NBA – Cuando la improvisación se vuelve necesidad

Fueron siendo sustituidos durante el último cuarto del 6º partido, el encuentro estaba decidido, la eliminatoria sentenciada. La sufrida grada de Oakland, engalanada de amarillo, era una fiesta. Los principales jugadores de los Warriors, los que habían obrado la machada, enfilaban al banquillo para fundirse en un abrazo con el entrenador, Don Nelson. Ya tendrán algo que narrar a sus nietos en tono épico cuando los tatuajes que hoy lucen amenazantes en sus brazos y torsos se desvanezacan entre las arrugas de la vejez. Muchos de ellos desconocían el sabor de la victoria. Estrellas por confirmar (Baron Davis, J. Richardson o Al Harrington), baloncestistas con formas y aspecto de ex presidiarios (Stephen Jackson y Matt Barnes, respectivamente) y jugadores de segundo año rindiendo por encima de las expectativas (Monta Ellis y Adris Biedrins), integraban un equipo que decepcionaba cada temporada, que primavera tras primavera veía por la tele las eliminatorias por el anillo. La lógica, la que se impone como rutina, dice que los de Oakland caerán en segunda ronda frente a Utah y la campaña que viene volverán a la mediocridad. Pero los jugadores que meses atrás vagabundeaban por la clasificación de la Conferencia Oeste se han ganado un lugar en la historia. La primera vez que un octavo clasificado elimina al primer cabeza de serie en los Playoffs, desde que se juegan las eliminatorias a siete encuentros. Al frente de ese grupo rebelde estuvo un anciano desterrado del conjunto rival. Las apuestas, las estadísticas y la lógica cayeron en la tela de araña de Don Nelson. Nowitzki y su MVP, Avery Johnson y las 65 victorias en liga regular, Mark Cuban y sus millones de dólares invertidos. Cuando un equipo es netamente inferior en los parámetros tácticos clásicos es cuando la imporvisación se vuelve necesidad.
Nelson impuso un ritmo de juego endiablado al amparo de un quinteto sin jugadores interiores. Defensa de ayudas y posesiones rápidas (“7 segundos de gloria”), con todos cargando el rebote y lanzando sin remordimientos ni conciencia de clase. El 4-2 se quedó corto. La serie no debía haberse ido más allá del quinto partido. A sólo 2 minutos y medio del final los Warriors vencían por 9. Probablemente la derrota en la eliminatoria ya estaba escrita para los Mavericks (visto lo visto, la visita a Oakland en el sexto encuentro se antojaba mortal de necesidad). Pero aunque a Nowitzki se le puedo haber esfumado en 6 partidos el galardón de mejor jugador de la temporada que se había merecido durante los 82 previos, el alemán encestó dos triples estratosféricos y colocó un tapón para levantar a su equipo, demostrando que en su pecho late un corazón de MVP.

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