Colorín colorado, este annus horribilis se ha acabado

Hasta aquí la temporada del Madrid de basket y, ¿sabéis qué os digo? Que en cierto modo supone casi una alivio, porque ha sido un dolor de muelas. Con algún arrebato de orgullo puntual, como la serie de cuartos frente a Efes, pero un dolor de muelas al fin y al cabo. Quizá la temporada menos ilusionante de la era Laso, y no precisamente por su gestión, que ha sido impecable, obligado a sacar conejos de la chistera casi cada semana.

La final ACB se acabó en el tercer cuarto el domingo y la decidió Cory Higgins. El segundo partido solo fue un epílogo innecesario, un “chou”, como dijo Laso en un tiempo muerto. Una coda para mayor gloria de Mirotic, que hizo lo que mejor sabe, inflar estadística con el rival ya en la lona. Habrá quien se consuele con la excusa de las lesiones y la mala suerte, pero el Madrid post Campazzo está a un abismo del Barcelona, a las dos finales desde que se fue me remito.

86 partidos, que ya está bien, 86 partidos de engordar para morir desde que se pirase el argentino, que era medio equipo. Su marcha alteró el equilibrio de poder en la ACB y el club, por ahorro, por autosuficiencia, decidió sencillamente no fichar, no buscar un sustituto, ni intentarlo siquiera. Contra otro Barca, el de hace 4-5 años, hubiese servido, pero no contra este, ni cerca. Fue un tirar la toalla antes de arrancar la temporada, resignarse a que pasase lo que ha pasado, que es lo normal. Y mira que Facu avisó con tiempo, en mayo, que no pilló por sorpresa al club como lo de Tortuga Deck.

Una decisión de un cortoplazismo financiero que pasados los meses todavía no me explico, como si la sección no palmase 20-30 millones todos los años sin que eso suponga un problema. Ha sido un tirar al retrete la temporada de una sección de unos 40 millones de euros de presupuesto anual por no gastarte 1-2 millones en el sustituto de un jugador cuya marcha deja 6 kilos a plazos…

Capacidad de regeneración

El Madrid ha hecho gala durante años de una épica capacidad de resiliencia, de enjuagar las marchas a la NBA y las lesiones con los recursos propios de la plantilla. Los que han quedado este curso, entre fugas y lesiones, han dado la cara en la medida de sus posibilidades, quizá incluso por encima. Se han salvado los muebles, pero la épica tiene un límite, y la regeneración requiere de unos mínimos mimbres previos que ahora no hay.

Me ha dado por revisar lo que publiqué aquel 20 de noviembre, a la marcha de Facu: entonces temí estar siendo demasiado duro o agorero, pero no…

Esta fuga es un torpedo en la línea de flotación del equipo, cuyas opciones de títulos este curso se reducen dramáticamente sin una de sus dos estrellas

¿Y qué va a hacer el club ahora? Nada. La intención es no fichar, y mejor que nos hagamos a la idea cuanto antes, para no seguir perdiendo el tiempo pajeándonos con los descartes del mercado NBA. Una decisión decepcionante para el aficionado pero no por ello sorprendente, en línea con la muy conservadora política de despachos de la sección en la era Laso, fiándolo todo al continuismo

Lapro y Alocén, la nueva ralidad: el Madrid se va a pasear por Europa con una dupla de directores digna de media tabla en la ACB. Laso es un contrastado gestor de bases, pero milagros a Lourdes

Lesiones y lesiones

Si la marcha de Campazzo cambió el equilibrio de fuerzas ACB, las lesiones fueron la puntilla. La de Randolph un enorme infortunio, claro está, pero la mayoría del resto han sido musculares en jugadores bien entrados en la treintena, así que previsibles en cierto modo.

Llull, por ejemplo, se ha perdido 31 partidos de la temporada (el 36%), y de los que ha podido jugar unos cuantos lo hizo forzando, como esta semana, y por tanto mermado. Lleva tres temporadas igual, así que no nos puede coger por sorpresa, y camino de los 34 no va a ir a mejor. Tres cuartos de lo mismo pasa con Carroll y Rudy, que se han perdido 17 y 29 partidos, respectivamente, entre lesiones varias y descansos. Los tres, por cierto, han firmado calamitosas actuaciones en la final ACB, sin paños calientes.

Con este panorama, lo que le ha quedado al Madrid en la temporada, siendo realistas y dejando la testiculina y el escudo al margen, es luchar por meterse en finales nacionales e intentar la sorpresa. Pero ya no como favorito sino como aspirante, por primera vez en más de un lustro. A las finales se ha llegado, así que la temporada no es de suspenso, pero tampoco ha habido sorpresa, ni cerca: se han perdido sin paliativos, por el sencillo motivo de que el Barca es ahora mejor, manque pese.

Señales de desgaste

Las señales están ahí desde hace tiempo, para quien las quisiera ver. Dejar de ser el equipo a batir no sucede de la noche a la mañana por un puñado de lesiones, es una transición cocida a fuego más lento de lo que parece.

La temporada pasada el equipo era ya muy dependiente de Tavares y Campazzo, que tapaban muchas miserias, mientras a su alrededor se hacía un vacío cada vez mayor, principalmente por la complacencia y el desatino de la directiva en mercado desde que se ganase la Euroliga de Doncic en Belgrado (2018). Se confundió continuismo con dejadez: los jugadores envejecen y las estrellas se apagan. Reconocer la trayectoria de leyendas del club no está reñido con admitir su decadencia según les caen años encima. La lealtad no gana títulos y hay maneras muy dignas de rendir tributo sin ficha en el primer equipo.

Una dejadez directiva en Goya que contrasta con el empuje del Barça, más ambicioso en mercado, como corresponde al perseguidor, y tanto fue el cántaro a la fuente que al final se rompió. En verano de 2019 FCB dio un golpe encima de la mesa, fichando a dos titulares del quinteto ideal Euroliga (Higgins y Davies) y a dos jugadores de clase media NBA (Mirotic y Abrines). Todos en su edad prime. El curso pasado no cuenta, que se cerró en falso por el covid: este ha sido el primero con ese plantillón ensamblado, y el resultado salta a la vista: nos han pasado por la derecha.

¿Diferencia de presupuesto? El Barca gasta un poco más en plantilla, sí, pero la diferencia dista de ser abismal. De hecho, a comienzo de curso los presupuestos eran casi idénticos, hasta la marcha sin cubrir de Facu, que supuso desinvertir como 3 millones de masa salarial. Por favor, no nos agarremos a ese viejo complejo colchonero de la inferioridad presupuestaria para evitar hacer un poco de autocrítica. No comparemos solo presupuestos, sino la forma de gastarlos, que nadie obligó a JCS a firmar más de 4 millones por dos años a Laprovittola o a renovar a Felipe para vestirse de calle. El éxito del Barca no viene de una diferencia presupuestaria abismal sino de la apuesta por un núcleo de jugadores en su edad prime y sin riesgo de fuga NBA. Mientras, el Madrid se agarraba al continuismo, al realismo mágico de la resiliencia y las vacas sagradas.

Estamos ante un verano clave en los despachos. Toca un cambio de rumbo en la toma de decisiones, apostar por el rendimiento esperado a futuro y no por el pasado, el cariño y la lealtad. No voy a bajar hoy al detalle de los nombres de salidas y fichajes deseables, ya habrá tiempo, sino a recordar que de la autocrítica de que sea capaz el club, y del acierto y la ambición que muestre este verano depende evitar que se consolide un cambio de ciclo en el basket español, con el Barca como dominador y el Madrid a rebufo.

Las notas de la Euroliga 20/21 del Madrid

La temporada Euroliga del Madrid ha sido un dolor de muelas para el aficionado, con una plantilla mal confeccionada de partida, además mermada por lesiones y fugas a la NBA. El arrebato de dignidad de la serie de cuartos, forzando quinto partido al Efes, no cambia el hecho de que la campaña blanca ha sido muy discreta. Dos milagros en Goya no deben servir de excusa a la directiva para posponer cambios necesarios en la plantilla, y acometerlos con mayor ambición que en veranos previos.

El Madrid, recordemos, es uno de los cuatro mayores presupuestos de Europa y venía de terminar como segundo destacado de lo que se pudo jugar de Euroliga 2019-20, que fue la mayoría de la fase regular. Balance 22-6. Por eso, meterse al año siguiente de milagro en top8 y ver la Final Four por la tele por primera vez desde 2016 es necesariamente una decepción, un paso atrás. Y la Euroliga, recordemos, es la competición en la que el Madrid juega contra sus iguales y por tanto por la que principalmente juzgamos su rendimiento. Así que, terminada la competición, toca hacer balance, en el que no incluyo ni a los que se fueron ni a Randolph, ausente casi todo el curso.

Los bases

Laprovittola. Tampoco es que le tuviésemos mucha fe después de su primer año en el club, de hecho tuvo pie y medio fuera en verano, pero igual esperaba más de esta segunda temporada, ya hecho a los sistemas y con la puerta de par en par que se le abrió con la marcha de Campazzo y los problemas físicos de Llull. No deja de ser un exMVP de la ACB, clase no le falta, pero no ha dado el step-ahead que esperábamos, por mucho que sonase algún día la flauta (Fenerbahce) o maquille los fines de semana en ACB. Cumple a rajatabla el refrán de “poderoso con los débiles y débil con los poderosos”. En su caso, se juntan sus problemas defensivos con las pérdidas de balón y ese tempo de dirección exasperantemente lento que no pega ni con cola en el Madrid. De semejante manera se borró que Laso tuvo que tirar en no pocos partidos del chaval Alocén y experimentar con Abalde de base como alternativa en la dirección. Lapro es el tercer salario más alto de la plantilla, termina contrato y ya sabemos que no seguirá. Le deseamos suerte, ha sido un profesional, pero el Madrid necesita como el comer un cambio de aires en la dirección para el año que viene.

LLull. Echo cuentas y solo me salen solo cinco partidos buenos suyos en toda la temporada Euroliga: la pachanga contra Jimki en casa, sus minutos contra Bayern en la jornada 6, los dos encuentros inmediatamente posteriores a la marcha de Facu (CSKA y Asvel) y el tercero de la serie contra Efes. Punto. Nótese que digo buenos, de nivel titular de equipo top8, luego ha habido otros de simplemente mejorar a Lapro en esos días en que al argentino se le caían los balones de las manos, pero no me parece algo que poner en el currículum. Al final, hablamos de cinco buenas actuaciones sobre una temporada de 39, la nota es necesariamente un suspenso, y lo es por tercera temporada consecutiva, lo que invita a reflexión.

No paso por alto sus problemas físicos y, sobre todo, el hecho de que tuviese que volver a jugar de base por la espantada de Facu, cuando Laso había decidido este curso mudarle a tiempo completo a la posición de escolta, para limitar su tiempo con el balón en las manos. Son atenuantes, faltaría más, pero si hablamos de rendimiento, la realidad es que está muy lejos de la élite, cada vez más. Los problemas musculares no son nuevos, le acompañan desde que regresase de la gran lesión, y camino de 34 años su físico no va a ir a mejor. Termina contrato, aún no ha renovado y el Madrid se enfrenta a un dilema incómodo. Es joven para retirarse y el club ya ha demostrado guiarse por el sentimentalismo en la gestión del ocaso de las leyendas: prefiere que se retiren de blanco y cuando ellas elijan. Asumiendo por tanto que Llull renovará, la cuestión es en qué condiciones, es decir, por cuántos años, en qué rol y, por consiguiente, por cuánto dinero. Analizando su rendimiento, mi apuesta sería un 1+1 en la escala salarial de Causeur (alrededor del millón bruto) y para ser no más que segundo o tercer escolta de la rotación.

Alocén. Se le hicieron muy cuesta arriba los primeros meses, tanto en Euroliga como en ACB, lógico para un jugador de su corta edad y escasa experiencia, encima en un puesto tan exigente como el de base en el Madrid de Laso. Por si fuera poco, la fuga de Facu, las lesiones de Llull y el pobre rendimiento de Lapro le cargaron con una responsabilidad para la que todavía no está preparado. Lo ha pasado mal, pero mejoró a lo largo de la temporada, cumpliendo al menos, de hecho, fue el mas solvente atrás de la tripleta de bases. Le queda bastante recorrido aún hasta la élite Euroliga, pero ha salvado dignamente un año debut muy jodido y se ha ganado el puesto como tercer base para el que viene. Con menos presión y más experiencia tengo confianza en que la temporada que viene acelere su evolución.

Los escoltas

Causeur. Su campaña se parece un poco a la de Lapro: sólida en ACB, diría que hasta notable, pero suspenso en Europa, que es de lo que tratamos hoy, donde sus promedios bajan literalmente a la mitad. 10.8 de valoración en ACB por 5.4 en Euroliga… Las lesiones y fugas en el juego exterior le han concedido más minutos que otros años, que tampoco ha aprovechado para brillar, salvo ocasiones contadas. Cumple 35 el mes que viene y eso se nota en el físico y la defensa, donde más ha cojeado. De ahí su ostracismo en la eliminatoria contra Efes: solo 21 minutos entre el segundo y el quinto partido. Si no eres un crack en ataque, tipo Carroll, y encima sufres atrás, incapaz de contener a Beaubois, lo tienes negro en el sistema Laso cuando la carretera se empine. Le queda otro año de contrato garantizado por un salario razonable y es uno de los más queridos del vestuario, así que imagino que continuará, eso sí, en rol de fondo de armario y asumiendo que 2022 es el final de la escapada.

Carroll. Seguirá enchufando hasta en la tumba: 10 puntos de media en 15 minutos este curso en Euroliga. Pero esto se juega a dos aros y esos números esconden una contrapartida, a veces imperceptible para el aficionado ocasional, que es el hándicap defensivo en el que se ha convertido. Nunca ha sido su fuerte, pero la cosa va a peor con los años y el declive físico, convertido ya en un coladero atrás, una brecha en la falange que obliga a Laso a dosificar sus minutos y a auténticos equilibrismos en los quintetos para tapar el agujero. Carroll termina contrato, tiene 38 años y hace algunas semanas se publicó que seguiría otro año. Todavía no ha firmado la renovación y, personalmente, preferiría que no lo hiciese. Le considero una leyenda absoluta del Madrid, el mejor americano que ha vestido la camiseta desde que tengo uso de razón, y es así como prefiero recordarle, antes que verle arrastrarse y estirando el chicle, convertido en un busto andante. Precisamente porque le quiero, prefiero que se retire este verano, con dignidad.

De lo contrario, temo que el club se enroque y junte para el año que viene un puesto de escolta disparatado y nada operativo, de 142 años, con cuatro jugadores a una media de 35.5 (Llull, Rudy, Causeur y Carroll). Sé que los cuatro son muy queridos por la afición pero ninguno marca ya diferencias en Europa, como hemos comprobado este curso. La retirada voluntaria de Carroll forzaría a la directiva a salir de la zona de confort y buscar en mercado piernas frescas, por debajo de la treintena (¿Dorsey?, ¿Matt Thomas?). No tendría sentido acometer una renovación profunda de la plantilla, con fichajes ambiciosos en otras posiciones, y hacer la vista gorda al puesto de escolta por sentimentalismo.

Rudy Fernández. Su temporada se ha movido en las mismas coordenadas que las anteriores, mermado por los sempiternos problemas de espalda, reservándose para los partidos importantes. Apariciones con cuentagotas, cada vez más esporádicas, eso sí, cuando se pone de faena es el más determinante de los cuatro exteriores veteranos, por su defensa contagiosa, su inteligencia en pista y anticipación, aliñada con algún triple. Su versatilidad, al poder jugar tanto de escolta como de alero, es una baza valiosa. Pero si se trata de poner notas al conjunto de la temporada Euroliga, la de Rudy es un suspenso. Apenas ha aparecido y cada vez se puede echar menos cuentas con su concurso. En principio seguirá: le queda otro año de contrato garantizado, aunque no parece de los que estiran el chicle, a tenor de sus declaraciones públicas

Los aleros.

Alberto Abalde. Apuntó cosas interesantes en la pretemporada y primeros meses de competición, acorde a las expectativas levantadas por su fichaje, pero se fue diluyendo a lo largo del curso. El paso por el puesto de base le desubicó, cada vez más inseguro y tomando peores decisiones con el balón en las manos. No le han faltado minutos porque atrás siempre ha cumplido; su ventaja física respecto a los compañeros de puesto es insultante: el único exterior por debajo de la treintena. En la eliminatoria contra Efes remontó el vuelo y, sin ser estelar, le ganó el duelo a todo un Kruno Simón. Esperábamos más, pero llega al aprobado. Igual que con Alocén, contamos con que el año que viene acelere su progresión: está llamado a ser uno de los pilares del juego exterior blanco y eso pasa por un stepahead.

Jeff Taylor. El suspenso más rotundo del perímetro blanco. A falta de talento ofensivo natural, su rendimiento pasa por la defensa y está supeditado a un estado físico óptimo, del que apenas ha gozado en toda la temporada por distintas lesiones y molestias. Se le echó especialmente de menos en la serie de Efes, defensor natural de Micic y Larkin. Visto en perspectiva, el sueco ha resultado el más afectado por el desembarco de Abalde, dado que el gallego rinde atrás a un nivel casi parecido sin obligarte a ‘atacar con cuatro’. Taylor cumple 32 este mes y le queda otro año garantizado, pero no me sorprendería que el club negociase una rescisión de contrato. Ha dado buenas temporadas de basket en Madrid, no siempre reconocido, eso sí, fetiche defensivo del sistema Laso, pero su periplo blanco debería terminar aquí. Hace falta savia nueva.

Juego interior

Thompkins. Su temporada ha sido buena, segundo máximo anotador del equipo en Euroliga, con sólidos porcentajes (61% de dos y 41% de tres), que mantuvo incluso a la marcha de Facu, cuando se tuvo que buscar mucho más sus propios tiros. Además, cumplió con el marrón de jugar de center, que no es lo suyo, para compensar el agujero de la plantilla tras el fichaje frustrado de Zizic. Quizá esperábamos un poquito más a la lesión de Randolph, que le dejó el camino expedito, pero su físico es limitado, y la ecuación de ‘a más minutos mayor rendimiento’ no funciona en su caso, más bien al revés. Ha terminado la temporada fundido, con el depósito en reserva, pero durante muchas semanas fue casi el principal argumento ofensivo del equipo.

Garuba. Notable. Su explosión es la mejor noticia del equipo en la recta final de temporada: ha recogido de Tavares, asfixiado, el testigo como pulmón de la pintura. La evolución de su juego ha sido espectacular, tanto técnica, en su principal hándicap, que era el lanzamiento, como sobre todo en la toma de decisiones en pista. El mejor adolescente que ha visto la Euroliga desde la marcha de Doncic. Se llevaría un sobresaliente como un castillo… si no fuese porque hoy analizamos el global de la temporada y, pese a su final fulgurante, el resto del curso rayó un poquito por debajo de las expectativas. O quizá estas eran desmesuradas tras su temporada debut. Tiene 19 recién cumplidos, que es la edad en que la carroza se convierte en calabaza y los buenos de Europa se piran a la NBA. Una pena, que además deja un boquete en el roster, porque el Garuba del último mes tiene difícil reemplazo en el mercado y no se puede echar cuentas con que Randolph se parezca al que fue. Suena Yabusele

Felipe Reyes. Le ha sobrado esta temporada, seguramente la pasada también, un epílogo innecesario a una brillante carrera. No ha aportado prácticamente nada al equipo porque ya no está para el basket de élite, por eso Laso tuvo que recurrir a Vukcevic, fichar a Tyus o tirar de Thompkins como pívot antes que dar minutos al capitán, claramente nivel exjugador. Solo ha tenido 21 minutos en Euroliga en toda la temporada, en 39 partidos y pese a la plaga de bajas, no hay mucho más que añadir. Son 41 años y se retira el 30 de junio.

Alex Tyus. Fue un fichaje poco ambicioso a la lesión de Randolph, un recambio baratito y comunitario para salir del paso, y como tal ha rendido. A pesar de su amplia experiencia Euroliga y a que teóricamente llegaba en forma, en activo de Galatasaray, le costó bastante empezar a sumar. El último mes ha cumplido, sin alharacas. Tiene 33 años, firmó solo hasta final de curso y no seguirá.

Edy Tavares. Sobresaliente, el mejor del equipo este curso, sin duda. A la marcha de Facu se confirmó como la estrella indiscutible del proyecto, además del center más dominante de la competición, incorporando este año nuevas herramientas a su repertorio ofensivo, que sin Campazzo, igual que Trey, ha tenido que buscarse mucho más las castañas. La recta final de temporada le ha pillado desfondado: por muy en forma que esté y por mucho que se cuide, que parece el hombre de acero, no deja de ser un tipo de 221cms que durante meses se ha metido 90 minutos de juego a la semana entre pecho y espalda. El curso que viene será distinto, con Poirier de escudero podrá dosificarse para llegar bien cuando se decidan los títulos.

Coach L

Pablo Laso. Seguramente su mejor temporada ha coincidido con la peor plantilla. Se ha convertido en un entrenador superlativo, además, tras una década en el banquillo no se ha aburguesado lo más mínimo, que lo fácil hubiese sido echarle este curso la culpa al empedrado (=a la directiva o jugadores). Pero se ha mantenido estoico ante la fuga de talento, dando la cara, capaz de encontrar soluciones de circunstancias hasta debajo de las piedras. Se inventó a Thompkins de center, dio la alternativa a Vukcevic y hasta probó con Rudy de ala-pívot (¡!). Ha renovado por dos temporadas y a Dios gracias, porque es la verdadera clave de bóveda del proyecto.

Eliminación con honores

Visto en diferido el partido de Estambul anoche, que me tocó mesa electoral… Resultó el más nivelado de la serie, con el Madrid compitiendo, esta vez sí, de poder a poder. Apareció al fin Laprovittola, perdido desde el primer partido, y Tavares pudo jugar, aunque mermadísimo, para echar al menos una mano.

Pero se ve que el equipo había gastado toda la estrella en los dos finales apretados de Goya y la moneda esta vez salió cruz: el triplazo de Kruno Simón deja al Madrid en la orilla de la F4 tras una semana remando, si bien no borra cierta sensación de orgullo por el coraje y amor propio con el que ha competido en circunstancias tan adversas, es decir, en franca inferioridad baloncestística. Prefiero no acostumbrarme a la derrota, pero esta ha sido una con honores.

Paradójicamente el equipo, pese a la eliminación, sale en cierto modo reforzado de la serie, aunque sea anímicamente: se presentó como un corderito camino del matadero y ha llevado al límite (último minuto del 5º partido) al que seguramente sea el mejor equipo de Europa a día de hoy. Al otro que podría serlo ya le ganó en el Palau hace tres semanas, también en cuadro. De paso, la serie ha consagrado a Garuba en la élite continental y nos ha descubierto a Tyus como activo al menos útil de la rotación. Ya no hay tantas risas con él: ha cumplido dentro de sus enormes limitaciones, sobre todo atrás, muy útil en los missmatch defensivos contra los pequeños de Efes.

Lo que resta de temporada

Este cambio de dinámica abre un pequeño rayo de esperanza para lo que resta de temporada del Madrid, la posibilidad de rascar algo, al margen del hito estadístico de certificar el mejor balance histórico de un equipo en fase regular ACB, que lo tiene en la mano a falta de solo tres partidos.

El cambio de formato de los playoffs ACB, con la final al mejor de 3 partidos en vez de 5, la aportación potencial de Poirier (aún acoplándose), más la recuperación física de Tavares y Trey, abren una ventana de oportunidad de cara a una hipotética final ACB contra el Barca.

Ahora bien, y a riesgo de ser aguafiestas, la dignidad de la derrota contra Efes no debería privarnos de hacer una crítica constructiva, una vez finalizada la participación del Madrid en esta Euroliga, la competición en la que juega contra sus iguales y por la que principalmente debemos medirle. Y la temporada, reconozcámoslo, ha sido bastante pobre, entrando de milagro en top8 y fuera de la F4 por primera vez desde 2016. Una visita al dentista como aficionado, entre las carencias propias de la plantilla, las fugas a la NBA, las lesiones y la imposibilidad de asistir al pabellón. Ya dedicaré un texto a analizarlo más tranquilamente, bajando al detalle, pero de entrada ya os digo que no, no seré yo quien eche de menos esta Euroliga blanca.

Compuestos y sin novia: Deck protagoniza la espantada de la década

Mirad, tenía una crónica larga y florida ya escrita, celebrando la clasificación del Madrid para top8 Euroliga, loas a Lapro incluidas. La tenía literalmente saliendo del horno, a punto de publicar, cuando ha saltado la bomba. Una tan grande que ensombrece lo de Estambul: Gabi Deck abandona el Real Madrid. No en verano, como más o menos teníamos asumido, sino ya, mañana mismo (viernes) viajará a Oklahoma para firmar por tres temporadas con los Thunder, como han adelantado Chema de Lucas y Emiliano Carchia.

Ni qué decir tiene que deja al equipo compuesto y sin novia, colgado de la brocha. Tras un comienzo de curso flojete, se había convertido con el paso de las semanas, y especialmente a la marcha de Facu, en el jugador más importante de la rotación junto a Edy, capital en el billete para cuartos. A su partidazo y 39 minutos en Estambul me remito.

Al margen de la repercusión para el Madrid, reviento si no digo que el movimiento, siendo completamente legal, me parece una tremenda vejación para el basket europeo, una humillación con escasos precedentes. Hablamos de un antepenúltimo clasificado de conferencia, Oklahoma, ya sin nada en juego y a 21 pachangas del final de curso, robando ‘porque sí’ a uno de los mejores de Europa. Porque puede, punto.

El juego de las cláusulas

La operación sienta precedente en el expolio de talento Euroliga, abriendo el melón de fichajes bien entrada la temporada, que introducen un sesgo en la competición a este lado del charco. Bien harían los clubes europeos en poner sus barbas a remojar, modulando todas las cláusulas de sus jugadores: asumibles en verano pero desorbitadas a mitad de curso. Me consta que algunos contratos ya incluyen ese tipo de cláusulas, con distintos escenarios de salida a lo largo del año. Al final, es la única línea de defensa contra este tipo de espantadas. No se pueden poner diques al mar, pero se puede (y se debe) intentar al menos manejar los tiempos.

Precisamente en la cláusula está la clave de bóveda de la salida de Tortuga. ¿Por qué se va ahora si termina contrato el 30 de junio?, pensaréis. Bien, pues porque no queda exactamente libre. El Madrid se dejó una cláusula para renovarle unilateralmente por otros dos años a la finalización del contrato, una opción que tenía previsto ejecutar para al menos rentabilizar su salida cobrando algún tipo de compensación económica. Y puesto a pasar por caja, Deck habrá pensado que le da igual irse ahora que en verano. Y como le ha surgido la oferta ahora, literalmente hace unos pocos días, se pira. Sin más. Como diría Gordon Gecko: “Esto son negocios, si quieres un amigo cómprate un perro”.

¿Cuánto dinero deja Deck en caja? AS lo sitúa en el barrio del millón y medio, del que Thunder pagará 750k dólares (650k euros), el máximo estipulado que pueden abonar las franquicias NBA en concepto de transfer. El resto saldrá del bolsillo del jugador, suponemos que a plazos. Una dinero que, en todo caso, no abonará de inmediato y que además no se usaría para fichar un recambio por lo que resta de curso. Más bien podéis poner unas velas para que el ‘Danilovic de las bateas’ reencuentre el camino.

La comparación con Facu

El primer pensamiento puede ser: “vaya temporada con los argentinos, no fichemos otro hasta el siglo XXII”. Comprensible pero, bajando al detalle, las comparaciones son odiosas: Campazzo avisó con mucha antelación (primavera 2020) y si se fue a mitad de curso fue por el retraso del mercado NBA debido a la pandemia. Bueno, y que no tenía la pasta de su cláusula. Sea como fuere, el Madrid eligió no fichar sustituto, pero margen tuvo para ello, todo el del mundo. Deck en cambio se va en abril, en puertas del cruce de Euroliga y los playoffs ACB, sin dejar margen al club para buscar reemplazo, puesto que las ventanas de mercado se cerraron hace bastantes semanas.

Pero todo hay que ponerlo en la balanza: tan cierto es que nos deja tirados como que nos ha dado dos años y medio de muy buen baloncesto a precio de ganga, dejándose los huevos hasta el último partido y compensando los excesos salariales a ciertos veteranos.

No hay nada que pueda hacer ahora el Madrid para amortiguar la hostia deportiva. Si acaso, pensando en sustituto para el curso que viene, nos queda cruzar los dedos por Zenit para que Valencia no se meta en top8, con ello se quede fuera de la próxima Euroliga y así nos deje a huevo el fichaje de Kalinic que, no siendo lo mismo, sería el mal menor. El serbio, que termina contrato en verano, dejó por escrito que si Valencia no jugaba Euroliga el próximo curso no podría incluirle en el derecho de tanteo ACB. Como veréis, la letra pequeña de los contratos la carga el diablo…

Alocén ya enseña brotes verdes

Carlos Alocén Real Madrid

“No nos chupemos las pollas todavía”, que sigue sin estar el Madrid especialmente católico, a solo 12 días de la Copa. Enero se nos ha hecho eterno, notando ya en toda su dimensión el agujero sin cubrir que dejó Campazzo, tras aquella euforia inicial de “lo que nos echen”. Pero el calendario nos ha concedido un respiro y cierra el equipo la semana con tres victorias en otros tantos partidos cómodos. Sin jugar especialmente bien, pero victorias al fin y al cabo, que curan antes las heridas. La receta es conocida: defensa. En 66 se quedó Panathinaikos y en 63 el Alba. Ganar así es más fácil, claro que también es más fácil dejar en sesentaytantos a las cenicientas de la Euroliga. Contra el Granca se levantó el pie y fueron 80, se sufrió pero igual se ganó.

Volvió Llull, cuya ausencia de dos semanas coincidió con el bajón del equipo. Seguramente no estaba todavía del todo listo, pero con Lapro de baja covid y el equipo haciendo aguas no había margen para indulgencias. En verdad no ha aportado casi nada (2 de 16 tiros esta semana), pero su mera presencia en la banda y los 15 minutos de subir el balón y ordenar sistemas son ya un pequeño balón de oxígeno en ese agujero negro de la plantilla que es el puesto de base este año. De que recupere el tono físico y el ritmo de competición dependen muchas de nuestras opciones en la Copa.

El mejor entre los tres encuentros de la semana ha sido seguramente Causeur, que atraviesa un sólido momento de forma, aprovechando el minutaje extra por las bajas de Rudy primero y Carroll después. Pero el nombre más mencionado ha sido el de Alocén, por la novedad de verle por primera vez rayar a buen nivel en la Euroliga. Hasta la fecha había jugado 12 partidos con una valoración media de 1.5 y parciales negativos del equipo casi siempre que asumía el timón.

Su temporada hasta la fecha, reconozcámoslo, estaba siendo discreta, por muchas ganas que tengamos de ver a un base joven nacional dirigir al Madrid. Que claro que es joven, que la camiseta pesa y que necesita un periodo de adaptación, pero recordemos que no llega del filial con 16 años sino ya con cierta mili, tras dos sólidas temporadas con minutos en un equipo playoff ACB. Particularmente, quizá era demasiado optimista, esperaba que tras 1-2 meses de aclimatación, hacia noviembre, empezase a jugar regularmente al nivel de esta semana, que al fin y al cabo es al que le vimos en Zaragoza.

Condiciones no le faltan: alto para el puesto (194cms) y con brazos largos, entiende el juego y tiene talento. Pero necesita entrenar todavía mucho, machacarse para asentar el tiro y ganar músculo que le conceda más explosividad para definir cuando penetra. Eso, y confianza, claro, horas de vuelo. Mi duda sigue siendo si lo mejor para su formación es cederle el año que viene y que regrese con galones (un plan de carrera estilo Facu en Murcia) o que crezca en Madrid, al amparo de Laso y como tercer base, el rol que debía desempeñar este año y que cambió a la marcha de Campazzo, asumiendo demasiada presión demasiado pronto. No hay que tomar la decisión ahora sino en junio, con más elementos de juicio, su evolución estos 5 meses. Hasta entonces, muy bienvenidas las actuaciones como las de Euroliga esta semana, que seguro que le darán confianza, el combustible de todo base en formación.

El Madrid post Facu, un equipo de autor

Este Madrid post Campazzo es uno de autor y lleva la firma de Laso, ‘Gambito de Goya’, como dijo ayer Piti. Podemos poner el foco en el paso al frente de LLull, en el dominio de Tavares o en los brotes verdes de Laprovittola. Pero, al final, es Laso quien está al mando de todos ellos, exprimiendo hasta la última gota de esta plantilla extensa pero claramente desequilibrada. Donde otros entrenadores aprovecharían cada comparecencia pública para señalar sibilinamente a la directiva, ir poniendo vendas y reclamar fichajes, él ha aguantado estoico la fuga de la estrella, preparando en cada entreno desde hace meses alternativas tácticas para enjuagar esa marcha con los recursos disponibles. Política de cero excusas.

Y un ejemplo cristalino llegó anoche contra Zenit (su victoria 200 en Euroliga), con el quinteto inicial seguramente más heterodoxo de su carrera, sin base, ni escolta, ni pívot. Salió con tres aleros (Abalde, Taylor, Deck) y dos alapivots (Randolph, Trey), un atrevimiento tras el que no había sin embargo ni locura ni improvisación, sino mucho trabajo en los entrenos, preparando al grupo para esta nueva realidad, este Madrid cual cubo de Rubik. Porque ese quinteto, que nunca había coincidido en cancha y al que lógicamente le falta rodaje, aguantó el marcador, apretó atrás, jugó fluido en ataque (incluido contra zona) y tuvo por principal problema el rebote defensivo, y ese no es nuevo cuando falta Tavares.

La gestión del overbooking

Donde otro entrenador hubiese elegido guardia pretoriana y condenado al resto al ostracismo, Laso ha convertido el overbooking en las alas en una ventaja competitiva, rotando y asignando a cada jugador un papel, que conoce y asume, aunque no siempre implique jugar. Me detengo en Jeff Taylor, uno de los menos queridos por la parroquia, porque lo suyo es defender y no atacar (lo que se ve), y que apenas había jugado en los últimos partidos. “Ya no tiene hueco”, he llegado a leer. Bien, pues 26 minutos ayer en Euroliga, en los que secó al faro rival (Pangos) y le dio tiempo a sumar 9 puntos sin fallo. Claramente unos de los destacados, quizá su mejor encuentro de la temporada entre ambos aros. Y mientras, Carroll inédito en el banquillo, llegado de Wyoming de asistir al parto de un ternero en su rancho. Aguarda su turno, despejado y en buena onda con Baylee. Lasismo.

También se desmintió ayer que hayamos cambiado la dependencia de Facu por la de Llull: el balear jugó un encuentro discretito a pesar de lo cual la victoria fue relativamente cómoda. Sí rayó a buen nivel Laprovittola, con quien Laso está teniendo más paciencia que el Santo Job. Tampoco le queda otra, dado el ritmo de la progresión de Alocén, el lógico, que Roma no se construyó en un día. El argentino, con 11 puntos y 4 asistencias, empezó a quitarle la tapa al aro en Euroliga, su espina clavada, y lideró la escapada buena en el tercer cuarto, con parcial de 20-3.

Las dinámicas traen confianza y el calendario ayuda, ahora en un tramo más cómodo. El camino se empinará de nuevo en algún momento, pero lo que hemos aprendido en tres semanas es que el Madrid sabe también ganar y jugar bien sin Facu, con el de corbata como principal responsable.