El Madrid vuelve a dar señales de vida y sube el 1-0

El Real Madrid se tomó anoche un break de la caraja de los tres últimos meses y se vistió de equipo de nuevo. La ocasión bien lo merecía, que el regreso a la F4 es el objetivo principal de la temporada, asumiendo que levantar títulos está complicado dada la distancia que media con el Barca en duelos directos. Se jugó como equipo y se apretaron los dientes, hubo compromiso en las ayudas defensivas y los balones divididos, la clase de detalles que sumados pueden ganar partidos y se han echado de menos durante la crisis (que no doy por cerrada). Igualita la actitud que contra Bilbao o Bayern, por poner dos ejemplos recientes. Por momentos recordó al equipo sólido y coral del primer tercio de curso.

Hay una parte lógica de tensión competitiva por la importancia de la cita, pero quiero pensar que hay también otra relacionada con un aire un poco menos viciado en el vestuario, después de lavarse los trapos sucios de las farras. Por cierto, que Thompkins y Heurtel siguen en proceso de indulto pero se quedaron fuera de la convocatoria (en la que sí estuvo Núñez), y tampoco es que se les echase de menos. La baja sensible era la de Gabi Deck, con covid, pero el equipo encontró otras soluciones, con este formato de juego exterior: NWG-Llull de bases, Causeur-Abalde de escoltas, Hanga-Rudy-Taylor de aleros. Son las ventajas de una plantilla tan larga, capaz de enjuagar tres bajas en un partido clave.

El bulo de la marea amarilla

Corrieron ríos de tinta en las 48 horas previas al partido sobre la presencia masiva de aficionados macabeos en Goya, haciendo saltar las alarmas en club y afición ante la posibilidad de un episodio tipo Eintracht en el Camp Nou. Bien, todo fue un rumor que se fue haciendo enorme por efecto bola de nieve. La marea amarilla que se esperaba de al menos 2.000 aficionados se quedó en un grupo de unos 200 o 300 situados en el gallinero de la tribuna de calle Goya. En general el dato de asistencia fue decepcionante: 7.600 espectadores, dos tercios de entrada en unos cuartos de final de Euroliga y contra un rival histórico. Mucho abonado prefirió quedarse en casa viendo el Osasuna-RM de fútbol, con mucho menos en juego.

Volviendo al partido en sí, uno mira la estadística y destacan sobremanera esos 16/29 triples, que de entrada parece que sonó la flauta. Hubo lógicamente una parte de acierto, pero otra fundamental relacionada con la estrategia defensiva de Maccabi, que se cerró sistemáticamente y colapsó la zona para cortar la vía de producción más evidente del Madrid, los pívots,. Entre Tavares y Poirier solo pudieron lanzar siete veces a canasta en 40 minutos. Como contrapartida, los israelíes concedieron bastantes tiros exteriores relativamente abiertos. Es de suponer que haya un ajuste para el segundo partido.

Contra pronóstico lo mejor con diferencia del Madrid fue el backcourt que partió de titular, Causeur y Goss. El francés venía bajito de forma, tiene 35 años y empieza a ir justo de gasolina: promedios de 2.8 de valoración en 19 minutos en los siete partidos desde su regreso. Pero es un animal competitivo y suele rendir mejor en partidos importantes, ayer fue el caso. Sin necesidad de tiempo de balón y dando pocos botes se fue a 20 puntos con 7/11 de campo. Salvando las distancias, un rol de ejecutor con cierto parecido al de Carroll y que el Madrid ha venido echando de menos. Goss jugó un encuentro sólido el domingo contra Breogán y anoche mantuvo nivel cuando de verdad se necesitaba: 11 puntos y 8 asistencias, su techo en Euroliga, para 18 de valoración, además de una muy meritoria labor defensiva, lidiando casi siempre con la más fea (Wilbekin). Dirigió con más aplomo y solvencia de lo que nos tiene acostumbrados, un nivel que si es capaz de mantener sirve para equilibrar un poco la plantilla, compensando la cojera que arrastramos en el puesto de base.

El Madrid se hunde en el fango

Van ya más de dos meses de crisis y ni si quiera se intuye el final. Ni los más optimistas pueden ver brotes verdes, al contrario, con cada semana y cada derrota el Real Madrid se hunde más y más en el fango. Lo que empezó como «el típico bache de todos los años» se convirtió en socavón, y a estas alturas uno ya se replantea los cimientos mismos del proyecto de la sección.

El equipo ha perdido 7 de los últimos 9 partidos de Euroliga, que se dice pronto, incluidos contra los colistas Panathinaikos y Zalgiris. Y en ACB la sangría no es distinta: sirva de ejemplo la derrota en Tenerife, tras colapsar en el último cuarto (31-16), reflejo de la fragilidad emocional y el estado de ánimo del grupo. Un despliegue paupérrimo de baloncesto, de más pérdidas que asistencias, otra vez, anotando solo 59 puntos a un rival que encajó 92 en Valencia solo 48h antes. Por cierto, que todavía no me explico que Causeur, recién regresado de mes y medio de baja, fuese el que más jugase (35 minutos) y más lanzase (13 tc) en Tenerife. Como si a Laso le resbalase el resultado y diese prioridad total a recuperar para la rotación al galo, aunque sea a martillazos.

En este punto, el Madrid malvive gracias a las rentas del primer trimestre, por eso sigue segundo en la clasificación tanto de ACB como de Euroliga, una posición completamente ficticia a día de hoy. Pero ya no se puede dar mus ni esconderse detrás de la tabla, porque la fase regular Euroliga termina el viernes y llega la serie de cuartos, que marcará en buena medida la nota final del equipo en la temporada. Mientras que regresar a la F4 representaría por lo menos el aprobado, fallar a la cita con una de las dos plantillas más caras de Europa supondría un fracaso sin paliativos, más aún en este año de nivel bajito y sin equipos rusos. Y en el estado actual del Madrid cuesta ser optimista sobre esa serie de cuartos, cualquiera que acabe siendo el rival que, por cierto, depende en gran medida del último partido: en Goya contra el Bayern, viernes, 20:45h.

¿Qué le pasa al equipo?

Es la pregunta del millón, cómo ha podido el Madrid desmoronarse de semejante forma, tras un sólido inicio de curso. Si queremos ser un poco justos y no quedarnos en la superficie, la respuesta tiene muchos ángulos. Lo fácil (y condescendiente) sería achacarlo todo a que la enfermería no se vacía nunca, al desacierto puntual en el tiro exterior y al rendimiento de los bases. Y entonces, ¿el resto todo fetén? Hay que hablar también de errores clamorosos en la configuración de plantilla, desequilibrada e innecesariamente larga, trufada de veteranos a sobreprecio. Un fondo de armario que no responde a ninguna necesidad deportiva o decisión estratégica, sino a la fidelidad con los veteranos y a la alergia histórica de la sección a rescindir contratos en vigor.

¿Por qué se decidió que siguiese Taylor, cuando se fichó un perfil tan parecido en el mismo puesto (Hanga)? Es más, el húngaro cobra un ojo de la cara (1.8M brutos), su rendimiento no está cumpliendo las expectativas y a su edad (33) difícilmente vaya a mejor. ¿Se atreverá el club a asumir el error, ser ambicioso y rescindirle en verano, en vista de que abundan aleros interesantes? Hablamos de Clyburn, Musa, Hezonja, tal vez Juancho … No termina ahí la cosa: ¿cortará el Madrid el contrato de Anthony Randolph este verano, aunque haya que pasar por caja? Parece de perogrullo, pero aún no he escuchado ni un solo rumor al respecto. Se asume la salida de Trey, que termina contrato, pero ni suena la de Toñejo…

Tomemos al Barca como ejemplo de lo contrario: no le tembló el pulso el pasado verano para cepillarse a Claver y (precisamente) a Hanga, que les quedaba otro año de contrato, jugadores todavía útiles, pero al fin y al cabo veteranos a sobreprecio. Dos salidas en principio dolorosas… con resultado positivo: se ficharon en su lugar piernas jóvenes a precio justo (Exum, Jokubaitis, Hayes) y por el camino se ahorró dinero, porque el presupuesto es finito y los gastos superfluos lastran las inversiones estratégicas. Luego que si no hay dinero para Larkin…

El RM sigue enrocado en una gestión conservadora, con el ‘continuismo’ como bandera, que es lo contrario a lo que requiere la nueva realidad, la de club perseguidor, que no estoy seguro de que todos en el palco hayan digerido aún. La sección, entonces, queda como plataforma de agradecimiento por los servicios prestados, con ese mantra de que las leyendas se tengan que retirar de blanco, cuando ellas elijan, lo que obliga a comerse los últimos años de jugadores que ya no son top, en muchos casos sobrepagados. A Felipe se le regalaron dos temporadas y a Jaycee se le ofreció pero ni se molestó en contestar, humillando de paso al club. «Es que era una de las debilidades del presi»… Pues ahí sigue su ficha en la web oficial.

Este verano terminan contrato Rudy, Llull y Causeur, que suman 107 años, y según las noticias la intención del club es renovarlos a todos. «Se lo han ganado», «siempre en mi equipo», «se lo merecen», «traidor el que dude»… Si analizamos caso a caso, seguramente ninguno de los tres estorbe, pero la suma de los tres sí que estorba, al compartir puesto y hacer de tapón. Su continuidad mientras siga Laso se me antoja incompatible con una verdadera reconstrucción del juego exterior, porque su sombra es muy alargada, tanto deportivamente como de ascendencia en el vestuario. Si nos creemos que este desaguisado se arregla simplemente cambiando a Goss por Raulzinho lo llevamos claro. Estamos ante un final de ciclo, más o menos suave, y los movimientos en verano deben reflejarlo así, siendo ambiciosos, empezando por las salidas, porque el aire empieza a estar viciado.

Hora de mirar también al banquillo

Hemos quedado en que la plantilla es parte del problema, y no menor, pero no la única: los problemas del equipo hay que buscarlos sin líneas rojas, porque nadie está por encima de la sección. Sé que Laso es sagrado para amplias capas de la parroquia pero a día de hoy es parte del problema. Nunca en sus diez años en el banquillo blanco se había encadenado semejante crisis de juego y resultados. Visto desde fuera, empiezo a dudar de que todo el vestuario esté remando en la misma dirección, o al menos con la misma convicción.

Nadie pone en duda sus logros en el pasado, por los que le estamos agradecidos desde esta humilde tribuna, pero si analizamos el presente de la sección y miramos al futuro no debe haber nadie intocable, tampoco él. Porque la plantilla, con todos sus defectos, da para muchísimo más que el lastimoso juego y los resultados del último par de meses. A Laso le está faltando cintura para gestionar esta crisis: en vez de probar cosas nuevas, como sí hizo el curso pasado, y desde aquí se lo reconocimos, o dar confianza a los que llevan menos tiempo, se ha enrocado en su guardia pretoriana y en recetas de juego pretéritas. Concede a los veteranos patente de corso de tiros y minutos, y esa meritocracia asimétrica desmotiva a los nuevos como efecto dominó.

Cuando llegue el verano, si los resultados y sensaciones no remontan, habrá que analizar la idoneidad o no de que siga Laso: darle al menos una pensada antes de darlo por sentado por mera inercia. ¿Nos parece la persona ideal para liderar un nuevo proyecto en la sección? ¿Le veis con la energía y empuje suficientes, capaz de desprenderse de jugadores queridos para apuntalar la plantilla o de adaptar su libreto a un grupo joven y diferente, con nuevos liderazgos en pista y vestuario?

Goya vuelve a rugir

Ganar a Fenerbahce, teóricamente rival directo, sin Tavares, Llull, Randolph, Thompkins ni Nigel Williams-Goss (lesionado en el segundo cuarto) tiene de por sí mucho mérito, se mire por donde se mire, e independientemente de las formas, que fueron las del barro, ese territorio en el que tan bien se maneja este Madrid 21/22, como ya hemos comentado.

Un barro al que contribuyó esta vez el aliento de Goya, que volvió a rugir: la presión a los árbitros también sumó algún dividendo en el último cuarto, por qué no decirlo. Por la tele se nota menos, que bajan el sonido ambiente para escuchar a los narradores, pero en directo os digo que fue «una de esas noches», ya me entendéis. Y cómo las hemos echado de menos: casi 7.000 aficionados acudieron a la cita, de largo el partido con más ambiente desde que empezase la pandemia.

Parte de enfermería

La lesión de Nigel me temo que tiene una pinta regular. Se retiró con un golpe en la mano y parece que puede tener afectado el ligamento de un dedo, hay «mucha preocupación en el club», según Sánchez Blas. Pero para situaciones así se cuenta en el roster con un tercer base de perfil relativamente alto, al menos potencial, como Alocén. Y lo empezó a demostrar tan pronto como ante Fenerbahce: su irrupción en la segunda parte, que se la cascó casi completa, resultó capital para cambiar la dinámica de la velada, que pintaban bastos para el Madrid. La importancia de contar con piernas jóvenes en la plantilla.

Ya en la Supercopa jugó también un papel destacado, timón en la remontada. Se le nota la mili acelerada que le tocó hacer la pasada campaña: dirige con más aplomo y entra a canasta con determinación, aunque donde más destaca sigue siendo en defensa, con esos brazos largos y un movimiento lateral primoroso. Como la defensa no computa en el boxscore, pues a Alocén la estadística no le suele hacer justicia.

Visto en perspectiva, el maño está jugando por ahora este año menos pero mejor, que al final es lo que importa, el cómo más que el cuánto, sobre todo si eres joven en un equipo puntero. Laso tiene dos bases nuevos a los que integrar, que además van teóricamente por delante de Alocén en la rotación, así que resulta lógico que hasta ahora no haya tenido muchas oportunidades. Pero en una temporada a casi 85 encuentros la oportunidad te acaba cayendo, bien por partidos de relleno, bien por lesiones en el puesto, como va a ser el caso en la próximas semanas, las que pueda perderse Nigel.

Y precisamente hoy, con la euforia de su sólido encuentro y en puertas de una oportunidad para tomar la alternativa, llamo a la prudencia una vez más. Si rompe en las próximas semanas, pues mejor que mejor, pero asumamos que no es el escenario probable. Tiene 20 años y progresa adecuadamente, no le metamos prisa ni le pongamos expectativas desorbitadas. Alocén parece de los de quemar etapas más que de tirar la puerta abajo. Lo normal, vaya, solo que la afición blanca está mal acostumbrada y es un poco cagaprisas.

Apagón interior

Fue una victoria colectiva, de esas de fe y paciencia, en las que cuesta destacar nombres. Y lo fue porque el Madrid convirtió el partido en un concurso de triples (36 tiró, por 23 de dos), el recurso ante la falta de argumentos ofensivos por las limitaciones de las bajas. Bueno, las bajas y la tela de araña que Djordjevic tejió sobre los dos únicos interiores disponibles, Poirier y Yabusele, completamente anulados en ataque. Yabu, en el foco mediático los últimos días, firmó su peor partido de blanco hasta la fecha, mientras que Poirier al menos compensó la sequía anotadora con rebotes. Llegó a 17, récord del Madrid en Euroliga.

Así las cosas, el peso anotador recayó en las alas, y Causeur fue el más entonado, el que mejor seleccionó sus tiros: se fue a 16 puntos, incluidos dos triples muy valiosos, de los llamados ‘psicológicos’, al final del segundo y del tercer cuarto. Y a riesgo de repetirme, tengo que destacar a Rudy, cancherísimo una noche más, jugando muchos minutos de ala-pívot, emparejado con Pierre, Polonara y hasta con Booker, que la diferencia física es pornográfica, pero está en modo chorrafuerismo, lo que le echen.

Su labor no cubica en el boxscore, como le pasa a Alocén, pero su liderazgo es un tesoro, sobre todo en partidos así, de finales en el alambre, más hoy faltando Llull. Lo disfruta, son los retos que aún le ponen cachondo, y se mueve como pez en el agua porque es, sencillamente, el más listo sobre la cancha.

Defensa, orgullo y rebote: el Madrid resiste a las bajas

En cuadro, y ya no es una hipérbole sino la literalidad, sacó adelante el Madrid el primero de la semifinal contra Valencia. Porque a las ausencias de Randolph, Thompkins, Abalde y Felipe se unieron las de Llull y Laprovittola, que bien podrían no regresar en lo que resta de curso. El argentino seguro que no, Llull tendría alguna opción si se llegase a la final. En todo caso, mejor no contar con ello.

Debutó Juan Núñez, que se limitó a subir el balón y ordenar sistemas durante 5 minutos, y demasiado fue, con 17 años recién cumplidos y llegado solo 36 horas antes, que estaba en la fase final de la Euroliga junior cuando le llamó Laso.

Hay mucho de infortunio en la plaga de lesiones, la mayoría, pero no todo. Echarle toda la culpa a la mala suerte es el recurso fácil. La plantilla está muy envejecida, sobre todo las alas, y a más años en las piernas mayor probabilidad de lesiones musculares. Rudy y Llull como mayores exponentes. Hace falta una reflexión seria. Quiero pensar que, después del sainete de lesiones de este curso, la directiva tomará nota de cara a la configuración de plantilla para el próximo.

Resiliencia

Los que quedan sanos dieron la cara, vaya que si la dieron, alimentando el mito de la resiliencia de este grupo. El equipo, arropado ayer por algo de público por primera vez en 15 meses, firmó un encuentro magnífico dadas las circunstancias, un alarde de concentración, despliegue físico y defensa. Pero el principal arma volvió a ser el rebote, +56 en tres partidos de playoffs. Es decir, un promedio de 18 más que el rival, y esa es una ventaja sideral que compensa muchas limitaciones. Y no es Valencia precisamente una malva en la pintura, al contrario, es el corazón de su plantilla, con los Dubljevic, Tobey, Kalinic y Layberie, pero igual salieron escaldados de Goya. 52-33 terminó la batalla bajo tableros.

El Madrid ha hecho de la necesidad virtud, y ha transformado el hándicap de puntos y tiro exterior en el puesto de cuatro (por las bajas de Trey y Randolph) en dominio reboteador y fortaleza defensiva. Porque Garuba y Tyus no anotarán apenas ni enchufarán triples, pero si hablamos de defender y rebotear son auténticos valladares. Especialmente el canterano, soberbio ayer, qué ayudas defensivas (3 tapones), qué forma de cargar el rebote (12), qué intensidad. Pantera total.

Fue uno de los cuatro que lideraron la victoria blanca. Tavares recuperó su mejor versión (17+11) tras casi un mes out entre lesión y descanso. Causeur, que venía de un partido muy discreto en Gran Canaria, se erigió ayer en referente ofensivo exterior. Asumió muchos más tiros de los habituales y, como vio el aro como una piscina, se fue hasta 24 puntos.

Por último, y no menos importante, Jeffery Taylor dio también un paso al frente cuando más se le necesitaba, ausentes Abalde y en la segunda parte también Rudy. Secó a sus pares sin cargarse de faltas y añadió 13 puntos y 7 rebotes. Su mejor partido de la temporada.

Animales competitivos: Carroll y Rudy asaltan Estambul

Victoria de quilates del Madrid en Turquía, décima en los últimos 11 partidos de Euroliga, para terminar el año segundo en la tabla, una hombrada partiendo del penúltimo puesto hace solo dos meses y habiendo perdido a la estrella del equipo por el camino. Precisamente en Estambul pinchó hace una semana el mismo Barca que ganó en Goya el domingo. Un recordatorio de que, por mucha polvareda que levanten los derbis, cubiertos profusamente por los medios no especializados, no dan lugar a grandes conclusiones en el fragor de este sobrecargado calendario. Menos aún los de fase regular ACB.

No tenía buena pinta el encuentro en Estambul en la primera parte, con Tavares agotado física y mentalmente, esperando como agua de mayo el descanso que pueda ofrecer Alex Tyus, cuyo fichaje se hará oficial en las próximas horas y al que dedicaré una entrada a parte.

Laprovittola se erigió en principal y casi único argumento ofensivo blanco en esa primera mitad, camino de 10 puntos y 6 asistencias, el más valorado de entre los dos equipos. Nunca venderá una camiseta en Madrid pero está cumpliendo, haciendo un digno papel desde la marcha de Facu. Creo que en la vara con la que le medimos influye lo mal que nos habían acostumbrado sus predecesores, Chacho, Doncic, Campazzo y tiro porque me toca. No todo el monte va a ser orégano, pero con Lapro por ahora va saliendo el guiso. Lo digo también por mantener la cabeza fría respecto a la posibilidad de fichar a Heurtel, no confundir el morbo de la situación con el interés de la sección.

Puede que tengamos en la memoria alguna exhibición del galo en derbis, a mí personalmente me encanta verle jugar, pero lleva año y medio casi en blanco entre lesiones y el divorcio con Saras. Ha sido muy bueno y lo puede volver a ser, pero asumamos que sería una apuesta de cierto riesgo. Al margen de que defiende como mi abuela, claro.

Si surge la oportunidad de ficharle antes del 6 de enero y a un precio asequible, como el inicialmente pactado, adelante con los faroles, faltaría más. Pero si ficharle implica subir esa oferta inicial tanto en salario como en duración, en otras palabras, hipotecarse para que al jugador le salga a cuenta renunciar al finiquito del Barca (1.1M), entonces habría que pensárselo bien. Preguntarse si es solo una oportunidad de mercado, y la ocasión para trolear a Nacho Rodríguez y a Soler, o si realmente Heurtel sería una apuesta estratégica para el Madrid, el base al que queremos entregar el timón del equipo a medio plazo.

Laso: «Sujétame el cubata»

Pero regresemos al Sinan Erden, partido áspero y trabado al que los blancos se tuvieron que aferrar con piolet: a los condicionantes conocidos se unió la ausencia de Llull y Deck durante casi toda la segunda mitad por problemas físicos cuyo alcance estamos pendientes de conocer. Así las cosas, ante la falta de efectivos interiores, con Garuba superado por las circunstancias, como el domingo ante Mirotic, Laso se marcó un «sujétame el cubata» y alineó a Rudy como ala-pívot unos 15 minutos, incluido el último cuarto. Y salió bien, de entrada porque la mera heterodoxia del planteamiento desorientó al rival. Que el protagonista sea Rudy pues también ayuda: igual se marca un día un Tik-Tok con la Helen que te seca a Moerman al siguiente. Es un animal competitivo y como tal le ponen los retos, se crece, y si son en plaza grande pues más cachondo aún.

A decir verdad, este Madrid de Laso es todo él un animal competitivo, en concreto un reptil, por su capacidad de regenerar extremidades, de enjuagar una baja tras otra y seguir compitiendo, y por ahora casi siempre ganando. Los puntos de Llull los suplió en la segunda parte Causeur (15), canchero e incisivo, y digno también de mención el trabajo atrás de Taylor y Abalde, menos vistoso para el aficionado pero clave para recuperar el pulso al partido en el tercer cuarto. Que no creáis que Larkin y Micic se quedan en 0/12 triples solo por desacierto.

La traca final estaba reservada para Carroll, inédito durante toda la velada pero que clavó en el último minuto dos triples estratosféricos que decantaron el partido y agrandan un poco más su leyenda. Un broche dulce al que seguramente haya sido el año más raro de la historia de la sección.

¡Feliz 2021, parroquia!

La vacuna se llama Sergio Llull

“Llull ha vuelto”, lo hemos escuchado muchas veces desde que regresase de La Lesión. El Retorno del Rey, la coletilla tras cada partidazo, aunque apestase a flor de un día y acierto puntual. Es el titular fácil, el que cosecha likes en Twitter, porque es el que todo madridista de bien querría leer, yo el primero. Pero no era verdad. Llull no había vuelto, de hecho, vistas en perspectiva y con un mínimo sentido crítico, sus dos ultimas temporadas han sido flojísimas. “De mierda”, en sus propias palabras.

Tampoco ha vuelto ahora, si por volver entendemos su versión de primavera de 2017, aquella apisonadora previa a la lesión, MVP de absolutamente todo. Tiene tres años más que entonces (33) y mucha menos explosividad física, no aspiramos a que lo retome exactamente donde lo dejó… pero de repente se le parece. Desde aquel fatídico día de agosto de 2017, cuando crujió esa rodilla, no le habíamos visto tan bien, y eso son palabras mayores.

El paso por el puesto de escolta en el arranque de curso, hasta la marcha de Campazzo, le ayudó a recuperar la confianza perdida desde un rol secundario. En un jugador que es todo corazón la confianza es un factor clave. El otro es el físico, esquivar ese reguero de pequeñas lesiones que le impedían una mínima continuidad operativa.

No solo acierto exterior

Anoche contra Asvel bordó el baloncesto y acertó con triples que no siempre entrarán, pero es que lleva 10 asistencias por 0 perdidas en los dos partidos de Euroliga sin Facu, y esa es una estadística para el optimismo ahora que le necesitamos de base como el comer. Se le ve suelto pero sensato: la responsabilidad de asumir el timón no le ha pesado sino que le ha espoleado, es lo que tienen los buenos, que se crecen ante los retos. Su paso al frente es en sí mismo un chute anímico para una afición cabizbaja, entre la marcha de Facu y la negativa del club a invertir en un sustituto.

Lo de ayer no será la normalidad, pero es que con la versión ante CSKA y Baskonia ya nos hace un apaño. Si le sumamos a Laprovittola cumpliendo en labores de dirección como segundo timón (a la espera de que le quite la tapa al aro) y a Alocén de comodín para darles descanso en ACB, puede que alcance para disimular el socavón y seguir compitiendo con garantías. Poniéndole velas, eso sí, a la salud del balear, porque nos quedamos en sus manos… bueno, y en las de Tavares.

La ley de Tavares

Nueva exhibición ayer (MVP de la jornada Euroliga, val. 29) y apenas lo comentamos porque casi ha dejado de ser noticia. En concreto se zampó con patatas al pívot de moda en el continente, el Fall bueno, Moustapha, no el que empaquetaron a Baskonia (Youssoupha).

Contado así pareciera que fue un partido cómodo, y nada más lejos de la realidad. Asvel es seguramente la plantilla más atlética del continente, y si le sumas acierto exterior (metieron 9 de sus primeros 10 triples) se vuelve un hueso, pregunten al Barca. Culo-pollo Yabusele dio un soberano repaso (21 chirlos y 7 rebotes) a nuestro Toñete, que ayer no le tocaba.

Así, el Madrid necesitó de un enorme último cuarto (30-14) para dar la vuelta al marcador y batir a los franceses, con Rudy de nuevo clave, tras varias semanas de barbecho, con su defensa cojonera contagiosa y dos triples tempranos cual toque de corneta. Causeur, además, volvió a producir con fluidez en ataque: el regreso de Llull al base descongestiona un poco el overbooking en el puesto de escolta y el galo, discretísimo hasta ahora este curso, parece el principal beneficiado. Y muy bienvenido.