El espíritu Turpin, ocho años después

Se cumplen ocho años sin Dick Turpin. Se fue como lo hacen las leyendas, antes de tiempo pero dejando estela a su paso. El tiempo pasa muy rápido y ocho años es una eternidad en la era digital, así que unos cuantos de los que leáis estas líneas no sabréis a quién me refiero.

Fue el más prolífico colaborador de este blog, polemista de raza, no rehuía el contacto en la zona. Hubiese encajado mal en esta época de bienquedismo, corrección política y autocensura, de búsqueda del like y la aprobación pública. Él decía siempre lo que pensaba, sin casarse con nadie, más que con el Real Madrid. “Lo que hace grande al club es el espíritu crítico y pejiguero de su afición”, repetía. Un espíritu que echo un poco de menos en estos tiempos, en que se confunde el amor al escudo con el corporativismo hacia el jefe.

Turpin era también uno de mis mejores amigos, compañero de instituto, de farras y de las pistas de basket, donde imitaba cada gesto de su ídolo: Sasha Djordjevic. Le crió la abuela porque tuvo una vida jodida, de esas que asocias a un ghetto de Baltimore más que a un pueblo de la sierra de Madrid. Nunca hablaba de ello ni se quejaba, era tema tabú.

Entre los colegas y el Madrid encontró el camino tras alguna salida de pista. No se le daban bien las chicas, pero hasta eso lo empezaba a encarrilar. La última noche nos tomamos unos copazos en la plaza de Sta. Teresa, en Colme, pero se recogió un poco antes que de costumbre porque al día siguiente madrugaba: pillaba un tren a Santiago, que había quedado con una gachi. Iba en el peor vagón, me dijeron, no tuvo ninguna posibilidad. Hubo que sedar a la abuela para el funeral. Si nadie está preparado para enterrar a un hijo, imaginaros a un nieto al que has criado.

Yo le tengo en mi salón para no olvidarle: la foto de una noche cualquiera en Malasaña, de las que acabábamos en el Honky pidiendo Baba O’Riley; de cuando llevaba el pelo a lo mod, que le quedaba fatal. Hettsheimer, Begic, Pocius y Suárez jugaban todavía de blanco. Parece que ha pasado una vida, pero me consuela pensar que parte de su espíritu sí perdura en el foro de este blog, en vuestros comentarios críticos y sesudos, un reducto del que seguro que estaría orgulloso.

Museo Turpin

Ocho lecciones de la batalla contra PAO

1524658948_503491_1524728001_noticia_fotogramaNo hay huevos. Toda la temporada se ha tirado metiendo cizaña el presidente de Panathinaikos, Giannakopoulos, denunciando un complot de la Euroliga (#BertomeuEnsRoba) en forma de persecución arbitral. Llegado el momento de la verdad, pese a que los árbitros no tuvieron mayor protagonismo en la serie, hizo lo previsible: redobló la apuesta por el populismo, clamó contra el arbitraje tras el segundo y el tercer partido, amenazó con abandonar en el cuarto a la primera decisión equivocada… pero no hubo huevos. Igual que no los habrá para sacar al club de la Euroliga, a los de su clase se les va la fuerza por la boca.

El hermanísimo istrión. Antetokoumpo fue la extensión en pista del Jesús Gil de su presi. Me da igual que se acercase al vestuario del Madrid tras el cuarto partido para felicitar por la victoria, su actitud durante toda la eliminatoria fue una vergüenza para el baloncesto, infantil, sobreactuado y provocador. No es tan bueno como para ser tan tonto. Vaya con dios.

La madurez de Luka. Aprender no es cascarse 30 puntos en OAKA, como algunos quizá esperaban, confundidos por titulares clickbait. No, los 30 los metes cuando ya estás aprendido y a Luka aún le queda trecho, por muy catacrack que sea a sus 19. Doncic, eso sí, se lleva buena lección de la eliminatoria, sobremarcado en Atenas al no haber otro base potable en el roster. A falta de acierto y fluidez, aceptó sin rechistar apartarse del foco, asumiendo menos tiros y apoyando en aquello que no requiere de tanto acierto, como rebotes y asistencias. Era lo mejor para el equipo, otros peor amueblados no lo hubiesen aceptado.

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Viejos rockeros nunca mueren. Felipe y Carroll, con sus 73 palos entre ambos, han sido seguramente los mejores del Madrid en la serie. Reyes cambió el partido en el decisivo segundo y Carroll se erigió en sostén ofensivo exterior ante la incomparecencia de Causeur y la versión apocopada de Doncic. Su eliminatoria viene a engrandecer su leyenda en el club, dos de los más grandes que han vestido esta camiseta.

Laso, respect. En la campaña más aciaga de lesiones que recuerdo al Madrid de basket, marcha el equipo líder ACB por 5 victorias y se ha clasificado para la F4. Es seguramente, como dice Gustavo, la mejor temporada de Laso como entrenador. En la serie contra PAO ha mostrado gran capacidad de reacción, como cambiar la pareja interior titular tras el primer partido o entender sobre la marcha la mina que suponían los balones al poste a Felipe cuando le defendía Gabriel. Ha visto el fruto de su paciencia con secundarios, de los que ha sacado lo mejor cuando más falta hacían. Sirva de ejemplo Thompkins, que esta temporada, tras dos de más sombras que luces, ha enseñado al fin ese potencial que le suponíamos, convirtiéndose en un valioso activo del roster. Termina contrato, quiero pensar que seguirá.

James, Calathes y 10 más. Llevado al extremo, a Panathinaikos se le acabaron viendo las costuras, una plantilla teóricamente larga pero al final limitada ofensivamente más allá de su backcourt titular. Mike James, que fichará este verano por Milán por una millonada, me ha terminado convenciendo en la serie de su categoría de burguesía continental. Exactamente lo contrario que Singleton, pese a su acelerón en el último partido. Decepcionante eliminatoria (4/10 t2 en 120 minutos en pista) y en general su temporada, después de haber sido el verano pasado el interior más cotizado del mercado europeo. Casi todos los que salieron de aquel milagroso Lokomotiv de Barztokas que llegase a la F4 han terminado siendo un poco mentirita, de Draper a Claver, de Delaney a Singleton, hasta nuestro Randolph.

El terremoto Llull. Suponíamos que su regreso sería una inyección de moral, pero su nivel deportivo e impacto en el juego superó las mejores expectativas, un puto milagro, al alba del quinto día apareció y cambió la eliminatoria. Fue el mejor del Madrid en la estadística de +/- en ambos partidos en Goya… los primeros de su temporada. Una estadística sencillamente brutal. Su nivel tras el regreso, unido a la lesión de Nando de Colo, que seguramente llegará para Belgrado pero a saber cómo, altera sensiblemente el equilibrio de fuerzas de la semifinal. Fenerbahce es favorito al título, pero hoy CSKA parece bastante menos favorito ante el Madrid que hace un par de semanas.

El Espíritu de Turpin. Lo dije por Twitter y lo repito por aquí ahora, gracias a los Berserkers por el recuerdo y homenaje a nuestro compañero caído Turpin en los prolegómenos del cuarto partido. La prueba de que, camino de cumplirse cinco años de su muerte, su legado sigue más vivo que nunca.