Una cuestión de oficio: Olympiakos tumba al Madrid en Goya

Dos derrotas consecutivas en Euroliga suelen traer en Madrid la alerta naranja y exigencia de fichajes/despidos. Hoy vengo a echar un hielito, a sujetar los impulsos catastrofistas y a recordar que el contexto importa: han sido pinchazos por la mínima (FCB y OLY) contra rivales de máximo nivel, semifinalistas ambos de la pasada edición. Estos partidos son una moneda al aire y esta vez salió cruz, igual que la final de Supercopa fue cara. Si nos creemos que la temporada va a ser un camino de rosas, incluso contra rivales directos, vamos apañados. Y no hay fichaje posible que te evite sofocos, con el que te den la Euroliga en octubre. El título se decidirá en mayo, en partidos apretados y a cara de perro contra equipos como estos dos, y tanto la plantilla como el cuerpo técnico tienen que aprender de los detalles y optimizar la gestión de finales ajustados.

Hago hincapié en la recta final porque a los puntos fue mejor el Madrid, que mandó en el marcador buena parte del encuentro, por rentas exiguas, todo sea dicho. El juego esta vez sí fue fluido, se fabricaron tiros liberados, nada que ver con el desastre del Palau: 87 puntos anotados y 26 asistencias por 11 pérdidas. El puesto más cuestionado, el de base, resultó el más productivo del equipo: Chacho jugó un señor primer tiempo, acabó con 8 asistencias, y Llull fue de lejos el mejor del último cuarto con 14 puntos (¡!). Y aún así, paradójicamente, es el partido de la temporada en el que más eché de menos un base de corte defensivo como Hanga o Goss, aún en la enfermería, que hubiese permitido una alineación más equilibrada en esa recta final, con Llull de dos.

Me explico. Ni el menorquín ni Chacho están para defender a Sloukas, su par teórico, así que Chus tuvo que recalibrar en el último cuarto los emparejamientos y poner a Causeur con el base griego. Fabien, defensor suficiente pero lejos de ser un especialista, se fue a 23 minutazos en un día aciago: 1/8 tiros y -3 de valoración. Telita por cierto su comienzo de temporada: 14/50 tiros de campo en los nueve partidos oficiales, un 28%, que se dice pronto. Por menos se crucifica a Llull… Ese ajuste defensivo limitó el tiempo en pista de Musa, el más clarividente (17pts en 15mins), y no consiguió el objetivo de contener a Sloukas, decisivo en la recta final y autor de la canasta ganadora.

La mili de Chus Mateo

Al margen de estos detalles, al equipo en general le faltó oficio, lógico hasta cierto punto con los cambios de este verano y bajas como la de Rudy, y cantó especialmente al tener enfrente un animal competitivo como Olympiakos. Hezonja, por ejemplo, no solo estuvo desacertado, que falló varios triples liberado. Eso no me preocupa, otros días han entrado y entrarán, pero tuvo la cabeza fuera del partido, ofuscado con el criterio arbitral. Algo parecido les pasó a Tavares y Poirier, que patinaron sobremanera en el último cuarto, con cantidad de errores en la lectura de juego y la toma de decisiones. Tiros mal seleccionados, faltas innecesarias… Un lastre importante al ser el puesto llamado a dominar.

Y también pinchó un poco Chus Mateo, de nuevo, que con este calendario inicial tan exigente está haciendo una mili apresurada. Conocemos sus espectaculares credenciales como segundo, pero la gestión de los últimos cuartos como entrenador jefe requiere, más que de estrategia, de carácter y capacidad de improvisación, y ahí tiene todavía que doctorarse. Su pizarra en ataques finales por ahora es entre plana y discreta: no es que los dos segundos que quedaban ayer diesen para mucho, pero sí quizá para algo mejor que Tavares recibiendo de espaldas a 5 metros del aro.

También eché en falta su voz en la banda para presionar al trío arbitral ante el reguero de tiros libres griego en el último cuarto (12). Te lo tienes que creer. Eres el entrenador del Madrid y juegas en casa, si no te está gustando el arbitraje debes que hacerte oir. Porque lamentablemente en la Euroliga todavía prevalece la lógica de que «quien no llora no mama», por eso vemos a casi todos los entrenadores presionar a los árbitros y gritarles, jugando conscientemente al límite de la técnica. Los Itudis, Jasikevicius, Messina o Ataman regalan pocas sonrisas al trío naranja…

En fin, que hay cosas que ajustar, pero sin drama.

Fin al culebrón Campazzo: que le vaya bonito

A Dios gracias. Fin al culebrón Campazzo, quizá el más agotador de los últimos años en relación al Madrid de basket, aguantando meses de humo, filtraciones y rencillas, con giros de guión a cada cual más chusco. Se queda en la NBA, subido al último tren y para apenas jugar, pero se queda, que es lo que quería. Tras 104 días en el paro y las calabazas de 29 franquicias, que a toditas debieron llamar sus agentes dando la turra, firma en Dallas como último jugador del roster (nº15), por un año y el salario mínimo, que viene a ser como un 30% menos de lo que ofrecía el Madrid y menos de la mitad que la presunta oferta de Fenerbahce. Salvo lesión de un compañero de puesto, Facu va a chupar tanto banquillo como en Denver, sino más, y lo sabe. Pero le da igual, seguir es «su sueño», pues duro con ello. Que le vaya bonito, la sección espera el cheque por la letra anual de su cláusula, remítase a la av. de las Fuerzas Armadas, 402, Valdebebas.

Uno, como aficionado blanco, quiere lo mejor para el equipo, los mayores talentos posibles sobre el parquet, y Campazzo es uno de ellos. Pero los aficionados tenemos también algo de espíritu y orgullo propio, y a estas alturas de la película casi prefería que no viniera, lo escribí hace dos semanas. Todos entendemos que los jugadores ansíen probarse en la mejor liga y que si les funciona echen raíces, es ley de vida.

Pero no es el caso del Facu, cuya continuidad en la NBA responde más a la insistencia que a haber cuajado deportivamente. Han sido tres meses poco menos que mendigando de franquicia en franquicia hasta arañar un contrato lastimoso por acoso y derribo. Semejante enrocamiento deja la sensación de que la consigna, casi tanto como seguir en la NBA, era evitar volver a Madrid. Porque luego están las formas. Y no, ni la supuesta relación tirante con el director de la sección (JCS) ni que el Madrid juegue en la segunda divisiónl, Euroliga, justifica ciertos desplantes públicos más o menos sibilinos que ha sufrido el club de Facu y sobre todo de sus representantes este verano.

De aquellos polvos…

Sabéis que desde esta tribuna he sido muy crítico con Juan Carlos Sánchez respecto a la salida de Laso, pero en lo referido a la fuga en su día de Campazzo lo justo es cerrar filas. Hagamos memoria: verano-otoño 2020, Facu dice que se quiere ir a la NBA, pero que ni tiene el dinero de la cláusula, ni sabe cuándo se iría (por el decalaje de fechas de mercado USA-Europa) y que, de hecho, tampoco tiene total seguridad de irse. La configuración de plantilla del Madrid ese año quedó completamente condicionada al capricho e incertidumbre de Campazzo: el club no pudo fichar sustituto en verano (cuando aún había género en mercado) dada la ingente cantidad de masa salarial inmovilizada en el puesto de base que suponía Facu.

Así que JCS, como estrategia defensiva, remitió al jugador al pago íntegro y por adelantado de su cláusula, como estaba en su derecho. El Madrid como institución y el papel firmado por delante de los deseos cambiantes de cualquier empleado. Al final intervino Florentino, más acostumbrado a los caprichos de los futbolistas, y alcanzó con Facu un «pacto de caballeros» para desatascar la situación. Un pacto que, sinceramente y visto con cierta de perspectiva de tiempo, ha resultado más ventajoso para el argentino que para la sección.

Oficialmente harto del caso Campazzo

No os hacéis una idea de la pereza y hartazgo que me da el tema Campazzo. Todo ello. La prensa y fanaticada argentina NBA fan-lover viralizando hasta el más vago rumor sobre el supuesto interés de múltiples franquicias. Que la culpa fue de Durant pero que ya, que todo está a falta solo «de flecos». Pues deben medir los flecos como un campo de fútbol porque van tres meses y el viernes empieza la pretemporada. Es más, Julián Mozo, ex dircom de la Fed. Argentina de basket, asegura hoy que no hay ninguna oferta de la NBA, nada, solo «sondeos». Y cita fuentes del entorno del jugador. Pero con la calma: «va a seguir esperando hasta donde se pueda, no hay plazos». Nunca subestiméis la capacidad de arrastrarse de un jugador mal asesorado.

Pereza infinita los que asesoran, claro, los representantes, los mismos que filtran el supuesto interés de franquicias para que no decaiga el hype (nos lo quitan de las manos, señora) y que saltan como hienas cada vez que alguien osa tan siquiera vincular el nombre de Campazzo al Real Madrid, como si de un insulto se tratase. Los mismos representantes que enmiendan la plana a su propio cliente cuando deja la puerta entreabierta en alguna entrevista. «Facu es jugador NBA». Friendly reminder: con ese club del que los agentes parecen casi avergonzarse mantiene Campazzo una deuda de siete dígitos que no se paga con «sondeos».

Y no se me ofenda nadie si se da por aludido, pero pereza también la parte de parroquia madridista que vive sin vivir en sí, como Santa Teresa de Jesús, desvelada por El Regreso que no llega y apenas celebra ya los títulos del equipo porque, claro, son solo un espejismo, «nos falta un base top». El Madrid es vigente campeón de la ACB y de la Supercopa, y subcampeón de Euroliga, que se perdió la final por un solo punto, con Llull y Abalde de bases. Pero da igual, no somos nadie sin un base «de primer nivel», de esos de toda la vida, con yoyo y mando en plaza. Porque cómo vamos a aspirar a algo sin una megaestrella en cada puesto, donde se ha visto.

Se pone de ejemplo la final de la Supercopa (aunque se ganó), como si no faltasen ese día tres bases por lesión: Hanga, Goss y Alocén, precisamente del tipo que pide la plantilla este año, que cumpla en defensa y requiera poco balón en ataque, porque ese tiene que estar en manos de los cracks, Musa/Deck. Que Facu le viniese bien al Madrid, como buen jugador que es, no significa que el Madrid le necesite para aspirar a todo, menos este curso, con el mejor plantel de los últimos años.

Creo que ni los representantes ni el jugador son conscientes de que esta odisea por continuar en EEUU a cualquier precio y de cualquier manera hace indirectamente de menos al club blanco, su mejor destino posible si se cae la opción NBA. Y cuidado que no sea Campazzo quien acabe necesitando al Madrid más que viceversa, y que para entonces al club ya no le queden ganas o dinero.

Os confieso que estoy tan cansado del sainete, de las fake news y de los desplantes, que una parte de mí empieza a preferir que Campazzo no regrese, y me consta que no soy el único. Tenemos un plantillón de jugadores que sí quieren estar aquí, para los que Goya no es segundo plato, como para hacerles de menos por alguien que prefiere mendigar un contratillo en cualquier franquicia NBA.

Nuevo entrenador pero misma estrella: Tavares guía al Madrid a otra Supercopa

Remontando 12 puntos y con Tavares, una vez más, marcando la diferencia en ambos aros. El cambio de inercia en los Barca-Madrid que arrancase en mayo, en la semifinal de Final Four, se solidifica en el inicio de curso con este título blanco de Supercopa. Por cierto, el quinto consecutivo, trofeo fetiche. Es también el primer título de la era Chus Mateo, al menos con él oficialmente de primer entrenador, un chute de confianza para construir desde la tranquilidad que dan las victorias. A botepronto podemos afirmar que el equipo mantiene una de sus principales señas de identidad de la era Laso, el carácter competitivo, una mezcla de determinación, oficio y corazón que permite remontar finales como la de hoy, que pintaba bien fea.

Aunque, en honor a la verdad, hay cosas que pulir, la gestión fue discreta en términos generales. Los blancos perdieron más balones que asistencias repartieron, 16 a 13, síntoma inequívoco de espesura. A lo que contribuyó también Chacho Rodríguez, terrible su torneo, físicamente como si tuviese 45 años en vez de 36. Parece mentira que haya hecho la pretemporada completa con el equipo.

Pero volvamos al partido, y al nuevo entrenador: la planificación del último ataque del tiempo reglamentario dejó que desear, así como la asignación de jerarquías (Llull sigue siendo el que más lanza, 5/16 tiros) o el aprovechamiento de la gran ventaja del plantel, su profundidad. Cuatro jugadores se fueron a más de 35 minutos en pista, que se traduce en cansancio propio y banquillazo ajeno. Pienso por ejemplo en Mario Hezonja, una de las apuestas importantes de la sección este verano y uno de los mejores anotadores de la Euroliga las dos últimas temporadas. No lanzó a canasta ni rascó bola en todo el partido, ni siquiera en la sequía de la primera mitad, acabó con 0/0 tiros. Básicamente porque no hay ningún sistema pintado para él. Que sea el reserva de Tortuga no significa que se le fichase para 10 minutos de intendencia y esperar en la esquina. Si no se le integra ahora, imaginad según regresen lesionados. Por cierto, coach M informó en la rueda de prensa de que Hanga y Rudy estarán fuera un tiempo.

La era del Gigante Verde

Medio torneo corresponde a Tavares, faro absoluto del Madrid desde hace 2-3 temporadas, aunque a la afición le cueste un poco asumirlo por el prejuicio estético heredado de la era Laso, de que las estrellas tienen que ser exteriores y cancheras. 41 de valoración en el cuarto y último partido de la final ACB en junio, 40 hoy en la final de Supercopa, ambas contra el Barca. Actuaciones de leyenda que ganan campeonatos. Mientras las viudas siguen suspirando por Campazzo, el Madrid va ganando títulos a lomos de Edy.

No es solo que sea bueno y enorme, es que cada curso juega mejor que el anterior, fruto de su compromiso, humildad y ética de trabajo. Pensad, por ejemplo, que cuando llegó a Madrid apenas rondaba el 50% en tiros libres: hoy no sorprende que se casque este 10/11 en la final, o esa canasta de media distancia clave en la prórroga. Pero no solo es el tiro, mirad cómo entiende ahora el juego, define con la zurda y, sobre todo, cómo gestiona las emociones. Ha reducido ese ratio tan dañino de técnicas por protestar y de faltas inútiles, hasta convertirse en el jugador más determinante de la Euroliga tras Micic.

A su lado ha brillado el dúo exterior titular, Musa y Deck, de lo mejor también del continente en su puesto por presente y sobre futuro a corto plazo. Tortuga, reciente MVP de la Copa América, tiene tres cosas en común con Tavares: juega feo, cada año es mejor y nos acordamos de él menos de lo que deberíamos. En la final, decidida por solo 6 de diferencia, el balance del Madrid en sus minutos ha sido de +23…

El desembarco Musa

A quien no le van a faltar focos es a Dzanan Musa. Su desembarco en Madrid está siendo atronador. La Supercopa, su debut oficial de blanco, ha descartado de un plumazo cualquier duda de que el Eurobasket o la pretemporada hubieran sido un espejismo. Tiene solo 23 años y dos semanas en el equipo pero ya se ha erigido en uno de sus líderes espirituales y en primera espada ofensiva exterior. Es puro carisma, rezuma confianza, a man on a mission. Además, su sangre caliente y juventud no se traducen en precipitación o malas decisiones ocasionales, como sería entendible. Al contrario, su selección de tiro es digna de veterano: 14/22 de campo en el torneo. Por cierto, esas penetraciones con eurostep son canelita en rama.

Musa fue el sostén anotador del equipo en muchos tramos de la final, y responsable junto a Llull de la remontada en el tercer cuarto. Su capacidad de generar juego desde bote elimina o al menos reduce el principal déficit de la plantilla desde la marcha de Facu. Por edad, nivel y carácter, se me antoja el fichaje más ilusionante de la sección en el último lustro, una incorporación estratégica si confirma su adaptación/evolución y ahuyenta cantos de sirena allende el mar…

Disculpad de antemano mi entusiasmo jaranoso, quizá exagerado, pero son demasiados años tratando de ilusionarme y vender el pollino con fichajes de exteriores para empatar, de viejas glorias y sopita recalentá. Y no hay motores en este negocio como la ilusión y la novedad. Es solo una Supercopa, sin Mirotic y con Satoransky a medio gas, no da para conclusiones categóricas, pero es empezar ganando, seguir ganando.

El oro contra toda lógica

Es una esas historias cenicienta que nos reconectan con el deporte, que nos hablan de la confianza y del trabajo en equipo como valores supremos en las competiciones colectivas. Expresiones que, lo sé, y disculpadme, suenan a anuncio corporativo de banca o a sesión de coaching, pero que ilustran rigurosamente el espíritu de esta selección campeona y entrañable.

Nos toca doble en esta tribuna por tratarse de España y de baloncesto, pero es objetivamente y por sí sola una tremenda historia de superación. La de una selección de teóricos retales y planes C que crece a lo largo del torneo y se revela contra todo, contra los augurios de las casas de apuestas, contra la lógica del «cambio de ciclo» y los epitafios de «travesía por el desierto». Se revela contra cada rival que sale al paso, convirtiendo las remontadas casi en una liturgia: -11 contra Lituania en octavos, -15 contra Finlandia en cuartos y -10 contra Alemania en semis. Todo para acabar alzándose con el oro más improbable y meritorio que recuerdo en el basket de selecciones, algo así como la Eurocopa de fútbol de Dinamarca en el 92. Porque, además, bien ha podido ser el Eurobasket de mayor nivel de la historia.

Reconozcámoslo, hemos conocido torneos FIBA de rebajas, sobre todo Eurobasket, que los jugadores NBA se borraban de pura pereza y saturación de calendario. Y España ha pescado en ese caladero, recordad que nos flipábamos por ganar con Pau en su prime a Macedonia o a la Lituania de Maciulis. Con todos los respetos, no es lo mismo. Esta vez han venido todos (los rivales), había ganas de rock and roll de selecciones tras el parón por la pandemia, y se da la circunstancia de que los tres mejores jugadores del mundo en la actualidad son europeos: Doncic, Jokic y Antetokoumpo.

Muchos nos asomamos al principio con lógico escepticismo al papel de España en el torneo, apocados ante tanta estrella, más si cabe después de las derrotas en los partidos de preparación. Pero el equipo progresó hasta sacar el animal competitivo que llevaba dentro. Mirad lo que os digo: nunca había disfrutado tanto ni me había sentido tan orgulloso de la selección como en este Eurobasket, y son palabras mayores viniendo del ciclo dorado de los Gasol, Chacho, Ricky, Navarro, etc. Pero ellos nunca consiguieron un resultado tan fuera de guión, tamaña machada.

Colofón para Rudy

Este campeonato representa la consagración indiscutible de Sergio Scariolo. Sabíamos de su capacidad para exprimir grandes plantillas: siempre ortodoxo y respetuoso con las jerarquías, dirigió con precisión suiza a la mejor generación del basket español. Nótese que hablo en pasado, porque esa generación ya lo es. Este Eurobasket se planteaba muy distinto, por primera vez acudía Scariolo a un gran torneo con una plantilla objetivamente sin opciones de metal. Un déficit de talento que le ha obligado a salir de su zona de confort y fiarlo todo al equipo por encima de los nombres. Y el resultado ha sido un ecosistema en el que cada jugador ha rendido a su mejor versión, el sueño de todo gestor de equipos. Es por tanto un oro de autor, el triunfo más valioso en la carrera del técnico italiano.

Asumimos que el torneo ha sido la despedida de Rudy Fernández de la selección, un final de cuento de hadas: con razón no podía dejar de llorar en la ceremonia y las entrevistas post partido. Su experiencia, su compromiso contagioso y su infinito IQ en pista han sido claves en el título, sirva de ejemplo su ya célebre bronca en el descanso de cuartos de final, que prendió la chispa de la remontada. Este oro desde un rol tan heterodoxo solo viene a engrandecer su figura, broche a una carrera legendaria con la selección. Manque pese en algunos sectores del establishment, Rudy se sitúa justo por detrás de Pau en el Olimpo de nuestro baloncesto, y como poco a la altura de Navarro., al que supera en palmarés, longevidad y liderazgo fuera de la pista.

La consagración de los Hernangómez

Aunque si nos ceñimos a lo estrictamente deportivo, este quedará para la historia como el Eurobasket de los Hernangómez: MVP del torneo el mayor y de la final el pequeño. Han dado el paso al frente que necesitaba la selección para llenar el vacío de tanta leyenda. Os reconozco que me costaba calibrar su verdadero nivel, tras años vagabundeando por el fondo de la rotación de franquicias NBA, limitados en muchos casos a minutos de la basura de la fase regular (valga la redundancia). Ahora sabemos que, en el entorno adecuado, son tan buenos o todavía mejores de lo que imaginábamos. Willy un verdadero pichichi de la zona y Juancho un pura sangre, versátil y con buen tiro, ejemplo de tres y medio moderno. Siete triplacos y 27 puntos se cascó en la final, poca broma, una de las mejores actuaciones de siempre de un jugador español con la camiseta de la selección.

No hace falta estar de acuerdo con las formas ni el fondo de la nacionalización de Lorenzo Brown para reconocer el pelotazo deportivo que ha supuesto su incorporación. Llovieron críticas oportunistas durante los partidos de preparación, cuestionando su nivel («puestos a hacer trampas, ya podíamos haber buscado a uno mejor»), pero los que vemos Euroliga sabíamos que Lorenzo es burguesía continental. No en vano, sonó fugazmente para el Madrid en algún momento del verano. Bien, pues se ha convertido en la clave de bóveda de la convocatoria de España, la pieza que equilibra el resto y, en este caso, tapa el principal déficit que habían creado las lesiones, la generación desde bote y la dirección. Su carácter tranquilo facilitó su adaptación al grupo y su luz brilló con especial intensidad contra Lituania y Alemania. Quinteto Ideal del torneo, casi nada. A ver quien es el listo que le deja ahora fuera del Mundial para hacer hueco a Ibaka o Mirotic…

Puestos a destacar otros dos nombres, aunque todos merecerían unas líneas, me quedo con Usman Garuba y Alberto Díaz, quintaesencia del espíritu de las remontadas, todo corazón e intensidad. El alcarreño llegó muy justo al Eurobasket, duda hasta casi última hora por una lesión, pero según cogió el tono físico (clave para su juego) entró en ese modo Pantera de Azuqueca que tanto disfrutamos en Goya su último año, multiplicándose en pista, dominando sin necesidad de anotar. Ha sido el complemento perfecto a Willy, para cuando hacía falta subir la marcha defensiva. Tremendas sus ayudas atrás, sus manos para robar balones o su lectura del juego: siete asistencias ante Alemania en semis, que se zampó a un NBA consagrado como Daniel Theis.

Qué satisfacción, de veras. Entre tanta borrachera de medallas y efemérides de la selección la última década, ninguna sabe tan bien como esta. ¡Felicidades!

Merchandising y abonados, los puntos negros de la gestión del Madrid de basket

Soy abonado del Real Madrid desde algo así como el Cretácico superior, de cuando se jugaba en el Raimundo Saporta y nos ilusionábamos con el fichaje de Attruia. Mucho ha cambiado a mejor desde aquellos tiempos oscuros, sobre todo en el aspecto deportivo. Pero quedan áreas de mejora importantes en el funcionamiento de la sección a las que hacía tiempo quería dedicar unas líneas a modo de crítica constructiva. Os confieso que había escrito un artículo mucho más largo pero al final, para no dispersarme ni eternizarme, he reducido el análisis a las dos áreas sobre las que escucho las quejas más habituales. Imagino que algunos preferiríais otro artículo de rumores sobre Campazzo o el impacto de la llegada de Musa, pero ya tendremos tiempo para eso el resto del año. El Madrid de baloncesto no es solo lo que se ve en la cancha.

Merchandising

Los clubes Euroliga, salvo quizá los alemanes, arrastran un déficit financiero estructural, es decir, que gastan más de lo que ingresan y reportan pérdidas cada año, enjuagadas artificialmente por algún oligarca, gobierno regional/local o club de fútbol. El Madrid no es excepción, el mantra de que vive del dinero del balompié es cierto, tan cierto como que ese desequilibrio podría limarse a poco que se trabajase el capítulo de ingresos con más cariño. Tomemos como ejemplo el merchandising, que seguramente sean las migas, pero sumando migas juntas un chusco de pan.

He hecho la prueba: a 12 de septiembre un aficionado que entra en la tienda oficial online del Real Madrid sencillamente no puede comprarse la camiseta del equipo de baloncesto. Ninguna. Ni la primera ni la segunda, ni la de este año ni la del pasado. Solo pantalones y la camiseta infantil, punto. ¿Tan difícil es actualizar el género? No debe serlo, porque del equipo de fútbol femenino en la misma web oficial están disponibles las camisetas con dorsal y nombre de cada una de las 22 jugadoras. Un ejemplo de que, cuando quiere, el club sí sabe cuidar el merchandising en sus secciones, no solo en el primer equipo de fútbol masculino. Pero, por algún motivo, todo lo relacionado con la experiencia usuario de la sección de baloncesto transmite sensación de abandono y dejadez.

Que tampoco hace falta ser un visionario del growth hacking para instalar, por ejemplo, un stand de productos oficiales en el hall del pabellón los días de partido importante, como los puestos de camisetas en los conciertos. En el Wizink puedes comprarte una pizza de Papa Johns pero no la camiseta de Rudy… Y no se trata solo de hacer caja sino de hacer parroquia: una afición ‘uniformada’ refuerza el sentimiento de pertenencia.

La comparación es sangrante con la mayoría de equipos ACB, que trabajan a conciencia el merchandising pese a tener muchísima menos masa social, es decir, clientela potencial. Murcia, Baskonia o Zaragoza, entre otros, organizan durante el verano eventos de presentación de las nuevas camisetas y las ponen a la venta con gran fanfarria. El Barcelona, que también es club de fútbol, montó el año pasado un acto con Jasikevicius y Mirotic en la tienda oficial para promocionar el córner de baloncesto. Y en la tienda online del CSKA, que siempre ha cuidado mucho el merchandising, puedes encontrar agendas, gorras, llaveros, imanes y hasta de vez en cuando pone a la venta equipaciones retro de leyendas de la sección. ¿Os imagináis poder comprar la camiseta de Petrovic, Doncic o Sabonis en la web oficial del Madrid? Seguid soñando.

Gestión de abonos y entradas

A mi amigo Luis, que vive cerca de Goya, le gustaría empezar a llevar a su crío al pabellón para inculcarle la afición. Así que hace unas semanas me hizo la pregunta del millón: ¿cómo puede uno abonarse al Madrid de basket? Trasladé la pregunta al club y la respuesta fue clara: no se puede. No hay nuevos abonos disponibles desde hace años, ni tampoco lista de espera, porque no hay previsión de que salgan nuevos a la venta en un futuro próximo. El motivo oficial es la falta de aforo: la mayoría de abonos se renuevan cada año, entre 6.000 y 8.000, según las fuentes, cuando el Wizink tiene una capacidad de unos 13.000 espectadores para baloncesto. El resto de asientos son intocables, se dejan para entradas de partido, que al parecer son más rentables.

¿De veras que no hay abonos?, os preguntaréis. Estadísticamente, sobre 6.000-8.000 abonados, es imposible que todos renueven cada año, que ninguno falle. Tiene que haber aficionados que enfermen o directamente fallezcan, algunos que se muden de región/país o que necesiten ahorrar, que la vida está muy cara.

A ojo de buen cubero, diría que cada temporada se quedan sin renovar unos poquitos cientos de abonos, que proporcionalmente no son muchos, pero que con el transcurso de los años acaban cubicando. ¿Por qué no salen a la venta por sorteo o lista de espera, como en el fútbol? ¿Adónde van a parar? Mi apuesta, y es una mera suposición, es que algunos se destinan a compromisos (favores y enchufes varios) y el resto, la mayoría, se dejan vacantes para entradas de partido.

Vale, una vez entendemos las proporciones del pabellón, podemos abordar el otro problema: la afluencia tras la pandemia, que ha caído sensiblemente. El Wizink se ve desangelado en muchos partidos, incluso de Euroliga, y por televisión ni os cuento. Parte de la explicación es deportiva, que no trataré hoy, pero otra organizacional que sí.

La mayoría de los asientos reservados para entradas de partido se encuentran en los gallineros, mientras que los abonados copan muchos de los mejores sitios del pabellón, así que cuando fallan se hace muy visible. Para paliar ese déficit tampoco haría falta inventar la pólvora, que tenemos soluciones delante de nuestras narices. Desde hace años funciona para los abonados de fútbol un sistema de cesión del asiento cuando no acuden al Bernabeu, avisando con una mínima antelación. Así el club puede sacar a la venta esa entrada, ingresa un dinero extra y se evitan calvas en la grada. Como contraprestación, el socio recibe un descuento para el abono de la temporada siguiente. Todos ganan, una idea interesante, ¿tan difícil sería implementarla en Goya? Si la respuesta es que sí, siempre se puede plantear una alternativa logísticamente más sencilla, el retorno al talonario. Que el abono de temporada no sea en formato tarjeta sino talonario, con un ticket por cada partido, lo que favorece la cesión a amigos o familiares los días que no puede acudir el titular. Cuidar el ambiente en Goya bien vale ese esfuerzo.