NBA – Walter Herrmann: "De entre los muertos"

Nieto de alemanes, Walter Herrmann nació en Santa Fe (Argentina) hace 27 años. Sus vuelos acrobáticos y su voracidad anotadora le valieron un billete al otro lado del Atlántico, para probar suerte en la ACB. Durante cuatro temporadas defendió la camiseta del Fuenlabrada. En el equipo madrileño creció hasta llegar a promediar 22 puntos por partido en la temporada 2003. Semejantes credenciales hacían de Herrmann una estrella de la liga española con sólo 23 años. Los grandes de la competición le pusieron en su punto de mira, y así en el verano de 2003 fichó por el Unicaja de Málaga. Días después de la firma de aquel contrato, el alero viajó a Argentina para jugar un amistoso con su selección nacional en La Plata, no demasiado lejos de su Santa Fe natal. Fue durante esa concentración cuando recibió una llamada que le cambió la vida. Su novia, su madre y sus dos hermanas habían fallecido en un accidente de tráfico. Una colisión frontal entre dos coches que se saldó con un total de 6 víctimas mortales.
Es difícil imaginar como puede reaccionar una persona de sólo 23 años ante semejante revés de la vida. Herrmann decidió continuar jugando al baloncesto. Aunque durante sus primeros meses en el Unicaja su rendimiento fue, en comparación con el cartel de estrella que le precedía, muy pobre, la afición malagueña le erigió en uno de sus favoritos, como un ejemplo de superación.
Tuvieron que pasar meses hasta que se atisbó algo de su mejor nivel. El tiempo, que todo lo cura, pasó y vio florecer de nuevo a Herrmann. Con un estilo menos acrobático pero con un tiro mejorado, se convirtió en uno de los baluartes del proyecto ganador que el entrenador italiano Sergio Scariolo estaba armando en Málaga.
Tras años coqueteando con la elite, la temporada pasada el Unicaja se sacudió complejos y cumplió con una cita que hacía tiempo tenía con la historia: conquistó su primer título ACB.
A sus éxitos en la liga española había que sumarle el título de campeón olímpico en Atenas 2004 con su selección nacional, aunque fuese en papel secundario, tras los consagrados aleros Ginobili, Nocioni y Delfino.
Semejante escaparate le sirvió para cautivar a ojeadores de la NBA. Entre ellos estaba Michael Jordan, metido a accionista y director deportivo, de quien dicen quedó prendado del juego de Herrmann con sólo verle un partido. Los amores a primera vista no hay que dejarlos pasar. Así, Jordan no perdió tiempo y el pasado verano reclutó al argentino para sus recién nacidos Charlotte Bobcats. La franquicia de Carolina del Norte debiera haber sido un trampolín excelente para que se luciese y continuase su progresión: un equipo sin exigencias de resultados a corto plazo, una plantilla joven, sin intocables ni vacas sagradas. Sin embargo, su puesta de largo en la liga americana no pudo ser peor: en sus cuatro primeros partidos el argentino erró 17 de los 18 tiros que intentó. Y sólo era el comienzo del calvario. En los 15 partidos de noviembre sólo jugó 6 minutos. En los meses de diciembre y enero eran mayoría las noches en las ni siquiera se quitaba el chándal.
El bache de juego de su compañero Adam Morrison le abrió las puertas a partir de febrero. Aunque su rol seguía siendo marginal, empezó a hacerse un hueco en la rotación de los Bobcats. Como el anuncio del Atlético que protagonizase su compatriota el Mono Burgos, Herrmann asomaba la cabeza desde las alcantarillas de la NBA tras una temporadita en el infierno.
El partido contra Sacramento del 14 de marzo fue el punto de inflexión. Los Bobcats iban, como de costumbre, por debajo en el marcador. El veterano entrenador Bernie Bickerstaff oteó el panorama del banquillo en busca de soluciones y se fijó en la melena rubia del argentino. Sólo jugó 12 minutos, pero le valieron para anotar 10 puntos sin fallo y ayudar a su equipo a remontar el encuentro.
Desde entonces ha jugado 6 partidos, en los que Herrmann promedia 16’2 puntos y 6 rebotes, en la casi media hora que interviene por noche. Al cierre de este artículo, el alero acababa de disputar su primer partido como titular en la NBA, en el que anotó 20 puntos y capturó 7 rebotes.
Como el título de la novela francesa en la que Hitchcok inspiró su película Vértigo, Herrmann ha regresado ‘de entre los muertos’ para reivindicarse con baloncesto, rehacer su vida y tributar a los ausentes.
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