El Madrid tiene un problema con el Barca. Es oficial. Están los blancos cinco victorias por delante en la clasificación de la Euroliga, que son muchas y es la vara de medir más fiable del nivel de un equipo en la élite. Pero no queremos ser como la sección de fútbol y apostar toda la temporada a la Copa de Europa, que se dirime a un cara o cruz de partido único. Y resulta que todos los títulos nacionales pasan por batir a los azulgrana, que a día de hoy nos tienen cogida la medida.
Es el balance 4-1 para el Barca en los derbis este curso, incluidas tres victorias en el último mes, pero son también las sensaciones, resumidas este domingo: un triunfo de ley en Goya sin necesidad de grandes alardes y que viene a sellar la ventaja campo en una probable final ACB. Visto en perspectiva, la brecha deportiva de los últimos años entre el Madrid y el Barca de basket se está estrechado alarmantemente rápido desde la llegada de Pesic. En buena medida por mérito azulgrana, que ha vuelto a aplicar el sentido común, pero también por cierto estancamiento del Madrid, con una plantilla envejecida y sin retos pendientes tras un segundo doblete. En un partido en que debió salir a morder, encajó un 3-13 de inicio, como si ya sólo nos pusieran las finales. El Barca, en cambio, destila la intensidad del boxeador aspirante.
La victoria se fraguó en un repasito táctico de Pesic a Laso, que fue siempre a remolque, un poco sangrante tras haber viajado de turismo con descaro a Vitoria para centrarse en este partido. Y no vale esta vez la excusa de las bajas por lesión, pues se partía de empate en ese capítulo: Rudy y Deck por Hanga y Seraphin.
El Barca se mantuvo siempre fiel a su hoja de ruta, la de buscar y castigar paciente y machaconamente los desequilibrios, y no eran difíciles de encontrar, con Llull (29 minutos jugó) quedándose pinchado en casi cada bloqueo, obligando al grande a defender a su par. El Madrid, en cambio, no encontró casi nunca a sus interiores, que son los que más diferencias marcan este año. Se echaron de menos las ya clásicas acciones de 2×2 para que Ayón reparta desde la cabecera o aclarados para Trey al poste con Roland Smits, al que saca muchos kilos. Además, Tavares no compareció y Randolph lo hizo demasiado tarde. Los canastones de Carroll en acciones sin ventaja mantuvieron al equipo a flote en la primera parte (15 puntos metió), pero ese caudal se secó en la segunda.
El rol de Llull
Mucho tuvo que ver la defensa del Barca que, a diferencia del Madrid, sí supo adaptarse al listón que pusieron los árbitros (permitiendo bastante contacto), que sirvió para forzar mucho bote inútil de Llull y Facu, que no atraviesan sus momentos más clarividentes. Hemos escrito mucho sobre el desequilibrio en la configuración de la plantilla, esa carencia de un tercer creador desde bote. Una configuración que tenía sentido bajo dos premisas que, transcurridos dos tercios de la temporada, podemos ya decir que no se han cumplido: que Pantzar estaría para el primer equipo y que Llull recuperaría en algún momento el nivel de 2016. Se pecó de optimismo.
La mejor prueba del error es que la dirección deportiva ya trabaja activamente para subsanarlo y atar cuanto antes un nombre importante en ese rol para la plantilla del próximo curso. Y es que el sistema Laso depende de disponer de jugadores muy diferenciales en la creación exterior desde bote. Venimos del mejor Chacho, de Doncic y del Llull galáctico previo a la lesión, los tres reconocidos como MVP de la Euroliga, y por eso ahora con el Facu de lo que va de 2019 y el Llull post lesión nos alcanza justito en duelos de máxima exigencia.
Llull puede seguir siendo el líder del equipo y el estandarte de la sección, pero debemos aprender, tanto la afición como el entrenador o el propio jugador, que eso no va necesariamente ligado a ser el referente en pista y lanzarse 10 triples por partido. En los tres últimos promedia 15 tiros a canasta, un disparate. Hay formatos de liderazgo, tipo Nocioni, por nombrar uno, que no implican tanto protagonismo y que quizá casen mejor con su nivel actual y futuro.
La plantilla del Madrid de cara al año que viene está medio hecha, el juego interior atado bajo contrato salvo Ayón, cuya renovación no debería ser problema. Esperemos, eso sí, que no la celebré esta vez con atracón de fajitas. Saldrá seguro Kuzmic, que termina contrato, y en su lugar apostaría por dar ficha de primer equipo a Garuba, o en su defecto repescar a Sebas. Felipe, ya sabemos, renovó para darse la gira de despedida que no tuvo Navarro. En las alas, Rudy, Deck y Carroll tienen contrato garantizado, lo mismo que Campazzo, Llull y Prepelic, mientras que Taylor es agente libre pero cuento con su renovación, dado su buen nivel este curso y la devoción que le tiene Laso.
Olvídense de que ha sido en el Palau, ante el Barca, el día del homenaje a Navarro. Olvídense de la la rivalidad intrínseca, del 0-3 en el Bernabéu el miércoles y la polémica por el replay. Estas líneas serían las mismas si la derrota hubiese sido en Oaka o Tel Aviv. Es la fase regular de la Euroliga, es una derrota más, van seis, y afortunadamente hay colchón clasificatorio como para asumirla sin dramatismo. Hay colchón porque el Madrid arrancó la temporada con paso firme, un paso que evidentemente ha perdido desde comienzo de año, a lo que han contribuido decisivamente las lesiones de Llull, Carroll y Thompkins. Bajas que han cortado el ritmo al equipo, a diferencia del Barca, que lleva meses sin conocer lesiones y está más fino en este momento del curso.
Dosificando esfuerzos, sí, trampeando, también, que la derrota en Podgorica fue de vergüencita, pero igual el Madrid avanza con paso firme en Euroliga, una fase regular plácida este año, tras el sofocón constante del curso pasado. El objetivo de ventaja campo en cuartos quedó virtualmente sellado ayer, con el quinto clasificado a cuatro victorias ya de distancia más el average, Un triunfo trabajado ante un Efes digno del cuarto puesto que ocupa. Su plantilla es equilibrada, mueven el balón con criterio y tienen a Micic, al que tras cuatro meses y medio de competición podemos dejar de considerar flor de un día para ir incluyendo en el status de estrella continental. El mejor fichaje de la temporada, recordemos que el año pasado era reserva de Pangos en Zalguiris. Acaba de cumplir 25 así que, si no se le lleva la NBA (los Sixers tienen sus derechos), está llamado a ser uno de los cracks de la Euroliga en los próximos años.
Es difícil sacar adelante un partido a domicilio en Euroliga con tan poco como el Madrid ayer en Gran Canaria. Puede verse el vaso medio vacío, que al equipo le sentaron mal las uvas y ha empezado el año empachado. Sobre todo Facu, acelerado en la dirección y desacertado en el tiro tras su exhibición en Vitoria. La derrota del domingo en el derbi madrileño escuece más por el rival que por sus consecuencias en el devenir del curso. Molesta también por la pachorra atrás, 93 recibidos de un equipo que promedia 79. La mejor defensa de la Euroliga es sólo la quinta en ACB, hay profundidad de plantilla como para exigir un poquito más de compromiso, aunque sea por higiene estética.
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