El Madrid ficha a Hanga… cuatro años tarde

Podemos entrar en matices, que los hay, pero al final el hecho es irrefutable: dos de los cuatro fichajes del Real Madrid este verano son descartes del Barca en la treintena. Visto desde fuera, grosso modo, parece un retroceso a los tiempos de Alston y Digbeu. No es para tanto, ya os digo que hay matices: Jasikevicius goza de poderes plenipotenciarios en Barna y como tal se permite el lujo de ponerse tiquismiquis, descartar a jugadores útiles por sutilezas tácticas. Hanga y Heurtel entran en esa categoría.

Pero igual resulta complicado ilusionar a la parroquia blanca y revertir la tendencia en el basket español, con el FCB como nuevo rival a batir, si te limitas a fichar de entre sus descartes. Sopita recalentá mientras el vecino come a la carta.

Porque comer a la carta, si hablamos de intentar cubrir el socavón que dejó Tortuga, era fichar a Kalinic o Papapetrou, los mejores aleros altos en mercado este verano, ambos por debajo de la treintena. Pero el Madrid ni ha pujado por ellos, porque eso requería remangarse, o sea, dinero y ambición, y ambos escasean en Concha Espina cuando a las alas se refiere. Y escasea el dinero porque se arrastra una pesada hipoteca de veteranos por ahora intocables, que ya no marcan diferencias pero cuya suma engulle la mayoría de la masa salarial disponible para el juego exterior.

Llega Adam Hanga, no nos engañemos, porque es más barato que Kalinic o Papapetrou y porque ha quedado libre como un taxi después de que el Barca le de puerta. Y le da puerta para (intentar) fichar algo mejor: Encestando apunta a que el club azulgrana presentará oferta por Kalinic y el miércoles termina el plazo para que Valencia iguale la oferta.

¿Qué puede aportar Hanga?

La política de descartes es un espejo de la ambición de ambos clubes. Al Barca, pese al doblete, no le tiembla el pulso para cortar a Hanga y Claver, indemnización mediante, jugadores importantes del club el último lustro, capitales en la era Pesic. El Madrid, tras nadaplete y con un juego exterior viejísimo, no se plantea prescindir de nadie. Los seis exteriores continúan, business as usual, salvo que Carroll avise desde el rancho, cambie de opinión y se retire.

Siguen todos, no por su rendimiento, irregular y bastante discreto el curso pasado, sino por la complacencia de la directiva y la presidencia. Lo que empezó hace varios años como una apuesta por el continuismo, lógica cuando se ganaba y la columna vertebral no peinaba canas todavía, ha derivado en gestión sentimental y falta de ambición, el retiro a la carta y la lealtad mal entendida.

Y como no tenemos suficientes aleros en la treintena, pues a por Hanga, 32 años, que además firma por tres temporadazas, según Chema de Lucas. Lógico, no nos vayan a robar a las jóvenes promesas… ¿Pero es que no hemos aprendido nada? Repetimos los mismos errores que nos han traído hasta aquí, los contratos multianuales garantizados a jugadores secundarios en la treintena (Causeur, Taylor…).

¿Qué mensaje de renovación se lanza tras un curso aciago cuando no eres capaz de quitarte a ningún veterano y encima haces de coche escoba al Barca, trayéndote a dos descartes en la treintena? El húngaro ha sido un gran jugador, uno que me hubiese encantado ver en Goya… hace cuatro años, hoy está al inicio del ocaso. Todavía puede echar una mano, claro está, sigue siendo un jugador versátil y competitivo que no sobra en ninguna rotación, pero necesitábamos algo más que alguien que eche una mano.

Un juego exterior de 232 años

La ambición que atisbamos con el fichaje de Yabusele se esfuma en 10 días. Leyendo la letra pequeña entendimos que el francés impuso al Madrid un contrato cual alfombra roja, por si le llama la NBA. No es plato de gusto, pero no deja de ser el peaje a pagar en los tiempos que corren si quieres reclutar a piezas cotizadas de mercado en su veintena. Hanga es otro tipo de fichaje, uno asequible y apañado, que no estorba pero redundante. Nada que no tengamos ya, otro jugador en cuarto menguante. Porque no, antes de que me preguntéis ya os respondo que no, que la eventual llegada del húngaro, hasta donde sé, es independiente de la continuidad o no de Taylor, con un perfil similar. Ese sería el único supuesto bajo el que cobraría sentido este fichaje de Hanga y no se va a dar.

El juego exterior del Madrid está servido de veteranos con nivel de reserva, necesita algo más que ampliar fondo de armario, necesita alguna primera espada con nivel titular top8 Euroliga, piernas algo más jóvenes entorno a las que reconstruir. Y esas, asumámoslo, no suelen tener buena relación calidad-precio ni terminar contrato cuando a tí te cuadra, son operaciones que requieren ambición y pasta.

Con la llegada de Hanga y salvo que Carroll se retire, asumo que el Madrid daría por cerrada la plantilla, que mejora respecto al año pasado, que no era muy difícil. Siete exteriores y ninguno diferencial, que suman 232 años, a una media de 33.2, y eso contando a Abalde que baja la ratio. El elefante en la habitación. Un quedarse a medias, cerrar en falso un verano que por momentos tuvo buena pinta.

Patinazo en el Palau, un clásico por navidad

Mirotic acb deck¿Qué es la navidad sino tradición? El Madrid cumplió con la suya escrupulosamente: visita al Palau en diciembre, fase regular ACB, estrepitoso primer cuarto y derrota fea, que escuece a la afición por la forma pero con escasa trascendencia clasificatoria. El average está perdido, ni qué decir tiene, si bien el reciente pinchazo en casa del Barca contra Unicaja lima ese coste: si ganan los mismos partidos hasta final de curso y el Madrid vence de 1 punto el Clásico en Goya será primero de la fase regular. Lo sé, es ver el vaso medio lleno en un día así, pero hay que poner las cosas en perspectiva.

El partido quedó sentenciado en el primer cuarto, con un Madrid castastrófico (-4 de valoración global), y el primero Campazzo, que registró en el arranque 5 pérdidas y 0/4 de campo. Se enchufó en la segunda mitad, pero ya era tarde y solo sirvió para maquillar. En general los argentinos del Madrid, que junto a Tavares marcan el techo del equipo, tuvieron una tarde negra: Deck estuvo negado hasta que se lesionó (cruzamos los dedos para que no pase a mayores), el emparejamiento con el regresado Claver le fundió los plomos, al negarle el recurso del posteo. Habrá que tomar nota para próximos derbis. Y a Laprovittola, que nos había hecho alguna faena de aliño en fechas recientes, el Palau le viene muy grande.

hanga acb laprovittola

Se vio sobrepasado por un Hanga inmenso, igual que Kuric, que le hizo un traje a Causeur. Los titulares de la prensa irán por Mirotic, pero la victoria del Barca la contruyeron los secundarios: Delaney, Oriola y los mencionados Hanga y Kuric. Solo dieron la cara por el Madrid los ala-pívots, Thompkins-Randolph, y por momentos Carroll, recién regresadito de USA (ya sin perilla fucker) del permiso del club por “asuntos familiares”. Se notaron las ausencias de Mickey (Garuba le echó arrestos pero aún no está para estas lides) y sobre todo de Llull, claro que al Barca le faltaba Heurtel. A Pangos ni le cuento, pues no pintará nada en la rotación cuando vuelva y estén todos. No lo pinta Ribas…

Mirotic no fue protagonista, a su pesar, y no porque no lo buscase: 6 de 16 tiros de campo, con mucho maquillaje en la recta final, ya sin nada en juego. Eso sí, celebró un triunfo en la jornada 15 de la fase regular ACB como si de la final de la Euroliga se tratase. Golpes en el pecho, brazos en alto tras cada triple y un minuto de saludos al sentarse en el último minuto. Como dice María, parece ese exnovio despechado que publica compulsivamente fotos con su nueva novia, para demostrar lo bien que está, pero no para de mirarte las historias de Instagram.

Posdata: minuto 36 de partido, el Palau cantando a coro “Rudy Fernández, hijo de puta” durante 20 segundos. Nada nuevo, solo que, a diferencia de aquella tarde de noviembre en Goya, me temo que no escucharemos al mainstream mediático ofendidito por el “linchamiento”. Ya sabéis, de la buena educación solo nos acordamos según el color de la camiseta del insultado.

Las cinco claves de la final de Copa

REAL MADRID - BARCELONAEfecto rebote. Es un término bursátil que se refiere a la fuerte subida del valor de una acción el día después de una súbita bajada. El ayudante de Sito Alonso ha denunciado en Facebook y sin eufemismos lo que salta a la vista, que la plantilla hizo la cama al coach, al módico precio de tirar la temporada Euroliga, que marcha el equipo penúltimo y ya sin opciones. Sólo hay que sumar dos y dos. Pesic mantiene la rotación y jerarquías de su antecesor, con Kurucs, Pressey y Vezenkov marginados. Dado que en 10 días, en plena vorágine de competición y sin apenas entrenamientos, no da tiempo para asimilar conceptos tácticos, el cambio de juego y resultados del Barca sólo puede venir por un lado, el de la actitud de los jugadores. Una vez se enjuague este ‘efecto rebote’ comprenderemos el verdadero nivel azulgrana, suponemos lejos del esperpento de la primera mitad de curso pero seguramente sin el plus de motivación de esta Copa, que parecía que hubiesen repartido viagras en el vestuario a la salud de Sito.

La sangría bajo tableros. El Madrid perdió la batalla del rebote directamente por incomparecencia (-16). A Laso se le ocurrió en el tercer cuarto, en plena escapada del Barca, apostar por un quinteto con cuatro pequeños. Un experimento respetable, como intento por controlar la sangría, pero en el que se obcecó unos 15 minutos, pese a la evidencia de que no daba resultado. Los azulgrana buscaron con paciencia el desequilibrio físico al poste y arrasaron en el rebote: entre el minuto 20 y el 35 el balance de rechaces fue de 15 a 2 para el Barca. Así es difícil.

Factor arbitraje. Si fuese un combate de boxeo seguramente el Barca habría ganado la final a los puntos, pero esto es basket y los méritos previos cuentan exactamente un mojón. El Madrid tuvo una posesión para empatar o ganar, en la que hubo un clamoroso error arbitral en su contra, esa falta de Claver a Taylor en el palmeo. Nos acordamos también del tiro libre de Rudy, a dos minutos del final, que debió contar no uno sino dos puntos porque fue palmeado por Moerman en su propio aro. Dos acciones que he elegido porque no dejan lugar a duda en la repetición (si hasta los comentaristas de M+ se pusieron de acuerdo) y que bien pudieron cambiar el resultado en un duelo decidido por sólo dos puntos. No trato de buscar tres pies al gato, ni de que la polémica arbitral anule la necesaria autocrítica, pero no se puede analizar la final sin mencionar que errores arbitrales perjudicaron claramente al Madrid en momentos clave.

Los eslovenos, desaparecidos. Doncic es el faro blanco y un catacrack pero ha pinchado ya en suficientes finales de torneo o desenlaces apretados de partido como para que empecemos a asumir que tiene un claro área de mejora. Desapareció en la pasada final ACB y ha desaparecido en esta de Copa, 1 de 8 de campo, no lo maquilla ni ese reguero de tiros libres (12/16), concentrados en su mayoría en el primer cuarto. Debe estar contando los días para el regreso de Llull y que le libere de cierta presión en finales de partido. Pero más que Doncic preocupa la aportación de su ‘compatriota’ Randolph, cuarto salario de la plantilla, que sigue restando más que sumando ya tres semanas y ocho encuentros después de su regreso. En sus minutos en pista en la Copa el balance del equipo fue de -4, por el +26 de Thompkins, canta por soleares. No pasa el balón ni por equivocación, tampoco le pidas una ayuda en defensa, apenas carga el rebote (0 en 13 minutos en la final) y tiende a lanzar en posiciones forzadas, desde fuera y sin rebote, porque yo lo valgo. Es duro decirlo, pero a día de hoy cumple los atributos de lo que Manel Comas llamaba un NAF. Uno con Randoph nunca sabe a qué atenerse, si está enfadado con el mundo y necesita un mes en una comuna hare krishna, o si su actitud cambiará de forma natural, según recupere la forma y asuma protagonismo, como ha ocurrido otras veces. Sí se que el Madrid se juega la vida en Europa en las próximas semanas y no hay espacio para psicoanalistas, si Randolph no está, banquillazo y se apuesta por la bombona de oxígeno de Trey.

Reacción de casta. Por no cerrar con tan mal sabor de boca, dejo para lo último lo único rescatable, ese orgullo competitivo que mostró el Madrid en la recta final cuando el partido estaba perdido (15 abajo con 6 por jugar) y que a punto estuvo de obrar la machada. Una casta encarnada sobre todo en Carroll y Thompkins, que sólo en ese periodo final subieron 22 puntos, de los 38 del equipo. En menor medida, Rudy, Taylor y Campazzo también contribuyeron a ese arreón final, puntales de una defensa press a toda pista que enseñó las costuras azugranas. Al final, la derrota pica por la forma, el rival y las dudas que pueda generar, pero que los árboles no impidan ver el bosque, el Madrid acudía a Gran Canaria con grandes bajas y nulas urgencias históricas. El éxito o fracaso de la temporada se mide por llegar o no a la F4 de Belgrado, y eso, por cierto, pasa por ganar este viernes precisamente en Barcelona…