NBA – Teoría de la evolución

Decía la teoría de la evolución de Darwin: “Sobrevive el que mejor se adapta”.
Remontémonos a comienzos del siglo XXI en la NBA, los tiempos de la ley seca, los años en que las finales de conferencia Este se jugaban a 60/70 puntos por partido. Escogeremos para nuestro análisis una muestra formada por sujetos de una misma especie: el entrenador resultadista de corte defensivo.

Caso 1) El abanderado, Larry Brown.

Llegó a los Pistons procedente de Philadelphia, equipo al que llevó a las finales de 2001. A su cargo en Detroit tuvo una plantilla de quilates en plena madurez (los mejores años de Rasheed Wallace, Billups y Hamilton). La exprimió ganando el título en 2003 (todo sea dicho, merendándose a unos grandes Lakers) y perdiendo 4-3 en la final de 2004 ante los Spurs. Tal currículum le valió ser el favorito de crítica y prensa. Una enfermedad le hizo salir de Detroit (para supuestamente retirarse) y le alejó de los banquillos unos meses. Pero, una vez repuesto volvió a entrenar, y no a los Pistons. Con semejante currículum se permitió el lujo de mudarse a la Gran Manzana para unirse al proyecto “esta casa es una ruina” de Isiah Thomas en los Knicks, al precio del mejor sueldo de un entrenador en los anales del baloncesto (11 millones de dólares al año). La temporada siguiente…
– Con Larry Brown al frente, Nueva York igualó la segunda peor campaña regular en sus 61 años de historia, con sólo 23 victorias. Terminaron penúltimos de la liga.
– A los que abandonó. Phlip Saunders, procedente de Minnesota, se hizo cargo del banquillo de los Pistons. Un entrenador de “perfil bajo”, con un estilo “menos defensivo” que el de su predecesor. Los mismos jugadores ganaron 64 partidos en fase regular, la mejor marca de la historia de la franquicia.
Los números, a los que Brown tanto se aferra, no engañaban. Pero el detonante de su despido de Nueva York (eso sí, con 19 millones de dólares de propina de “primo Isiah”) fue haberse granjeado en un año la enemistad de todas las vacas sagradas del vestuario knickerboker. Desde entonces, no ha vuelto a dirigir un equipo en la NBA. Pasó la última temporada de retiro, pescando en su casa de los Hamptons. Volvera…

Caso 2) Jeff Van Gundy, el sesudo.

Los hay que dirán que al final el talento se abre camino de alguna manera, pero aquel año el entrenador de los Knicks supo adaptarse. A la lesión de Patrick Ewing respondió con minutos para Marcus Camby, un joven pívot prometedor llegado de Toronto al que había marginado durante la fase regular. Mientras, Spreewell, partiendo desde el banquillo, crecía en tiempo e importancia según avanzaba la postemporada. Fueron los estandartes de la revolución de Nueva York en la Conferencia Este en los playoffs 99-00, en que alcanzaron las finales partiendo desde el octavo puesto. Aquel era el único logro reseñable del historial de Van Gundy cuando la franquicia de Houston puso su ambicioso proyecto en manos del sesudo entrenador. Corría el año 2003. Llegó a los Rockets con la promesa de ganar, construyendo desde la defensa, pero ganar al fin y al cabo. Steve Francis, el más prometedor base de su generación, encorsetado por la táctica, acabó desquiciado y nunca volvió a ser el mismo. Le traspasaron (junto a Kelvin Cato y Cuttino Mobley) en 2004 a cambio de Mcgrady (y Juwan Howard). En 3 años dirigiendo al dúo Yao-Mcgrady (y un total de 4 temporadas en la franquicia) sin pasar ni una ronda de Playoffs se han plantado los Rockets. “Hasta aquí hemos llegado sr. Van Gundy”. La franquicia le comunicó el despido apenas días después de la derrota 3-4 frente a Utah. Las lesiones maquillaron las miserias y limitaciones de su planteamiento durante varias temporadas. Un entrenador que se crecía ante la adversidad, pero incapaz de conducir a un equipo grande al lugar que le corresponde. Pero en estos Playoffs 06-07, sin excusas a las que aferrarse, el fracaso quedó al descubierto. El traje le quedaba grande.

Caso 3) Rick Carlisle, alumno aventajado.

Su primera experiencia al frente de un banquillo fue en los Pistons post-Grant Hill, en la temporada 01-02. Detroit venía de ganar 32 partidos la anterior campaña y de quedarse fuera de las eliminatorias por el título. Carlisle se hizo cargo de unos Pistons sin su faro histórico. Por el contrario, tenía una batería de jugadores de complemento (Williamson, Atkins, Bison Dele, Ben Wallace), además de un Stackhouse en plena madurez (29 puntos por noche). No importaba demasiado el ataque, el principal ingrediente de la receta era la defensa. Llegaron hasta las 50 victorias y la segunda ronda de playoffs. Una inmejorable tarjeta de presentación para el entrenador debutante. En la campaña 02-03 volvieron a repetir 50 victorias en fase regular y llegaron aún más lejos en postemporada, final de conferencia. El verano de 2003 vio un importante cambio de cromos en la NBA. Harto de Iverson, el cotizado Larry Brown salió de Philadelphia y recaló en Detroit. Larry Bird llamó a Carlisle para hacerse cargo de los Pacers.
La plantilla de Indiana era heredera de la gestión de Isiah Thomas, con quien nunca pasaron una eliminatoria de playoffs. La temporada 2003-04 fue la de la eclosión de Jermaine O’neal y Ron Artest, además, Indiana aún disfrutaba de los últimos coletazos de Reggie Miller. Se fueron a 61 triunfos en temporada regular y alcanzaron las finales de conferencia, donde jugaron una serie a cara de perro con los, a la postre, campeones Pistons. En vez de ir a más, como se esperaba de una joven y talentosa plantilla, las dos siguientes campañas se “perdieron” en el camino. Ganaron 44 y 41 partidos en fase regular, y cayeron en segunda y primera ronda, respectivamente. Entre medias, “La Tangana”. El vestuario se le fue de las manos a Carlisle, y Artest, quizá su jugador favorito, salió por la puerta de atrás a cambio de Stojakovic. Esta temporada se han quedado fuera de playoffs, lo cual tiene mérito con una plantilla así y con el nivel de la conferencia Este. Nada más concluir la temporada y confirmarse su ausencia en las eliminatorias por el título por primera vez en 10 años, los Pacers anunciaron el despido de Rick Carlisle, oficialmente en paro.

Caso 4) Gregg Popovich, el superviviente.

Su historia de adaptación y supervivencia comienza en su pasaporte, de padre serbio y madre croata. En lo deportivo, su trayectoria como técnico va unida a la de Tim Duncan. Ambos llegaron a San Antonio en la misma temporada, la 97-98. El estilo de Popovich siempre ha sido defensivo, pero en sus primeros años en el banquillo tejano la tendencia fue más acusada. La plantilla a su cargo era corta y aquella era la mejor manera de sacarla provecho. Su orientación defensiva contrastaba especialmente con las maneras en la conferencia Oeste, donde Sacramento (Webber, Divac, Jason Williams), Phoenix (Kidd, Chapman, “Penny”) o los Lakers (Eddie Jones, Van Exel, Kobe) marcaban la pauta estética. El éxito de los Spurs de Popovich en Playoffs siempre ha ido asociado a bajas audiencias televisivas, lo que no se explica sólo con aquello de que San Antonio es un mercado pequeño, sino más bien por el estilo de juego lento, machacón y previsible. A pesar del gusto de los aficionados, los Spurs se fueron convirtiendo en el caballo ganador. Así, jugadores importantes de la liga rebajaron su emonumentos para recalar en el equipo tejano y así poder ganar un anillo antes de retirarse: Van Exel, Robert Horry, Michael Finley o Glenn Robinson. La plantilla se fue alargando, ganando en quilates, lo cual permitió a Popovich aumentar la variedad de registros de los Spurs, adaptándose a los nuevos tiempos en la liga, donde los partidos a 60/70 puntos pasaron de moda. Un botón: en 2005 ganaron 4-1 la final de conferencia Oeste a los supersónicos Suns de Nash promediando 108 puntos por partido, les vencieron en su terreno. A día de hoy, Popovich conduce un todoterreno de seis marchas.
Pero el “giro al centro” estilístico no ha sido la única muestra de adaptación del técnico de San Antonio. Mientras Larry Brown, Carlisle y Van Gundy poco menos que vetaban a jugadores internacionales en sus plantillas (que pregunten a Milicic, Jasikevicius o Spanoulis, respectivamente), Popovich se ponía en sus manos para arropar a Duncan. Con Parker, Ginobili, Nesterovic y Oberto, entre otros, los Spurs se han convertido en la “dinastía” de lo que va de siglo XXI en la NBA. Sobresalen los tres títulos, pero también hay números que hablan de solidez. En ninguna de sus 10 campañas al frente del equipo San Antonio ha ganado menos del 64% de partidos en temporada regular, y solamente en los playoffs del 2000 los Spurs cayeron en primera ronda. Los datos avalan a Popovich. Sus tres compañeros de experimento se encuentran a día de hoy en el paro, y de él se dice ya que es el mejor entrenador de la década. Cuestión de evolución.

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