No es el primer verano de la era Laso que el Barcelona desmonta plantilla (van 8 salidas) y rompe la banca en el mercado, levantando envidia en la parroquia pajiplantillera blanca porque ficha jugadores de moda. Un modelo de sección basado en pagar cláusulas y sobresueldos a go-go, que si lo hiciese un ruso hablaríamos de ‘golpe de talonario’ y ‘petrodólares’. Da igual que el Barca no tenga ni proyecto ni cantera ni apenas afición, que lleve años de mal en peor, primero cediendo al Madrid el cetro del basket nacional, después viendo cómo le rebasaban también Valencia y Baskonia, clubes con ciertamente menos presupuesto. No importa, llega el verano y en la capital los madridistas de mentalidad futbolera, de supermanager con bróker ilimitada, babean por los fichajes de Chichi, Rodrigo y ahora Nacho. “Nos estamos quedando atrás”, “este año vuelve el Barca”, “Rice es una bestia competitiva, nos tiene cogida la medida”… El Barca viene de firmar la peor temporada de su historia y a Rice se le va a recordar por su noches de farra y como el despido más caro de la historia de la ACB, pendiente aún de cerrar, por cierto.
El basket europeo lo dominan aquellos con un proyecto estable, tanto de entrenador como de plantilla, que cierran los fichajes en abril sin pagar cláusulas, pienso en Fenerbahce, CSKA, Madrid y, por qué no, Valencia. Como el Barca no está en ese grupo pero cuenta con músculo financiero acorde (aunque lleve años anunciando reducción de presupuesto), pues se reinventa cada verano, quemando dinero con la esperanza de dar con la tecla. Hace dos semanas Sito tenía solo siete jugadores de primer equipo en nómina, entre ellos un alero sin experiencia profesional (Kurucs) y un escolta del cupo Imserso (Navarro). Era de esperar que un club con 30 millones de presupuesto y semejante solar diese un golpe encima de la mesa en el mercado, como son esos 5.5 millones de salario anual comprometidos por Hanga y Larkin, a sumarle otros 2.5 entre Heurtel y Sanders. En total, 8 millones de masa salarial por cuatro fichajes, frente al 1.8 de los tres fichajes blancos (Kuzmic, Causeur y Campazzo). Las del Barca son las incorporaciones ‘rutilantes’ de quien arma una plantilla casi de cero, del que necesita un timón (Larkin, 3 millones anuales), mientras las del Madrid son puntadas para coser carencias puntuales, destapadas eso sí con crudeza entre mayo y junio.
¿Qué Hanga le hubiese venido de perlas al Madrid por Maciulis o Taylor? Desde Luego, pero el club tiene la columna vertebral ya armada y no queda espacio salarial para alardes, menos aún con atasco como hay en la operación salida (¿Maciulis, Lima?). Al fin y al cabo, el húngaro va a cobrar un 50% más que Mechitas y Causeur juntos. Firmar 7.5 millones por tres años a Adam Hanga es un sobreprecio notable (incluso a pesar de la sequía de aleros en mercado), el propio de cuando fichas desde la necesidad, que te pone en una situación negociadora de desventaja, al ser conocida por el resto de equipos. Los Spurs le ofrecían un bocata de calamares y ningún grande de Europa ha pujado realmente por él, pese a que varios de sus aleros terminaban contrato (Higgins, Datome, Kalinic, Honeycutt). Querejeta, al que no le gusta ser puenteado, ha igualado la oferta para hacer caja, pero está todo acordado, Hanga vestirá de azulgrana.
Un activo muy útil en cualquier rotación, listo, atlético y gran defensor, aunque escasito de recursos ofensivos, lejos de ser un go-to-guy del basket continental, tipo Udoh, Llull, De Colo, con cuyos sueldos ahora compite. Lo digo porque, una vez ficha por el Barca, os escucho referiros a Hanga como si fuese la reencarnación del jodido Scottie Pippen, como si llevase un lustro en la élite y San Emeterio no le hubiese dado un repaso en las semifinales de la ACB hace apenas mes y medio…
Percibo en la parroquia blanca un incomprensible estado de desánimo, el ansia pajiplantillera propia de cada verano se une este año a un pesimismo y fustigamiento que aún dura de la final ACB. “Nos ha ganado Valencia, la vida ya no tiene sentido, tiremos abajo el proyecto”. Siguen en la retina los dos repasos en la Fonteta y ahora todos nos parecen malos: Campazzo es un pollo sin cabeza, Kuzmic el nuevo Papadopoulos, Randolph un artista maldito y Doncic… ¿quién era ese? El adolescente que enseñó matrícula a Hanga en la Copa (23 puntos y 6 rebotes), MVP de tres jornadas de la Euroliga solo este curso… No hace falta una bola de cristal para entender que el Barca será más competitivo, por los fichajes y sobre todo porque es imposible hacerlo peor que la pasada temporada: plantilla descompensada, plaga lesiones y mal ambiente. Una previsible mejora que bien debe causar respeto en el aficionado blanco, pero en ningún caso miedo o envidia.
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