Machada en Goya: el Madrid sobrevive por la vía de la épica

Fue una machada, un arranque de amor propio: ganarle al mejor equipo de Europa con el roster en cuadro y una desventaja de 12 puntos a cuatro minutos por jugar. Pero si algo ha demostrado el Madrid de Laso a lo largo de los años es carácter y orgullo, y anoche lo desenfundó para evitar la humillación del rosco en la eliminatoria.

Seamos honestos: nadie daba un duro por la victoria blanca tras conocerse la ausencia de nuevo de Tavares. Menos aún viendo la evolución del partido, que siguió aproximadamente las mismas constantes vitales de los duelos previos en Estambul, con Efes dominando en diferencias de doble dígito y sin sensación de pisar el acelerador, salvo Micic, superlativo en uno de sus últimos partidos en Europa.

Larkin está muy flojito en la serie, y mejor no decirlo muy alto para no despertar a la bestia, pero lo compensa por ahora Beaubois, modo hilo de seda. Dunston, por su parte, dominó la pintura, un baluarte atrás: cumple 35 el mes que viene y peina canas en la barba, pero cuando llega la hora de la verdad sigue siendo una bestia parda en la zona.

La ‘reaparición’ de Llull

El Madrid fue aguantando a base de defensa y rebote (39 a 30 final), o sea, de bemoles, con una exigua rotación de tres interiores, que Felipe no fue ni convocado (¡!) y a Vukcevic ayer le vino todo un poco grande. Y el mejor de los tres que sí comparecieron resultó ser el más improbable, Alex Tyus, jugando buenas continuaciones de 2×2 en ataque y aguantando el tipo en los missmatch en defensa, que no es poco decir cuando hablamos de Larkin y Micic.

El otro que ‘reapareció’, y de qué manera, fue Llull, que no atraviesa un buen momento de forma pero que cuando la ocasión se pone épica corre el primero al toque de corneta. Anoche se echó el ataque del equipo a la espalda en la segunda parte: se fue hasta los 22 puntos y 7 asistencias, poca broma. Con Carroll, Lapro y Rudy desactivados, se convirtió en el principal argumento ofensivo para que el Madrid no perdiese la cara al partido, evitando que la distancia llegase a guarismos insalvables. Tampoco contábamos demasiado con Abalde, que lleva semanas sino meses de zozobra, pero que anoche se marcó un partidazo defensivo, ayudando además al rebote (6) y adornándolo todo con seis puntos clave en los últimos siete minutos.

Llegado el 35, la distancia era elevada pero no insalvable, 12, y esa fue la puerta entreabierta por la que se coló la épica, con un parcial de 16-0 para el recuerdo. Cuatro minutos y medio en que a Efes se se le hizo de repente de noche y se alinearon toditos los astros del Lasismo. Un triple forzado de Abalde, otro de Trey, canasta de Garuba, triple de LLull, triple en escorzo de Rudy, tras un ataque nefasto, y la canasta final de Garuba en plena confusión y jolgorio. Habrá cuarto partido.

¿Hay eliminatoria?

Bueno, siendo mínimamente realistas, tampoco deberíamos venirnos muy arriba, el Madrid sigue siendo inferior, claro que si vuelve Tavares se podría dar guerra en el cuarto y forzar tal vez un quinto a cara o cruz en Estambul. Soñar es gratis. No es el escenario más probable, pero si algo nos recordó anoche es que tampoco hay nada imposible.

Por lo pronto, nadie nos podrá quitar ya lo bailao’, aunque fuese por la tele y desde el salón de casa. Eso es lo único que siento, no haberlo podido vivir en directo en Goya y con la cuadrilla por culpa de la puta pandemia, uno de esos orgasmos colectivos que bien valen el precio del abono.