El Madrid ficha a Hanga… cuatro años tarde

Podemos entrar en matices, que los hay, pero al final el hecho es irrefutable: dos de los cuatro fichajes del Real Madrid este verano son descartes del Barca en la treintena. Visto desde fuera, grosso modo, parece un retroceso a los tiempos de Alston y Digbeu. No es para tanto, ya os digo que hay matices: Jasikevicius goza de poderes plenipotenciarios en Barna y como tal se permite el lujo de ponerse tiquismiquis, descartar a jugadores útiles por sutilezas tácticas. Hanga y Heurtel entran en esa categoría.

Pero igual resulta complicado ilusionar a la parroquia blanca y revertir la tendencia en el basket español, con el FCB como nuevo rival a batir, si te limitas a fichar de entre sus descartes. Sopita recalentá mientras el vecino come a la carta.

Porque comer a la carta, si hablamos de intentar cubrir el socavón que dejó Tortuga, era fichar a Kalinic o Papapetrou, los mejores aleros altos en mercado este verano, ambos por debajo de la treintena. Pero el Madrid ni ha pujado por ellos, porque eso requería remangarse, o sea, dinero y ambición, y ambos escasean en Concha Espina cuando a las alas se refiere. Y escasea el dinero porque se arrastra una pesada hipoteca de veteranos por ahora intocables, que ya no marcan diferencias pero cuya suma engulle la mayoría de la masa salarial disponible para el juego exterior.

Llega Adam Hanga, no nos engañemos, porque es más barato que Kalinic o Papapetrou y porque ha quedado libre como un taxi después de que el Barca le de puerta. Y le da puerta para (intentar) fichar algo mejor: Encestando apunta a que el club azulgrana presentará oferta por Kalinic y el miércoles termina el plazo para que Valencia iguale la oferta.

¿Qué puede aportar Hanga?

La política de descartes es un espejo de la ambición de ambos clubes. Al Barca, pese al doblete, no le tiembla el pulso para cortar a Hanga y Claver, indemnización mediante, jugadores importantes del club el último lustro, capitales en la era Pesic. El Madrid, tras nadaplete y con un juego exterior viejísimo, no se plantea prescindir de nadie. Los seis exteriores continúan, business as usual, salvo que Carroll avise desde el rancho, cambie de opinión y se retire.

Siguen todos, no por su rendimiento, irregular y bastante discreto el curso pasado, sino por la complacencia de la directiva y la presidencia. Lo que empezó hace varios años como una apuesta por el continuismo, lógica cuando se ganaba y la columna vertebral no peinaba canas todavía, ha derivado en gestión sentimental y falta de ambición, el retiro a la carta y la lealtad mal entendida.

Y como no tenemos suficientes aleros en la treintena, pues a por Hanga, 32 años, que además firma por tres temporadazas, según Chema de Lucas. Lógico, no nos vayan a robar a las jóvenes promesas… ¿Pero es que no hemos aprendido nada? Repetimos los mismos errores que nos han traído hasta aquí, los contratos multianuales garantizados a jugadores secundarios en la treintena (Causeur, Taylor…).

¿Qué mensaje de renovación se lanza tras un curso aciago cuando no eres capaz de quitarte a ningún veterano y encima haces de coche escoba al Barca, trayéndote a dos descartes en la treintena? El húngaro ha sido un gran jugador, uno que me hubiese encantado ver en Goya… hace cuatro años, hoy está al inicio del ocaso. Todavía puede echar una mano, claro está, sigue siendo un jugador versátil y competitivo que no sobra en ninguna rotación, pero necesitábamos algo más que alguien que eche una mano.

Un juego exterior de 232 años

La ambición que atisbamos con el fichaje de Yabusele se esfuma en 10 días. Leyendo la letra pequeña entendimos que el francés impuso al Madrid un contrato cual alfombra roja, por si le llama la NBA. No es plato de gusto, pero no deja de ser el peaje a pagar en los tiempos que corren si quieres reclutar a piezas cotizadas de mercado en su veintena. Hanga es otro tipo de fichaje, uno asequible y apañado, que no estorba pero redundante. Nada que no tengamos ya, otro jugador en cuarto menguante. Porque no, antes de que me preguntéis ya os respondo que no, que la eventual llegada del húngaro, hasta donde sé, es independiente de la continuidad o no de Taylor, con un perfil similar. Ese sería el único supuesto bajo el que cobraría sentido este fichaje de Hanga y no se va a dar.

El juego exterior del Madrid está servido de veteranos con nivel de reserva, necesita algo más que ampliar fondo de armario, necesita alguna primera espada con nivel titular top8 Euroliga, piernas algo más jóvenes entorno a las que reconstruir. Y esas, asumámoslo, no suelen tener buena relación calidad-precio ni terminar contrato cuando a tí te cuadra, son operaciones que requieren ambición y pasta.

Con la llegada de Hanga y salvo que Carroll se retire, asumo que el Madrid daría por cerrada la plantilla, que mejora respecto al año pasado, que no era muy difícil. Siete exteriores y ninguno diferencial, que suman 232 años, a una media de 33.2, y eso contando a Abalde que baja la ratio. El elefante en la habitación. Un quedarse a medias, cerrar en falso un verano que por momentos tuvo buena pinta.

Se viene Yabusele: el Madrid apuesta a grande para suplir a Garuba

Sabíamos del interés desde hacía semanas y, a falta de confirmación oficial, parece que hay acuerdo del Real Madrid por Guerschon Yabusele, 25 años, seguramente el ala-pívot en mercado (termina contrato, llegaría como agente libre) más cotizado de la Euroliga este verano. Según Chema de Lucas, que adelanta la información, firmaría por una sola temporada, en lo que supone el gran asterisco de la operación. ¿Por qué firmar solo un año a un jugador joven y de tanta proyección? Probablemente el francés no ha querido comprometerse de inicio por más tiempo para no cerrarse la puerta a un eventual retorno a la NBA, que de hecho quería sondear este mismo verano. Y digo retorno porque ya jugó en EEUU dos campañas, 2017-19, en Boston Celtics, que le eligieron con el nº16 del draft.

Este contrato corto, de un año, supone un pequeño giro de timón en los movimientos del Madrid en mercado en los últimos años. Priorizar la calidad frente a la certidumbre a medio-largo plazo. Es la lección aprendida de la hostia que han supuesto las fugas de Facu y Deck a mitad de curso. Adaptase a la nueva realidad de mercado: no se puede controlar el futuro ni poner diques al mar. Los contratos largos y las cláusulas altas dan una falsa sensación de certidumbre: si el jugador se quiere ir y en la NBA le quieren no hay forma desde Europa de impedirlo.

Así que, si la única forma de fichar a la mejor opción de mercado es aceptar firmarle solo un año, como a Yabusele, pues así sea, porque igualmente de aquí a un año la vida puede dar muchas vueltas. La única diferencia de este contrato corto es que, si se quiere ir el próximo verano, lo hará sin dejar dinero en caja. Punto. Más allá de eso, os recuerdo que Anthony Randolph llegó en 2016 con aspiraciones de regresar a la NBA y contrato por solo un año…

Chupi-pandi francesa en Goya

Sonaron otros nombres para el puesto, como Kurucs o Claver, en algún caso con escaso fundamento, Yabusele siempre fue el plan A, la prioridad del Madrid para reforzar el puesto de ala-pívot ante la inminente marcha de Garuba. Una incorporación, como la de Poirier, que destila una ambición en mercado que habíamos echado en falta del club en veranos previos. Así las cosas, si la salud respeta, y en función del estado de Randolph a su regreso, el Madrid cerraría un potente juego interior para el próximo curso, con Thompkins, Yabusele, Randolph, Tavares, Poirier y Vukcevic.

El fichaje, además, viene a consolidar un cambio de rumbo en la sección: pasar de la apuesta por Argentina (no queda ninguno de los tres que empezaron la 2020/21) a bancarlo todo a la chupipandi francesa. Habrá cuatro galos en el roster el próximo curso, los mismos que españoles. Llegado cierto punto se produce un efecto llamada: los jugadores hablan entre ellos y la expectativa del aterrizaje en el extranjero se hace más llevadera rodeado de compatriotas. Quizá no sea el caso de Poirier, Heurtel y Causeur, que ya conocían España, pero sí el de Yabusele.

¿Qué puede aportar?

Tiene uno de los físicos más especiales de Europa, con ese prominente culo pollo, cual Kardashian, y una relación de peso (118kgs) y altura (203cms) que para casi cualquier mortal supondría gordura. Pero en su caso son mayormente kilos de músculo que mueve con enorme agilidad. Un físico que le permite correr contraataque, machacar el aro y aguantar el envite al poste de cualquier ala-pívot a este lado del charco. El Barkley de Dreux.

¿Se gana o se pierde con el cambio? El francés carece de la intensidad y la anticipación defensiva de Garuba, pero a cambio tiene más talento ofensivo natural, especialmente para el tiro, ya sabemos, requisito importante para el puesto de cuatro en los sistemas de Laso. De entrada deberíamos asumir que el Garuba de los dos últimos meses tiene mal reemplazo en Europa, por no decir imposible, pero puestos a perderle, Yabusele era lo mejor que ofrecía el mercado en ese puesto y perfil. Buena operación.

Colorín colorado, este annus horribilis se ha acabado

Hasta aquí la temporada del Madrid de basket y, ¿sabéis qué os digo? Que en cierto modo supone casi una alivio, porque ha sido un dolor de muelas. Con algún arrebato de orgullo puntual, como la serie de cuartos frente a Efes, pero un dolor de muelas al fin y al cabo. Quizá la temporada menos ilusionante de la era Laso, y no precisamente por su gestión, que ha sido impecable, obligado a sacar conejos de la chistera casi cada semana.

La final ACB se acabó en el tercer cuarto el domingo y la decidió Cory Higgins. El segundo partido solo fue un epílogo innecesario, un “chou”, como dijo Laso en un tiempo muerto. Una coda para mayor gloria de Mirotic, que hizo lo que mejor sabe, inflar estadística con el rival ya en la lona. Habrá quien se consuele con la excusa de las lesiones y la mala suerte, pero el Madrid post Campazzo está a un abismo del Barcelona, a las dos finales desde que se fue me remito.

86 partidos, que ya está bien, 86 partidos de engordar para morir desde que se pirase el argentino, que era medio equipo. Su marcha alteró el equilibrio de poder en la ACB y el club, por ahorro, por autosuficiencia, decidió sencillamente no fichar, no buscar un sustituto, ni intentarlo siquiera. Contra otro Barca, el de hace 4-5 años, hubiese servido, pero no contra este, ni cerca. Fue un tirar la toalla antes de arrancar la temporada, resignarse a que pasase lo que ha pasado, que es lo normal. Y mira que Facu avisó con tiempo, en mayo, que no pilló por sorpresa al club como lo de Tortuga Deck.

Una decisión de un cortoplazismo financiero que pasados los meses todavía no me explico, como si la sección no palmase 20-30 millones todos los años sin que eso suponga un problema. Ha sido un tirar al retrete la temporada de una sección de unos 40 millones de euros de presupuesto anual por no gastarte 1-2 millones en el sustituto de un jugador cuya marcha deja 6 kilos a plazos…

Capacidad de regeneración

El Madrid ha hecho gala durante años de una épica capacidad de resiliencia, de enjuagar las marchas a la NBA y las lesiones con los recursos propios de la plantilla. Los que han quedado este curso, entre fugas y lesiones, han dado la cara en la medida de sus posibilidades, quizá incluso por encima. Se han salvado los muebles, pero la épica tiene un límite, y la regeneración requiere de unos mínimos mimbres previos que ahora no hay.

Me ha dado por revisar lo que publiqué aquel 20 de noviembre, a la marcha de Facu: entonces temí estar siendo demasiado duro o agorero, pero no…

Esta fuga es un torpedo en la línea de flotación del equipo, cuyas opciones de títulos este curso se reducen dramáticamente sin una de sus dos estrellas

¿Y qué va a hacer el club ahora? Nada. La intención es no fichar, y mejor que nos hagamos a la idea cuanto antes, para no seguir perdiendo el tiempo pajeándonos con los descartes del mercado NBA. Una decisión decepcionante para el aficionado pero no por ello sorprendente, en línea con la muy conservadora política de despachos de la sección en la era Laso, fiándolo todo al continuismo

Lapro y Alocén, la nueva ralidad: el Madrid se va a pasear por Europa con una dupla de directores digna de media tabla en la ACB. Laso es un contrastado gestor de bases, pero milagros a Lourdes

Lesiones y lesiones

Si la marcha de Campazzo cambió el equilibrio de fuerzas ACB, las lesiones fueron la puntilla. La de Randolph un enorme infortunio, claro está, pero la mayoría del resto han sido musculares en jugadores bien entrados en la treintena, así que previsibles en cierto modo.

Llull, por ejemplo, se ha perdido 31 partidos de la temporada (el 36%), y de los que ha podido jugar unos cuantos lo hizo forzando, como esta semana, y por tanto mermado. Lleva tres temporadas igual, así que no nos puede coger por sorpresa, y camino de los 34 no va a ir a mejor. Tres cuartos de lo mismo pasa con Carroll y Rudy, que se han perdido 17 y 29 partidos, respectivamente, entre lesiones varias y descansos. Los tres, por cierto, han firmado calamitosas actuaciones en la final ACB, sin paños calientes.

Con este panorama, lo que le ha quedado al Madrid en la temporada, siendo realistas y dejando la testiculina y el escudo al margen, es luchar por meterse en finales nacionales e intentar la sorpresa. Pero ya no como favorito sino como aspirante, por primera vez en más de un lustro. A las finales se ha llegado, así que la temporada no es de suspenso, pero tampoco ha habido sorpresa, ni cerca: se han perdido sin paliativos, por el sencillo motivo de que el Barca es ahora mejor, manque pese.

Señales de desgaste

Las señales están ahí desde hace tiempo, para quien las quisiera ver. Dejar de ser el equipo a batir no sucede de la noche a la mañana por un puñado de lesiones, es una transición cocida a fuego más lento de lo que parece.

La temporada pasada el equipo era ya muy dependiente de Tavares y Campazzo, que tapaban muchas miserias, mientras a su alrededor se hacía un vacío cada vez mayor, principalmente por la complacencia y el desatino de la directiva en mercado desde que se ganase la Euroliga de Doncic en Belgrado (2018). Se confundió continuismo con dejadez: los jugadores envejecen y las estrellas se apagan. Reconocer la trayectoria de leyendas del club no está reñido con admitir su decadencia según les caen años encima. La lealtad no gana títulos y hay maneras muy dignas de rendir tributo sin ficha en el primer equipo.

Una dejadez directiva en Goya que contrasta con el empuje del Barça, más ambicioso en mercado, como corresponde al perseguidor, y tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompió. En verano de 2019 FCB dio un golpe encima de la mesa, fichando a dos titulares del quinteto ideal Euroliga (Higgins y Davies) y a dos jugadores de clase media NBA (Mirotic y Abrines). Todos en su edad prime. El curso pasado no cuenta, que se cerró en falso por el covid: este ha sido el primero con ese plantillón ensamblado, y el resultado salta a la vista: nos han pasado por la derecha.

¿Diferencia de presupuesto? El Barca gasta un poco más en plantilla, sí, pero la diferencia dista de ser abismal. De hecho, a comienzo de curso los presupuestos eran casi idénticos, hasta la marcha sin cubrir de Facu, que supuso desinvertir como 3 millones de masa salarial. Por favor, no nos agarremos a ese viejo complejo colchonero de la inferioridad presupuestaria para evitar hacer un poco de autocrítica. No comparemos solo presupuestos, sino la forma de gastarlos, que nadie obligó a JCS a firmar más de 4 millones por dos años a Laprovittola o a renovar a Felipe para vestirse de calle. El éxito del Barca no viene de una diferencia presupuestaria abismal sino de la apuesta por un núcleo de jugadores en su edad prime y sin riesgo de fuga NBA. Mientras, el Madrid se agarraba al continuismo, al realismo mágico de la resiliencia y las vacas sagradas.

Estamos ante un verano clave en los despachos. Toca un cambio de rumbo en la toma de decisiones, apostar por el rendimiento esperado a futuro y no por el pasado, el cariño y la lealtad. No voy a bajar hoy al detalle de los nombres de salidas y fichajes deseables, ya habrá tiempo, sino a recordar que de la autocrítica de que sea capaz el club, y del acierto y la ambición que muestre este verano depende evitar que se consolide un cambio de ciclo en el basket español, con el Barca como dominador y el Madrid a rebufo.

Demasiado Higgins para este Madrid

Cuesta arriba, pero y mucho, se le queda la final ACB al Madrid. En el formato recortado de este año, palmar el primero y en casa es casi mortal de necesidad. Y lo peor ya no es tanto el resultado sino la sensación de inferioridad: la buena versión de los blancos se va 3 arriba al descanso, la buena del Barca +17 en la segunda parte, pese a perdonar hasta 11 tiros libres.

Podemos señalar a Peruga e invocar a la testiculina pero, en honor a la verdad, que cada vez que el Madrid se ha cruzado este curso al Barca con algo en juego ha salido escaldado. La final de Copa fue un chorreo y la serie final ACB empieza en las mismas coordenadas. Hasta con el mismo protagonista, Cory Higgins. 26 puntazos hoy, 20 en la final de Copa y, aunque no fuese contra el Madrid, 23 en la final de Euroliga. Los mejores son los que marcan diferencias cuando de verdad importa, y Higgins lo hace, por eso es a día de hoy el mejor escolta del continente. Además, no necesita justificarse inflando estadística en partidos de relleno, como algún compañero suyo que cobra bastante más…

No hace tanto el Madrid tenía el mejor backcourt de Europa, a los Higgins del momento, en su edad prime, pero entre fugas a la NBA y cierta complacencia en los despachos, aplazando la inevitable renovación, lo que queda es un grupo de veteranos entrañables, con los cojones cuadrados y el cariño de la grada, pero con una salud de cristal y que ya no marca diferencias en la élite. Como le sucederá a Higgins cuando tenga treintaymuchos como ellos, porque es ley de vida, el tiempo pasa para todos.

No es un buen día, no es una crónica agradable de escribir, pero tampoco quiero que suene apocalíptica: el baño de realidad ya nos lo hemos llevado a lo largo de curso como para rasgarnos ahora las vestiduras. La afición blanca llega curada de espanto, sabíamos que esto podía pasar en la final, que de hecho era lo probable desde el mismo día de noviembre en que se fue Campazzo. Aquello cambió el equilibrio de fuerzas en la elite ACB, el Madrid dejó de ser el favorito a los títulos y el objetivo realista pasó a ser llegar a la final. Y se llegó, pese a nuevas fugas y lesiones por el camino, así que dramatismo el justo.

Jaycee y Garuba, desactivados

Tavares y Poirier dominaron la zona como se espera de ellos, 19 rebotes y 37 de los 58 de valoración del equipo. Pero no hubo mucho más. Alocén mostró detalles interesantes por momentos, pero le lastraron las faltas. Tampoco se puede exigir mucho más a un tercer base de 20 años. Taylor, que venía firmando unos playoffs muy serios, pinchó en su cometido principal: contener a la estrella exterior rival (Higgins). Puede que se está jugando la continuidad… Llull y Abalde, recién salidos de periodos de baja, jugaron sin apenas haber entrenado así que poco se les puede reprochar.

Hay especialmente dos jugadores por los que me sabe mal el partido, y son Garuba y Jaycee, para los que puede haber sido su último encuentro en Goya. ¿El mejor canterano español en una década y el mejor extranjero del club en el siglo XXI se van a despedir de su público con actuaciones en negativo? Ya me jodería.

Usman, el mejor en semifinales, partió desde el banquillo y acumuló errores por exceso de ímpetu, como el júnior que todavía es y a veces nos olvidamos. No encontró en ningún momento el ritmo del partido, su lenguaje no verbal fu un poema: valoración -6. Y a Carroll, como ya es costumbre, Laso le reservó para el tercer cuarto, que no tiene gasolina para más a sus 38, si no quieres que te acabe restando en defensa más de lo que te suma en ataque. Pero Abrines le ató en corto esta vez y se quedó en 1/5 tiros.

Por ellos dos principalmente, por la Pantera y por Jaycee, me encantaría que hubiese tercer partido y se puedan despedir de Goya, se gane o se pierda, pero con una actuación acorde.

Garuba y Llull enseñan el camino a la final

El Madrid está en la final ACB, así dicho puede sonar a poco, lo esperado, lo que se viene repitiendo desde hace años. Pero este no ha sido un año normal, sino uno accidentado, de fugas y lesiones, con una plantilla coja, de retales, abuelos y júniors.

Y en estas circunstancias llegar a la final ACB era el objetivo, el exigible, el mínimo que marca el aprobado del equipo en el curso, igual que lo fue clasificarse para top8 Euroliga o para final de Copa. En años previos esos objetivos pasaban por llegar a F4 y revalidar título ACB, pero la vida ha dado muchas vueltas en el Madrid el último año, no siempre para mejor, y ha tocado reajustar objetivos. Hoy celebramos esta clasificación como un triunfo.

Visto en perspectiva, hubiese supuesto una pena quedarse fuera de la final ACB tras semejante fase regular. Ahora bien, el tercer partido de semis fue un parto, dominado por los blancos, sí, pero nunca llegó la ventaja a doble dígito como para soltar esfínteres. Y no llegó porque Valencia es un equipo notable, un hueso. Sí, lo es pese a que su curso deje cierta sensación de oportunidad perdida, con el presupuesto más alto de su historia (24,7 millones) y una plantilla de quilates, pero fuera del top8 y de la próxima Euroliga por una cagada en casa contra Olympiakos, y fuera de la final ACB eliminado por un Madrid en cuadro.

El regreso de Llull

Un Madrid en cuadro… pero que ayer recuperó a Llull. No porque estuviese completamente recuperado de su enésima lesión muscular, sino por sus cojones serranos, porque forzó para jugar. No se le esperaba hasta la final, con suerte, pero ayer se vistió de corto para dar un balón de oxígeno al equipo, que solo con Alocén y Núñez no alcanza ante rivales Euroliga, como quedó bien claro el martes en la Fonteta. Son las cosas que tiene Llull, esta fe inquebrantable y un compromiso a prueba de bombas, por las que le queremos tanto aunque también nos haga sufrir a menudo.

Metió algunos tiros valiosos, repartió 5 asistencias y dirigió con un aplomo que a Alocén todavía le falta en duelos de estas alturas. En descargo del maño cabe puntualizar que jugó tocado. Sea como fuere, y dada la exigencia e igualdad del partido, queda la sensación de que sin la reaparición sorpresa de Llull el finalista sería Valencia.

La mera presencia del balear imagino que desbarató los planes de Ponsarnau, de volver a cargar el ataque sobre el puesto de base blanco, castigando el flanco débil: las piernas cansadas de Alocén y la bisoñez del júnior. Puede que Llull haya tenido alguna actuación mejor este curso, pero seguro que ninguna tan valiosa. Fue la de ayer sin duda su mayor contribución al equipo esta temporada.

Usman se estrena como clutch

Pero la estrella fue Garuba, una vez más, y van ya varias en los dos últimos meses, sobre todo en partidos importantes, pregunten al Efes. 16 puntos, 14 rebotazos y esa hiperactividad marca de la casa que condiciona el juego en ambos aros. Un triple por aquí, una ayuda defensiva, el primero que abre los contraataques, un cambio de emparejamiento… son muchas cosas las que aporta y no todas aparecen en la estadística. Para colmo, ayer encima fue el mejor en la recta final, con seis puntos en los dos últimos minutos.

Es brutal el ritmo al que crece su influencia en el juego semana a semana: qué evolución, señores, qué nivel, qué intensidad y qué bemoles. Se ha erigido en el andamio que sostiene al equipo en su frágil equilibrio, el que evitó que se desmoronase a la espantada de Tortuga y la lesión de Trey, que en condiciones normales hubiesen supuesto la estocada definitiva.

Creo que no somos conscientes de lo que está consiguiendo con 19 recién cumplidos, que nos acostumbramos mal con Luka y no apreciamos el valor de las cosas. Estamos ante la eclosión del jugador joven español más importante en un lustro y encima canterano del Madrid, cómo para no sacar pecho. Dudamos en la primera mitad de curso, pero mirad, al final se va a ir a la NBA consagrado, bueno, todo lo consagrado que se puede ir uno ahora salvo que te llames Doncic, en esta época en que las fraquicias solo draftean prospects de 19 primaveras. Lo dicho: valorémosle como merece y disfrutémosle, que ya nos queda muy poco.

Defensa, orgullo y rebote: el Madrid resiste a las bajas

En cuadro, y ya no es una hipérbole sino la literalidad, sacó adelante el Madrid el primero de la semifinal contra Valencia. Porque a las ausencias de Randolph, Thompkins, Abalde y Felipe se unieron las de Llull y Laprovittola, que bien podrían no regresar en lo que resta de curso. El argentino seguro que no, Llull tendría alguna opción si se llegase a la final. En todo caso, mejor no contar con ello.

Debutó Juan Núñez, que se limitó a subir el balón y ordenar sistemas durante 5 minutos, y demasiado fue, con 17 años recién cumplidos y llegado solo 36 horas antes, que estaba en la fase final de la Euroliga junior cuando le llamó Laso.

Hay mucho de infortunio en la plaga de lesiones, la mayoría, pero no todo. Echarle toda la culpa a la mala suerte es el recurso fácil. La plantilla está muy envejecida, sobre todo las alas, y a más años en las piernas mayor probabilidad de lesiones musculares. Rudy y Llull como mayores exponentes. Hace falta una reflexión seria. Quiero pensar que, después del sainete de lesiones de este curso, la directiva tomará nota de cara a la configuración de plantilla para el próximo.

Resiliencia

Los que quedan sanos dieron la cara, vaya que si la dieron, alimentando el mito de la resiliencia de este grupo. El equipo, arropado ayer por algo de público por primera vez en 15 meses, firmó un encuentro magnífico dadas las circunstancias, un alarde de concentración, despliegue físico y defensa. Pero el principal arma volvió a ser el rebote, +56 en tres partidos de playoffs. Es decir, un promedio de 18 más que el rival, y esa es una ventaja sideral que compensa muchas limitaciones. Y no es Valencia precisamente una malva en la pintura, al contrario, es el corazón de su plantilla, con los Dubljevic, Tobey, Kalinic y Layberie, pero igual salieron escaldados de Goya. 52-33 terminó la batalla bajo tableros.

El Madrid ha hecho de la necesidad virtud, y ha transformado el hándicap de puntos y tiro exterior en el puesto de cuatro (por las bajas de Trey y Randolph) en dominio reboteador y fortaleza defensiva. Porque Garuba y Tyus no anotarán apenas ni enchufarán triples, pero si hablamos de defender y rebotear son auténticos valladares. Especialmente el canterano, soberbio ayer, qué ayudas defensivas (3 tapones), qué forma de cargar el rebote (12), qué intensidad. Pantera total.

Fue uno de los cuatro que lideraron la victoria blanca. Tavares recuperó su mejor versión (17+11) tras casi un mes out entre lesión y descanso. Causeur, que venía de un partido muy discreto en Gran Canaria, se erigió ayer en referente ofensivo exterior. Asumió muchos más tiros de los habituales y, como vio el aro como una piscina, se fue hasta 24 puntos.

Por último, y no menos importante, Jeffery Taylor dio también un paso al frente cuando más se le necesitaba, ausentes Abalde y en la segunda parte también Rudy. Secó a sus pares sin cargarse de faltas y añadió 13 puntos y 7 rebotes. Su mejor partido de la temporada.