NBA – Postemporada a Este lado de la Unión

Detroit. Fin de ciclo.
Los ingredientes para llevarse la floja conferencia Este eran inmejorables: experiencia de campeones, un quinteto brillante y solvente, y dos buenos pivots reservas (McDyess y Maxiell). Su defensa no es lo que era y el banquillo en los puestos exteriores es casi nulo; pero lo que les faltó en la final de conferencia ante Cleveland fue ambición y frescura. Billups es agente libre este verano, querrá firmar el último gran contrato de su carrera y todo apunta a que cambiará de aires. A Webber le quedan dos telediarios de baloncesto y Wallace está de vuelta. Quizá intenten exprimir el modelo una temporada más y mantenerse entre los notables, pero con estas piezas ya no da para asaltar el título. Se avecinan tiempos de cambio en la Motown.

Orlando. Las limitaciones de Dwight Howard.
Una plantilla joven y de talento, el menú favorito de los Pistons. A nadie sorprendió que les barriesen. Se clasificaron para Playoffs a última hora (tras deshinflarse en la temporada regular, después de un esperanzador comienzo). Los Magic tienen al poderoso Dwight Howard como faro. Es un magnífico reboteador e intimidador, pero en ataque aún no es el dominador que de él se espera. Puede y debe mejorar sus recursos al poste y su manejo de balón: lideró la NBA en pérdidas y repartió menos de 2 asistencias por partido en los 37 minutos que jugaba por noche. Deben involucrar más a Grant Hill en el juego (si es que sigue en los Magic), que junto a Turkoglu y Trevor Ariza forma una línea exterior apañada. Milicic debiera crecer y arrebatarle a Tony Battie el puesto de titular en la pintura. El talón de aquiles lo tienen en el puesto de base. A Jameer Nelson le gusta más tirar que pasar y Carlos Arroyo no ha cuajado en Orlando.
Miami. Vergüenza torera.
Los Heat asustan por nombre, por el caché e historial de sus jugadores. Eddie Jones, Gary Payton, Alonzo Mourning y Antoine Walker fueron All-Star en otros tiempos, pero ahora son sólo viejos elefantes camino del desguace. Sus piernas no aguantaron el envite de los jóvenes y pujantes Bulls. La ausencia de Wade durante parte de la temporada y su hombro colgando en Playoffs hicieron el resto hasta el 4-0 en primera ronda. Fue una humillación, pero a las vacas sagradas del vestuario les debió dar un poco igual, ya habían logrado su objetivo el curso pasado: ganar un anillo antes de retirarse. La coda de esta temporada sobró. La renovación de la plantilla se espera profunda, se retirarán 2 o 3 jugadores, y otros tantos ya no están para jugar más de 25 o 30 minutos (por ejemplo, Shaquile O’neal). Al menos tienen la pieza angular entorno a la que reconstruir: Wade.

Chicago. En el cruce de caminos.
Dos jugadores prometedores han eclosionado definitivamente en la ciudad del viento para colarse en el estrellato de la liga: Ben Gordon y Luol Deng. Se merendaron a los campeones y pasaron a segunda ronda en la postemporada por primera vez desde los tiempos de Jordan. Pagaron la novatada contra Detroit: se estrellaron con la experimentada defensa de los Pistons y contra el desequilibrio de su propia ofensiva. Los Bulls sólo atacan por un frente, el juego exterior, donde suman el 80% de sus puntos (Gordon, Deng, Hinrich, Nocioni). En la pintura hay atletas, buenos defensores y reboteadores (Ben Wallace, PJ Brown y Tyrus Thomas), pero falta talento, recursos. El desequilibrio de su ataque les limita, y difícilmente crecerán más allá de la segunda ronda sin anotar en la zona. Seguirán entre los notables, pero para pensar a lo grande tendrán que arriesgar y apostar a lo grande. Empezando por rascarse el bolsillo y renovar a Nocioni, y continuando por romper el cerdito (soltar a alguna de sus dos estrellas) para llevar a Pau.

Toronto. Bases puestas.
La campaña de los Raptors ha sido magnífica. Se clasificaron brillantemente para la postemporada con un proyecto completamente renovado, haciendo un buen baloncesto y con jugadores jóvenes. Las bases están puestas. Su derrota en primera ronda contra los Nets duele (a Bosh le deslumbraron los focos de los playoffs), pero para empezar está bien lo conseguido. Les sirvió para aprender a competir, el año que viene serán más duros. Cuentan con una potente dupla en la dirección (Calderón y TJ Ford), aleros solventes no exentos de calidad (Anthony Parker, Jorge Garbajosa, Carlos Delfino, Morris Peterson y Juan Dixon) y, sobre todo, dos pívots llamados a marcar época (Bargnani y Bosh).

New Jersey. Señales contradictorias.
Con la sensible baja de Nenad Krstic, que les privaba de referencia ofensiva en la zona, consiguieron eliminar a Toronto sin ventaja de campo y complicarle la vida a los Cavaliers finalistas en segunda ronda. Suena a buen balance. Jasón Kidd estuvo sublime en Playoffs, Carter irregular pero desequilibrante y Jefferson notable, sobrio. Además, Nachbar se ha confirmado como una cuarta vía. La recuperación de Krstic debiera esperanzarles para competir por llegar muy lejos la próxima campaña, pero la sensación que transmite el equipo es de estar de vuelta. Carter y Kidd copan a diario rumores de traspaso, y el 2 del pasado draft (Marcus Williams) ha resultado una decepción. El quinteto Kidd, Carter, Jefferson, Nachbar y Krstic suena a dinamita en la conferencia Este. Con los roles bien asignados y todos remando del mismo barco podrían apuntar lejos.

Cleveland. Los réditos del cuponazo.
El gordo de navidad de hace cuatro años no cayó el Sort, sino en Cleveland. Ciudad históricamente dejada de la mano de dios, en general, y del baloncesto, en particular. Los millones llegaron de manera indirecta, adosados a la nueva imagen de su franquicia: Lebron James. Pero este año han llegado también victorias, y de que manera. Con la inestimable colaboración de una plantilla completa y de calidad, repleta de burgueses en papel proletario (Illgauskas, Larry Hughes, Drew Gooden, Donyell Marshall y Damon Jones), a la que se han sumado dos agradables revelaciones en los puestos exteriores (Daniel Gibson y Shasha Pavlovic), James ha guiado a los Cavaliers a las finales. Fueron barridos por los Spurs porque sencillamente son peores. Pero su primera incursión en la elite les llevó muy lejos. La evolución de Lebron, de manera que aprenda a brillar sin eclipsar a sus propios compañeros, marcará el futuro del equipo.

Washington. Vuelo Rasante.
Aunque han pasado algunos años, los Wizards arrastran aún la herencia de la nefasta dirección de Jordan despachos (“regalar” a Billups y Hamilton, desperdiciar un nº 1 del draft en Kwane Brown…). La plantilla es corta y desequilibrada. La tripleta exterior (Arenas, Jamison y Butler) asusta en ataque, pero son unidireccionales, el defender no va con ellos. El juego interior es una nulidad: Brendan Haywood, Michael Ruffin y Ettan Thomas. El fichaje de DeShawn Stevenson procedente de Orlando ha decepcionado. Desde el banquillo, Songaila y Antonio Daniels aportan bríos. Es un propuesta agradable para el espectador, pero con semejante retaguardia en postemporada no se llega lejos. Las lesiones les coartaron en playoffs, pero su techo es bajo.

NBA – "El gran espectaculo"

Días antes del inicio de las finales de conferencia apareció un informe que revelaba la pérdida de interés de los aficionados en los Playoffs de la NBA. Las audiencias de televisión se resentían, una nueva final San Antonio – Detroit se vislumbraba en el horizonte y los seguidores cambiaban de canal. Añadía la encuesta que sólo una eventual aparición de un jugador con gancho como Lebron James, al frente de los Cavaliers en las finales, podría recuperar la audiencia. Dicho y hecho.
«Un clásico de todos los tiempos», «histórico», «coronación». Titulares de esta índole se despacharon en las redacciones de medio mundo para describir la actuación de James en el 5º encuentro de la final de conferencia Este. Fueron 48 puntos, nueve rebotes y siete asistencias en un encuentro que se resolvió tras dos prórrogas por 109-107 a favor de Cleveland. Parecía obvio que el espectáculo había sido grandioso, uno de esos partidos que recuerdas con añoranza y una cerveza pasados los años, por eso los comentaristas recomendaron poner a grabar el vídeo a partir del primer tiempo extra.
No será el arribafirmante quien niegue la categoría e impacto de Lebron James, ni que aquella noche estuvo inspirado, pero un ruido mediático excesivo rodea al chico, haciendo perder la perspectiva de lo verdaderamente logrado.
Los Pistons son una gran plantilla, algo envejecida, que en sus dos últimas apariciones en Playoffs ha concurrido con el depósito en reserva y perdiendo fuelle en cada partido, hasta llegar grogui a la final de conferencia. El quinto encuentro de la serie de este curso era decisivo. Tirando de experiencia y aislados destellos de sus otrora estrellas controlaron el encuentro en los tres primeros cuartos. No jugaban fluido, no jugaban a nada, pero les valía contra los Cavaliers. Nadie se engañe, el último cuarto no fue un épico intercambio de canastas con Lebron a puerta gayola. Fue un cúmulo de despropósitos, un «quiero y no puedo» de ambos conjuntos. Con dos tantos arriba y un par de libres a favor se plantó Cleveland a un minuto y medio por jugarse, una buena oportunidad para dejar el duelo casi sentenciado. ¿Qué hizo «El Elegido»? Fallar los dos tiros libres. De camino a esos 48 tantos se dejó un par de tiros de media distancia que no tocaron ni aro, del estilo de los que lanzaba en el Mundial de Japón del año pasado.
La mayoría de su anotación llegó de penetraciones por el lado derecho, el gran estándar de su repertorio, en el que luce más físico que técnica. James posee un físico privilegiado y dominador, amén de un carácter competitivo y un juego completo, pero «el nuevo Michael Jordan» no es ningún dechado de talento ni fundamentos y su tiro es tosco e irregular (aquella noche salió «cara»). El «gran espectáculo» se alargó hasta las cuatro horas de duración, salpicado de interminables tiempos muertos y errores arbitrales clamorosos, decisivos y reiterados en ambas direcciones (por ejemplo, en el último ataque de Detroit, en el que pudo empatar el encuentro y forzar una tercera prórroga, Varejao cometió una clara falta sobre Rasheed Wallace en pleno lanzamiento que no fue señalada). Tras 240 minutos frente al televisor, se habían visto 34 canastas de Detroit y 37 de Cleveland (71 en total). Es decir, cada tres minutos y medio de luchar contra el sueño en la madrugada veías el balón entrar una vez por el aro.
Dado que este circo es un negocio, en pos de incentivar audiencia y hacer más atractivo el producto, quizá la NBA podría plantearse algo distinto a inflar el globo de las estrellas emergentes. Por ejemplo, reconsiderar sus listones de permisibilidad y criterio arbitral en Playoffs (para que no se repitan casos como los de Diaw y Stoudemire, sancionados por ridiculeces para el partido decisivo, mientras los leñeros hacen de la postemporada su cortijo) o las normas sobre el número de tiempos muertos disponibles y su duración.
Lebron ya está en la final, según el aquel informe, las audiencias se verán incrementadas y se venderán más camisetas, y todos felices…