Las cuentas del Madrid de basket: aumenta casi 4M la masa salarial

2Playbook ha publicado las cuentas del Madrid de baloncesto, las de la temporada pasada y las previstas para la presente, y una primera conclusión es que ha capeado dignamente el temporal de la pandemia, del año sin público en el pabellón. Al menos en lo que a equilibrio de finanzas se refiere, que no es un concepto muy sexy para el aficionado, que no mete triples ni gana partidos, pero da estabilidad al proyecto, que no es un tema baladí, pregunten en Barcelona.

La sección blanca cerró la pasada campaña, 2020/21, con pérdidas de 18.8 millones, que así dicho suena una burrada, y ciertamente lo es, desde toda ortodoxia contable. Pero tampoco podemos sorprendernos a estas alturas de la película de la ruina que representa el basket europeo de élite, son lentejas. Sin embargo, puesta en perspectiva histórica, esa cifra de pérdidas es la más baja en el Madrid de basket en un lustro. Y lo es, mérito añadido, en un año de caída muy brusca de los ingresos, debido al cierre del pabellón por la pandemia y a la consecuente ausencia de ingresos por ticketing (entradas y abonos), que suele rondar los 4 millones anuales.

Una reducción de ingresos que compensó con creces el capítulo contable de compra/venta de jugadores, es decir, la resulta entre las cláusulas pagadas y recibidas, con un saldo positivo de 7.8 millones, a pesar de los 1.5 millones invertidos en el tránsfer de Abalde. Pero es que la sección registró ingresos récord por cláusulas con las salidas de Garuba, Deck y Campazzo. Y eso que el base adelantó parte de la suya jugando ‘gratis’ varios meses, lo que contabiliza como ahorro en otro epígrafe, el de masa salarial.

Por comparar, el Barcelona de basket, cuyas cuentas también publicó recientemente 2Playbook, registró la pasada temporada pérdidas 10 millones de euros superiores a las del Madrid (28.8M). En otras palabras: palmó un 53% más dinero que el RM.

Un pero y un halago

Puestos a sacarle un pero a las cuentas blancas, y más viendo que están razonablemente saneadas, llama la atención la racanería con el tema base el curso pasado. Que no se hiciese un esfuerzo de, no sé, digamos 500k de masa salarial para firmar 6 meses a un director que supliese parte del agujero que dejó Campazzo. No había grandes nombres en mercado, lo sé, hubiese sido un melón por abrir, pero hubiese dado al menos una oportunidad, en vez de quedarnos vendidos, como nos quedamos, siete meses en manos de Lapro y de Alocén en prácticas, que así nos lució el pelo. Un suicidio deportivo a sabiendas por ahorrarse cuatro duros: la cabezonería de FP.

Otra conclusión, esta en positivo y que contrasta con la anterior, es la decidida apuesta por la sección que se ha hecho este verano, de cara a la presente temporada, una vez superada la peor parte de la pandemia. La masa salarial aumenta un 12%, en 3.8 millones, de 31.1M a 34.9M . Puede que ese aumento del gasto no luzca demasiado mediáticamente, para el aficionado intermitente, al no haberse fichado ningún estrellón, pero a cambio han llegado varios jugadores de burguesía Euroliga, me consta que en general pagados generosamente. Eso sí, todos como agentes libres, sin abono de cláusula.

El tipo de jugadores que no venden camisetas pero son bonos suizos en la pista y el vestuario, y que apuntalan una plantilla de por sí larguísima: 14 fichas de primer equipo. Podemos debatir sobre si es la estructura de plantilla idónea, o sobre si todos los movimientos que se han hecho (y los que se han dejado de hacer) son los más apropiados, es decir, si tenemos la mejor plantilla posible con esos casi 35M de masa salarial (que incluyen cuerpo técnico). Pero lo que no puedo poner en duda es que este año se ha apostado por el basket, y eso es siempre bienvenido.

El Madrid vuelve a cabalgar

La Supercopa se suele interpretar según te venga el viento: se la hace de menos cuando se pierde y se la ensalza cuando se gana. Mi reflexión hoy no va tanto por el valor en sí del título (por cierto, cuarto consecutivo), sino por el valor moral para el Madrid. El de volver a ganarle una final al Barca, después de las humillaciones del año pasado en la Copa del Rey y los playoffs ACB. El nuevo proyecto Laso (11.0) se sacude complejos con esta Supercopa y vuelve a mirar a los ojos al rival directo. Roma no se construyó en un día, pero las tornas empiezan a cambiar, porque la sensación es de que aún hay margen de mejora, según regresen lesionados y Tavares tome el pulso a la temporada. Sí, el Madrid vuelve a cabalgar.

Vista en perspectiva, fue una victoria de mucho mérito, que no vinieron de cara precisamente: por las cuatro bajas sensibles en la rotación (por solo una del Barca, Sanli), por el arbitraje, antipático por momentos, y por los 19 puntos de desventaja que se llegaron a registrar en la segunda mitad.

La recuperación la lideró Llull, que sorprendentemente se quedase en solo siete minutos en la semifinal, sin problemas físicos aparentes. Los lujos de una plantilla tan larga. Cuando todo pintaba negrísimo en la final, el balear insistió en una remontada imposible, empachándose a anotar (24 puntos), confirmando lo que suponíamos, el primero Laso: que en este momento de su carrera a Llull le sienta mejor el rol de escolta ejecutor que el de base director. El balear rompió a llorar después del partido, viene de cuatro años de mucha frustración acumulada.

Un Barca sin músculo

Bajando al detalle, Llull supo leer y exprimir la debilidad defensiva exterior del Barca este curso en comparación con el pasado. Porque no es lo mismo que te defiendan Bolmaro o Hanga a que lo hagan Laprovittola o Jokubaitis. A los números me remito: el Barca dejó a los blancos en 73 puntos en la Copa del Rey hace siete meses y en una media de 74 en la final ACB hace solo tres. Hoy un Madrid mermado le ha endosado 88.

Laprovittola brilló al nivel al que nos acostumbró en Goya, es decir, valoración negativa, perdiendo balones y vaporoso atrás. Nuestro caballo de Troya en Barna. Tampoco Rokas, el favorito de los insiders wannabe, estuvo mucho mejor: clase tendrá a espuertas pero le falta todavía mili hasta la élite. Alocén, que emergió tras el banquillazo de semis, le enseñó claramente chapa en el duelo de bases jóvenes (20 años ambos). La defensa y dirección del maño resultaron claves en la remontada, sobre todo en comparación con Heurtel, nefasto en ambos aros en el arranque de segunda parte, que coincidió con la escapada del Barca. No volvió a jugar…

Nigel Williams-Goss, por su parte, sin necesidad de mucho protagonismo, despeja en la Supercopa muchas de las dudas y comentarios (bastante apresurados, la verdad) que despertase su pretemporada. 12 puntos en la segunda mitad ante Tenerife y dos triples clave hoy en los últimos cinco minutos (registró el mejor +/- de los 24 jugadores de la final: +16). Poco que reprochar para sus dos primeros partidos oficiales de blanco. Insisto, paciencia con él, si no queréis ser carne de memes en unos meses: según se vaya soltando hay base anotador de quilates.

La pintura blanca habla francés

A falta de Tavares, muy desubicado por ahora a su regreso del Afrobasket, emergió en la pintura Poirier como un coloso, castigando en pick and roll y omnipresente en el rebote. La estadística le da 11 capturas pero tocó o desvió otra docena, muchos de los cuales acabaron en rebote blanco. El center galo, discreto en los JJOO con Francia y superado por Gasol en la final ACB (estaba recién aterrizado), justifica de golpe todas las esperanzas depositadas en él a su llegada, que fueron muchas. Llull es justo MVP, pero igual de justo lo hubiera sido Vicente. Pensad que el año pasado teníamos a Felipe y a Tyus desde el banquillo y este año sale Poirier, ya asentado, que sería titular en 15 equipos de Euroliga…

Y qué lugarteniente tiene en su compatriota Yabusele, limitado en la final por personales, pero el más destacado en el durísimo encuentro de semis. Era el mejor cuatro en mercado este verano y reclutarlo es una operación de campanillas, se mire por donde se mire. Yabu no tendrá la finura técnica de Thompins o incluso de Randolph (le quedan años para desarrollarla), pero lo compensa con ese físico portentoso, moviendo como una gacela 123 kilos en cuerpo de 203 cms. Un milagro de la evolución.

Los que están, con cuatro jugadores nuevos y 10 entrenamientos mal contados, han alcanzado para mojarle la oreja al Barca en la Supercopa. Si le sumamos los que están por llegar, este Madrid da para ilusionar: no se me ocurre conclusión más importante esta noche.

Balance del verano Euroliga: ¿dónde queda el Madrid?

Queda todavía un mes para que arranque la Euroliga pero las cartas están sobre la mesa. La mayoría de las plantillas están ya cerradas o prácticamente, así que podemos empezar a hacer balance del verano.

No hemos visto a ningún equipo tirar la casa por la ventana como otros años, el típico animador del mercado, que recibe una inyección de pasta y tira la casa por la ventana, cerrando fichajes a sobreprecio. El año pasado fue Milán y el anterior el Barca. Ese equipo este verano ha sido el Partizán de Zeljko, dopado de dinero estatal, pero no le cuento porque juega Eurocup y este análisis se ciñe a Euroliga. Tampoco hemos visto, como otros veranos, trasvase de jugadores de la NBA a la Euroliga, el timing no ayuda. Shabazz Napier (Zenit) y Nicolo Melli (Milán) quizá los más destacados, de nuevo, si nos ceñimos a Euroliga.

Divido el análisis en cuatro grupos: los que considero candidatos al título (Efes, CSKA y Barca), los candidatos a estar en la F4 (Madrid, Fener y Milán), los candidatos a top8 (Zenit, Baskonia y Bayern) y el resto, con Olympiakos como único aspirante a algo más.

Micic sigue, Efes favorito

Lo primero, lo más importante en la Euroliga este verano, ha sido la renovación de Micic en Estambul, el movimiento que más condiciona el equilibrio de poder en la competición. No dábamos un duro por su continuidad en Europa, si hasta su agente (Raznatovic) declaró en abril a los cuatro vientos que el serbio «estará en la NBA el año que viene». Pero el plan se torció: sus derechos allende el mar pertenecen a Oklahoma, una situación tipo perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Ellos se lo pierden. Es el mejor jugador de la Euroliga en la actualidad y, como aficionado, será un placer seguir disfrutándole aquí. De paso, su renovación contra pronóstico convierte automáticamente a Efes en favorito de nuevo al título, la pareja que forma con Larkin es devastadora. El campeón mantiene la columna vertebral, con el único cambio relevante de Sertac Sanli por Petrusev en la pintura, más verde el serbio pero con más techo.

Micic, Larkin
Beaubois, Balbay
Simon, Anderson
Singleton, Moerman
Petrusev, Duntston, Pleiss

Un Barca con menos músculo

Por detrás de Efes veo candidatos a Barca y CSKA. Puesto en perspectiva, los azulgrana desaprovecharon una oportunidad franca para ganar la Euroliga el año pasado, no siempre van a venir las circunstancias tan de cara. Con Gasol gratis caído del cielo y sin apenas bajas en todo el curso, mientras rivales directos como Madrid y CSKA se caían de la puja entre lesiones y fugas a la NBA. El Barca mantiene bloque, quizá el mejor quinteto de la competición, y por eso le sigo considerando serio contender. Pero los problemas financieros del club han obligado a un somero ajuste de gasto, sacrificando profundidad de plantilla. Salen seis jugadores y solo entran cuatro: Lapro, Jokubaitis, Hayes y Sanli IN, Hanga, Bolmaro, Claver, Gasol, Westermann y Pustovy OUT. El puesto de alero es el más perjudicado: después de haber pujado por Kalinic, haberse interesado por Deck y dejar ir a Hanga y Hezonja, acabar fichando a Nigel Hayes es como pedirse un sandwich mixto en Zalacaín.

Calathes, Laprovittola, Jokubaitis
Higgins, Kuric
Abrines, Hayes, Sergi Martínez
Mirotic, Roland, Oriola
Brandon, Sanli

Las salidas no son estelares pero merman el músculo y el poderío defensivo de la plantilla, sobre todo exterior. Hanga, por ejemplo, tenía un rol gris para el aficionado medio pero Jasikevicius se fiaba de él como del Caserío: más de 1.400 minutos en pista el año pasado, a una media de 17 en los 85 partidos que disputó. Ahí es nada. Claver, por otro lado, jugó mucho menos, mermado por lesiones, pero fue el único que pudo contener a Micic en la final de la Euroliga, en el primer cuarto. No juegas contra Micic todos los días, pero vas a tener que ganarle para levantar el título, que entiendo que es el objetivo.

CSKA, pendiente de Pangos

También veo candidato serio al título a CSKA que, según el presi Vatutin, aún está pendiente de cerrar la plantilla con algún descarte del mercado NBA. Apostaría por un base, de hecho, uno con nombre y apellidos, Kevin Pangos, al que se le empieza a agotar el tiempo para pescar contrato en EEUU. Incluso a falta de la guinda, los rusos presentan ya una rotación muy equilibrada, mezcla de juventud y experiencia, defensa y ataque.

Hackett, Shved
Grigonis, Lundberg
Clyburn, Kurbanov
Shengelia, Voigtmann
Milutinov, Bolomboy

Milutinov se perdió la mitad del curso pasado por lesión y su regreso ofrece al equipo otra dimensión en la zona. El juego exterior tampoco tiene mala pinta: Clyburn es el mejor de la Euroliga en su puesto, sin discusión, y Grigonis más fiable que Hilliard, al que sustituye. Además, Lundberg tiene todavía margen de mejora, potencial como para convertirse en un jugador importante en Europa, bien podría ser este su año de explosión.

Me genera dudas el regreso de Shved, mucho talento pero potencialmente tóxico y anárquico. ¿No tuvieron suficiente con Mike James? Imagino, conociendo cómo funcionan los resortes del CSKA, que su fichaje tiene más de compromiso político que de verdadera apuesta deportiva, sobre todo si llega Pangos. Los jugadores rusos raramente se plantean salir de su país y a Shved, sin hueco en San Petersburgo, que no pega ni con cola en el sistema Pascual, solo le quedaban Kazán o Moscú. CSKA no deja de ser el equipo del establishment y Vatutin no iba a dejar tirada a una estrella nacional tras la desintegración del vecino Jimki. Llamadita de Kirilenko y todo arreglado.

El Madrid, objetivo F4

Detrás de Efes, el favorito, y de Barca y CSKA, las alternativas al título, veo a tres equipos con opciones de entrar a la F4, grupo en el que meto al Madrid, junto a Fenerbahce y Milán, en ese orden. Lo siento, Roma no se construyó en un día. El Madrid bajó un escalón en Euroliga el año pasado, acabó con la peor plantilla en una década y se cayó del exclusivo club de los fijos en la Final Four. El objetivo realista esta temporada es regresar a esa F4 y hay mimbres para ello, tras unos movimientos bastante sensatos en verano, como ya hemos comentado. Laso cuenta seguramente con el mejor banquillo de la competición, una plantilla larga, versátil y con muchas variantes, sobre todo en defensa.

Ahora bien, opciones de campeonar veo poquitas, remotas, porque faltan estrellas. Muchos buenos reservas no te hacen una estrella, y esas son las que deciden las finales. NWG y Heurtel mejoran sensiblemente el puesto de base que quedó tras la marcha de Facu, pero no les considero a priori estrellas de la Euroliga, salvo step ahead del americano (no descartable dada su edad y talento). Tampoco cuento con Carroll ni con que se le fiche un sustituto, así que el roster quedaría de esta manera.

NWG, Heurtel, Alocén
Llull, Causeur, Rudy
Abalde, Hanga, Taylor
Thompkins, Yabusele, Randolph
Tavares, Poirier, Vukcevic

Fener, la reválida de Sasha

Se vieron a mitad de verano sin entrenador, tras la espantada de Kokoskov, reclutado para los Mavs, y apostaron por Sasha Djordjevic, cuyas primeras experiencias Euroliga fueron discretitas. Viene de una buena temporada en Bolonia: campeón de la liga italiana e invicto en Eurocup hasta semis.

En cuanto a plantilla, Fenerbahce pareció a comienzo de verano que tiraría la casa por la ventana. Al final no ha sido para tanto, pero ha recuperado el ritmo de inversión previo a los dos últimos años, de crisis económica por la devaluación de la lira y la pérdida de algún patrocinador. En todo caso, la plantilla sale reforzada, sobre todo en músculo, con la llegada de tres agentes libres cotizados, como Polonara, Pierria Henry y Devin Booker, a sumar las valiosas renovaciones de De Colo y Dyshawn Pierre, uno de los aleros de moda en el continente. Van un poco justos de banquillo, así que volverán a depender del físico de Vesely y De Colo. No deberían tener problemas para entrar en top8 y jugarse a cara o cruz un billete para Berlín.

Pierria, De Colo
Guduric, Shayok, Mahmutoglu
Dyshawn, Biberovic
Polonara, Barthel
Vesely, Booker

Milán, al final de la escapada

Sensación parecida a la del Barca, de oportunidad perdida el año pasado, por el WO de rivales directos y al ser un proyecto a corto plazo, con una columna vertebral veterana. Hines, Datome, Chacho, Delaney… La plantilla este curso gana por dentro, con los fichajes de Melli y Mitoglu, pero pierde a priori en el puesto de escolta, con la marcha de Kevin Punter, máximo anotador del equipo el año pasado, aún con margen de mejora. La temporada de Milán dependerá en buena medida de la adaptación y rendimiento de los tres nuevos americanos exteriores, sin experiencia previa Euroliga, así que un poco huevo Kinder: Devon Hall, Troy Daniels y Jerian Grant.

Delaney, Chacho
Devon Hall, Troy Daniels
Shields, Jerian Grant
Melli, Datome, Mitoglu
Hines, Tarczewski

Zenit, llamando a la puerta

Fue junto al Bayern la revelación del pasado curso, y parece que ha venido para quedarse. Un club pujante, de una gran ciudad europea y con un patrocinador potente detrás (Gazprom), más fiable que el simple capricho de un oligarca. Vamos, que no es un Darousafaka o Jimki de la vida, que un año rompen el cerdito y al siguiente están con impagos. La inversión de Zenit ha crecido progresivamente desde su fundación, sin fichajes despampanantes, sin saltarse pasos en su camino a la élite. Un proyecto construido alrededor de un entrenador(azo), Xavi Pascual, uno de los mejores de Europa.

El año pasado ya se los pusieron de corbata al Barca y quedaron a un solo partido de la F4. Su plantilla para este curso es a priori más completa, menos dependiente de un solo jugador, Kevin Pangos, por el que pasaba todo. Han renovado a Billy Baron y fichado bastante dinamita con Jordan Loyd, Shabazz Napier, Dimitri Kulagin, Frankamp, Kuzminskas y Jordan Mickey. Alguna apuesta es de riesgo y saldrá mal, pero en general la plantilla crece en talento y tiene más alternativas, que el bloque del año pasado tocó techo. Opciones claras de repetir en top8 en función de la adaptación de Napier.

Napier, Frankamp
Loyd, Baron
Ponitka, Kulagin, Karasev
Poytress, Kuzminsas
Gudaitis, Mickey

Baskonia, apuesta por dinamita

Un objetivo claro, regresar a top8 después de dos años fuera (cuento la clasificación de 2020 a fecha de cierre). Para ello se ha acometido una profunda y diría que ambiciosa renovación de plantilla, obligada por la marcha de actores principales, y con bastante más alegría económica que el verano pasado. La base del proyecto y principal inversión es Wade Baldwin, uno de los jóvenes más cotizados del continente, que explotase el año pasado y para cuyo fichaje Baskonia ha roto el cerdito, superando las ofertas de Bayern y Unics. Un modus operandi diferente al habitual de Querejeta, el de apostar por prospects en penúltima etapa de formación. No estaba el mercado de bases como para inventos este verano.

La continuidad contra pronóstico de Giedraitis, al no encontrar acomodo en la NBA, desequilibra un poco el juego exterior, dado que ya se le había buscado sustituto de un status y perfil similar, Fontecchio, en el que también se ha invertido bastante dinero y se han depositado muchas esperanzas. Queda un puesto de alero con mucha dinamita (Simone, Rokas y Tadas) pero Marinkovic como único escolta nato de la plantilla, una incógnita tras su decepcionante paso por Valencia. Giedraitis tendrá que jugar bastantes minutos de dos, donde puede sufrir atrás contra generadores desde bote tipo Larkin, Higgins, Loyd, etc.

La pintura me genera algunas dudas, hay también talento, pero va un poco corta (4 jugadores) y escasa de experiencia en la élite. En resumen, un equipo interesante, joven, con más puntos y variantes que el año pasado pero menos defensa y dirección.

Baldwin, Granger
Giedraitis, Marinkovic
Fontecchio, Tadas
Costello, Peters
Nnoko, Enoch

Bayern, el reto de mantenerse

Igual que Baskonia y Zenit, se beneficia de la ausencia en Euroliga este año de rivales directos potenciales (Valencia, Bolonia o Partizán) que encarecerían los últimos billetes del top8. El Bayern fue uno de los equipos que mejor baloncesto realizó el pasado curso, terminó quinto la fase regular y se quedó a un solo partido de la F4, palabras mayores para un club históricamente de zona media-baja de la tabla. Pero tienen un proyecto, alrededor de coach Trincheri, y saben que la estabilidad es un valor en este negocio.

Por eso les doy chances en la lucha por top8, pese a perder a dos de los tres referentes del equipo el año pasado, Baldwin y Reynolds. Mantienen el resto del bloque (Lucic, Zipser, Weiler-Bab, etc), al que incorporan tres americanos con amplia experiencia Euroliga, DeShaun Thomas, Othello Hunter y Darrun Hilliard, más el base Corey Walden, que apuntó muy buenas maneras en Estrella Roja en su debut Euroliga. Si mantienen la química, hay mimbres para aguantar en la zona noble.

Walden, Sisko
Hilliard, Weiler-Babb, Obst
Lucic, Dedovic
DeShaun, Zipser
Othello, Radosevic

El resto

Estamos, creo, ante una de las ediciones de Euroliga más desigualadas que recuerdo, es decir, con mayor brecha de nivel entre el top8 y la zona baja. La organización ha quedado cautiva de su propio sistema de clasificación y cuotas. Hay tres equipos en la segunda división (Valencia, Partizán y Virtus) mejores a priori que bastantes de la primera. Sin ir más lejos, los dos equipos franceses (Asvel y Mónaco) apestan al fondo de la clasificación y tampoco Unics tiene mucha mejor pinta. Hezonja se hinchará a puntos pero volverá a ver los playoffs por la tele.

Maccabi, que ya viene de una muy pobre campaña, sufre la retirada anticipada de Casspi y pierde a sus dos jóvenes más prometedores: Tyler Dorsey y Elijah Bryant. Por su parte, Estrella Roja, pese a los fichajes de última hora de Kalinic y Hollins, va muy justo en el resto de puestos como para optar a playoffs. Panathinaikos, en su línea: cinco nuevos americanos random. Evitará los últimos puestos gracias a la permanencia del trío Papapetrou, Nedovic y Papagiannis, pero tampoco hay cimientos para más.

Solo hay dos equipos a los que doy algunas opciones de luchar por top8. Uno Zalgiris, siempre justo de plantilla pero que nunca le pierde la cara a la competición. Y el otro, al que más chances doy, es Olympiakos, que mantiene la base (Sloukas, Vezenkov, Printezis, McKissic) y se refuerza con Tyler Dorsey, Thomas Walkup y Moustapha Fall. Según encajen las piezas, puede entrar en la guerra de Zenit, Bayern y Baskonia.

Colorín colorado, este annus horribilis se ha acabado

Hasta aquí la temporada del Madrid de basket y, ¿sabéis qué os digo? Que en cierto modo supone casi una alivio, porque ha sido un dolor de muelas. Con algún arrebato de orgullo puntual, como la serie de cuartos frente a Efes, pero un dolor de muelas al fin y al cabo. Quizá la temporada menos ilusionante de la era Laso, y no precisamente por su gestión, que ha sido impecable, obligado a sacar conejos de la chistera casi cada semana.

La final ACB se acabó en el tercer cuarto el domingo y la decidió Cory Higgins. El segundo partido solo fue un epílogo innecesario, un «chou», como dijo Laso en un tiempo muerto. Una coda para mayor gloria de Mirotic, que hizo lo que mejor sabe, inflar estadística con el rival ya en la lona. Habrá quien se consuele con la excusa de las lesiones y la mala suerte, pero el Madrid post Campazzo está a un abismo del Barcelona, a las dos finales desde que se fue me remito.

86 partidos, que ya está bien, 86 partidos de engordar para morir desde que se pirase el argentino, que era medio equipo. Su marcha alteró el equilibrio de poder en la ACB y el club, por ahorro, por autosuficiencia, decidió sencillamente no fichar, no buscar un sustituto, ni intentarlo siquiera. Contra otro Barca, el de hace 4-5 años, hubiese servido, pero no contra este, ni cerca. Fue un tirar la toalla antes de arrancar la temporada, resignarse a que pasase lo que ha pasado, que es lo normal. Y mira que Facu avisó con tiempo, en mayo, que no pilló por sorpresa al club como lo de Tortuga Deck.

Una decisión de un cortoplazismo financiero que pasados los meses todavía no me explico, como si la sección no palmase 20-30 millones todos los años sin que eso suponga un problema. Ha sido un tirar al retrete la temporada de una sección de unos 40 millones de euros de presupuesto anual por no gastarte 1-2 millones en el sustituto de un jugador cuya marcha deja 6 kilos a plazos…

Capacidad de regeneración

El Madrid ha hecho gala durante años de una épica capacidad de resiliencia, de enjuagar las marchas a la NBA y las lesiones con los recursos propios de la plantilla. Los que han quedado este curso, entre fugas y lesiones, han dado la cara en la medida de sus posibilidades, quizá incluso por encima. Se han salvado los muebles, pero la épica tiene un límite, y la regeneración requiere de unos mínimos mimbres previos que ahora no hay.

Me ha dado por revisar lo que publiqué aquel 20 de noviembre, a la marcha de Facu: entonces temí estar siendo demasiado duro o agorero, pero no…

Esta fuga es un torpedo en la línea de flotación del equipo, cuyas opciones de títulos este curso se reducen dramáticamente sin una de sus dos estrellas

¿Y qué va a hacer el club ahora? Nada. La intención es no fichar, y mejor que nos hagamos a la idea cuanto antes, para no seguir perdiendo el tiempo pajeándonos con los descartes del mercado NBA. Una decisión decepcionante para el aficionado pero no por ello sorprendente, en línea con la muy conservadora política de despachos de la sección en la era Laso, fiándolo todo al continuismo

Lapro y Alocén, la nueva ralidad: el Madrid se va a pasear por Europa con una dupla de directores digna de media tabla en la ACB. Laso es un contrastado gestor de bases, pero milagros a Lourdes

Lesiones y lesiones

Si la marcha de Campazzo cambió el equilibrio de fuerzas ACB, las lesiones fueron la puntilla. La de Randolph un enorme infortunio, claro está, pero la mayoría del resto han sido musculares en jugadores bien entrados en la treintena, así que previsibles en cierto modo.

Llull, por ejemplo, se ha perdido 31 partidos de la temporada (el 36%), y de los que ha podido jugar unos cuantos lo hizo forzando, como esta semana, y por tanto mermado. Lleva tres temporadas igual, así que no nos puede coger por sorpresa, y camino de los 34 no va a ir a mejor. Tres cuartos de lo mismo pasa con Carroll y Rudy, que se han perdido 17 y 29 partidos, respectivamente, entre lesiones varias y descansos. Los tres, por cierto, han firmado calamitosas actuaciones en la final ACB, sin paños calientes.

Con este panorama, lo que le ha quedado al Madrid en la temporada, siendo realistas y dejando la testiculina y el escudo al margen, es luchar por meterse en finales nacionales e intentar la sorpresa. Pero ya no como favorito sino como aspirante, por primera vez en más de un lustro. A las finales se ha llegado, así que la temporada no es de suspenso, pero tampoco ha habido sorpresa, ni cerca: se han perdido sin paliativos, por el sencillo motivo de que el Barca es ahora mejor, manque pese.

Señales de desgaste

Las señales están ahí desde hace tiempo, para quien las quisiera ver. Dejar de ser el equipo a batir no sucede de la noche a la mañana por un puñado de lesiones, es una transición cocida a fuego más lento de lo que parece.

La temporada pasada el equipo era ya muy dependiente de Tavares y Campazzo, que tapaban muchas miserias, mientras a su alrededor se hacía un vacío cada vez mayor, principalmente por la complacencia y el desatino de la directiva en mercado desde que se ganase la Euroliga de Doncic en Belgrado (2018). Se confundió continuismo con dejadez: los jugadores envejecen y las estrellas se apagan. Reconocer la trayectoria de leyendas del club no está reñido con admitir su decadencia según les caen años encima. La lealtad no gana títulos y hay maneras muy dignas de rendir tributo sin ficha en el primer equipo.

Una dejadez directiva en Goya que contrasta con el empuje del Barça, más ambicioso en mercado, como corresponde al perseguidor, y tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompió. En verano de 2019 FCB dio un golpe encima de la mesa, fichando a dos titulares del quinteto ideal Euroliga (Higgins y Davies) y a dos jugadores de clase media NBA (Mirotic y Abrines). Todos en su edad prime. El curso pasado no cuenta, que se cerró en falso por el covid: este ha sido el primero con ese plantillón ensamblado, y el resultado salta a la vista: nos han pasado por la derecha.

¿Diferencia de presupuesto? El Barca gasta un poco más en plantilla, sí, pero la diferencia dista de ser abismal. De hecho, a comienzo de curso los presupuestos eran casi idénticos, hasta la marcha sin cubrir de Facu, que supuso desinvertir como 3 millones de masa salarial. Por favor, no nos agarremos a ese viejo complejo colchonero de la inferioridad presupuestaria para evitar hacer un poco de autocrítica. No comparemos solo presupuestos, sino la forma de gastarlos, que nadie obligó a JCS a firmar más de 4 millones por dos años a Laprovittola o a renovar a Felipe para vestirse de calle. El éxito del Barca no viene de una diferencia presupuestaria abismal sino de la apuesta por un núcleo de jugadores en su edad prime y sin riesgo de fuga NBA. Mientras, el Madrid se agarraba al continuismo, al realismo mágico de la resiliencia y las vacas sagradas.

Estamos ante un verano clave en los despachos. Toca un cambio de rumbo en la toma de decisiones, apostar por el rendimiento esperado a futuro y no por el pasado, el cariño y la lealtad. No voy a bajar hoy al detalle de los nombres de salidas y fichajes deseables, ya habrá tiempo, sino a recordar que de la autocrítica de que sea capaz el club, y del acierto y la ambición que muestre este verano depende evitar que se consolide un cambio de ciclo en el basket español, con el Barca como dominador y el Madrid a rebufo.

Demasiado Higgins para este Madrid

Cuesta arriba, pero y mucho, se le queda la final ACB al Madrid. En el formato recortado de este año, palmar el primero y en casa es casi mortal de necesidad. Y lo peor ya no es tanto el resultado sino la sensación de inferioridad: la buena versión de los blancos se va 3 arriba al descanso, la buena del Barca +17 en la segunda parte, pese a perdonar hasta 11 tiros libres.

Podemos señalar a Peruga e invocar a la testiculina pero, en honor a la verdad, que cada vez que el Madrid se ha cruzado este curso al Barca con algo en juego ha salido escaldado. La final de Copa fue un chorreo y la serie final ACB empieza en las mismas coordenadas. Hasta con el mismo protagonista, Cory Higgins. 26 puntazos hoy, 20 en la final de Copa y, aunque no fuese contra el Madrid, 23 en la final de Euroliga. Los mejores son los que marcan diferencias cuando de verdad importa, y Higgins lo hace, por eso es a día de hoy el mejor escolta del continente. Además, no necesita justificarse inflando estadística en partidos de relleno, como algún compañero suyo que cobra bastante más…

No hace tanto el Madrid tenía el mejor backcourt de Europa, a los Higgins del momento, en su edad prime, pero entre fugas a la NBA y cierta complacencia en los despachos, aplazando la inevitable renovación, lo que queda es un grupo de veteranos entrañables, con los cojones cuadrados y el cariño de la grada, pero con una salud de cristal y que ya no marca diferencias en la élite. Como le sucederá a Higgins cuando tenga treintaymuchos como ellos, porque es ley de vida, el tiempo pasa para todos.

No es un buen día, no es una crónica agradable de escribir, pero tampoco quiero que suene apocalíptica: el baño de realidad ya nos lo hemos llevado a lo largo de curso como para rasgarnos ahora las vestiduras. La afición blanca llega curada de espanto, sabíamos que esto podía pasar en la final, que de hecho era lo probable desde el mismo día de noviembre en que se fue Campazzo. Aquello cambió el equilibrio de fuerzas en la elite ACB, el Madrid dejó de ser el favorito a los títulos y el objetivo realista pasó a ser llegar a la final. Y se llegó, pese a nuevas fugas y lesiones por el camino, así que dramatismo el justo.

Jaycee y Garuba, desactivados

Tavares y Poirier dominaron la zona como se espera de ellos, 19 rebotes y 37 de los 58 de valoración del equipo. Pero no hubo mucho más. Alocén mostró detalles interesantes por momentos, pero le lastraron las faltas. Tampoco se puede exigir mucho más a un tercer base de 20 años. Taylor, que venía firmando unos playoffs muy serios, pinchó en su cometido principal: contener a la estrella exterior rival (Higgins). Puede que se está jugando la continuidad… Llull y Abalde, recién salidos de periodos de baja, jugaron sin apenas haber entrenado así que poco se les puede reprochar.

Hay especialmente dos jugadores por los que me sabe mal el partido, y son Garuba y Jaycee, para los que puede haber sido su último encuentro en Goya. ¿El mejor canterano español en una década y el mejor extranjero del club en el siglo XXI se van a despedir de su público con actuaciones en negativo? Ya me jodería.

Usman, el mejor en semifinales, partió desde el banquillo y acumuló errores por exceso de ímpetu, como el júnior que todavía es y a veces nos olvidamos. No encontró en ningún momento el ritmo del partido, su lenguaje no verbal fu un poema: valoración -6. Y a Carroll, como ya es costumbre, Laso le reservó para el tercer cuarto, que no tiene gasolina para más a sus 38, si no quieres que te acabe restando en defensa más de lo que te suma en ataque. Pero Abrines le ató en corto esta vez y se quedó en 1/5 tiros.

Por ellos dos principalmente, por la Pantera y por Jaycee, me encantaría que hubiese tercer partido y se puedan despedir de Goya, se gane o se pierda, pero con una actuación acorde.

Bajar al barro para competir

Se volvió a perder contra el Barca, que desde un punto de vista mediático y de rivalidad sé que escuece más a la parroquia que una derrota cualquiera. Pero no deja de ser una con la que se contaba en las cábalas para entrar en top8, el verdadero objetivo exigible este año, así que clasificatoriamente no resulta costosa. No es día para drama queens, de esas medio futboleras que asoman tras los derbis, aunque sean de fase regular. El objetivo del Madrid sigue siendo ganar dos partidos (o mejor tres) en lo que resta de fase regular, y el de anoche era el menos propicio. Esta vez, y a diferencia de la final de Copa, sí se compitió. Laso aplicó la misma receta que en las dos victorias previas, Zenit y Murcia, es decir, espesar el partido y llevarlo al barro. Compensando con defensa la evidente desventaja de plantilla, que de por sí la habría con todos disponibles, pero que con las bajas se vuelve abismal.

Saras cuenta desde el regreso de Claver con el roster al completo, recordemos, el más caro de Europa, y se puede permitir lujos zaristas como descartar ayer a Pustovy, que cobra 1.8M brutos este año. Mientras, el Madrid está sin base titular, Facu, al que se decidió no suplir por ahorro, sin Rudy, Llull y Randolph, lesionados, a los que ayer se unió Tyus, roto en el segundo cuarto cuando estaba cumpliendo, que ya es novedad. Y Thompkins, aunque salió unos minutos, también está lesionado, mermadísimo por su reciente esguince: en condiciones normales no hubiese ido convocado ni ayer ni al partido del Zenit.

En esas condiciones, tiene mérito llegar a los dos últimos minutos con opciones reales de victoria. Tavares dominó la pintura como acostumbra y Taylor secó a Higgins, principal vía de agua en la final de Copa (en la que fue baja). El regreso del sueco ha sido clave en la mejora defensiva en los tres últimos encuentros.

Deck nunca se esconde en estas citas y ayer no fue excepción, máximo anotador con 17. Por cierto, que ha enchufado 9/12 triples en las últimas cuatro citas Euroliga, dedicado a los de «no puede ir a la NBA porque no mete de tres». Como veréis, no ha modificado su mecánica, sigue lanzando sin apenas parábola, pero no se trata de tirar bonito sino efectivo, y a base de repetición y entreno todo se compensa.

Abalde debió leerme y mejoró sus prestaciones (11pts, 4as), teniendo que jugar 10 minutos de base, que ya sabemos que no es lo suyo, porque Lapro no pasa el corte en defensa en partidos de este nivel y a Alocén, que firmó buen inicio, se le empezaron a caer los balones de las manos en el tercer cuarto (5 pérdidas en 15 mins).

El Madrid falló un par de tiros clave en la recta final, que el pobre Deck iba ya con la lengua fuera, y fió sus opciones a la defensa. Y ahí resultaron decisivas dos faltas rigurosas (y sus consiguientes tiros libres) señaladas en los últimos 120 segundos: una de Tortuga a Mirotic en la porfía al poste y otra de Taylor sobre Higgins en la presión sobre bote. En esos dos pitidos se esfumaron las opciones de un Madrid que, de todas formas, deja buenas sensaciones, dadas las limitaciones. Toca seguir remando.