Hacía falta, por otra parte, un puñetazo en la mesa para anunciar ese cambio de ciclo a los cuatro vientos (pienso en los aficionados estacionales) y sacudirse el polvo de los complejos acumulados durante años. No hablo de un par de victorias raquíticas como local en ACB. No, hablo de lo de ayer, de un verdadero Maracanazo por KO técnico con un título en juego. Ayer por fín temblaron las estructuras del baloncesto español. Aunque ganase el Madrid, no puedo pasar sin comentar el arbitraje de la final, absolutamente parcial y descarado, el tipo de atraco a mano armada que sólo puedes contrarrestar con una exhibición de baloncesto. Fueron 30 tiros libres del Barca por sólo 9 del Madrid. La mitad del segundo cuarto, los azulgrana se alimentaron del carrusel de tiros libres de Molinillos Navarro y sus secuaces (él solito dispuso de más que todo el Madrid junto). Ni las mieles de la victoria ocultan una parcialidad pro-catalana de la ACB que apesta.
Modelo Laso vs. Modelo Pascual
Laso tiene defectos como técnico, no en vano es casi un novato, por ejemplo su mejorable su dirección de partido: se durmió en los laureles en el tercer cuarto, permitiendo al Barca remontar 12 puntos sin pedir tiempo muerto. Sin embargo, el hecho de conseguir que 12 chavales algo atolondrados y con escasa experiencia en la élite pero sobrados de talento se sientan lo suficientemente cómodos y respaldados para desarrollar su baloncesto es un logro que compensa otros defectos. Un logro que, siendo realistas, nunca consiguió Messina con aquel estilo error-castigo. Otro baloncesto es posible, un camino a la victoria sin especulaciones con el marcador, que llena pabellones y gana títulos jugando a ritmo de 90 puntos, con la única receta de anotar más que el rival. La afición azulgrana venía desde hace tiempo dando la espalda al proyecto Xavi Pascual, el de “la mejor defensa de la historia de Europa” pero con el Palau vacío (el Madrid dobla al Barcelona en asistencia al pabellón). Esta derrota del pragmatismo Pascual (que por cierto tuvo la desfachatez de encima quejarse de los árbitros tras el partido) da para autocrítica en la Ciudad Condal, virtud que no siempre abunda por aquellas latitudes.
Personalizando, esta ha sido sin duda la Copa de Llull. Llevaba un año y medio ciertamente estancado, ya fuese como base o escolta, perdido en batallas extradeportivas, alimentando un ego por encima de las circunstancias, llevado por complejo de lo que no es (Navarro-Bullock) y olvidando sus virtudes, que no son menores: un físico absolutamente diferencial para el puesto de base, una notable puntería exterior así como una aceptable visión de juego (promedia casi 5 asistencias por partido en 2012). Pero no es la única alegría. El mejor Suárez está de regreso, para decepción de Scariolo. Postea con la agresividad y confianza de antaño, consistente desde el arco y rebotea como si no hubiese un mañana. Ha cuajado un torneo enorme. Felipe, Mirlo y Carroll fueron protagonistas en cuartos, semis y final, respectivamente. Singler y Begic lucen menos pero también cumplieron con nota. Chacho fue el más flojo, lento atrás y condicionado por la eclosión de Llull. A este respecto, habrá tiempo otro día para comentar el rumor (of course, made in Mesonero) del fichaje de Draper para el próximo curso.
Cambio generacional
El Barca afronta un cambio generacional evidente. Sus dos máximos anotadores en la final, N’Dong y Navarro, suman 65 años. Mickeal, que nunca volverá a ser el que fue, se fumó 28 minutos a sus 34 años. Y el otro alero, Eidson, está en 31. En resumen, el único jugador diferencial del Barca por debajo de la treintena es Lorbek. Del resto hay poco que salvar. Canta especialmente el caso de Marcelinho Huertas, la principal apuesta de Chichi para esta temporada, por el que el club desembolsó 5 millones en verano, cuyo mediocre rendimiento de azulgrana se torna dramático cada vez que se enfrenta a Llull, ante el que cantan sus pésimas condiciones defensivas. Cuando la cosa se pone fea, a Pascual se le ven las costuras y regresa al modelo que le trajo el éxito: base defensivo con escaso protagonismo en ataque estático y el balón en manos de Navarro. Ricky y Sada se ajustaban a ese modelo, pero no Marcelinho, un base forjado como actor principal en posesiones largas a modo yoyo. En el banquillo: Congoleño Wallace, Ingles, Sada o MVP Rabaseda son ciertamente peores y, sobre todo, menos competitivos que los Morris, Basile, Lakovic o Grimau. Y para remate, Perovic (el de 1.2 millones de sueldo anual) lo ve desde la grada.







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