Compuesto y sin novia

Digamos que salgo desde hace varios años con una chica resultona. Discreta y familiar, del barrio de toda la vida. Uno siempre aspira a más, pero bueno… A esas regresa un viejo amigo de la universidad tras una temporada en el extranjero. Llega con renovado propósito de enmienda, aunque con su verborrea estupenda y porte aristocrático de siempre.

Se jacta de acudir escoltado por tremendas jacas. “Además, una lleva ya hasta tu nombre escrito en la frente”, me asegura. Tremendo pivón, sí señor. Mi novia me parece ahora poca cosa, así que doy carpetazo. Cotas más altas me aguardan. Craso error. Nada resulta como esperaba. Las palabras se las vuelve a llevar el viento. Mi ‘amigo’ ya no contesta al móvil. Está ocupado montándose un trío, incluyendo en el festín a aquella que llevaba “mi nombre en la frente”. Dejando a un servidor compuesto y sin novia.
Digamos que mi amigo es Florentino y que yo soy la sección de baloncesto del Madrid. Que el trío que se monta son los 215 millones gastados en fútbol (y subiendo). Que mi ‘compuesto y sin novia’ es el raquítico medio millón invertido en baloncesto (la cláusula de Velickovic). Y que mi antigua novia resultona son Raúl López, Mumbrú y Massey. A los que echaré de menos como en su día a Charles Smith y a Tunceri. Y tenía razón Manrique, cualquiera tiempo pasado fue mejor.
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