Los JJOO en clave madridista

El Madrid ha sido, y con diferencia, el equipo Euroliga con más representantes en los JJOO, seis. Han brillado con luz desigual, aunque conviene contextualizar: los JJOO no dejan de ser una competición a muy pocos partidos (seis como máximo), además muy desiguales. Un día humillas a Irán y al siguiente te ves defendiendo a Kevin Durant. Sirve para sacar pistas, pero no conclusiones.

Guerschon Yabusele

Titular en la selección subcampeona. Con sus 13 puntos fue, junto a Rudy Gobert, el mejor de Francia en la final. Y seguramente también el mejor de los seis madridistas en Tokio, donde su aportación excedió con mucho a sus estadísticas, discretas. Gozó de poco protagonismo ofensivo, lógico cuando coincides en pista con De Colo y Fournier, que se las chuscan todas, pero a cambio fue muy consistente atrás. Buen IQ en pista, carne de equipo grande.

En Madrid dispondrá de más tiros para brillar, pero ya de entrada esa presencia física y defensiva es un interesante contrapunto al perfil netamente ofensivo de sus compañeros de puesto, Thompkins y Randolph. Yabusele me pareció un fichaje potente a su anuncio y verle en plaza grande en estos JJOO, fuera del ecosistema Asvel, me reafirma en la idea. Ganas de verle ahora a las órdenes de Laso.

Thomas Heurtel

No haría un drama de su final, catastrófica, puesto que no se emparejará con rivales nivel Damian Lillard o Jrue Holiday en Euroliga o ACB. Ahora bien, vistos todos sus partidos en Tokio, mentiría si no dijese que Heurtel me deja un poco frío, incluso dudas. Aunque para hacerme una idea exacta necesitaría conocer el detalle de su estado físico, que si recordáis hubo incluso dudas de su presencia en Tokio por una lesión.

A su defensa vaporosa, sobradamente reportada, sumó una toma de decisiones discreta en ataque. Mucho manejo de balón y poca mordiente. A falta de desborde, la mayoría de su producción queda condicionada a tiros forzadillos de media o larga distancia. Cuando entran, porque tiene el talento para colarlos, como ante Irán, te arma un quilombo en pocos minutos. Pero el Madrid necesita algo más que un revulsivo puntual, que para eso ya teníamos a Lapro. Se necesita un base con ciertos galones, un lugarteniente para Nigel Williams-Goss.

Vincent Poirier

Desdibujado. El que menos ha jugado de los franceses, penalizado por compartir puesto con la estrella del equipo, Rudy Gobert. Además, Vincent Collet se decantó por Fall como primera opción desde el banquillo, primando el 1×1 al poste sobre las situaciones de 2×2.

Como resultado, la mayoría del tiempo en pista de Poirier fue como ala-pívot, es decir, fuera de lugar. Sirvan de ejemplo los escasos 5 minutos de que dispuso en la final, emparejado con Durant. En todo caso, contra República Checa e Irán, que el marcador permitió rotaciones y sí jugó de center, subió 24 puntos en 34 minutos. Bien habilitado es un ventilador de estadística.

Sergio Llull

Secundario pero mejor de lo que esperaba, la verdad, después de verle desbarrar un poco en los amistosos de preparación. Dignos promedios de 8.3 puntos y 46% de campo saliendo desde el banco. Por cierto, jugando todos sus minutos de escolta, con poquito tiempo de balón en las manos, como presumiblemente le veremos en Goya. Por nivel y rol, este Llull de los JJOO se parecerá bastante al que podemos esperar el próximo curso, digno escolta reserva, siempre que le respetan las lesiones, que no es poco suponer.

Rudy Fernández

A cuentagotas. El mejor de España junto a Abalde en el partido clave, el de Eslovenia, pese a terminar en derrota. 4 triples, 5 rebotes y ese montón de intangibles que aporta al juego. A cambio, pinchó en hueso contra Japón y EEUU, 0/9 tiros, tampoco está para más. Me sorprende que no anunciase oficialmente su retirada de la selección tras el torneo. Una ocasión propicia: a sus 36 años y con lo cascado que está físicamente no le veo llegando a París 2024. Y puestos a retirarse, ¿qué mejor escenario que unos JJOO?

Alberto Abalde

Esperaba algo más de él, una frase que igual sirve para sus JJOO que para su temporada pasada. En la selección se le quedó el camino expedito con la ausencia de última hora de Juancho. Scariolo valora el nivel defensivo del gallego, igual que Laso, y eso le vale bastantes minutos en pista. Pero ofensivamente enseñó la versión del segundo tercio de temporada en el Madrid, es decir, inseguro y timorato en la toma de decisiones . Recuperó el pulso contra Eslovenia y, aunque se le saliese el tiro clave, no hubiésemos forzado final apretado sin él, notable desgastando a Doncic y compensando en ataque (14) el único apagón de Ricky Rubio en el torneo.

Habrá tiempo para profundizar en el tema, pero desde ya os digo que la progresión de Abalde, junto a la adaptación de NWG, me parece que pueden marcar en buena medida el techo del Madrid este curso. Porque el gallego deja la sensación de mostrar solo una pequeña porción de su potencial, y el principal techo está en su propio coco. Con ese físico de cyborg y una técnica tan depurada hay mimbres para mucho más cesto. Y que tampoco se duerma en los laureles, que este año los minutos van a estar más caros con Hanga en la rotación.

Último baile con sabor agridulce

No ha sido el último baile que tenían en mente, fuera del podio al que tan asiduamente se han subido, pero a estas alturas eso ya no cambia un ápice el tamaño de su leyenda con la selección. Esta mañana hemos visto el último partido de Pau Gasol con la roja, e imagino que con cualquier otra camiseta. Su sueño siempre fue despedirse en los JJOO, por ello ha luchado, estirando su carrera más allá de la lógica, y el camino termina aquí. Entiendo que en las próximas horas o días anunciará su retirada del basket. Desde esta humilde tribuna me pongo en pie para despedir al mejor jugador español de todos los tiempos y uno de los más grandes que haya visto el basket FIBA de selecciones. Creo que lo valoraremos en su justa medida con la perspectiva que nos vaya dando el tiempo.

Bien puede haber sido también la despedida de la selección de Marc Gasol y Rudy Fernández, 36 años cada uno, el primero claramente de vuelta del basket, pasadísimo de forma desde el oro en Pekín, y el segundo muy cascado físicamente, como sabemos los aficionados del Real Madrid. Ninguno de los dos parece de los que estiran el chicle. Chacho Rodríguez, aunque no se retire aún de la selección, con 35 años veo difícil que aguante otro ciclo olímpico y llegue a los JJOO de París como activo útil. Y ojo Sergio Llull, que cumple 34 este año y está ya para muy pocos trotes.

En definitiva, estamos ante un fin de ciclo, al menos en lo que a nombres se refiere. El ciclo más exitoso de nuestro basket y quizá uno de los más grandes que haya visto la historia del deporte patrio. Por suerte, hay relevo. No van a salir otros hermanos Gasol en el próximo siglo y quizá no rasquemos medalla en los próximos torneos, pero nuestro basket produce suficiente materia prima como para mantenerse en la zona noble del basket. Una transición suave, construida sobre la evolución de Garuba y los Hernangómez, y la soberbia madurez de Ricky Rubio, reinventado como anotador en uno de los giros de guión más meritorios que recuerdo en un jugador.

Su partido contra EEUU ha sido soberbio, el mejor de su carrera (¡¡38 puntos!!), en realidad como todo su torneo, líder absoluto de la selección. Un rol que durante dos décadas han asumido Marc y especialmente Pau, pero a los que Tokio les ha llegado claramente tarde. El repaso de Mike Tobey el domingo, reserva en Valencia, fue un baño de realidad.

En cuestión de una hora se nos escapó la medalla, la que medió entre la derrota ajustada contra Eslovenia, selección en cuarto creciente, y el fatídico sorteo que nos emparejó con EEUU, los mejores. Esto es deporte: a veces sale cruz, pero nunca se perdió la cara. Gracias por todo lo que nos habéis hecho disfrutar.

La margarita de Carroll

Me retiro, me quedo, me retiro, me quedo… 14 de julio y Jaycee Carroll sigue deshojando la margarita sobre su futuro. No es serio, la verdad, y la culpa no es suya, sino del club que le marca los plazos. ¿Qué clase de planificación deportiva es esta? Esperando una llamada de un rancho de Wyoming a mitad del verano para saber si se cuenta o no con un jugador de primer equipo para la plantilla del año que viene.

Por lo pronto, hace dos semanas que expiró el contrato de Jaycee con el Madrid y ahora mismo está libre como un taxi. Si se rompe una pierna en sus vacaciones en Riviera Maya o asistiendo el parto de un ternero no hay seguro que le cubra. Todo el sainete parte de que el jugador quiere estar a la vez en misa y repicando. Le pica el gusanillo de seguir pero echa de menos a su familia, que se mudó a EEUU una vez concluyó la construcción del rancho. Le entiendo, es lógico y hasta entrañable, pero no se puede tener todo en esta vida.

Bueno, o sí. Cuenta Encestando que, como solución creativa para facilitar que siga otro curso, el Madrid está dispuesto a renovar a Jaycee y permitirle que se pierda los cuatro primeros meses de competición, incorporándose al equipo en enero (¡!). Nótese la deriva del discurso: lo que hace una semana era “si Carroll cuelga las botas el club buscará un anotador en mercado” se ha convertido en “se le renueva para que se pueda despedir del público, pero estará de vacaciones medio curso, que tenemos jugadores de sobra”. Planificacion deportiva nivel Pajares y Esteso.

Ya no es tanto una cuestión deportiva, de que iríamos tardísimo para buscar un sustituto en mercado, puesto que dudo que se fichara a nadie si finalmente Jaycee se retira. Tampoco es cuestión de si la competición hasta enero es o no de fogueo, o de si hay exteriores de sobra en el roster para ir tirando, que los hay, al menos en número. La cuestión es el mensaje que mandas como club, de un geriátrico a la carta. ¿Qué pasará cuando les llegue el turno a Rudy o a Llull? ¿Cuántos años vamos a estar pagando giras de despedida, sacrificando fichas y masa salarial de primer equipo?

Retirarse a tiempo es una victoria

Jaycee tiene 38 años y ha concluido contrato, creo que es un magnífico momento para colgar las botas, dejando un buen sabor de boca, tras una dignísima temporada final: retirarse cuando aún te echarán de menos, antes de que te empiecen a echar de más, como nos pasó con Felipe. ¿Que todavía puede anotar desde el banquillo? Anda claro, y si le visitamos en el rancho dentro de 10 años seguro que seguirá colando los triples como soles en la cancha privada que se construyó, pero eso no significa que deba seguir de blanco hasta entonces.

Igual que sigue pudiendo anotar cabe recordar que sus minutos en pista son un lastre defensivo, por eso Laso los dosifica tanto, recurso para situaciones desesperadas: los triples son más vistosos que la retaguardia para el aficionado medio, pero el basket aún se juega a dos aros y ambos cuentan por igual.

Y no acepto lecciones de lealtad y cariño: no se quiere más a un jugador por hacerle la pelota, decirle contra toda evidencia que está “hecho un chaval” y desear que alargue su carrera como un chicle, que salga como un vejestorio a saludar en los minutos de la basura. O aún peor, que pase su última temporada vestido de calle, fuera de las convocatorias, como Felipe. Y existe ese riesgo: el roster tiene 16 fichas y un evidente overbooking en el puesto de escolta, lo normal sería que Jaycee fuese descarte habitual en los partidos clave. Porque le quiero, no quiero eso para una leyendaza como él.

Saber cuándo decir basta es el último servicio a la causa, anteponer al club, evitarle ese momento incómodo e impopular de tener que decirte lo evidente, que tu tiempo ha pasado, que te hagas a un lado.