«Un ejemplo de superación ante las dificultades, de espíritu de equipo, compañerismo, sencillez y compromiso«. Solo hace dos años y medio, bajo estas premisas, la selección española de baloncesto fue galardonada con el Príncipe de Asturias de los Deportes. Mucho ha cambiado desde entonces. Las palabras de Marc Gasol tras la derrota ante Turquía en el Eurobasket suponen el certificado de defunción de aquel espíritu y sencillez. «Tras todo el partido luchando, y estando Pau en pista, se la juega el chico que ha llegado el último (Llull)… Y al final pasa esto». La evidencia verbal de una realidad que intuíamos. Las costuras al descubierto.
No es solo el estacazo a Scariolo. También, especialmente, la falta de respeto hacia Llull, «el chico que ha llegado el último». Qué frágil es la memoria y cuan efímera la humildad. Olvida Marc que fue titular en la final del Mundial de Japón cuando él era «el chico que había llegado el último». ¿Acaso se quejó Felipe entonces, a quien por status correspondía la titularidad? No, porque todos remaban en la misma dirección.
Joder que razón tienes. La humildad se acabo y ahora todos somos estrellitas y muy buenos. El hermanísimo ahora se cree imprescindible y más que otros y así no se va a ningun sitio.