
Al Madrid de Laso hay que quererle como es, con sus partidos de desconexión, con sus tiempos muertos un minuto tarde y en manos de un trío exterior de abueletes entrañables (Llull, Rudy y Carroll), que suman ya 100 años entre los tres y a la uferza las temporadas se les hacen largas. Pero al final, y aunque nos hagan sufrir un poco, ¿cómo no vamos a quererles, con estos arrebatos de orgullo y estrella que nos regalan a veces?
Pienso en la atronadora paliza a Fener de hace dos semanas en Goya o en el triunfo de hoy en OAKA, contra todo pronóstico, tras dos derrotas seguidas, ante un Panathinaikos en vena y después de un arranque de encuentro catastrófico (-18, min. 10). Una ‘machada’ culminada con una estratosférica mandarina de Rudy sobre la bocina, que va directita a la frutería, digo hemeroteca, de canastas ganadoras de la era Laso. Analizada en frío, desde un punto de vista táctico, la jugada es una calamidad, más teniendo en cuenta el tiempo muerto que tuvo Laso para prepararla y los 21 segundos de posesión previos de que disponía. Pero entró, pelillos a la mar, por algo somos la mandarina Mecánica.
A lomos del Gigante Verde
Bajando al detalle, media victoria es de Gigante Verde, que cuando su psicoanalista se lo curra y él está centrado es uno de los tres jugadores más determinantes de la competición. Tuvo que rebotear por él y por el dúo de ala-pívots, que en un partido con 92 rebotes sólo acertaron a trincar 3 en 40 minutos. Fue montados en las capturas de Tavares (¡16!) y en sus puntos en continuaciones como se contuvo la sonrojante hemorragia inicial. Porque de entrada tenía toda la pinta de otra salida de turismo, como la de Vitoria pero sin descartes (a los griegos no hay que hacerles favores), en tanto que el equipo está ‘condenado’ al tercer puesto y esperando rival.
Según el boxscore, Tavares no colocó ni un tapón, pero ya conocéis el efecto de su mera presencia: Gist el pobre estaba acongojadito, como Vesely hace dos semanas, merodeando por la zona sin huevos a mirar al aro (0/3 firmó). Y a esas entraron algunos triples y sin comerlo ni beberlo el Madrid volvió al partido. Un airball de Calathes por aquí y alguna mala decisión de DeShaun Thomas por allá, el marcador se estrechó hasta un final a cara o cruz, con el desenlace ya conocido. Otra muesca a la leyenda del Madrid de Laso, la primera de Rudy, que no servirá de mucho a nivel clasificación, pero levanta la moral de la tropa tras el jarro de agua fría de la derrota en el Wizink contra el Barca.
La plantilla del Madrid de cara al año que viene está medio hecha, el juego interior atado bajo contrato salvo Ayón, cuya renovación no debería ser problema. Esperemos, eso sí, que no la celebré esta vez con atracón de fajitas. Saldrá seguro Kuzmic, que termina contrato, y en su lugar apostaría por dar ficha de primer equipo a Garuba, o en su defecto repescar a Sebas. Felipe, ya sabemos, renovó para darse la gira de despedida que no tuvo Navarro. En las alas, Rudy, Deck y Carroll tienen contrato garantizado, lo mismo que Campazzo, Llull y Prepelic, mientras que Taylor es agente libre pero cuento con su renovación, dado su buen nivel este curso y la devoción que le tiene Laso.
Olvídense de que ha sido en el Palau, ante el Barca, el día del homenaje a Navarro. Olvídense de la la rivalidad intrínseca, del 0-3 en el Bernabéu el miércoles y la polémica por el replay. Estas líneas serían las mismas si la derrota hubiese sido en Oaka o Tel Aviv. Es la fase regular de la Euroliga, es una derrota más, van seis, y afortunadamente hay colchón clasificatorio como para asumirla sin dramatismo. Hay colchón porque el Madrid arrancó la temporada con paso firme, un paso que evidentemente ha perdido desde comienzo de año, a lo que han contribuido decisivamente las lesiones de Llull, Carroll y Thompkins. Bajas que han cortado el ritmo al equipo, a diferencia del Barca, que lleva meses sin conocer lesiones y está más fino en este momento del curso.
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