Tiempo muerto en Pionr. Falta un 1:09 para el final del partido y el Madrid marcha uno abajo en el marcador. El seleccionador nacional de Euskadi, Pablo Laso, tartamudeando como de costumbre, apenas acierta a dar a los jugadores unas pocas instrucciones tácticas confusas y medio contradictorias: «Rudy, tú te haces el despistado». El ‘despistado’ se fumó la pizarra y coló un triple inmenso con paso atrás. Si un DVD recopilatorio con los tiempos muertos de Messina hubiese dado para un curso de coaching, uno de Laso daría para una serie cómica tipo Gila.
El caso es que aunque los arranques puntuales de talento oculten a menudo las carencias en la dirección de todo un Madrid, no alcanzan como para ganar en canchas complicadas de la Euroliga. Y digo canchas, porque el Pionr es la pista con el ambiente más infernal de la competición, pero a la vez sede de un equipo normalito, con Pekovic y MacVan como únicos argumentos de enjundia. El Madrid se dejó en Belgrado una derrota dolorosa. Por la forma: un punto de diferencia. Y por el fondo: dada la entidad del rival, se trata de una victoria exigible si aspiras a liderar el grupo.
La rotación interior
El Madrid soporta la pesada carga de la gestión de minutos de Laso en puestos interiores, cuadriculada y estrecha de miras, que no concibe que Ibaka pueda jugar como ala-pívot (su demarcación en la Selección y en la NBA, la del jugador cuya baja llegó para cubrir). Una rotación que premia a un Mirotic relajado en este comienzo de curso (31 mins ayer) y a un Felipe cuyas limitaciones no hace falta repetir. Una rotación que castiga sobremanera a un Tomic que, pese a quien pese, fue mejor pívot de la ACB el curso pasado. Vale que no está fino, pero sin él no llegaremos lejos. Que la frustración por lo que podría llegar a ser no nuble nuestro juicio hacia él.
Allá por el segundo cuarto, con el Madrid haciendo aguas en todas las líneas, Jayzee surgió de entre la bruma, enchufó la Fender y se marcó un solo de época, con 16 puntos consecutivos, para terminar con 24. El vaquero, insípido en ACB, se lo está guardando todo para la Euroliga, deslumbrante con 19 pts por partido y 14/20 triples. Él devolvió al equipo al partido.
La cruz de los libres
Pero si hubo un factor que decidió el partido fueron los tiros libres. Los jugadores del Madrid, pardillos ellos, no calibraron la intensidad defensiva al comienzo del último cuarto y Partizan entró en bonus con 7 minutos por jugar. El resultado, avivado por lo casero del arbitraje (como corresponde al escenario), fue que el equipo local lanzó 32 tiros libres y el visitante 17. De esos 17 de que dispuso el Madrid, hubo dos clave, de los que dispuso Llull (que cuajó un partido decente) a falta de 9 segundos con los blancos dos abajo. Falló el segundo y partido perdido. Lo malo es que su error ya no es noticia. Suma 19 de 34 en lo que va de temporada, inaceptable en un base titular.










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