NBA – División Pacífico, Diagnóstico 07/08

Phoenix Suns. Hace ya un par de cursos que las bases están puestas. Pequeños detalles en los Playoffs les han impedido comparecer en las finales, pero ya les toca. Nash, Marion, Stoudemire, Bell, Diaw, Barbosa, siguen todos los importantes. La marcha de Kurt Thomas es menor. Además, se suma Grant Hill, al que infravaloraron en Orlando a la vuelta de sus mil y una lesiones. Engrasará una ya de por sí fluida circulación de balón, se creará sus propios tiros cuando Nash no esté en cancha (cosa que otros del equipo no pueden decir), e incluso puede ayudar en labores de dirección (con 2,05 m. es más base que Barbosa). Con su llegada, Boris Diaw perderá algunos minutos, que además pasarán a ser casi siempre en puesto de 4. Pero éstos son sólo detalles tácticos, al fin y al cabo, el equipo de juega memoria, un regalo para los sentidos. Diagnóstico: Este año sí, campeones.

Los Angeles Lakers. Mismos condimentos, mismo resultado. La plantilla tiene talento y juventud, pero son tiernos como el pan Bimbo. Kobe Bryant y Phil Jackson son los mejores en cancha y banquillo, respectivamente, pero sólo con eso no llega para grandes gestas. Se necesita que alguna promesa de un paso al frente para salir de la clase media y convertirse en superguerrero. Andrew Bynum, Kwame Brown, Ronnie Turiaf, Shasha Vujacic o Luke Walton. Sólo parece factible en el caso del primero, pero hay que gatear antes de echar a andar. Lamar Odom es un mariscal notable para Kobe y la llegada de Fisher aportará experiencia y profesionalidad, de lo que carecen tanto Chris Mihm como Vlado Radmanovic. Más de lo mismo, y en el caso de Lakers se repite ya unos cuantos años: juego alegre, mala defensa, Playoffs por los pelos y adiós en primera ronda.

Golden State Warriors. Es difícil pronosticar con un equipo cuyos resultados responden sólo a la teoría del caos, cuando cada noche dependen del acierto desde el arco y de un sistema con tendencia al desorden. Esta temporada es una reválida para conocer cuan real fue la campanada del curso pasado, aunque es probable que las pinturas de guerra no se desempolven hasta Playoffs, si es que se clasifican. La novedad de este año es la marcha de uno de los estandartes de la plantilla, Jason Richardson, incomprensiblemente regalado a Charlote. Sin embargo, su baja está bien cubierta. El italiano Belinelli es el rookie que más ha deslumbrado en pretemporada, apunta maneras de francotirador. Llega al lugar idóneo. Además, Azubuike, que ya asomase en su primer curso, podrá crecer sin el freno de minutos que suponía Richardson. Llega Austin Croshere, en plena cuesta abajo, pero sus características casan con el estilo de juego de los de Oakland. No sería el primero que se rehabilita en los Warriors. Diagnóstico: Lo pasarán muy mal para entrar en Playoffs, pero si llegan pongan el vídeo a grabar.

L A Clippers. Es difícil explicar su batacazo de la campaña pasada con una plantilla veterana y de garantías, tras alcanzar segunda ronda en postemporada el curso anterior.

Quizá tuvo que ver con un mal ambiente en el vestuario. Para esta temporada son un año más viejos y, aunque Cassell, Magette, Mobley o Tim Thomas son notables de la liga, su arroz está ya pasado. Sin embargo, el mayor problema de los Clippers será la ausencia de su pilar, su faro, Elton Brand, que se rompió el talón de Aquiles. El único motivo para la esperanza es el rookie Al Thornton, el robo del Draft 2007 (elegido en el puesto13). No alcanzarán Playoffs, y como no empiecen a moverse les esperan unas cuantas campañas de travesía por el desierto.

Sacramento Kings. Que pena da ver arrastrarse a un equipo con el que disfrutamos tanto. Duele ver a Brad Miller y, especialmente, a Mike Bibby, miembros de aquellos Kings del Flower Power, vagabundear por las cloacas de la liga. Y el caso es que, nombres en mano, el quinteto no suena tan mal: Bibby, Kevin Martin, Artest, Abdur Rahim y Brad Miller. Pero no nos engañemos, aquello es un vertedero. El «tirillas» Mikki Moore llega por un año y el puñado de dólares que no le pagaba Nueva Jesey (6 millones por una campaña). La realidad de la planilla titular: Bibby, sobrecargado de responsabilidad anotadora, acredita porcentajes de tiro demenciales. Kevin Martin ha tocado techo. Artest vuela sobre el nido del cuco. Abdur-Rahim no es ni la sombra de lo que fue y Brad Miller es un cóctel de desmotivación, lesiones e indolencia. Súmenle el peor banquillo de la liga y tendrán al penúltimo clasificado de la conferencia, tras Seattle.

NBA – División Noroeste, diagnóstico 07/08

Utah Jazz. No son Stockton y Malone, les queda mucho por demostrar, temporadas compitiendo en la élite, pero la pareja Deron Williams – Carlos Boozer es digna sucesión. Lucen tatuajes y aire rapero, pero al igual que sus antecesores definen como un martillo pilón. Este dúo no cabalga en solitario. Okur y Kirilenko son magníficas piezas de apoyo, además, complementarias entre sí. Milsap y Harpring son fajadores de lujo desde el banquillo, muy del gusto de Jerry Sloan, maestro en la dirección. Con la baja de Derek Fisher, la posición de escolta titular será más talón de Aquiles todavía. En principio, Utah competirá con Houston por ser el cuarto coco de la conferencia Oeste, aunque no se descartan cotas mayores.

Denver Nuggets. Sobre el papel, George Karl tiene a su cargo el mejor backcourt de la Liga, pero aquello es un sindiós. JR Smith está de atar y el lituano Kleiza no puede crecer sin minutos. El equipo depende demasiado de los % de tiro de Carmelo e Iverson, que son imprevisibles como el Atleti. En el juego interior falta talento.
Camby es bueno en todo menos en anotar. El brasileño Nene Hilario parece a ratos el Mounstro de las Galletas en la pintura y a ratos un inocente juvenil. Kenyon Martin es una incógnita tras más de un año inactivo y Najera no es mucho más que un reclamo comercial a la comunidad latina. Sustituir al anodino Steve Blake por Chucky Atkins en la dirección aporta aún más inestabilidad. Con esta plantilla los Playoffs están asegurados, pero sin un poco de orden su techo no pasa de primera ronda.

Minnesota Timberwolves. Año I después de Garnett. Con los dividendos ingresados por el traspaso se ha armado una plantilla sin faro, una orilla donde han ido a parar variados despojos de clase media: Sebastian Telfair, Juwan Howard, Theo Ratliff, Gerald Green, Randy Foye, Marc Blount o Marco Jaric. En la playa VIP, Ricky Davis y Al Jefferson debieran erigirse en líderes, a la espera de la eclosión del prometedor rookie Corey Brewer. Baten desde muy bajo, sin expectativas de nada, así que todo lo logrado será agradable sorpresa. Un lugar en la postemporada suena a utopía, pero serán más competitivos de lo que aparentan.

Portland Trail Blazers. Nate McMillan cuenta con el más ilusionante plantel de talento joven de la competición, un arma de doble filo. Aunque Greg Oden no acredite desde el primer año las estadísticas de superestrella que algunos auguran, su impacto en el equipo será enorme. A las malas, aportará en intimidación y rebotes (al estilo Dwight Howard), haciendo de los Blazers un equipo competitivo. Mucho se espera también de la reválida de LaMarcus Aldrige y Channing Frye (2º y 3er año), que desahogarán a Oden en labores de anotación en la pintura. Sin embargo, el frente exterior ofrece pocas garantías. A pesar de ser rookie del año, Brandon Roy no apunta a estrella. Darius Miles es un bala perdida. Steve Blake por Ime Udoka es más de mismo: encefalograma plano. La chispa entre los bases la pone Sergio Rodríguez, que jugará poco y progresará menos. James Jones habrá mejorado su sueldo, pero salir de Phoenix es un paso atrás para alguien que aspira a ser tirador. Ganarán más partidos, llenarán estadios y jugarán bonito, pero de Playoffs por el momento nada.
Seattle Supersonics. Las estadísticas de Kevin Durant esta temporada pueden ser de escándalo, pero serán, más o menos, inversamente proporcionales al número de victorias del equipo.
Ray Allen y Rashard Lewis pusieron pies en polvorosa y dejaron un solar como alfombra para recibir a Durant, que está sólo como Gary Cooper. A su sombra en el juego exterior puede brillar el también rookie Jeff Green (nº 5 del pasado draft). Corren el peligro de perder la motivación al ser engullidos por la espiral de derrotas que les espera. Un Wally Sczcerbiak de vuelta de todo les acompañará en las alas, pero el panorama desolador está en la pintura: Nick Collison, luchador pero limitado, Kurt Thomas tiene reuma, Chris Wilcox es ciclotímico y Johan Petro no sabe hacer la O con un canuto. Diagnóstico: últimos de conferencia con no más de 25 victorias.

NBA – Cuento chino

Milwaukee es una aburrida ciudad del noroeste de Estados Unidos (Michigan), a la que muchos americanos sólo conocen por la cerveza. Pocos inmigrantes caen por allí, los chinos no son una excepción. El equipo de la NBA, los Bucks, eligieron en el pasado draft al prometedor ala-pívot de la selección china Yi Jianlian. Un punto exótico, la promesa de un pelotazo con el que sacar a la franquicia de la mediocridad. Es costumbre de los conjuntos de la liga entrevistar previamente a los chavales que podrían elegir en la lotería para comprobar su madurez etc. Milwaukee consideró que 2,13 metros y una agilidad y muñeca propias de un alero (¿suena repetido, no? Nowitzki salió uno, Wang Zhi Zhi’s y Tsikitishvili’s el resto) eran motivos suficientes para saltarse tan higiénico paso previo. El bagaje profesional de Yi es una temporada de 24 puntos por partido en los famosos Guandond Tigers de la potente liga china. Después de que los Bucks gastasen en él un número 6 del nutrido draft de este verano, el ala-pívot dice que no le gusta Milwaukee, que allí hay pocos compatriotas y que al ser un «mercado pequeño» (en términos de marketing, minutos de TV, etc) le reportaría pocos ingresos por publicidad. Se ve que los chinos no han tardado en empaparse de la dinámica y mentalidad capitalista. Su preocupación por el dinero surge, en parte, de que un importante % de sus emonumentos debe pagárselo al gobierno de su país (el sueldo de un rookie en la NBA elegido en el puesto 6 ronda los 3 millones anuales, para vivir da, ¿no?). Yi se niega a firmar por los Bucks. Cerrado en banda, le quedan dos opciones. 1) Forzar a Milwaukee para que traspase sus derechos NBA a una franquicia afincada en una ciudad con muchos compatriotas ansiosos de comprar camisetas. 2) Pasar un curso sin militar en ningún equipo profesional (único atajo legal para volver a presentarse en el draft el año próximo), lo que le supondría pasar la temporada en blanco y entrenando en solitario, con los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 en el horizonte.
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Mientras esto sucede, en latitudes menos orientales, nuestro Juan Carlos Navarro movía Roma con Santiago para ir a la NBA. Ha pasado varios años presionando al Barcelona para que rebajase su cláusula de rescisión pero, sobre todo, ha renunciado a dinero para poder cumplir su sueño. Su sueldo en EEUU será inferior al que tenía en la ACB y, aunque finalmente jugará en los Grizzlies junto a Gasol, el equipo en el que cayese le daba un poco igual. No se va para engordar su ego, para hacer caja o colar cereales a la comunidad latina de la ciudad turno. Navarro ha ganado todo lo ganable en el viejo continente y la NBA es un reto, el de tomar la alternativa entre los mejores. Su motivación, el baloncesto. Yi Jilian y Juan Carlos Navarro, dos maneras de dar el salto, de hacer las américas.

NBA – Un solar bajo el trébol

31, 31 y 29 primaveras han visto Kevin Garnett, Ray Allen y Paul Pierce, respectivamente. Al nuevo trébol estelar de los Celtics le quedan 3 o 4 años de gran baloncesto, 3 o 4 años para reverdecer laureles en Boston. La camiseta que vistieron Bird, McHale, Parish, Russell, y los 21 inviernos de penitencia de la franquicia con más seguidores de la liga (con o sin permiso de los Lakers) pesan sobre el futuro de la plantilla. Las exigencias son máximas e inmediatas. El misérrimo nivel de la conferencia allana el camino. Semejante trío es la mayor concentración de talento baloncestístico al Este de Missouri. Pero, detrás de la foto de sus tres estrellas relucientes no hay nada, una plantilla como un solar. El fichaje de Garnett ha costado, además del prometedor Al Jefferson, toda pieza de complemento aprovechable en Boston (Sebastian Telfair, Gerald Green, Theo Ratliff y Ryan Gomez). No hay base, no hay pívot, no hay banquillo. Ésto es lo que el curso pasado jugaron los que han escapado del éxodo a Mineapolis: K. Perkins (22 min – 4,5 pts), L. Powe (11 min. – 4,2 pts), R. Rondo (23 min – 6,4 pts) y B. Scalabrine (19 min – 4 pts). Hay que sumarle a un par de rookies de segunda ronda y perfil bajo, a Toni Allen (un escolta atlético que se perdió casi toda la pasada temporada por lesión) y a Olowokandi (cuyo bagaje como celtic es de 21 partidos, conn promedios de 10 min y 1,9 pts).
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La esperanza de Danny Ainge, manager general de la franquicia, es que algún integrante del grupo «veteranos oportunistas en busca de anillo» que merodean por la liga olisqueando el éxito geriátrico se pasen por Massachusets al calor del nuevo trío. Eddie House, procedente de Nueva Jersey, ha sido el primero en sumarse al proyecto a precio de saldo (una temporada por 1,9 millones). Se necesitan más, y si tienen pinta de base o de pívot, mejor. Aunque, con las perspectivas del mercado, cualquier zagal de 2,10 m. con cara de susto o mancebo que sepa botar y mascar chicle al tiempo tendrán un puesto junto al trébol. El trío magnífico tendrá que multiplicarse para cumplir con las expectativas. La historia, la leyenda, tan cerca y tan lejos.