Giro de timón en el Madrid: el desembarco de los Sergios

Os escribo algo atónito, lo confieso. Tenía planeado para estos días publicar la típica crónica de los playoffs, un balance del curso o las notas de los jugadores. Habrá tiempo para eso más adelante, pero la actualidad me ha atropellado y ahora manda lo importante. Y lo importante es la Boda Roja que se ha armado en la sección horas tras la consecución de la ACB. Dicho sea de paso, de forma bastante brillante.

El Madrid mantiene su hoja de ruta pese a repetir título nacional y despide a Chus Mateo para fichar a Sergio Scariolo. Un plan que, al parecer, cuenta con el beneplácito del presidente, sino directamente con su iniciativa, y que habría sido cocinado a fuego lento desde el invierno, cuando el equipo tocó fondo. Las negociaciones con el técnico italiano comenzaron allá por febrero. La normativa ahora permite compaginar puestos en club y selección, pero la idea es que el italiano deje la FEB y se centre en el Madrid. Por cierto, Laso suena fuerte como sustituto en el equipo nacional, la cuadratura del círculo…

No puedo esconder mi sorpresa, porque el movimiento en el banquillo blanco representa una ruptura con la política continuista que ha guiado la gestión de la sección durante los últimos 15 años. Por resumirla mucho: no tocar lo que no molesta mientras funcione razonablemente y no se suba a la parra. Pero es que, claro, lo primero que ha cambiado es la persona al frente de la sección, la que toma las decisiones. Chacho Rodríguez sustituye a Juan Carlos Sánchez, un cambio del que más o menos teníamos noticia, pero que llega de forma más abrupta de lo esperado. A la papelera aquello de la transición suave y el periodo bicéfalo: Chacho toma el control y llega con un pan bajo el brazo, el mayor posible, un entrenador nuevo.

Entiendo que Rodríguez es una figura amable para el aficionado medio y que pocos sentían simpatía por JCS, siempre en la sombra. Pero no estamos en un concurso de popularidad, y me parece un poco aventurado poner al frente de una sección de 45 millones de presupuesto a un exjugador de 38 años sin la menor experiencia o formación directiva previa conocida. Sería inconcebible en la empresa privada. Por cierto, que el principal encargo de Chacho será la transición hacia NBA Europa, hoja de ruta del presidente para el basket pero todavía muy en pañales.

En resumen, la apuesta por Chacho puede salir bien, por qué no, pero representa un riesgo sensible, y tampoco subestimemos la figura de Juan Carlos Sánchez que, con todas sus sombras, en particular las formas del despido de Laso, ha dirigido la sección en sus mejores años de la era moderna. En todo caso, por edad y por tiempo que llevaba en el cargo su remplazo puede resultar lógico, seguramente más que el cambio en el banquillo tras el título ACB.

Adiós a la Chusoneta

Chus Mateo se marcha como el cuatro entrenador más laureado de la historia de la sección pese a haber estado solo tres años, en los que le ha dado tiempo a ganar seis títulos y clasificar al Madrid para 10 de las 12 finales posibles. Balance 16-1 en los dos últimos playoffs ACB. Poca broma, eh. Siento que una parte de la afición nunca le ha respetado, ni le ha concedido el crédito que merecía por los éxitos del equipo. Como si fuera solo un becario que pasaba por allí y al que sonrió la suerte. Un desdén que asocio a la forma en que llegó, por la puerta de atrás a la marcha de Laso, a su escaso currículum previo y a sus formas educadas, en contraste con tantos banquillos de Euroliga. Pero más allá de lo injusto que se haya podido ser con él, me importa si su salida tiene lógica. Y honestamente, y tras darle una pensada, mi conclusión es que chirría bastante. Vaya por delante que Scariolo es un muy buen técnico, quizá mejor que Chus, pero hay otros factores. Teniéndolos todos en cuenta me parece un movimiento de un riesgo innecesario. ¿Por qué?

1.- Porque Chus tenía otro año de contrato garantizado, así que toca pasar por caja. Y se me ocurren maneras más eficientes de invertir un millonaco de euros que en la indemnización por despido de un empleado con resultados sólidos. Por ejemplo, en el transfer del mejor alapívot posible, digamos Alec Peters o Filip Petrusev. El dinero en el parqué, y más en estos tiempos en que los griegos nos pasan por la derecha.

2.- Porque despedir a un técnico que gana su último partido es por definición delicado. Para Scariolo, a nivel resultados, el encargo es una patata caliente: si arrasar en la ACB (pese a tres fichajes rana) pero no clasificarte para la F4 puede ser motivo de despido, el listón está realmente alto. Supongo que el club hará un esfuerzo económico adicional con los dos fichajes que restan para contribuir a que la apuesta salga bien. Pero no hay garantías a estos niveles, por mucho que algunos detractores de Chus insistan en que el triplete nacional es el mínimo exigible al Madrid.

3.- Porque Chacho se compromete mucho recién llegado. Si el equipo no mejora resultados, la afición no mirará solo al banquillo sino también al palco, a quien despidió a Chus ganando la ACB.

Mi apuesta, largamente debatida con J. Cuesta, al que mando un saludo, era dejar que Chus cumpliese el año que le quedaba de contrato pero cambiándole a los asistentes para intentar compensar sus carencias. Una decisión como la que se tomó con Laso en 2014, prescindiendo de Hugo López y J. Cuspinera, imponiendo a Chus Mateo como segundo y que funcionó de maravilla.

Con un movimiento de ese tipo te hubieses ahorrado un despido, hubieses dado una segunda oportunidad a Chus Mateo, que al fin y al cabo el equipo ha acabado como un tiro la temporada, y te arriesgas muy poco, porque si sale mal las críticas irían al banquillo y no al palco. Y seguramente Scariolo seguiría disponible.

En todo caso, la suerte parece echada y el cambio, a falta de comunicación oficial, es irreversible. Así que, desde este humilde rincón, le deseamos a los Sergios todo el acierto y éxitos del mundo en este nuevo reto. Aquí estaremos para contarlo.

Zeljko expone las vergüenzas del Madrid de JCS

Primero de todo, un disclaimer. Si esperáis una crónica del Royal Rumble, os habéis equivocado de tribuna. Será de lo que se hable hoy en los telediarios y medios generalistas, los mismos que no dedicaron ni un breve al primer partido… Tuve la suerte de ahorrarme esa tangana final, que para entonces iba por la segunda birra con Gus, Fer y Pablo en una terraza de Felipe II. Uno acude a ver baloncesto y no peleas de gallos. Lo peor es que tampoco nos cogió por sorpresa.

Nos salimos antes del final, no solo porque el partido estuviese ya perdido, sino porque el ambiente en el pabellón, tanto en la grada como en el parqué, se estaba viciando por momentos. Se hacía cada vez más incómoda la compañía de los aficionados serbios, que había unos pocos desperdigados por las tribunas. Su agresividad espídica y exceso de testosterona desentonan sobremanera en el Wizink, enfundados en camisetas ceñidas y con el listón de la violencia peligrosamente bajo. Llamadme tibio, o frívolo, pero yo es que entiendo el deporte de otra manera, como un entretenimiento y hobby. Lo digo por todo esos insiders españoles que babean con el ambiente en los pabellones serbios. Quería verlos yo llevando a su novia o a sus hijos al Stark Arena con una camiseta del equipo rival. 

Dicho lo cual, venga, hablemos de basket, del estado del proyecto blanco en el año I post Laso. Las costuras han saltado esta semana en los dos partidos de playoffs en Goya. Un equipo apañado, Partizán, con un quinteto de nivel, sin lesionados, bien entrenado y mejor arbitrado, todo sea dicho.

En la serie se han dado un cúmulo de circunstancias que han acelerado la sensación de descomposición. La más importante, el infortunio de la lesión de Tavares, que tantas miserias tapa a poco que esté fino de forma (que tampoco es que lo estuviese últimamente). Además, Partizán acertó con algunos tiros clave, abortando parciales y rompiendo momentos de partido, y en especial ese game winner de Punter el martes. Y por último, y sin ánimo de echar la culpa al empedrado, no puedo dejar de mencionar el arbitraje, un factor sensible en dos tramos concretos, el 2º cuarto del game 1 (cuando el Madrid se escapaba) y el 3º cuarto del game 2 (cuando el Madrid remontaba). En una competición de criterio tradicionalmente tan casero, sobre todo según avanza la temporada, llaman la atención arbitrajes tan ‘valientes’. Da como para pensar regulinchi, justo este año que un serbio ha asumido a la presidencia de la Euroliga…

Le quedan al Madrid casi dos meses de temporada, que se puede hacer eterna, condenado irremediablemente al tercer puesto de la ACB, que significa un cuadro endiablado en playoffs. Así que tranquilos, hay tiempo más que de sobra para bajar al detalle de cada jugador, poner notas, hacer quinielas de limpia y pajearnos con rumores de fichajes. pero hoy no me parece día para eso, no le concederemos esa indulgencia al responsable.

¿Cómo de fiel será Chus Mateo al libreto Laso?

Muchos apenas le conocían hasta hace unos pocos meses, pero Chus Mateo no es nuevo, simplemente estaba en un segundo plano. Lleva nada menos que ocho años como asistente del Real Madrid, le hemos visto cientos de veces junto a Laso cuando el realizador enchufaba al banquillo, pero no reparábamos en él. Percepción selectiva y tal. Algunos no pusieron nombre y cara a Chus Mateo hasta el pasado diciembre, cuando Laso dio positivo por covid y él pudo dirigir al equipo unos días, que incluyeron la machada en cuadro contra CSKA.

Para entender algunos matices presentes sobre CM hay que hacer un poco de arqueología y recordar las circunstancias de su llegada al Madrid, en verano de 2014. El equipo acababa de perder contra pronóstico la final ACB y Juan Carlos Sánchez, que nunca confió demasiado en Laso, aprovechó la coyuntura para cortar la cabeza de sus dos asistentes: Jota Cuspinera y Hugo López. Terminaban contrato y sencillamente no fueron renovados, en contra del criterio de Laso. Se puede decir que Chus Mateo llegó al banquillo blanco, en cierto modo, como una imposición de JCS a Laso.

Sin bendición

En todo caso, la relación profesional entre asistente y entrenador estos ocho años no podría haber sido más fructífera, al palmarés me remito. La destitución de Laso hace 20 días pilló a Chus Mateo recién llegado de viaje de vacaciones a EEUU: el club le llamó a filas y él regresó en el primer vuelo para formalizar su nuevo contrato, ya con rango de primer entrenador, y grabar el vídeo oficial de presentación. Un detalle que en mi opinión demuestra que no estaba al tanto de los idus de julio que había orquestado JCS para deshacerse al fin de Coach L, con la venia de Florentino.

Sin embargo, no parece que al técnico vitoriano le haya hecho ninguna gracia que Mateo acepte el cargo y tome el testigo. A sus palabras en la rueda de prensa me remito: «Si yo ya no entreno al Real Madrid, ¿cómo me voy a preocupar de quién lo entrena? Como si lo entrenas tú (en referencia al periodista). He trabajado mucho con Chus (Mateo) y le deseo la mejor de las suertes COMO PERSONA».

Podía haber dicho que le deseaba la mejor de las suertes en este nuevo reto, quién mejor que él para continuar el proyecto, etc. O al menos desearle «la mejor de las suertes», sin más, en genérico, y pasar de puntillas. Pero no, remarcó que le deseaba suerte (solo) «COMO PERSONA». Después de 10 años al frente de un Madrid, dando varias ruedas de prensa a la semana, Laso tiene las suficientes tablas ante un micro (además de que traía preparado a conciencia lo que iba a decir) como para pensar que descuidó un detalle así. No, sencillamente Chus no tiene su bendición.

Y tras todo este circunloquio, regreso a la pregunta del titular: ¿cómo de fiel será Chus Mateo al libreto de Laso? Mi apuesta, y es solo eso, una apuesta, es que a botepronto bastante. Primero porque el propio Chus Mateo es en parte también arquitecto de este Madrid, desde un cargo inferior. Por otro lado, tampoco tendría sentido reconstruir algo que en líneas generales ya funciona. Ahora bien, ese continuismo tendrá matices, porque Laso y Chus no son clones y seguramente no estaban de acuerdo en todo. Por ejemplo, con Mateo al frente, Jeff Taylor (fetiche de Laso) jugó menos minutos. En playoffs ACB: 21 de media con Laso, 14 de media con CM.

Además, con Chus Mateo el Madrid recurrió de forma mucho más insistente a la opción de Gabi Deck al poste como referencia de generación en estático. De hecho, el fichaje de Cornelie pareciera ir en esa dirección: liberar a Tortuga de la responsabilidad de jugar regularmente como alapívot reserva, donde no tiene ventaja física y se pierde el recurso del posteo.

¿Más diferencias? Bueno, quizá sea mera coincidencia, pero Williams Goss cuajó sus dos mejores partidos de la temporada en diciembre, justo cuando Laso faltó por covid y Chus dirigió al equipo: 18 puntos y 25 de valoración en Murcia, y 17 puntos y líder en la recta final contra CSKA. Cierto que NWG dispuso de más minutos de los habituales por la baja de compañeros, pero el problema de Goss durante la temporada, lesiones al margen, más que la falta de minutos fue la falta de confianza. Y en esos partidos con Chus dio la sensación de tenerla.

Gestión de las viejas glorias

Laso demostró muchas virtudes en el Madrid, pero con el paso de los años fue también acumulando algunos dejes, igual que los desarrollamos todos en nuestros respectivos puestos de trabajo transcurrido cierto tiempo. En su caso, y visto desde fuera, la mayoría de esos vicios parecían concentrarse en el juego exterior, en el reparto de minutos y tiros, sobre todo en lo que tocaba a las viejas glorias, su guardia pretoriana. Unos dejes que condicionaron en los últimos años la integración de nuevo talento exterior, especialmente si eran fichajes de JCS…

Bien, pues si un reto tiene precisamente por delante Chus Mateo este curso, el que mostrará sus preferencias y personalidad, el que le granjeará críticos y defensores, será la gestión del disparatadamente largo juego exterior blanco. Que si ya de por sí era profundo, lo alarga aún más la improvisada renovación de Causeur, para quien ya se había fichado a Musa como sustituto. Hablamos, con matices, de ocho jugadores para dos puestos, es decir, para repartirse teóricamente 80 minutos. Eso implica que, salvo lesiones, Chus va a tener que dejar fuera de la convocatoria de partidos clave a uno o hasta dos exteriores con salario por encima del millón bruto de euros. Los equilibrios de egos y la administración de picos de forma puede ser endiabladamente compleja.

¿Mantendrá contra viento y marea el estatus en la rotación y las convocatorias que tenían con Laso las viejas glorias? ¿O se atreverá a aplicar una estricta meritocracia y eventualmente relegarles a un rol Felipe Reyes 2020/21, apostando por el talento exterior joven fichado este verano por el jefe? Ya os adelanto que no va a llover a gusto de todos.

Sálvame Deluxe edición Goya

Qué espectáculo estamos dando, señores, lavando toditos los trapos sucios de la sección en directo y retransmitido para toda España, para mayor gloria culé. No cabía divorcio más escandaloso posible, con cruce de cuchillos entre las partes a través de noticias filtradas a medios afines, con mensajes de Twitter y comunicados oficiales. Y no ha terminado, que parece que Laso prepara la rueda de prensa del desahogo para los próximos días. Sálvame Deluxe edición Goya.

La parroquia está sumida en el asombro y el estupor: incomprensible que una disparidad de criterio médico desemboque en la salida por la puerta de atrás del mejor técnico que ha conocido la sección. Laso lleva por ahora la iniciativa en la batalla del relato, con el Marca haciendo de portavocía oficiosa. Además, resulta lógico que la afición se alinee antes con la cara visible del proyecto que con un directivo en la sombra. Pero ese cariño merecido, y algunos detalles feos del club, tampoco le dan necesariamente la razón absoluta en la riña de fondo, si es que alguien la lleva, que no tiene por qué.

La Medicina no es una ciencia exacta, y es perfectamente razonable que haya disparidad de pronósticos sobre un mismo caso. Y tanta razón pueden llevar los médicos de Laso, que recetan business as usual, como los consultados por el club, más cautos. Sirva de ejemplo JA Corbalán, leyenda blanca y cardiólogo de profesión, que ve «innecesario correr riesgos con Laso«. Según Salvador Álvarez Antón, jefe de Cardiología de Ruber Internacional, “un infarto es una lesión importante que debe suponer toque de atención, yo no aconsejaría seguir entrenando en la élite”. ¿Acaso son todos juancarlistas? Lógicamente ningún médico dispone de tantos datos como el que ha tratado directamente a Laso, pero el diagnóstico que conocemos, y que no ha sido desmentido (“cateterismo por la obstrucción de una arteria y otra arteria obstruida al 50%) contiene ya suficiente información como para segundas opiniones.

En todo caso, y si se lleva al extremo, viene a dar igual. Porque la empresa es libre de marcar su propio listón, querer curarse en salud y pedir por precaución a Laso que de temporalmente un paso a un lado, igual que Laso es libre de negarse, puesto que su contrato es como primer entrenador. Y si ninguno cede, como ha sido el caso, se llega al choque de trenes que desemboca en el despido. Un final perfectamente evitable con otro talante de las partes, si las posiciones hubiesen sido un poco más constructivas, pero el historial de riñas previo pesaba en la mochila.

Guerra de poder

Dicho lo cual, y a riesgo de ser impopular, me parecen simplistas los análisis que reducen lo ocurrido a la mera consumación de una vendetta de Juan Carlos Sánchez y caricaturizan a Laso como un humilde currito del club. Mirad, no, estos dos son transatlánticos con sus respectivas redes de influencias, como estamos comprobando estos días, que llevan años de choque de egos y guerra soterrada por esferas de poder en la sección, como la política de fichajes.

Particularmente creo que esa tensión entre la dirección deportiva y la ejecutiva puede ser hasta productiva y garantizar un equilibrio, siempre que se mantenga en cauces civilizados. Si JCS fichase a su antojo tendríamos cada verano a rebotados del Barca (por morbo) y a los más valorados de la Supermanager, mientras que si Laso dispusiese de carta libre estaríamos con Jeffery Taylor hasta los 40.

Cada uno ostentaba su parcela de poder, delimitada por el presidente, y por eso, pese a ser el director de la sección, Juan Carlos Sánchez carecía de la autoridad y del capital político para despedir a Laso unilateralmente. ¿Qué ha cambiado esta vez? Florentino Pérez, claro. JCS estará encantado de quitarse a Laso, si por él fuera lo hubiese hecho hace años, pero la autoría de la decisión, quien pulsa el botón rojo y decanta la balanza, no es sino el presidente. Así que cuidado estos días con el contorsionismo argumental de los fanlover de Florentino y de Laso a la vez, haciendo malabares para exculpar al primero de la salida del segundo, cuando es el máximo responsable.

Si el presidente quiere enmendarse y reconducir la situación, poner orden en el gallinero y limitar el daño reputacional, debería cesar al responsable de las formas, Juan Carlos Sánchez. Él es quien veta a jugadores y agentes, quien lleva a lo personal una rivalidad profesional, quien filtra informes médicos, dictando hasta el símil con Pinedo, y nunca da la cara públicamente. No podemos tener a un director de sección con las artes de un Peaky Blinder, no a alturas de 2022, en un Madrid teóricamente ultra profesionalizado. Nuestros últimos directores de sección con Florentino han sido un ex futbolista argentino (Valdano), un periodista de investigación (Miralles) y ahora un restaurador (JCS). Con todo el respeto a sus profesiones, quizá sea hora de poner el basket en manos de un profesional del siglo XXI con trayectoria o formación específica, un gestor eficaz y conciliador, que vaya de frente. La reputación de la sección nos va en ello.