayer, con el quinto clasificado a cuatro victorias ya de distancia más el average, Un triunfo trabajado ante un Efes digno del cuarto puesto que ocupa. Su plantilla es equilibrada, mueven el balón con criterio y tienen a Micic, al que tras cuatro meses y medio de competición podemos dejar de considerar flor de un día para ir incluyendo en el status de estrella continental. El mejor fichaje de la temporada, recordemos que el año pasado era reserva de Pangos en Zalguiris. Acaba de cumplir 25 así que, si no se le lleva la NBA (los Sixers tienen sus derechos), está llamado a ser uno de los cracks de la Euroliga en los próximos años.
Es difícil sacar adelante un partido a domicilio en Euroliga con tan poco como el Madrid ayer en Gran Canaria. Puede verse el vaso medio vacío, que al equipo le sentaron mal las uvas y ha empezado el año empachado. Sobre todo Facu, acelerado en la dirección y desacertado en el tiro tras su exhibición en Vitoria. La derrota del domingo en el derbi madrileño escuece más por el rival que por sus consecuencias en el devenir del curso. Molesta también por la pachorra atrás, 93 recibidos de un equipo que promedia 79. La mejor defensa de la Euroliga es sólo la quinta en ACB, hay profundidad de plantilla como para exigir un poquito más de compromiso, aunque sea por higiene estética.
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