La falacia del buenismo en el basket

Puede que a veces cortocircuite, que sea un hijo de puta, pero en todo caso es nuestro hijo de puta. Personalmente, no necesito que imparta lecciones de moral o que sea un ejemplo para mis niños. Con Garbajosa tuve suficiente. Aquello de los deportistas modelos es otra falacia del buenismo, como recordó Arbeloa la semana pasada. Por poner dos ejemplos rápidos, Garnett y Petrovic han sido dos hijos de puta en la pista y sus pósters han decorado millones de habitaciones de la chavalada. Si por el buenismo fuese, nunca hubiesen existido los Rolling Stones. Yo a Rudy le exijo por aquello por lo que le paga el Madrid, que es jugar al basket, y resulta que este curso lo está bordando, me remito al MVP de la Euroliga que probablemente reciba esta semana. No en vano es el jugador más valorado (17,2 de media) de los 48 que se han clasificado para la F4 de Milán. Eterna promesa y tal. A mí de sus exabruptos (que por cierto no son tantos ni tan graves como le atribuyen desde provincias los mismos que, por cierto, hacen la vista gorda al vergonzante flopping en filas propias) sólo me preocupan cuando le sacan del partido, como en la pachanga con público y arbitraje casero del sábado en el Palau. En realidad, dentro del propio Madrid, Rudy ni siquiera es el rey de los cortocircuitos sino Mejri, pero a él no vende tanto atizarle, «éste no nos traicionó».