Sálvame Deluxe edición Goya

Qué espectáculo estamos dando, señores, lavando toditos los trapos sucios de la sección en directo y retransmitido para toda España, para mayor gloria culé. No cabía divorcio más escandaloso posible, con cruce de cuchillos entre las partes a través de noticias filtradas a medios afines, con mensajes de Twitter y comunicados oficiales. Y no ha terminado, que parece que Laso prepara la rueda de prensa del desahogo para los próximos días. Sálvame Deluxe edición Goya.

La parroquia está sumida en el asombro y el estupor: incomprensible que una disparidad de criterio médico desemboque en la salida por la puerta de atrás del mejor técnico que ha conocido la sección. Laso lleva por ahora la iniciativa en la batalla del relato, con el Marca haciendo de portavocía oficiosa. Además, resulta lógico que la afición se alinee antes con la cara visible del proyecto que con un directivo en la sombra. Pero ese cariño merecido, y algunos detalles feos del club, tampoco le dan necesariamente la razón absoluta en la riña de fondo, si es que alguien la lleva, que no tiene por qué.

La Medicina no es una ciencia exacta, y es perfectamente razonable que haya disparidad de pronósticos sobre un mismo caso. Y tanta razón pueden llevar los médicos de Laso, que recetan business as usual, como los consultados por el club, más cautos. Sirva de ejemplo JA Corbalán, leyenda blanca y cardiólogo de profesión, que ve «innecesario correr riesgos con Laso«. Según Salvador Álvarez Antón, jefe de Cardiología de Ruber Internacional, “un infarto es una lesión importante que debe suponer toque de atención, yo no aconsejaría seguir entrenando en la élite”. ¿Acaso son todos juancarlistas? Lógicamente ningún médico dispone de tantos datos como el que ha tratado directamente a Laso, pero el diagnóstico que conocemos, y que no ha sido desmentido (“cateterismo por la obstrucción de una arteria y otra arteria obstruida al 50%) contiene ya suficiente información como para segundas opiniones.

En todo caso, y si se lleva al extremo, viene a dar igual. Porque la empresa es libre de marcar su propio listón, querer curarse en salud y pedir por precaución a Laso que de temporalmente un paso a un lado, igual que Laso es libre de negarse, puesto que su contrato es como primer entrenador. Y si ninguno cede, como ha sido el caso, se llega al choque de trenes que desemboca en el despido. Un final perfectamente evitable con otro talante de las partes, si las posiciones hubiesen sido un poco más constructivas, pero el historial de riñas previo pesaba en la mochila.

Guerra de poder

Dicho lo cual, y a riesgo de ser impopular, me parecen simplistas los análisis que reducen lo ocurrido a la mera consumación de una vendetta de Juan Carlos Sánchez y caricaturizan a Laso como un humilde currito del club. Mirad, no, estos dos son transatlánticos con sus respectivas redes de influencias, como estamos comprobando estos días, que llevan años de choque de egos y guerra soterrada por esferas de poder en la sección, como la política de fichajes.

Particularmente creo que esa tensión entre la dirección deportiva y la ejecutiva puede ser hasta productiva y garantizar un equilibrio, siempre que se mantenga en cauces civilizados. Si JCS fichase a su antojo tendríamos cada verano a rebotados del Barca (por morbo) y a los más valorados de la Supermanager, mientras que si Laso dispusiese de carta libre estaríamos con Jeffery Taylor hasta los 40.

Cada uno ostentaba su parcela de poder, delimitada por el presidente, y por eso, pese a ser el director de la sección, Juan Carlos Sánchez carecía de la autoridad y del capital político para despedir a Laso unilateralmente. ¿Qué ha cambiado esta vez? Florentino Pérez, claro. JCS estará encantado de quitarse a Laso, si por él fuera lo hubiese hecho hace años, pero la autoría de la decisión, quien pulsa el botón rojo y decanta la balanza, no es sino el presidente. Así que cuidado estos días con el contorsionismo argumental de los fanlover de Florentino y de Laso a la vez, haciendo malabares para exculpar al primero de la salida del segundo, cuando es el máximo responsable.

Si el presidente quiere enmendarse y reconducir la situación, poner orden en el gallinero y limitar el daño reputacional, debería cesar al responsable de las formas, Juan Carlos Sánchez. Él es quien veta a jugadores y agentes, quien lleva a lo personal una rivalidad profesional, quien filtra informes médicos, dictando hasta el símil con Pinedo, y nunca da la cara públicamente. No podemos tener a un director de sección con las artes de un Peaky Blinder, no a alturas de 2022, en un Madrid teóricamente ultra profesionalizado. Nuestros últimos directores de sección con Florentino han sido un ex futbolista argentino (Valdano), un periodista de investigación (Miralles) y ahora un restaurador (JCS). Con todo el respeto a sus profesiones, quizá sea hora de poner el basket en manos de un profesional del siglo XXI con trayectoria o formación específica, un gestor eficaz y conciliador, que vaya de frente. La reputación de la sección nos va en ello.