
El MVP de la última F4, Hayes Davis, ficha por el Panathinaikos. Al margen de la repercusión deportiva del movimiento, que puede ser importante, lo que me tiene perplejo son las cifras de la puja entre Hapoel, Fener y PAO, que se ha cerrado en unos 10 millones netos por 2.5 años, y ni siquiera era la oferta más alta.
Eso a mitad de curso, un fichaje ‘fuera de carta’, con las plantillas cerradas, sin lesionados en el puesto y los presupuestos ya comprometidos. Puro exhibicionismo financiero. Por comparar, es un 70% más de lo que cobra Tavares, el jugador mejor pagado de toda Europa Occidental pero ‘solo’ el 11º salario de la Euroliga, unos 2.5M netos anuales según mis fuentes. Eso es lo mismo que cobra Jabari Parker por su año sabático en Belgrado o un 30% menos que Musa en Dubai.
Y no puedo evitar pensar que es un reflejo de la creciente brecha en el basket europeo entre Oriente y Occidente, entendiendo Occidente como todos los clubes de países de la Unión Europea salvo Grecia, con su particular ‘idiosincrasia’.
Con una mano atada
¿Recordáis cuando Madrid y Barca eran fijos en la Final Four? ¿O cuando Baskonia se colaba algún año? No hablamos de hace tanto, aunque lo parezca. Pero estamos compitiendo con una mano atada a la espalda, tributando al 45% y limitados en la confección de plantilla por el nº de cupos en ACB. Pensad que el segundo transfer más alto de la historia de Baskonia es Khalifa Diop, cuyo principal (y casi único) valor es la condición de cupo nacional. O que 4 de los 5 salarios más altos entre Madrid y FCB son cupos nacionales: Tavares, Hezonja, Toko y Willy.
Tres de los cuales, por cierto, son extranjeros, igual que Khalifa, es decir, no seleccionables por España. Curioso destino para una norma, la de cupos, que nació para «proteger al jugador nacional y favorecer los intereses de la selección». Otro caso de regulación a medias y autoboicoteo a empresas locales en un país de la UE.
Telón tributario
Las diferencias abismales de régimen fiscal representan cada vez más un telón de acero entre Oriente y Occidente, dado que los salarios de jugadores se negocian en cifras netas. Los clubes de España, Italia, Francia o Alemania destinan como un 45% de sus presupuestos a pagar impuestos, frente al 0% a 20% aprox. en Europa oriental.
Por eso, no hagáis ni caso a los rankings de presupuestos que publican portales extranjeros random y que mezclan churras con merinas. Todo lo que no sea comparar masa salarial neta (= poder adquisitivo en mercado) es un poco paletada clickbaitera. Y con esto no estoy negando que el Madrid disponga de una masa salarial muy elevada, no la séptima como dice Scariolo, pero tampoco la primera o la segunda.
Brecha cultural

Si al factor fiscal le juntamos el impulso de nuevos inversores en clubes de Europa oriental, el resultado es que el dinero ha pivotado hacia el Este. Dubai, Hapoel, turcos, griegos y serbios. A pesar de lo cual, paradójicamente, la NBA parece no querer ni oír hablar de esos mercados en su proyecto europeo.
¿Por qué? Entre otros motivos, imagino que por seriedad y brecha cultural, por no hablar de la opacidad del origen del dinero en algunos casos, o de los pagos en especie. No son socios particularmente fiables para una empresa sostenible en el tiempo.
El Fener, por ejemplo, tiene por presidente a un procesado por consumo y tráfico de drogas, y el de Panathinaikos, además de las drogas (…), parece fugado del frenopático. Los clubes serbios van dopadísimos de dinero público, es decir, ligados a la voluntad política, que sabemos que cambia con el viento como una veleta. Dubai es un experimento de cartón piedra en medio del desierto y Hapoel el capricho de un oligarca, que pinchará en cuanto se le acabe la paciencia. Y siempre se acaba, pregunten a los jugadores del Mónaco…

Todos perdemos algo con esta situación, pero jugar sin público en directo permitiría adelantar enormemente la fecha de regreso de la competición (sea para terminar esta temporada o al menos para iniciar la próxima), puesto que no implicaría aglomeraciones de gente, que serán por lógica las últimas a las que se levante la restricción. Conciertos, fiestas religiosas/populares, recintos deportivos… Difícil imaginar su regreso antes de que haya vacuna.
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