Chacho – Poirier, un match de manual

Con la tercera victoria consecutiva en Euroliga, la más cómoda de todas, el Real Madrid 22/23 sube al cuarto puesto y parece estar entrando por fin en velocidad crucero, dejando atrás la sensación de urgencia que arrastraba en el comienzo de curso. La sensación de tener que reivindicarse a cada partido, sobre todo el entrenador, culpable del delito de no ser Laso.

Una sensación, dicho sea de paso, un poco artificial, propia de una masa social alérgica a la derrota, inevitable en una temporada a 80 partidos. Además, hay sectores, incluidos importantes medios de comunicación, que ya nos conocemos todos, deseando que le vaya mal a Chus Mateo para que por efecto contagio caiga quizá también JCS, artífice del muy discutible despido de Laso. No me encontraréis en esas guerras de guerrillas: si el balón está en juego, el Madrid por encima de todo.

Aparquemos la política y volvamos al parqué de Goya. La mejoría del grupo tiene bastante que ver con el repunte defensivo del backcourt gracias al regreso de Hanga y Abalde, si bien el húngaro cayó lesionado ayer tras ser titular. Quedamos pendientes de su pronóstico, aunque su posible ausencia la compensa en parte la vuelta de Williams-Goss, también de un perfil defensivo y que aparentemente regresa a nivel físico esperanzador, para haber estado medio año de baja. Nueve de valoración anoche en solo siete minutos.

También pesa en la mejoría del equipo la recuperación para la causa de un activo clave, Poirier, puntal de la segunda unidad y que había firmado un inicio de temporada indigno. Ya enseñó los dientes contra Efes la semana pasada pero anoche fue sencillamente el mejor, recordando al del curso pasado. Encendió su ventilador de estadística (28 de valoración) y formó con Chacho una alianza devastadora, con minutos de muchísimos quilates, bordando el pick and roll. El francés tiene una combinación de velocidad, altura, manejo de ambas manos, timing de salto, coordinación y agresividad cuando ataca el aro que le convierten en quizá el mejor center de la Euroliga en situaciones de bloqueo y continuación. Bien alimentado es un filón, y pocos interpretan el 2×2 como Sergio Rodríguez, que ayer se puso el traje de luces. Ambos maximizan las virtudes del otro, un match de manual si esto fuese Tinder.

Tampoco pretendo que nos chupemos las pollas, al menos no todavía, que el partido fue propicio, pero no por ello vamos a dejar de disfrutarlo. El canario, tan irregular y discreto en el arranque de temporada, se soltó anoche el pelo e hizo disfrutar a la tribuna. Dejó momentos brillantes que recordaron a sus mejores años en Goya, cuando salía del banquillo y dinamitaba los partidos en el segundo cuarto, «con la vaquilla a medio torear«, que decía Turpin. Cuando se pone así, casi cada ataque es canasta o asistencia, puro entretenimiento. Asumimos que Chus tomó nota de ese dueto con Vincent y los hará coincidir en pista el mayor tiempo posible.

Tan de guante blanco fue el partido que coach M pudo reducir el tiempo en pista de los más sobrecargados, Tavares, Musa y Deck, que se quedaron en 15, 15 y 17 minutos, respectivamente. También pudo hacer debutar a Eli Ndiaye en Euroliga, que de hecho se fue hasta 22 minutos de juego, muy dignos, cumpliendo con nota en labores defensivas.

Ponga un Hanga en su vida

Milán y Efes, contender y vigente campeón, dos victorias Euroliga consecutivas, merecidas y de quilates del Madrid que deben temperar los ánimos tanto en la planta noble como en la parroquia. Espacio para cimentar, que estos mimbres merecen un voto de confianza, entrenador incluido. Chus Mateo tendrá sus áreas de mejora, pero no es ningún becario que pasaba por allí, como le caricaturiza el sector cagaprisas.

El equipo sigue teniendo pronunciados picos de sierra, cierto, y cuesta sacar conclusiones categóricas o calibrar su nivel exacto, a la derrota en Zaragoza me remito. Pero, en estos meses de transición hasta la Copa, la vara de medir al Madrid debe ser la Euroliga, donde se faja contra rivales de su »categoría’ y la fase regular tiene más valor, y en esa parece haber enderezado el rumbo. Además, no caigamos en esa costumbre tan española de mitificar al difunto, en este caso Laso, como si el Madrid en sus años al frente no se concediese 3-4 salidas ACB de turismo por temporada. Porque eso fue lo de Zaragoza, ni más ni menos.

Pero volvamos a la calle Goya, donde no hubo piedad para un Efes en hibernación este arranque de curso. No diría tanto como que Hanga fue protagonista, nadie lo fue, pero sí la mejor noticia, porque firmó su primer partido notable a la vuelta de la lesión, y vaya si el equipo lo notó. Su final ACB no fue ningún espejismo: es una opción heterodoxa pero interesante para el puesto de base, quizá la más interesante dadas las alternativas.

Su mera presencia en pista equilibra muchísimo la rotación, que este año cuenta con un gran generador de juego en estático desde bote como Musa. Hanga es un perfil perfecto a su lado, el de un base disciplinado, con experiencia y de corte defensivo, que en el fondo solo es una de las opciones de su repertorio cual navaja suiza. El húngaro suma de muchas maneras, en ocasiones sin hacer ruido en el boxscore, pero contra Efes fue además el más valorado (19) y el máximo asistente (6), sin olvidar su aportación clave al comienzo del último cuarto para abortar el conato de insurrección visitante. Su regreso, y por qué no decirlo, también el de Abalde, han reducido el socavón defensivo en el backcourt, que nos centramos en las carencias atrás de Chacho y Llull, pero ojito las de Musa…

En los próximos días se espera la reaparición de Williams-Goss, que ya entrena situaciones de 5×5 con el resto del equipo, con lo que el puesto de base estaría casi completo. No echo muchas cuentas con Alocén, que podría (y seguramente debería) salir cedido cuando regrese de su lesión, aunque suya es la última palabra. Con NWG habrá que tener un poco de paciencia hasta que coja ritmo de competición, que al final ha sido medio año de baja, por cierto, cuyo motivo exacto nunca supimos, que el club no emitió comunicado. Una vez alcance tono físico y ritmo de competición homologables el Madrid juntará su cuarteto de potenciales bases, es decir, veríamos el puesto tal y como lo concibió en verano la gerencia. Ya podríamos juzgar con el dibujo completo. Sin un director estelar ni un titular claros, ni cerca, que esos en el mercado Euroliga no valen lo que cuestan, pero con cuatro jugadores de perfiles complementarios. Muchos preferirían otra configuración de puesto, más ortodoxa, abarcar menos y apretar más, pero a falta de pan esperemos que buenas sean tortas.

El equipo blanco contra Efes sí jugó como tal, como equipo: solo en el primer cuarto ya repartió más asistencias (9) que en todo el partido el domingo (8), como recuerda Luis Hidalgo. Además, el serial ‘Rescatar al soldado Vince’ estrenó capítulo para el optimismo. Porier hizo más valoración (17) que en las seis primeras jornadas de Euroliga juntas (16), el margen de mejora por su flanco era abismal. Se pareció por fin al del curso pasado, sumando fácil en situaciones de continuación y reduciendo la dependencia de Tavares, limitado esta vez por personales. «Deck se fue a una minutada» (32), no importa cuando leáis esto. A lo que en este caso contribuyó la lesión de Yabusele (muscular, no parece grave), que liberó muchos minutos en la posición de cuatro y Cornelie no tenía el día.

Chacho, sólido en Milán, fue el sacrificado contra Efes (solo 5 mins), y Llull hizo lo suyo, lanzar algún tiro de más que compensó con una dirección solvente: 5 asistencias por 0 pérdidas. En vista del resultado se conoce que al equipo le salió a cuenta, que a mí es lo único que me importa. Lo remarco porque la conversación sobre el balear hace tiempo que me da pereza, con exceso de decibelios y una polarización guerracivilista, sin espacio para grises. Y creo que el roster blanco tiene otros frentes de interés, especialmente a medida que regresan los lesionados.

Los Brate dan un balón de oxígeno a Chus Mateo

Como el comer, así necesitaba el Real Madrid y especialmente Chus Mateo una victoria de prestigio, y asaltar Milán lo es, sin paliativos. Lógicamente un solo triunfo no despeja por sí solo todas las dudas razonables por el juego y los resultados de las semanas previas, pero sirve para dar confianza, comprar tiempo y reducir el murmullo en parroquia y palco. Un balón de oxígeno, margen para construir.

El Madrid aguantó muy dignamente el chaparrón de triples italiano de la primera mitad (12 de 16), que lógicamente cesó en la reanudación. Y cesó, no solo porque el acierto era insostenible, sino gracias en buena medida a la defensa blanca, que esta vez sí que hizo acto de presencia. Se nota en este segmento el regreso de Hanga, aún sin confianza en ataque pero cuya mera presencia sube varios puntos el tono de la defensa del backcourt. El Madrid dominó el rebote con autoridad (+16), enormes Tavares y Deck, y dejó al Milán en un 37% tiros de dos, lejísimos del insostenible 67% de la Virtus hacía solo una semana.

Consciente de lo que se jugaba, Chus fue a lo práctico, aparcó el metrónomo de su antecesor y redujo la rotación de facto a solo 7-8 jugadores, aquellos de los que más se fía y/o en mejor momento se encuentran, con minutadas para Musa, Deck y Tavares.

De todas formas, es de justicia reconocer que incluso algunos que apenas jugaron tuvieron una aportación digna. Por ejemplo Poirier, uno de los señalados de la última derrota, no tiró siquiera a canasta y solo sumó un rebote, pero no importa porque el tiempo que pasó en pista cerró su aro como hacía tiempo que no le veíamos, secando a Brandon Davies. Me importa más ese cambio de actitud atrás en plaza grande que su maquillaje del domingo contra el Fuenla.

Los mismos siete minutos que Poirier jugó Alberto Abalde, que no solo no desentonó, como en los últimos compromisos, sino que aportó minutos de calidad en el segundo cuarto. Le lastraron las faltas. Y no quiero dejarme a Chacho, que firmó un partido serio contra sus ex, dando lo que se puede esperar de él a estas alturas de su carrera, 15 minutos de puntos (9) y asistencias (4).

Pero los líderes, los que de verdad brillaron, fueron los Brate (‘hermanos’), apodo que se ha puesto la sociedad Musa y Hezonja, que parece haber hecho buenas migas en Madrid. Entre los dos sumaron 40 puntazos, la mitad de la anotación blanca, un derroche de talento, que para eso han venido: 7/8 de dos y 8/12 triples entre ambos. Como aficionado, resulta un motivo de ilusión ver a dos jóvenes recién llegados y de tanto talento en el roster.

La actuación de ayer en el Mediolanum sirve de tarjeta de presentación de Musa en la Euroliga (25 puntos, 31 valoración), donde venía cumpliendo pero todavía no había roto con un partido redondo, replicando esos picos de rendimiento que sí le hemos visto en ACB. A Hezonja le está costando un poco más la adaptación, no tiene el carácter tan echado p’alante del bosnio y encima coincide en puesto con un peso pesado como Deck. No tengo claro que Chus haya dado todavía con la tecla para exprimirle, sigue explorando, o eso parece a tenor del rol tan distinto del croata entre un partido y el siguiente. Pero al final el talento encuentra su camino y se abre paso, y Hezonja es un gran talento, que además parece haber llegado a Madrid con la actitud correcta, en la madurez de su carrera. A su compromiso y solvencia en defensa me remito, de los que algunos dudaron antes de su llegada.

El Madrid de Chus empieza a hacer aguas

El Madrid ha gripado motor. Las buenas vibraciones del arranque de curso, título Supercopa incluido, estaban dando paso a señales preocupantes, no tanto por las derrotas en sí, todas ajustadas de marcador y en duelos susceptibles de pinchar, sino por el juego. Y la derrota contra la Virtus viene a confirmar los malos augurios, dejando al descubierto muchas de las carencias actuales del equipo. El debate ya no es el diseño de la última posesión sino los 39 minutos previos.

Entre los síntomas evidentes contamos la falta de soluciones colectivas en ataque, las dudas en el reparto de jerarquías y, sobre todo, la fragilidad en defensa. Las bajas de Rudy, Goss y Hanga pesan en la retaguardia exterior, pero sería inocente achacar el boquete defensivo únicamente a la enfermería.

Desde luego, el denominador común de las derrotas son los guarismos insostenibles de puntos encajados: 89 contra Olympiakos, 87 contra Baskonia y 95 contra la Virtus, la más fuera de guión, por ser en Goya y porque los italianos, pese a contar con algún apellido ilustre, estaban firmando un pésimo arranque de curso. Tanto como que promediaban solo 64 puntos anotados por partido en las cuatro primeras jornadas. El Madrid, repito, les permitió 95.

Se llegó a perder hasta por 15 puntos en el último cuarto, así que los tres de diferencia finales son engañosos, fruto básicamente del coraje y la dignidad de Tortuga Deck (28 puntos), el más enchufado de la plantilla en este tramo de curso. Pero el Madrid, sin paños calientes, cuajó una segunda mitad terrible, la diferencia de intensidad fue un poema, incluida alguna actitud sospechosa. Chus Mateo así lo hizo saber: «Me marcho con la decepción de que alguno todavía no entiende que tenemos que trabajar en defensa, estar juntos y evitar agujeros por donde entre el agua». Que vaya Rudy calentando las ascuas, que pronto puede hacer falta otra barbacoa…

Poirier bien podría ser uno en la mente del entrenador con esas palabras: su paso por pista fue efímero (castigo) pero le alcanzó para hacer allstar a Ismail Bako y restar claramente al equipo, -12 en sus 8 minutos. Llueve sobre mojado, que promedia valoración 2.6 en Euroliga, cinco veces menos que el curso pasado. Y no es un flanco menor, que por salario y estatus está llamado a marcar diferencias desde el banquillo. Su bajísimo rendimiento es un lastre tanto directo como indirecto, que obliga a minutadas de Tavares, que acaba los partidos reventado, llegando tarde a las ayudas defensivas.

El puesto de base, el gran señalado por la parroquia desde incluso antes del inicio de curso, enseñó contra la Virtus toditas sus carencias, irregular en ataque y un lastre en defensa, valoración -7 entre Llull y Chacho. El regreso de Hanga representa una esperanza para compensar algunas carencias, pero ni podemos esperar milagros ni el húngaro está todavía a un mínimo nivel físico ni competitivo. Al contrario, da la sensación de haber adelantado un poco su vuelta por la baja de Causeur.

Pero el más preocupado a estas alturas debe ser Chus Mateo, al que le toca acortar los plazos de su mili si quiere comerse el turrón. El baño de Scariolo en la segunda mitad fue dramático, como ver al maestro contra el meritorio, solo que el transatlántico lo pilotaba el segundo.

No se me entienda mal: tengo cero dudas de la preparación y capacidad táctica de Mateo, en todo caso alguna de su autoridad y mando en plaza para el tránsito de ayudante a primer entrenador de todo un Madrid. Pero los técnicos también evolucionan, igual que los jugadores, lo sabemos porque lo vimos en Laso, que llegó a Goya tartamudeando en los tiempos muertos y se marchó como una leyenda diez años después.

Mi duda es: ¿cuánta paciencia tendrán con Chus en la planta noble? Su dilatada trayectoria como ayudante bien vale una oportunidad genuina, es decir, más tiempo. Además, las alternativas a simple vista en mercado a estas alturas tampoco suenan muy apetecibles: ¿Djordjevic? ¿Joan Plaza?. Sucede que el director general (Juan Carlos Sánchez) se juega este curso más que nunca, tras una fuerte inversión en fichajes y haber quemado gran parte de su capital político para que Florentino le diese finalmente luz verde y despedir a su histórico contrapeso de poder en la sección, Pablo Laso.

Una cuestión de oficio: Olympiakos tumba al Madrid en Goya

Dos derrotas consecutivas en Euroliga suelen traer en Madrid la alerta naranja y exigencia de fichajes/despidos. Hoy vengo a echar un hielito, a sujetar los impulsos catastrofistas y a recordar que el contexto importa: han sido pinchazos por la mínima (FCB y OLY) contra rivales de máximo nivel, semifinalistas ambos de la pasada edición. Estos partidos son una moneda al aire y esta vez salió cruz, igual que la final de Supercopa fue cara. Si nos creemos que la temporada va a ser un camino de rosas, incluso contra rivales directos, vamos apañados. Y no hay fichaje posible que te evite sofocos, con el que te den la Euroliga en octubre. El título se decidirá en mayo, en partidos apretados y a cara de perro contra equipos como estos dos, y tanto la plantilla como el cuerpo técnico tienen que aprender de los detalles y optimizar la gestión de finales ajustados.

Hago hincapié en la recta final porque a los puntos fue mejor el Madrid, que mandó en el marcador buena parte del encuentro, por rentas exiguas, todo sea dicho. El juego esta vez sí fue fluido, se fabricaron tiros liberados, nada que ver con el desastre del Palau: 87 puntos anotados y 26 asistencias por 11 pérdidas. El puesto más cuestionado, el de base, resultó el más productivo del equipo: Chacho jugó un señor primer tiempo, acabó con 8 asistencias, y Llull fue de lejos el mejor del último cuarto con 14 puntos (¡!). Y aún así, paradójicamente, es el partido de la temporada en el que más eché de menos un base de corte defensivo como Hanga o Goss, aún en la enfermería, que hubiese permitido una alineación más equilibrada en esa recta final, con Llull de dos.

Me explico. Ni el menorquín ni Chacho están para defender a Sloukas, su par teórico, así que Chus tuvo que recalibrar en el último cuarto los emparejamientos y poner a Causeur con el base griego. Fabien, defensor suficiente pero lejos de ser un especialista, se fue a 23 minutazos en un día aciago: 1/8 tiros y -3 de valoración. Telita por cierto su comienzo de temporada: 14/50 tiros de campo en los nueve partidos oficiales, un 28%, que se dice pronto. Por menos se crucifica a Llull… Ese ajuste defensivo limitó el tiempo en pista de Musa, el más clarividente (17pts en 15mins), y no consiguió el objetivo de contener a Sloukas, decisivo en la recta final y autor de la canasta ganadora.

La mili de Chus Mateo

Al margen de estos detalles, al equipo en general le faltó oficio, lógico hasta cierto punto con los cambios de este verano y bajas como la de Rudy, y cantó especialmente al tener enfrente un animal competitivo como Olympiakos. Hezonja, por ejemplo, no solo estuvo desacertado, que falló varios triples liberado. Eso no me preocupa, otros días han entrado y entrarán, pero tuvo la cabeza fuera del partido, ofuscado con el criterio arbitral. Algo parecido les pasó a Tavares y Poirier, que patinaron sobremanera en el último cuarto, con cantidad de errores en la lectura de juego y la toma de decisiones. Tiros mal seleccionados, faltas innecesarias… Un lastre importante al ser el puesto llamado a dominar.

Y también pinchó un poco Chus Mateo, de nuevo, que con este calendario inicial tan exigente está haciendo una mili apresurada. Conocemos sus espectaculares credenciales como segundo, pero la gestión de los últimos cuartos como entrenador jefe requiere, más que de estrategia, de carácter y capacidad de improvisación, y ahí tiene todavía que doctorarse. Su pizarra en ataques finales por ahora es entre plana y discreta: no es que los dos segundos que quedaban ayer diesen para mucho, pero sí quizá para algo mejor que Tavares recibiendo de espaldas a 5 metros del aro.

También eché en falta su voz en la banda para presionar al trío arbitral ante el reguero de tiros libres griego en el último cuarto (12). Te lo tienes que creer. Eres el entrenador del Madrid y juegas en casa, si no te está gustando el arbitraje debes que hacerte oir. Porque lamentablemente en la Euroliga todavía prevalece la lógica de que «quien no llora no mama», por eso vemos a casi todos los entrenadores presionar a los árbitros y gritarles, jugando conscientemente al límite de la técnica. Los Itudis, Jasikevicius, Messina o Ataman regalan pocas sonrisas al trío naranja…

En fin, que hay cosas que ajustar, pero sin drama.

La vida sigue igual: Llull-sistema en los finales de partido

Algunas cosas han cambiado con Chus Mateo respecto a Laso, no muchas, pero los muy cafeteros seguro perciben detallitos. Lo que que no ha cambiado ni un poco por ahora, que menuda cruz cargamos, es el rol de Llull, su protagonismo sobredimensionado en los finales de partido. Sigue jugando como la estrella que hace tiempo dejó de ser y recibiendo un volumen de juego que no merece. Y vaya por delante que su arranque de curso me parece interesante, homologable, diría que bastante meritorio saliendo de una lesión. Mucho mejor que el de Chacho, cuyo estado físico roza la inconstitucionalidad

No es una cuestión personal contra Llull, el problema ni siquiera es suyo en sí mismo, ni que fallase el triple final en el Palau, el problema es que con todo el talento ofensivo que se ha fichado este verano, sumado al que ya había, tras una velada negado con el aro, sigamos a alturas de 2022 con su triple stepback tras bote a derechas como opción de referencia para últimas jugadas. Una situación de porcentaje por definición bastante bajo, entendible si llegan los 2-3 últimos segundos de posesión, no han salido el resto de opciones pintadas por el entrenador y el balón está en manos del manejador, pero una elección cuestionable como única opción.

Mira que quedaban 16 segundazos de partido y Chus dispuso de tiempo muerto para pintar una buena estrategia y buscar ventajas. Mira que Deck estaba en vena, con 13 puntos en los últimos 4 minutos de partido (¡!), que Musa es un puñal y Hezonja había dejado destellos de calidad… Bla, bla, bla. A lo clásico, balón a Llull, 13 segundos botando y triple sin ventaja, con la mano del pívot en la cara. Desconozco si se trata de una elección táctica consciente del entrenador o si tiene que ver con la ascendencia del jugador en el vestuario. Sea como fuere, es un problema, un hándicap que condiciona los finales apretados de partido desde hace varios años.

Problema de jerarquías

Y hoy hago hincapié en los finales porque ha cantado especialmente, pero el problema de asiganción de jerarquías no se circunscribe solo al último ataque. Sirva otro dato para ilustrarlo: entre Musa y Hezonja lanzaron menos a canasta (5/9) que Llull solito (2/10). Parece un deja vu…

Cambiando ya de tema, el Madrid mereció perder el encuentro de calle, siempre a remolque en el marcador, blando atrás y espeso en ataque. Se nota que los locales se jugaban más, que necesitaban una victoria moral en casa tras un arranque de curso discreto, y jugaron más intensos y concentrados en líneas generales. El resultado en sí me preocupa poco, el tipo de derrota con la que cuentas cuando miras el calendario. De hecho, que tras semejante despropósito de partido, 17 puntos abajo a 7 minutos por jugar, los blancos tuviesen posesión para ganar habla bien del carácter competitivo del equipo y bastante regular de la solidez y oficio de este Barca, pero que cada uno barra su parcela.

Jasikevicius, eso sí, encontró la tecla con Satoransky al poste y logró desactivar esta vez a Tavares que, todo sea dicho, sufrió un arbitraje caserete. Del vaso medio lleno podemos quedarnos con Deck, soldado universal, que se crece según sube la exigencia del duelo, y los destellazos de Cornelie, que eligió plaza grande para firmar su mejor encuentro de blanco hasta la fecha. Necesitaremos paciencia con él, que está verde en la élite, pero tiene madera para convertirse en un ala-pívot tirador reserva de quilates para la rotación.