Detecto el ya casi habitual escepticismo y desdén veraniego en la parroquia hacia las operaciones de mercado del Madrid de baloncesto. Y es que la política de la sección huye de casi todo aquello que entretiene al aficionado medio en el periodo estival: los golpes de timón, el morbo, el cambio de cromos y la puja abierta (=sobreprecio) por los nombres de moda. En definitiva, el populismo directivo. Al contrario, la gestión blanca prioriza la estabilidad, los contratos largos, el crecimiento de los jugadores que ya están y la incorporación de agentes libres en operaciones negociadas desde primavera. Es más aburrido pero funciona.
Los principales movimientos del Madrid este verano han sido renovaciones: atar a Tavares y a Hezonja era estratégico, no tienen recambio posible en Europa. Sin embargo, no dejan de ser renovaciones y esas por definición ilusionan menos al parroquiano que los fichajes porque no implican novedad. Y a los que ya están se les da por sentado, aunque acaben contrato.
Verano de reservas
Una vez amarrado a largo plazo el núcleo de la plantilla salvo Musa (in process), los fichajes de este verano son de reservas, cuando no fondo de armario, jugadores por tanto de un perfil y un caché necesariamente más bajo que el de los titulares. En cifras, que no superen el millón neto de salario anual, particularmente tras el mordisco a la masa salarial que han supuesto las renovaciones.
Si hablamos de fichajes, a la parroquia de Goya le pesa un prejuicio estético similar a la del Bernabéu. Unos querrían comprarse una docena de mediapuntas y delanteros cada summeriada, y los otros a 20 escoltas tiradores blanquitos del Aliexpress, hasta encontrar al heredero de Jaycee Carroll. El club, a dios gracias, opera en función de parámetros más racionales, en concreto dos principales: las oportunidades de mercado y las necesidades de plantilla, teniendo en cuenta que se juega en dos aros.
Se habló con Kyle Guy en primavera, tirador clásico a coste moderado, pero la gerencia se decantó por Rathan-Mayes, también a coste bajo y de un perfil táctico diferente, menos conocido por el aficionado español, no por ello peor. Combo anotador, tampoco es manco lanzando de fuera pero suma sobre todo hacia el aro desde bote. Tiene más potencial defensivo, solo hay que ver su planta, sin olvidar el factor versatilidad, poder habitar los puestos de uno y de dos. Eso permite enjuagar la ficha de tercer base de Alocén (ahorro) sin quedarte con el culo al aire en caso de lesión de Facu o Feliz. Lógicamente, Llull también puede echar una mano ahí.
Feliz, Plan B
Feliz no deja de ser el plan B, porque la idea original para ese puesto era Lorenzo Brown, con quien llegó a alcanzarse un acuerdo verbal. Pero la operación se torció cuando Maccabi se subió a la parra con el transfer y Fenerbahce+PAO se entrometieron con ofertas salariales muy por encima de la del Madrid. El fichaje se ponía en un pico, más de lo que la lógica invita a gastar en un base de 34 años que llegaría con rol de reserva. Si Lorenzo era un fichaje de presente y pasado, el de Feliz es de presente y futuro, ocho años más joven y con margen de mejora aún.
El puesto de base es el más exigente en los sistemas del Madrid, así que le puede llevar un tiempo adaptarse. Tendremos que darle un margen antes de sacar conclusiones, recordemos por ejemplo que Williams Goss necesitó casi año y medio de barbecho para mostrar su verdadero nivel. En todo caso, Andrés Feliz el potencial lo tiene, se ha pasado con nota todas las pantallas previas hasta llegar a la Euroliga, siendo uno de los mejores bases de la ACB y de la Eurocup las dos últimas temporadas. No tiene la experiencia y la chispa de Chacho, pero a cambio ganamos un base que no cojea atrás y debe rendir todo el año, no solo dos meses, con lo que implica eso de liberación para Facu.
Ibaka es un recambio más que digno por Poirier, como reserva de Tavares, asumiendo de partida que era imposible fichar a un sustituto del mismo nivel que el francés porque necesariamente se saldría de presupuesto. La anomalía ha sido tener a Vince durante tres años saliendo desde el banquillo sin torcer el morro.
Leyendo a algunos por Twitter pareciera que fichásemos a Jesús Chagoyen. Un respeto, por favor, que Ibaka ha ganado un anillo de la NBA, 141 millones en salario, estuvo tres años en el mejor quinteto defensivo de la NBA y dos fue el máximo taponador… Está en el ocaso de su carrera, claro, pero demostró en Múnich el pasado curso que mantiene nivel burguesía Euroliga, al menos en la medida en que le respete el físico. Además es cupo nacional, conoce la casa y, muy importante, ha aceptado firmar por un solo año. Así que el riesgo es mínimo si sale rana. La guinda del pastel sería Garuba, una operación supeditada a que no encuentre equipo en la NBA, un escenario más o menos probable aunque con un horizonte temporal incierto. Sería un ariete defensivo para el juego interior, del tipo que no entra por los ojos al aficionado medio pero encarece sensiblemente el precio del punto rival, y eso también gana partidos.
Aunque no venga Usman, pero particularmente si viene, se queda una plantilla con menos experiencia pero bastante más físico que la del año pasado, y algo más versátil. Y en todo caso, atado el núcleo principal, no veo impedimentos para que el Madrid no continúe en la élite, contender a la Euroliga con permiso griego, que es donde parece estar ahora la pasta.
Me debatía entre poner notable alto o sobresaliente a la temporada del Madrid, y finalmente me animo con el sobresaliente. La cosecha es generosa, ese triplete nacional, pero además valoro mucho el camino andado. Ese primer puesto holgado de la fase regular Euroliga, no haber perdido ni un partido en playoffs ACB y el magnífico juego desplegado en amplios tramos de la temporada. El balance final ha sido de 72 victorias por 14 derrotas, el mejor de la historia de la sección si no me fallan las cuentas.
El apagón en la segunda parte de la final Euroliga hurtó el título continental, que hubiese significado la matrícula de honor, pero me niego a que 20 minutos (aunque los más importantes del curso) condicionen tanto el balance global como para bajar la calificación a notable. Así que, lo dicho, sobresaliente.
La temporada significa la consolidación del proyecto Chus Mateo, al que me parece increíble que no se haya renovado aún. Supongo que la ampliación se cerrará y anunciará en los próximos días, pero el mero hecho de que se haya pospuesto hasta última hora ya habla de cierta desconfianza que me parece injusta con lo demostrado por el técnico. Cuestiones tácticas al margen, hacen falta nervios de acero para llevar un vestuario así y mantenerlo bajo control: el equilibrio de minutos Poirier-Tavares, la gestión de vacas sagradas con nivel menguante o el numerito de prima dona ofendida de Mario tras la final de Copa.
El final de temporada deja cierto aroma a Último Baile, por los veteranos que se despiden y por la salida de Poirier tras su mejor campaña de blanco. La gerencia parece estarse moviendo con sensatez en mercado para suplirlos, pero replicar un plantel tan redondo va a ser difícil a corto plazo, porque hay jugadores irrepetibles y un cierto grado de azar que está fuera del control directivo.
Aquí van mis notas de la temporada.
Campazzo 9. Ha sido el mejor, Quinteto ideal de la Euroliga, MVP de Copa, Supercopa y fase regular ACB, la pared maestra de la evolución del equipo respecto a la temporada pasada. Al final, el de base es el puesto clave del basket FIBA y resulta diferencial contar con uno de los mejores sino el mejor de Europa, sobrado de talento, experiencia y carácter. El año pasado, Goss te aseguraba la defensa y Chacho movía al equipo en ataque, pero estabas obligado a elegir. Con Facu no tienes que elegir, es un notable alto en ambos aros. Atravesó un valle de forma a mitad de temporada, normal con su despliegue físico, las minutadas y la carga de partidos, pero luego rayó a gran nivel en los playoffs de Euroliga y la semifinal ACB contra el Barca. Con él y Edy atados a largo plazo el futuro se contempla con optimismo.
Chacho 6,5. Fue importante en el pico de juego del equipo en el primer tercio de curso, pero después se fue diluyendo, excepción del fogonazo en F4, porque a sus 38 años sencillamente no dan las piernas para mantener el ritmo nueve meses. Sus promedios acumulados entre las dos competiciones son de 4 puntos, 4 asistencias y 36% en tiros de campo, con 15 partidos en valoración negativa, de largo el que más del equipo. A falta todavía de confirmación, parece que ha sido su última temporada en el Madrid, sino también en el baloncesto profesional. Desde aquí darle las gracias por todo lo que nos ha hecho disfrutar estos años, uno de los grandes talentos de la historia del baloncesto español.
Alocén 5. Este curso volvió a jugar al baloncesto, que no es poco, después de casi dos años de baja por una rotura de ligamento y variopintas complicaciones. Solo por eso podría considerarse un buen año. Pero el Madrid no para por nadie, es mal lugar donde recuperar confianza y reencontrarse con el baloncesto, siempre con urgencias competitivas y la máxima exigencia. Gozó de pocos minutos desde su regreso y tampoco es que se reivindicase cuando los tuvo. Llegados a este punto lo mejor era separar caminos y así ha sucedido, pese a que le restaba otro año de contrato garantizado. Se ha desvinculado y ayer mismo fue anunciado por el Gran Canaria. Suerte y salud para él, en Madrid no pudo ser.
Musa 8,5. Roma no se construyó en un día. Algunos dudaron de él por su apagón de la recta final del curso pasado pero, señores, es que solo tenía 24 años. La novatada. Esta temporada se ha movido en sus números en fase regular, y su producción no ha decaído cuando la carretera se ha empinado, casi al contrario. MVP de la final ACB y el mejor del equipo en la Final Four: 35 puntos y 42 de valoración entre ambos partidos. Además, le endosó 24 puntos al Barca en la Supercopa y ha promediado 16 en los playoffs ACB, sin bajar del doble dígito en ningún encuentro. Un reloj. No es tan académico como Mario y le ayudaría abstraerse un poco del arbitraje, pero un caníbal de este calibre es un recurso valiosísimo, capaz de anotar por generación espontánea cuando al equipo se le apagan las luces. Debe ser uno de los pilares para los próximos años y como tal el club haría bien en trabajar desde ya en su ampliación de contrato, para evitar culebrones tipo Tavares y Hezonja.
Causeur 6,5. Termina contrato, tiene 37 años y bien puede (y seguramente debe) haber sido su última temporada de blanco. Y ha sido una digna, habiendo tenido que fajarse con Llull por minutos como reserva de Musa. Su rendimiento ofensivo es menguante, ya no le dan las piernas para atacar el aro en estático, pero ha tenido un papel defensivo interesante en algunos partidos, en función del rival, asumiendo el rol de especialista exterior vacante a la marcha de Hanga. Despedida con honores, uno de esos extranjeros secundarios, como Thompkins o Taylor, que han sido pegamento de vestuario y han ayudado a construir lo que hoy es la sección. Merci.
Llull 7,5. Ha disfrutado en la pista este curso como seguramente no lo hacía desde La Lesión. Se le ve cómodo en su rol de combo, de escolta anotador revulsivo, liberado de obligaciones de dirección. Le ha respetado el físico y, pese a la edad, conserva cierta chispa física y mental. Por su tipo de juego, tiene días que no entran y casi resta, y otros que parece Stephen Curry, pero en general la ecuación ha resultado positiva para el equipo esta temporada. Sus rachas han servido para cambiar tendencias o romper partidos, algunos importantes. Salvo sorpresa, será el único veterano que continúe, así que asumirá la capitanía y se esperarán de él pinceladas en pista y, sobre todo, liderazgo fuera de ella. Vamos, que le enseñe Rudy a encender la barbacoa…
Abalde 6,5. Ha aumentado prestaciones respecto al curso pasado, que no era difícil, convirtiéndose en un activo útil de rotación en ACB. Una mejora bastante ligada a la confianza en el tiro: su porcentaje de tres ha subido hasta un aseado 42% (58 de 140), cuando el año pasado se quedó en el 26%, un hándicap pues lanza a menudo liberado. No me hubiese sobrado algún minuto más suyo, pero no era fácil teniendo por delante a las viejas glorias. ¿Esperábamos más del gallego cuando se le fichó? Ciertamente, también creo que su cláusula influye en la percepción. Pero después del curso pasado yo ya compro casi cualquier cosa que pueda aportar, y este año lo ha hecho. Le queda otro de contrato garantizado y seguirá, no sobra como cupo nacional para la segunda unidad.
Deck 6,5. Temporada un poco discreta mientras estuvo, condicionado por el overbooking en el puesto de alero. Y después, las lesiones. Se ha perdido más de 30 partidos, incluyendo playoffs Euroliga y ACB por segundo año consecutivo. Se le echó particularmente de menos en la F4, su dureza, defensa e inteligencia en pista. Dedos cruzados para que se recupere bien y poder contar con él desde otoño. No es la estrella del equipo pero sí un jugador fundamental.
Hezonja 8. Me cuesta ponerle nota, porque ha tenido picos de sierra muy pronunciados. Por un lado estuvo brillantísimo en tramos de fase regular, líder del equipo durante el bajón de forma de Tavares y Campazzo. Pero también se borró mentalmente durante varias semanas después de la Copa, mohíno por su minutaje. Por último, ha sabido aportar defensa y rebote en la recta final de curso cuando el aro se le hizo un poco más pequeño. Su versatilidad, su rendimiento en ambos aros y su condición de cupo le convierten en un activo muy valiosos de la rotación. Todo lo relacionado con su renovación ha sido un descalzaperros, pero ya está, se queda y es objetivamente una gran noticia en términos deportivos.
Rudy 6. Tenemos el corazón blandito por su retirada, pero esto son las notas y, siendo honestos, su nivel esta última temporada ha sido discreto en términos generales, muy dosificado por Chus Mateo. Son 39 años y, aunque la cabeza le va como un avión, las piernas apenas le respondían ya para el mínimo que requiere la élite. Se ha perdido 32 partidos por descanso o lesión. Para el recuerdo queda el momento mágico de su partidazo en el 2º de la final ACB y esa ovación interminable que le brindó el Wizink, merecido agradecimiento por su aportación decisiva para cambiar el rumbo y la historia de la sección. Gracias eternas.
Ndiaye 6,5. Esperaba algo más de minutaje de Eli tras su irrupción al final del curso pasado, pero prácticamente desapareció de la rotación una vez Yabusele volvió en enero. Atrás cumple casi siempre, y con nota, y parece ir mejorando el tiro exterior, clave para su usabilidad como ala-pívot en la élite. No es un talento natural para el lanzamiento de tres, pero también es una suerte del juego que se mejora con tiempo y entrenamiento. Debe ir a más y asentarse como actor secundario.
Yabusele 7,5. Sensación de que vio las orejas al lobo con el incidente contra Partizán, hizo propósito de enmienda y lo ha cumplido. Este año ha bajado revoluciones en pista, menos trifulquero. Se ha concentrado en basket y eso ha repercutido directamente en su rendimiento, firmando una campaña sólida. Con las conocidas carencias atrás, pero con una notable aportación ofensiva desde su regreso en enero. Poca broma sus promedios Euroliga: 10.5 puntos, 46% en triples y 14.5 de valoración. Tiene otro año de contrato garantizado y está llamado ser una de las piezas importantes de la segunda unidad.
Tavares 7. No ha sido su mejor temporada de blanco: le llevó meses recuperar el ritmo tras aquella lesión de tobillo, y tampoco creo ayudase la incertidumbre por su renovación. Ahora bien, en mayo recuperó el tono y destrozó al Baskonia en playoffs de Euroliga y al Barca en semis ACB, pena de esos problemas de faltas en la final de Berlín. Ha acabado renovando por mucho dinero (lógico) y muchos años (riesgo), una apuesta importante del club a medio-largo plazo. Sobrevuela el miedo por la tendencia a lesiones y carreras cortas de los jugadores tan altos, pero también es cierto que nunca habíamos visto a un 2.20cms tan proporcionado y cachas. En todo caso, especificaciones al margen, es una renovación troncal que mantiene al Madrid como candidato a todo los próximos años.
Poirier 8,5. Con diferencia su mejor campaña en el club, una vez le han respetado las lesiones y ha encontrado un socio para maximizar sus virtudes. Esa sociedad con Chacho marcó la primera mitad de la temporada en la Euroliga, reventó partidos y nos dejó momentos de excelencia. El circo. La producción por minuto de Vincent este curso ha sido un disparate, y lo ha sido en ambos aros, que en defensa dio un enorme paso al frente, líder de la Euroliga en tapones jugando solo 18 minutos (¡!). Termina contrato y se marcha a Turquía, a cobrar lo que vale y ser titular. Ley de vida.
El caso Hezonja queda zanjado, después de todo seguirá de blanco. Se queda en Goya, no sin un regusto agridulce por los giros de guión inverosímiles de las últimas 72 horas, en que salió a la luz un preacuerdo con el Barcelona. Por mi parte, bien está lo que bien acaba, y la continuidad de Mario es objetivamente positiva para el equipo, un cupo nacional versátil, de gran talento y en su prime. Tampoco estamos en el Madrid para hacerle a nadie la prueba del pañuelo, que la historia de la sección se construye sobre jugadores que odiaron al club antes de vestir de blanco. Petrovic o Rudy, sin ir más lejos. Entenderéis que no haga ascos a un jugador top Euroliga por haber coqueteado con el Barca.
Ahora bien, tenemos ojos, y desde la afición, el vestuario y el propio club se ha asistido atónitos a los giros copernicanos de opinión del jugador durante las negociaciones. Veo a no pocos madridistas todavía cortocircuitados, en estado de negación al descubrir que su jugador favorito de la plantilla no era un ser de luz y un merengue irredento sino un profesional con sus dudas y bandazos, que negocia a varias bandas y se deja querer desde distintos frentes… Uno de ellos el Barcelona, con quien acordó en pleno fragor de la competición una oferta concreta, que se hubiera presentado a la ACB en caso de que el Madrid le hubiera incluido en derecho de tanteo. Un documento que el propio agente de Mario, seguramente a iniciativa propia y por despecho, se encargó de filtrar el viernes a los cuatro vientos.
¿Existe ese documento? Con estos ojos he visto un extracto, que me ha llegado de una fuente fiable. Así que sí, existió, salvo que alguien se tomase las molestias de falsificarlo, firmas incluidas. Algunas fuentes apuntan a una fecha de caducidad en el precontrato con el FCB, ese extremo lo desconozco.
El giro de guión: las declaraciones
Hezonja parece que no dejó de negociar con el Madrid mientras negociaba con el Barca, algo totalmente lícito y verosímil, aunque nos cueste procesarlo por prejuicios futboleros.
Visto desde fuera, se intuye también una ruptura de la unidad de acción entre el jugador y su representante, un abogado griego outsider. Como si llegado cierto punto Mario se hubiera independizado del agente para negociar personalmente con “los corbatas”. Y cuando eso pasa y se reduce el número de intermediarios, los acuerdos se suelen alcanzar mucho más rápido, como parece que ha sido finalmente el caso. A falta de conocer las cifras del contrato, asumo que estarán más cerca de la última oferta del club que de la posición de máximos del jugador. ¿Por qué? Mario y su agente habían jugado a muchas bandas en los últimos meses pero se acabaron quedando prácticamente sin cartas, una vez el Barcelona se retractó de su oferta y el PAO retiró la suya tras ganar la Euroliga. La NBA sonaba a farol y la alternativa más creíble era Partizán, un destino de calibre muy inferior.
Prometí comprarme la camiseta de Hezonja si renovaba y mantengo mi palabra, solo que por recomendación de mi cardiólogo entenderéis que lo posponga hasta el anuncio oficial.
Parto de la base de que es un verano particularmente complejo en los despachos del Madrid de baloncesto porque el continuismo, la seña de identidad de la actual gerencia, esta vez no es una opción. Y no lo es porque se despiden tres vacas sagradas (Rudy, Chacho, Causeur), y porque no hay masa salarial suficiente para retener a los tres pesos pesados que acaban contrato, Hezonja, Tavares y Poirier. Hemos derramado ríos de tinta sobre este tema: había que elegir y ahora sabemos que el club ha dado prioridad total a Tavares (ya renovado) y aún puja por mantener a Mario. Para Poirier, sencillamente no alcanzaba. Por muy bien que haya rendido esta temporada (no tanto las anteriores), no tiene sentido destinar según qué dinero a un reserva, uno que además no puede ocupar otros puestos ni compartir pista con el titular.
El sustituto parece decidido, será Serge Ibaka, que ha cuajado una notable campaña en su regreso a Europa, dejando atrás los problemas físicos de sus últimos dos cursos en EEUU. Ha firmado medias Euroliga de 12 puntos y 16 de valoración, que además conviene poner en el contexto de un equipo rácano en lo ofensivo como el Bayern de Laso. De entrada os digo que tengo poco que reprochar al movimiento, una alternativa sensata: cupo nacional, veterano que conoce la casa e, importante, que firma por un solo curso, así que te beneficias de descuento fiscal y no te casas a medio plazo.
La incógnita del físico
Habiéndole visto unos cuantos partidos con Bayern, tengo en principio pocas dudas de su rendimiento deportivo para un rol de reserva, si acaso alguna sobre su físico, que no se pierda demasiados partidos por problemas musculares varios. Este curso han sido seis. Los hay que reprochan en Twitter que llegue 7-8 años tarde. Anda, claro, es que hace 7-8 años Ibaka estaba en su prime, era burguesía NBA, luchaba por el anillo (ganó uno) y se levantaba 15-20 millones de dólares anuales.
¿Es un downgrade? Bueno, es que comparar a cualquier pívot reserva que pueda fichar el RM con el Poirier de este curso es fustigarnos innecesariamente. La continuidad de Vince no era una opción así que la comparación no la haría con el francés sino entre las alternativas reales de recambio. Digamos Garuba, Nebo, Ibaka, Costello, Happ, etc. No meto a Osetkowski en la lista, pese a que sonó en mentideros, porque el sustituto tiene que ser de precio más o menos contenido (rango reserva) y nadie por quien haya que soltar un kilazo de cláusula, como era el caso, entra dentro de esa categoría.
Disponer de Poirier como pívot reserva ha sido un fallo en Matrix del que hemos disfrutado en Madrid tres años pero que, una vez finaliza contrato y sale a mercado, se impone la lógica y se marcha a otro club a cobrar lo que vale y ser titular. Si hacemos memoria, a Vince se le pudo fichar por una serendipia. Porque se quedó cortado de la NBA a mitad de curso, cuando los equipos Euroliga ya no tienen margen salarial, y justo el Madrid acababa de ingresar dinero fresco por la espantada de Tortuga Deck a Oklahoma.
Veo tres principales ventajas al fichaje de Ibaka:
1.- Te desahoga la aritmética de cupos en ACB, puesto que sería el quinto JFL de la plantilla (Edy, Llull, Abalde y Ndiaye), a falta de conocer el destino de Hezonja y Hugo.
2.- Siempre fue un buen intimidador y, a tenor de sus números, sigue siéndolo: tercer máximo taponador de la Euroliga este curso. Un atributo valioso en el Madrid de Chus Mateo, donde los sistemas exigen mucho defensivamente al pívot en las ayudas. Si miramos el ataque, Ibaka representa un perfil complementario al de Tavares, produce sensiblemente menos que Poirier en 2×2 pero a cambio tiene más rango de tiro, 48% en triples este curso en Euroliga (24 de 50). Es decir, que en un momento dado dispones de un argumento para intentar sacar de la cueva a un Lessort o Fall.
3.- Al no comprometer una millonada ni muchos años, dejas la puerta entreabierta por si a lo largo de la temporada o el próximo verano se pusiese a tiro Garuba, que seguramente era el plan A para este puesto. Suponemos que la Pantera pretende apurar sus opciones NBA y el club no quiere esperar hasta final de verano o incluso otoño para definir el puesto. Los tres puntos son importantes, pero este me parece el estratégico: Ibaka era la opción de corto plazo para no pillarse los dedos.
No lo digo como consuelo sino por un poco de justicia, antes de que saquéis la bola de demolición: el Madrid ha hecho una magnífica temporada Euroliga 23/24, ha sido el mejor equipo de la competición en el global del curso, diría que con cierta diferencia, con picos de un baloncesto magnífico. Pero los títulos se ganan en las finales y en esta, sin paños calientes, fue mejor Panathinaikos. Solo hubo un equipo en pista en la segunda mitad.
No hay garantías en este formato a partido único de la F4, es una moneda al aire, por eso el objetivo exigible es llegar. Un formato que unos años te quita lo que otros te da, como el pasado, que el Madrid batió sobre la bocina al que había sido mejor equipo de la temporada, Olympiakos.
Sé que el instinto habitual de la parroquia blanca en la derrota es despedir a media plantilla (y cuerpo técnico) y desdeñar el valor del camino andado. No me encontraréis en ese barco. Claro que me pica la final perdida, claro que tengo ojos y he visto el apagón ofensivo en la segunda mitad. Pero también tuve ojos en los 38 partidos previos, y he disfrutado demasiado con este equipo durante ocho meses como para despreciarlo todo en el calentón tras la derrota.
Causas de El Apagón
La principal diría que la más evidente, el puro desacierto ofensivo de los jugadores, negados en lanzamientos de porcentaje medio-alto. Tomemos por ejemplo a Hezonja, que acreditó un 45% en triples durante el curso y firma 1 de 7 en la final. «La derrota ha sido culpa mía, he perdido un título muy importante para mi equipo», ha dicho tras la final. No creo que sea para tanto, pero sí que se le ha echado de menos.
Además de acierto faltó también algo de la templanza y la sangre fría que requiere una final de Euroliga. Poirier y Tavares se cargaron con varias faltas evitables, mientras que Facu no logró abstraerse del listón arbitral. Le sacó de quicio el nivel de contacto con las manos que se permitió en defensa a J. Grant y Kalatzakis. Los árbitros digamos que no perjudicaron a PAO, aunque sería exagerado señalarles como clave del encuentro.
Y como tercera causa apuntaría la ausencia de alternativas desde el banquillo, ni tácticas (del entrenador) ni técnicas (jugadores). La única variante que propuso Chus Mateo fue una zona defensiva que no cuajó. A posteriori siempre es más fácil opinar, pero quizá pudo probar con algún minuto de Ndiaye o Causeur en la 2ª parte… Los actores de banquillo no sumaron apenas esta vez: Panathinaikos secó la conexión Chacho-Poirier, Rudy ya no está para estas lides y Yabusele logró que echásemos de menos a Deck.
Oportunidad perdida
Si me pica particularmente la derrota es por la sensación de oportunidad perdida, de que pueden pasar varios años hasta que el Madrid arme de nuevo un equipo tan redondo y de tantos quilates, con una plantilla que se conozca tan bien, aquello de «jugar de memoria». En verano saldrán varios veteranos ilustres (Rudy, Causeur, ¿Chacho?) y también algún peso pesado que acaba contrato (Poirier, ¿Mario?), que no hay pasta para renovarlos a todos. Confío en la dirección deportiva para sustituir el talento saliente, el Madrid seguirá en la élite en todo caso, pero el dominio y superioridad vistos durante amplios tramos de este curso serán difíciles de repetir.
En fin, que ánimo parroquia, sé que es noche dura pero queda la ACB, y un triplete nacional sería un broche digno al curso.
Ya lo siento, pero estamos de regreso al monotema, a la estrategia de renovaciones del Madrid de cara al próximo curso. Hoy para hablar del precio justo, y para eso partiremos de una idea: que los jugadores no son fotografías estáticas, y tampoco debería serlo su valor.
Primero evolucionan, es decir, mejoran cuando son jóvenes. El físico, el tiro, el conocimiento del juego, etc. Después de la formación llega el prime, o madurez, que dura varios años, los de mayor rendimiento, para finalmente entrar en declive, pronunciado o tendido, antes o después, según el caso.
No siempre es fácil distinguir estas fases porque no hay letreros luminosos en la carretera del general manager, ni una norma que aplique a todos los casos. En términos generales diríamos que ningún jugador alcanza su prime antes de los 25 años ni el declive antes de los 30, pero es un baremo demasiado amplio para guiar decisiones directivas. Anticiparse y reconocer las etapas resulta clave para acertar y pagar el precio justo, y así optimizar la masa salarial.
Lo que sí podemos establecer es que el valor máximo de un jugador, aplicando esa lógica, debería ser al comienzo de su prime, en su pico de desarrollo físico y técnico pero lejos todavía del declive.
Esto nos lleva a la pregunta que os planteo hoy, que consideraría literalmente blasfemia hace solo un año pero que creo pertinente. ¿Hemos visto ya el mejor baloncesto de Tavares? Tiene 32 años y está negociando el que seguramente sea el último gran contrato de su carrera, para el que lógicamente trata de capitalizar su nivel(azo) del último lustro, como mejor jugador del Madrid y diría que segundo mejor de toda la Euroliga, solo por detrás de Micic.
Para su desgracia los fichajes y renovaciones funcionan un poco como la Bolsa, aunque incluso a los propios directivos les cueste a veces asumirlo. Ahí tenemos como ejemplo la renovación por dos temporadas garantizadas a Causeur, con 35 palos y porque cuajó una buena final ACB… La cotización de mercado de las empresas, su acción, tiene poco que ver con su volumen de ventas pasado o presente y mucho más que ver con la expectativa de rendimiento a futuro. ¿Y cuál es la de Tavares?
Aquel que espere una opinión categórica de este artículo saldrá decepcionado, yo mismo no tengo claro si el caboverdiano atraviesa simplemente un largo valle de juego o estamos ante el comienzo de su declive. Pero sí creo que merece la pena que la sección se plantee la pregunta sin líneas rojas, porque la respuesta tiene ramificaciones en decisiones tectónicas.
Más pérdidas que tapones
Llevamos siete meses de temporada, una muestra suficiente, y aún no hemos visto a Tavares al nivel de campañas previas, al contrario, está lento y errático. Promedia en Euroliga más pérdidas (1.8) que tapones (1.4). La velocidad de reacción es clave en las ayudas defensivas, el factor diferencial de su juego, y una décima de segundo tarde convierte un matamoscas en un mero abanico. Tampoco ayuda la comparación con su compañero de puesto, Poirier, en su temporada más redonda
Además, Tavares no ha sufrido lesiones particularmente graves que expliquen el bajón, más allá de las tres semanas que se perdió a comienzo de 2024 por un problema de tobillo. Sabemos que es diésel y le lleva más tiempo coger la forma, pero es que estamos ya en abril, señores. De mi experiencia siguiendo baloncesto, los jugadores muy muy altos tienen mayor propensión a problemas físicos y por ende a carreras cortas, si bien nunca habíamos visto en Europa hasta la fecha una torre tan proporcionada y musculada como Edy, con esa ética de trabajo espartana.
Tavares a este nivel sigue siendo un jugador valioso en cualquier rotación, aristocracia europea… la cuestión es que no domina, no marca diferencias. Al menos no en lo que va de curso, salvo a cuentagotas. Y claro, cuando aspiras a un contrato de medio-largo plazo con una subida de sueldo como del 50%, es normal que tu empleador se lo piense dos y tres veces. La masa salarial no es infinita y cada euro de más que se firme a Edy (si se firma) será de menos para otros fichajes o renovaciones en la plantilla.
Romper el cerdito
La estrategia inicial del Madrid era dar prioridad absoluta a la continuidad de Tavares, jugador franquicia junto a Campazzo. Su renovación sería la operación que condicionaría el resto, la única que merece la pena un esfuerzo extra, rompiendo las escalas salariales. Una estrategia lógica al inicio de las negociaciones, hace casi un año, con Edy dominador. Pero, ¿y ahora? Según las informaciones que llegan a cuentagotas de fuentes más o menos fiables, el jugador aspira un salario top3 en Euroliga, que supondría el mayor contrato en la historia de la sección. En el barrio de los 2.5-3M netos anuales, cifras a las que todavía no ha llegado el Madrid, aunque ya habría roto con su última oferta el límite de 1.8M netos (los que cobra Facu). Me parece razonable dudar.
El retraso y sobreprecio de la renovación por ahora no consumada de Tavares supone necesariamente un hándicap para la renovación de las otras dos piezas clave que acaban contrato, Poirier y Hezonja, ambos más jóvenes, el segundo diría que al comienzo de su prime. El club desconoce de cuánto dinero dispone exactamente para esas operaciones hasta saber si cuenta o no con Edy, y a qué precio. Surgen así preguntas pertinentes como: ¿hasta dónde pujar por Tavares? ¿por quién merece la pena romper el cerdito?
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