Nuevo entrenador pero misma estrella: Tavares guía al Madrid a otra Supercopa

Remontando 12 puntos y con Tavares, una vez más, marcando la diferencia en ambos aros. El cambio de inercia en los Barca-Madrid que arrancase en mayo, en la semifinal de Final Four, se solidifica en el inicio de curso con este título blanco de Supercopa. Por cierto, el quinto consecutivo, trofeo fetiche. Es también el primer título de la era Chus Mateo, al menos con él oficialmente de primer entrenador, un chute de confianza para construir desde la tranquilidad que dan las victorias. A botepronto podemos afirmar que el equipo mantiene una de sus principales señas de identidad de la era Laso, el carácter competitivo, una mezcla de determinación, oficio y corazón que permite remontar finales como la de hoy, que pintaba bien fea.

Aunque, en honor a la verdad, hay cosas que pulir, la gestión fue discreta en términos generales. Los blancos perdieron más balones que asistencias repartieron, 16 a 13, síntoma inequívoco de espesura. A lo que contribuyó también Chacho Rodríguez, terrible su torneo, físicamente como si tuviese 45 años en vez de 36. Parece mentira que haya hecho la pretemporada completa con el equipo.

Pero volvamos al partido, y al nuevo entrenador: la planificación del último ataque del tiempo reglamentario dejó que desear, así como la asignación de jerarquías (Llull sigue siendo el que más lanza, 5/16 tiros) o el aprovechamiento de la gran ventaja del plantel, su profundidad. Cuatro jugadores se fueron a más de 35 minutos en pista, que se traduce en cansancio propio y banquillazo ajeno. Pienso por ejemplo en Mario Hezonja, una de las apuestas importantes de la sección este verano y uno de los mejores anotadores de la Euroliga las dos últimas temporadas. No lanzó a canasta ni rascó bola en todo el partido, ni siquiera en la sequía de la primera mitad, acabó con 0/0 tiros. Básicamente porque no hay ningún sistema pintado para él. Que sea el reserva de Tortuga no significa que se le fichase para 10 minutos de intendencia y esperar en la esquina. Si no se le integra ahora, imaginad según regresen lesionados. Por cierto, coach M informó en la rueda de prensa de que Hanga y Rudy estarán fuera un tiempo.

La era del Gigante Verde

Medio torneo corresponde a Tavares, faro absoluto del Madrid desde hace 2-3 temporadas, aunque a la afición le cueste un poco asumirlo por el prejuicio estético heredado de la era Laso, de que las estrellas tienen que ser exteriores y cancheras. 41 de valoración en el cuarto y último partido de la final ACB en junio, 40 hoy en la final de Supercopa, ambas contra el Barca. Actuaciones de leyenda que ganan campeonatos. Mientras las viudas siguen suspirando por Campazzo, el Madrid va ganando títulos a lomos de Edy.

No es solo que sea bueno y enorme, es que cada curso juega mejor que el anterior, fruto de su compromiso, humildad y ética de trabajo. Pensad, por ejemplo, que cuando llegó a Madrid apenas rondaba el 50% en tiros libres: hoy no sorprende que se casque este 10/11 en la final, o esa canasta de media distancia clave en la prórroga. Pero no solo es el tiro, mirad cómo entiende ahora el juego, define con la zurda y, sobre todo, cómo gestiona las emociones. Ha reducido ese ratio tan dañino de técnicas por protestar y de faltas inútiles, hasta convertirse en el jugador más determinante de la Euroliga tras Micic.

A su lado ha brillado el dúo exterior titular, Musa y Deck, de lo mejor también del continente en su puesto por presente y sobre futuro a corto plazo. Tortuga, reciente MVP de la Copa América, tiene tres cosas en común con Tavares: juega feo, cada año es mejor y nos acordamos de él menos de lo que deberíamos. En la final, decidida por solo 6 de diferencia, el balance del Madrid en sus minutos ha sido de +23…

El desembarco Musa

A quien no le van a faltar focos es a Dzanan Musa. Su desembarco en Madrid está siendo atronador. La Supercopa, su debut oficial de blanco, ha descartado de un plumazo cualquier duda de que el Eurobasket o la pretemporada hubieran sido un espejismo. Tiene solo 23 años y dos semanas en el equipo pero ya se ha erigido en uno de sus líderes espirituales y en primera espada ofensiva exterior. Es puro carisma, rezuma confianza, a man on a mission. Además, su sangre caliente y juventud no se traducen en precipitación o malas decisiones ocasionales, como sería entendible. Al contrario, su selección de tiro es digna de veterano: 14/22 de campo en el torneo. Por cierto, esas penetraciones con eurostep son canelita en rama.

Musa fue el sostén anotador del equipo en muchos tramos de la final, y responsable junto a Llull de la remontada en el tercer cuarto. Su capacidad de generar juego desde bote elimina o al menos reduce el principal déficit de la plantilla desde la marcha de Facu. Por edad, nivel y carácter, se me antoja el fichaje más ilusionante de la sección en el último lustro, una incorporación estratégica si confirma su adaptación/evolución y ahuyenta cantos de sirena allende el mar…

Disculpad de antemano mi entusiasmo jaranoso, quizá exagerado, pero son demasiados años tratando de ilusionarme y vender el pollino con fichajes de exteriores para empatar, de viejas glorias y sopita recalentá. Y no hay motores en este negocio como la ilusión y la novedad. Es solo una Supercopa, sin Mirotic y con Satoransky a medio gas, no da para conclusiones categóricas, pero es empezar ganando, seguir ganando.

Back on top: el Madrid dinamita el ciclo azulgrana

Sabe especialmente bien porque no era esperado. Hace apenas dos meses estábamos casi resignados a otra primavera sin títulos y, en todo caso, si sonaba la flauta, el más factible parecía paradójicamente la Euroliga, al jugarse a partido único, porque ganarle una serie a cinco al Barca y sin ventaja campo se antojaba una quimera. Bien, pues aquí está la quimera.

El título ACB echa el cierre a una temporada dura para el Real Madrid de basket, no han salido las cosas rodadas, entre lesiones (dos roturas de ligamento ¡!) y crisis extradeportiva, hasta un infarto del entrenador, pero bien está lo que bien acaba. Y vista en perspectiva la cosecha es muy positiva, con la Supercopa y la ACB, y finalistas de Copa y Euroliga, que en ambos casos se perdieron in extremis y tras llegar por delante al descanso. Notable para un curso que apuntaba a transición, de sacar el paraguas en el pico de ciclo del Barcelona de Jasikevicius y Mirotic.

Esta final ACB viene a dinamitar esa lógica de ciclos y turnismo en lo alto del basket español, sumergiendo en dudas el proyecto del Barca, que ve marchar este verano a uno de sus referentes (Brandon), y esperad que no sea el único. El tirón de orejas de Mirotic ayer a Saras tampoco es baladí, harto de que el entrenador culpe en público a los jugadores y su intensidad de cada derrota.

La aldea gala

Volviendo al Madrid, puede que este título ACB sea el más random desde el triple de Herreros hace dos décadas, por lo heterodoxo de la rotación final, por la reacción del equipo en el último tercio de curso y su resiliencia cual aldea gala ante las bajas, unas por lesión y otras autoimpuestas, que han dado con los huesos de Hanga al timón. Ese es otro mantra que salta por los aires este curso, uno que yo mismo he machacado desde esta tribuna, el de que necesitas disponer de los mejores bases / generadores desde bote para ganar en Europa. Este Madrid no los tiene, ni de cerca, y ahí está el resultado. Nos hemos tirado año y medio deprimidos, buscándole heredero a Campazzo, ese base líder que amase balón, sea protagonista y se juegue el último tiro, cuando no lo hay en mercado y quizá sencillamente es que no se necesita. Hay diferentes configuraciones de plantilla que te pueden llevar a lo más alto y de nada sirve enrocarse en una si no encuentras los jugadores adecuados.

Lo que sí tiene el Madrid es un núcleo de músculo y cemento diferencial, capaz de elevar el listón de intensidad e intimidación. No será tan bonito, pero gana campeonatos. Y ahí brilla con luz propia el nombre de Tavares, que se consagra en esta final como referente en pista del proyecto y jugador diferencial, por si había dudas. Su cuarto partido fue estratosférico (25 puntos, 13 rebotes, 41 de valoración), por dominio e importancia de la cita, su mejor actuación desde que llegó a Madrid.

A parte de este servidor, no vi a ningún aficionado con la camiseta de Tavares en el pabellón pese a ser la estrella blanca desde hace ya 2-3 años. Percibo ahí cierto prejuicio estético en el aficionado medio, que prefiere a los bajitos y habilidosos frente a los hombres grandes, como si su único mérito fuesen los centímetros y el resto viniese dado. Y no, ¿cuántos gigantes hemos visto que no saben hacer la o con un canuto? La bendición de los centímetros lleva aparejada la contrapartida de la descoordinación. Pero Tavares tiene un movimiento lateral primoroso para su altura y peso, además ha evolucionado en todo, en definición cerca del aro, toma de decisiones, lectura de juego, tiro libre y de media distancia.

Aprovechar la oportunidad de mercado

Ese núcleo de cemento que lidera Tavares es, por cierto, fruto de una virtud que sí podemos atribuir a la gerencia blanca, la de aprovechar las oportunidades de mercado cuando se presentan, aunque sea a destiempo e independientemente del puesto. Así se fraguaron en los últimos 14 meses las incorporaciones de Poirier y Deck, rebotados de la NBA a mirad de curso y en puestos teóricamente ya cubiertos.

Si analizamos la plantilla del Madrid desde la ortodoxia táctica concluiremos que está desequilibrada y tiene cromos repetidos, en contraste con la del FCB, de pivots complementarios (Brandon-Sanli), un director de élite Euroliga (Calathes), un tirador puro a lo Carroll (Kuric) y un go-to-guy en la generación desde bote (Higgins). Todo lo que echábamos de menos en nuestras tertulias durante la larga oscuridad. Pero a la hora de la verdad otros criterios han prevalecido sobre cualquier otro, el músculo, la juventud, la versatilidad y el pico de forma en el momento adecuado.

Las lecciones de este tramo final de curso aplican a la configuración de plantilla del próximo curso. Por ejemplo, nada apunta a que el Madrid vaya a fichar un base estelar, ni siquiera parece haber sido la prioridad de la sección, que pujó tímidamente por Larkin y ya. El cambio de Chacho por Heurtel representa una mejora, puesto que el francés dejó de contar hace tiempo, pero tampoco un salto de calidad. Y la probable llegada de Dzanan Musa y Mario Hezonja ahonda en la idea de reclutar piernas jóvenes aprovechando las oportunidades de mercado cuando surgen, aunque no encajen en la ortodoxia de puestos. Vamos camino de juntar chorrocientos ‘aleros’, pero que el talento y la versatilidad prevalezcan sobre cualquier otro criterio.

¿Despedida de Causeur?

El encuentro de ayer supuso la despedida del Madrid para Heurtel, Thompkins, Taylor y, a tenor de su lenguaje no verbal en la celebración, quizá también para Causeur, aunque su caso no está cerrado. El galo fue tras Tavares el mejor en el cuarto partido, con 15 puntos en la segunda parte, siendo clave los que anotó en la recta final para sellar el partido. Le sobró el gesto de la guillotina pero no deja de ser una anécdota clickbaitera. Fabien termina contrato y su renovación o no es de las decisiones más delicadas del verano.

¿Merece renovar? Claro, pero las decisiones no se basan solo en meritocracia, hay otros factores a tener en cuenta y que pueden jugar en contra. No caben todos, el dinero es finito y los cupos necesarios. Causeur tiene 35 años y comparte puesto con dos veteranos (Rudy y Llull) que son cupo nacional y gozan para el club de estatus de leyenda. Y ya sabemos que el Madrid es muy generoso con sus leyendas, les permite elegir cuándo se retiran y hasta les busca después acomodo laboral, al caso de Felipe me remito.

Renovar a los tres (Llull, Rudy y Causeur) con 110 años que suman podría taponar el fichaje de esas piernas jóvenes que necesita el juego exterior pese al final feliz del curso. Y si Llull y Rudy son intocables… En todo caso, si lo de ayer fue una despedida de Causeur fue una por todo lo alto, dejando un gran sabor de boca, y con eso me quedo. Si no fue una despedida, como apunta Sánchez Blas, pues encantados también de tenerle otro año. Sea como fuere, ahora o más tarde, tenemos que acostumbrarnos a ver marchar veteranos, el denominador común del proyecto sigue, y ese no es un ningún jugador sino Pablo Laso.

Fabien al margen, al Madrid se le presenta un verano relativamente tranquilo, más de lo que suponíamos, con la confianza que dan los resultados y con buena parte de los deberes de mercado ya hechos, solo a falta de presentación. Aquí seguiremos para comentarlos, pero hoy de celebración, que hemos sufrido lo suficiente en este último par de años como para no valorarlo ahora en su justa medida.

Cuestión de actitud: el Madrid desarbola de nuevo al Barca y acaricia el título

El Real Madrid tiene al Barca grogüi en la final ACB, cerquita del KO técnico. Cualquier duda que pudiese haber despertado la derrota en el segundo, apretado y polémico, quedó despejada este viernes, otro baño en las mismas coordenadas del partido uno, despliegue de físico y determinación, como si toda la plantilla se hubiese caído en una marmita de Red Bull. La afición respondió al toque de corneta y Goya vio el mayor lleno desde que empezase la pandemia, 11.800 espectadores, y eso que las entradas costaban un ojo de la cara. Nada tiene el poder de convocatoria de una buena final polémica con el Barca de por medio.

El Madrid, pese a las bajas y a lo heterodoxo de la rotación, está a día de hoy en una dinámica competitiva dos marchas por encima del FCB. Rotación corta, intensidad y concentración en los detalles. Dando un paso atrás, pareciera que el primer partido de esta serie se jugó en la F4, que algo hizo click en aquella semifinal y se le salió la cadena a los azulgrana. El RM perdió la final pero se llevó de Belgrado un chute de confianza que asentó la recuperación y que aún le dura.

Este era el año del FCB para ganar la Euroliga, se le había quedado a huevo, por méritos propios y circunstancias ajenas, la culminación de un proyecto ambicioso y de corto plazo, el que armó Bertomeu. Debían verse muy favoritos (lo eran) y la derrota les hizo saltar las costuras, y tampoco parece Jasikevicius el técnico con más mano izquierda para reconducir vestuarios. Mirotic está muy solo, sus teóricos mariscales, Brandon y Higgins, juegan como si el club les debiese dinero, si es que no se lo debe de verdad.

Y claro, si te cruzas con dudas a este Madrid cual tren de mercancías lo probable es que salgas arrollado, como está siendo el caso. La serie marcha 2-1 pero las sensaciones hablan de una distancia mayor, que los blancos llevan por delante en el marcador como 110 de los 120 minutos jugados. Tampoco hicieron falta milagros en el tercer partido, el acierto de hecho fue discreto, 6/25 triples y más pérdidas que asistencias (11 a 12), pero es que dispusieron de 18 posesiones más, fruto de cargar el rebote y lanzarse como energúmenos a cada balón dividido. Actitud y energía, imposible no sentir orgullo del carácter de este grupo.

Y si un jugador lo está representando por antonomasia es Gabi Deck, soldado universal de la rotación de Chus y diría que uno de los candidatos a MVP como la final termine el domingo. Es increíble la fé con que ataca el aro o cómo caza cualquier melón de pase que le lanzan desde el poste alto cuando gana la posición. Terminó con 14 puntos, 5 rebotes y 3 robos. Hanga, el otro hermano de los Cemento Brothers, son bonos suizos del Estado. Mirad lo que os digo, puede que por regularidad y rendimiento en ambos aros sea el mejor base que hemos visto este año de blanco en Goya. Y ya manda narices, porque no jugó ni un minuto en ese puesto hasta la serie contra Manresa ni el año pasado en el Barca, que Saras prefería a Bolmaro de base de circunstancias.

Yabusele es otro de pura energía y candidato a MVP (promedios de 12 puntos y 10 rebotes), definitivamente le ha perdido el miedo a Mirotic, que no el respeto. Causeur, por su parte, recuperó sensaciones tras el apagón en el segundo partido, que le secó Calathes. 13 puntos en el tercero, incluidas dos canastas valiosas en el único amago de remontada azulgrana creíble, cuando se acercó a cinco puntos en el tercer cuarto. La serie no está terminada y convendría cerrarla el domingo, aprovechar el viento a favor. Mi humilde sensación es que a velocidad crucero, como subía Induráin los puertos, es decir, si no sucede nada fuera de guión (más lesiones, escándalo arbitral, etc) o Jasikevicius logra una catarsis en 48 horas, la final no verá la semana que viene.

El Madrid desnuda al Barca en el Palau

Es solo el primer encuentro, queda mucha serie, pero las formas importan y las sensaciones son blancas. En realidad lo son desde aquella barbacoa en casa de Rudy, la epifanía de las pancetas. Cómo han cambiado las tornas en los clásicos desde entonces, qué lejos quedan hoy las palizas en Goya en fase regular, esa sensación de cambio de ciclo asentado. La semifinal en Belgrado nos pareció una machada, por remontar al Barca y por la baja de Goss, y sin embargo este repaso sin Llull, Abalde ni Goss resulta casi otro día en la oficina, tras 16 triunfos en 17 partidos.

Pero la de hoy no es una victoria cualquiera, es un +23 al final del tercer cuarto a domicilio en una final ACB. El tipo de baño que siembra dudas al rival y con partidos cada 48 horas las sensaciones importan.

Abalde y Llull se vistieron de corto por hacer el ver, el gallego llegó a salir algún minuto a probarse, pero aún no. Vino a dar igual porque ya está Hanga disponible para lo que le echen. Su fuerte no es teóricamente anotar, pero reventó el encuentro en la primera mitad con 16 puntos: está en vena y las sensaciones a veces pesan sobre el scouting. No me cansaré de poner en valor su versatilidad, rasgo distintivo del jugador moderno. Añadió seis asistencias y una enorme labor atrás. Jasikevicius debe estar haciéndose cruces por su despido el pasado verano. No es que no le renovasen, como el Madrid a Lapro, es que le quedaba otro año de contrato y le cortaron.

Tortuga Deck, excelso ya en Vitoria en semis, recogió el testigo en la reanudación: otros 16 puntacos. Abortó cada conato de remontada local sin cambiar si quiera el gesto, porque él es así, de conducir tractores y desayunarse un par de abrines cada mañana.

Ambos rezuman el espíritu de este Madrid renacido de dos meses a esta parte, de menos es más, pleno de confianza y energía. Resulta complicado bajar al detalle táctico en un partido así, sin alternativas en el marcador, teñido todo de blanco. El Madrid pasó como un bulldozer por el Palau, abrió brecha aprovechando los tiros liberados que dejaba la defensa azulgrana al colapsarse sobre los pívots. Tavares y Poirier solo pudieron lanzar nueve veces entre ambos, menos que Causeur, Hanga Yabusele o Deck solitos. ¿Os acordáis cuando lamentábamos los baños tácticos de Jasikevicius a Laso? Qué lejos queda todo.

Cumplieron los habituales, cada uno en lo suyo, los triples sin botar de Causeur o los rebotes ofensivos de Vincent, pero también me gustó el fondo de armario. Por ejemplo Jeffery Taylor, valoración 11 en 13 minutos, intachable profesionalidad en uno de sus últimos partidos con la camiseta blanca. Y hasta Juan Núñez sumó a la causa, y no creo ser sospechoso de inflar la valoración de canteranos por simpatía. Sabemos de su chispa en ataque estático pero mostró un nivel defensivo y un aplomo en plaza grande como no le había visto hasta la fecha. Por cierto, un abrazo desde esta tribuna para Anthony Randolph, que salió lesionado y tiene toda la pinta de haberse roto de nuevo. Su cara era un poema, le dolía más el alma que la rodilla.

Volviendo a la final, uno mira la estadística del primer partido y en verdad tampoco encuentra un acierto puntual difícil de repetirse en los siguientes: 15 asistencias por 13 pérdidas, 41% en triples, 50% de dos y +8 rebotes, vamos, la receta que se repite desde la barbacoa. Es pronto para lanzar las campanas al vuelo pero el Barca transmite la sensación de equipo desinflado, como si el desenlace del curso le llegase tarde. Hasta el más cauto coincidirá en que el Madrid tiene una oportunidad genuina de título, que cambiaría diametralmente las conclusiones de una temporada que tan mala pinta tenía.

Belgrado llega en el mejor momento

Ya estamos en semana de Final Four, parroquia, y que nadie se despiste, que este año se juega en jueves y sábado, que el pabellón de Belgrado estaba reservado el domingo para un concierto de Iron Maiden… ¿Cómo lo veo? Razonablemente optimista, según pasan los días y compruebo que el resurgimiento del equipo no parece flor de un día. Nueve victorias seguidas dura ya el efecto rebote tras la galopante crisis. Visto en la perspectiva del charco de fango en el que chapoteaba el equipo hace solo un mes, no podía llegar esta F4 en mejor momento.

No hay garantías a estas alturas y en este formato, faltaría más, pero eso juega este año a favor del Madrid, con mucho menos que perder. Seguramente el FCB siga siendo favorito, al balance en duelos directos del último año y medio me remito, pero el equilibrio de fuerzas nada tiene que ver por ejemplo con la final de Copa del Rey, que Laso tuvo que plantear a chica para dar al menos partido.

A medida que se suceden los encuentros y caen las victorias blancas, meritorias las dos últimas, ante Murcia y Granca que se jugaban billete a playoffs, se confirma el nuevo formato de rotación corta. La lógica de menos es más. Heurtel y Trey habrán sido indultados y entrenan con el equipo pero no han vuelto a jugar ni un minuto desde el episodio farra, y dudo que lo hagan salvo lesión de un compañero de puesto. Ya no es una cuestión disciplinaria sino simple lógica deportiva. Nadie les echa de menos: si la cosa funciona, para qué tocarla.

Y la cosa, paradójicamente, ha vuelto a funcionar jugando ‘a grande’, es decir, planteando los partidos a tanteo alto. La plantilla, construida en teoría para bajar al barro, ha encontrado su identidad a ritmo de 90 puntos, pese a la mencionada ausencia autoimpuesta de dos de sus anotadores más solventes: Heurtel y Trey. En esta racha de nueve victorias el Madrid promedia 88.5 anotados, así que podemos esperar una partido el jueves bastante distinto al 59-64 de la final de Copa.

Nombres propios

El resurgir tiene también algunos nombres propios, como los de Yabusele, que vuelve a ver el aro grande, y Poirier, faro de la segunda unidad. Ambos redujeron sensiblemente sus prestaciones en los meses de crisis. Además, el puesto de base ha dejado de ser un problema con la mejoría de NWG y Llull, aunque quizá la mayor metamorfosis la encontramos en Hanga. Comenzó la temporada de notable y se fue diluyendo en los confines de la larguísima rotación exterior, entre problemas físicos y la propia dinámica depresiva del equipo. Llega a este tramo clave fino de forma física, capital para su estilo de juego, y pleno de confianza, la que da la certidumbre de minutos, que se refleja por ejemplo en el acierto desde el arco.

Como contrapartida, Gabi Deck, llamado a ser una de las referencias, todavía no ha encontrado su nicho en este nuevo formato de juego rápido y rotación más corta. Alterna su puesto natural, el de alero, mejor cubierto, con minutos de de ala-pívot, más obligado por las circunstancias, que Laso se fía de Randolph lo justo y menos. Viendo los precedentes, contra el FCB asumo que jugará la mayoría de minutos como cuatro y por su su defensa a Mirotic pasarán buena parte de las opciones blancas de final.

Mario Hezonja, ¿en el punto de mira del Madrid?

Llevamos meses dando vueltas a una idea: el juego exterior del Real Madrid necesita renovarse con talento ofensivo y juventud. Bien, pues pocos talentos exteriores jóvenes hay en Europa como Mario Hezonja y, según Marca, el club blanco ya estaría «en conversaciones avanzadas» para su fichaje este verano. No lo daría tanto como por cerrado aún, pero algo de agua debe llevar el rio si suena

El Barca no sería un impedimento para la operación: se guardó los derechos del jugador para Europa en 2015, a su marcha a la NBA, pero se deshizo de ellos el año pasado, previo paso por caja del Unics.

Hezonja siempre ha tenido un enorme talento, una suma de físico y técnica digna de videojuego. Sin embargo, pasó sin pena ni gloria por el Barca de Pascual primero y por la NBA después (nº5 del draft). En sus tres meses en Panathinaikos, a su regreso de USA, sumó mucha estadística pero no terminó de mejorar al equipo. ¿Eterna promesa, escaso carácter competitivo? Despejó la mayoría de esas dudas este curso en el Unics Kazán, una de las teóricas cenincientas de la Euroliga, al que dejó sexto clasificado hasta la suspensión por la guerra. Una cosa es amasar estadística en un equipo perdedor y otra convertir a un equipo mediocre en ganador. Lógicamente no jugaba solo en Kazán, pero sí era uno de los referentes, sino directamente el jugador franquicia.

He visto unos cuantos partidos del Unics este curso y mi sensación con Hezonja era de haber alcanzado por fin la madurez: dejar que le llegue el partido y sumar en rubros estadísticos distintos a la anotación (medias de 6 rebotes y 2 asistencias). Conclusión: que en un ecosistema aseado y en dinámica competitiva, dada su mejora en la toma de decisiones, puede ser un activo muy valioso en Euroliga. Así que de entrada, de confirmarse, sería una operación de una lógica aplastante para el Madrid: 27 años, comunitario y agente libre (firmó 1+1 en Kazán).

¿Cabecita loca?

Luego hay dos potenciales astericos. El primero su fama de cabecita loca, que no sé hasta qué punto está justificada o es más un cliché por algún asunto pretérito, porque no le conozco ningún percance serio en su carrera. Los únicos detalles que me han podido chirriar son un punto de ego y necesidad de protagonismo, que vinculo a la inmadurez, la clase de dejes que se pulen con las hostias de la vida. En todo caso, tampoco necesitamos santos, que los dos faros del proyecto blanco son Tavares, plusmarquista de técnicas por protestar, y Yabusele, «abierto hasta el amanecer». Por no hablar del Grinch Randolph, que lleva seis años en el club.

El otro asterisco, y este más serio, viene por la configuración de plantilla: ¿no tenemos ya suficientes aleros? ¿no haría más falta un escolta? No sé hasta qué punto fichar un alero desembocaría en un movimiento en cascada en las alas que impida fichar un escolta. Lo que doy por sentada es la continuidad de Abalde, intocable por su condición de cupo nacional, de Adam Hanga, con contrato garantizado y que ha dado un step up en las dos últimas semanas, y de Tortuga Deck, a priori la gran apuesta de la sección para el puesto. Eso asumiendo la marcha de Jeff Taylor en verano, que acaba contrato, y contando a Rudy como escolta, pese a que ha jugado casi toda su carrera FIBA de alero. ¿Cómo se podría encajar en esa arquitectura a Hezonja, cuyo puesto natural es precisamente el de alero? Lo más lógico sería con Abalde jugando muchos minutos de escolta y Deck algunos de ala-pívot.

Por otro lado, y precisamente por ese overbooking, el eventual fichaje de Hezonja entiendo que cerraría por ahora las puertas del Madrid a Dzanan Musa, uno de los preferidos de un sector de la afición blanca para este verano, deduzco que más por el boxscore que por haberle visto jugar mucho. Sin querer hacer de menos al bosnio, que ha firmado una temporada magnífica en Lugo, le veo como una apuesta de más riesgo. Arrastra un preocupante historial de problemas físicos para su corta edad, que no creáis que acabó en Galicia porque le gustase el pulpo. Además, tiene cero bagaje real en la élite: en sus seis meses en Efes el año pasado disputó un total de 11 minutos de Euroliga. Y en la NBA jugó solo 530 en dos años, por los casi 6.300 que contemplan a Hezonja. Insisto, no es hacer de menos a Musa, que también sería un buen fichaje, simplemente asumir que está más verde y por tanto más melón por abrir.