Es difícil sacar adelante un partido a domicilio en Euroliga con tan poco como el Madrid ayer en Gran Canaria. Puede verse el vaso medio vacío, que al equipo le sentaron mal las uvas y ha empezado el año empachado. Sobre todo Facu, acelerado en la dirección y desacertado en el tiro tras su exhibición en Vitoria. La derrota del domingo en el derbi madrileño escuece más por el rival que por sus consecuencias en el devenir del curso. Molesta también por la pachorra atrás, 93 recibidos de un equipo que promedia 79. La mejor defensa de la Euroliga es sólo la quinta en ACB, hay profundidad de plantilla como para exigir un poquito más de compromiso, aunque sea por higiene estética.
El Barca, que igual juega Euroliga y se cansa, queda ya a dos victorias (más probable average) de distancia en la clasificación de la ACB, un regalarle la ventaja campo en una hipotética final que podría equilibrar fuerzas en junio. No ha terminado aún la primera vuelta y se ha dejado ya el Madrid tres derrotas contra equipos no playoffs (Andorra, Breogán y Estu), el peor balance a estas alturas de la era Laso, 11-4.
A un partido de Fenerbahce
También puede verse el vaso medio lleno, entender los pinchazos en ACB como resultado de una calculada política del mínimo esfuerzo, que no tiene el campeón de Europa vigente necesidad de mancharse las manos en asuntos menores, que los títulos con enjundia se dirimen en mayo-junio y en la fase regular de Euroliga sí se avanza con paso firme. Paso firme gracias a victorias feas como la de Gran Canaria, la que ayer mismo no pudo sacar Fenerbahce en Jimki, donde aún falta Shved.
La primera parte del Madrid fue digna de un museo de los horrores, 12 pérdidas y sólo 27 puntos anotados, pero el partido acabó cayendo como fruta madura, con un magnífico último cuarto de Rudy. Nos encanta su segunda juventud baloncestística, sin necesidad de tiempo de balón en sus manos, reintentado como especialista múltiple: tirador fiable, pasador en estático y magnífico defensor. Sin hacer demasiado ruido su temporada es canela.
El Madrid ha echado de menos en los últimos encuentros a Carroll, sus puntos ‘gratis’ cual pastilla para la tos en momentos de atasco. Cuesta más sacar los partidos sin una referencia fiable de puntos exteriores, estando Causeur, Llull y Facu tan irregulares cara al aro (aunque ayer tocase cara con el menorquín) y con Prepelic todavía sin cuajar. ¿Cómo veríais convocar a Yusta en Euroliga en vez de a Klemen hasta que regrese Jaycee? Por aquello de la meritocracia, vaya.
No se caracteriza por su paciencia el aficionado al deporte, menos aún el del Madrid. Sin embargo, la parroquia blanca está teniendo y mucha con Llull a su regreso de la lesión. Si por ejemplo Prepelic se cascase un par de partidos como los del menorquín últimamente tendría que salir escoltado de Goya. Lógicamente Llull, sobra decirlo, se ha ganado a pulso esa paciencia de la grada, por su nivel deportivo durante años, su entrega y fidelidad al club. El caso es que estamos todos deseando verle de nuevo disfrutar en pista, quizá ya no aquel nivel de excelencia de 2016-17, cuando fue MVP de la Euroliga, pero sí una versión más homologable que la presente, con una mínima regularidad y una dirección sensata.
Un broche de oro para uno de los mejores años de la historia de la sección, con el doblete Euroliga y ACB. El Madrid cierra 2018 con una soberana paliza en Vitoria, con picos de +26, una exhibición ante un pabellón lleno. Facu Campazzo lideró la feria con 15 puntos y 10 asistencias, cada semana es mejor que la anterior y termina el año como quizá el mejor director de Europa a día de hoy. Nótese que no digo base, porque los hay de muchos tipos y si hablamos de anotación los hay ciertamente mejores. Pero nadie dirige, asiste, desborda y defiende como el argentino, un líder superlativo para este Madrid post Doncic. Minimiza de paso el pobre momento de forma de Llull, muy irregular, cuya aportación se limita al acierto en tiros en general mal seleccionados. En un paseo militar como el de ayer, el balance del equipo fue de -7 en los minutos de Lull. Nuestro deseo para 2019 es volver a verle disfrutando en pista y con los chakras alineados.
El partido en casa contra el Murcia fue el último de dos de las cheerleaders del Madrid, Stephanie y Myrian, a las que agradecemos con todo cariño desde este rincón su dedicación al club durante estos años. Es de paso un buen momento para replantearse la necesidad y la vigencia de un equipo de cheerleaders en la sección. Recuerdo los años en el Raimundo Saporta, un pabellón mucho más pequeño y en que el aficionado de a pie estaba más cerca de la pista, sin todas esas zonas VIPS de distinta graduación que hay ahora, rentables pero pobladas de gente interesada principalmente en el postureo y el jamón del descanso.
Podría recitar loas a una nueva victoria holgada del Madrid en Euroliga, pero sería hacernos trampas al solitario. El pabellón estaba casi lleno, el apellido del rival lo merecía, pero acabó la velada en poco más que un entrenamiento con público por incomparecencia del PAO de Pascual. El peor equipo que ha pasado por el Palacio en Euroliga en lo que va de curso, sin carácter y con una plantilla muy desmejorada respecto a la del año pasado, con las salidas de Mike James, Singleton y Rivers. En su lugar, la única incorporación potable en verano fue la de un Langford crepuscular (35 añicos ya), pero el único que ayer se molestó al menos en maquillar para evitar un bochorno mayor. Son un hueso en Oaka, pero sudarán tinta para meterse en top-8. Al final las acciones tienes consecuencias: es difícil retener y reclutar talento con semejante mamarracho como presidente, que si castigo a los jugadores con viaje de 20 horas en autobús, que amenazo con salir de la Euroliga. ¿Quién va a querer ir allí?
«¿Celebrar? No hay nada que celebrar». Tanto Laso como Carroll lo tenían ayer clarinete cuando la prensa futbolera que suele cubrir estos partidos buscando morbo les preguntó por la paliza al Barca. Es sólo un partido de fase regular, respondieron sin pestañear. También lo era el duelo ACB de hace 18 días pero que el Barcelona celebró como un título, con Oriola saliendo a bises al centro del Palau rato después de acabado el derbi. Una anécdota pero que viene a recordarnos la salud de las secciones. Fue el de ayer un repaso soberano (+27), recordemos, pese a la baja de última hora del activo más en forma, Rudy, por una gripe. Un enseñar matrícula al aspirante, un Barca por cierto con primeros síntomas de inconsistencia tras un sólido arranque de curso.
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